La señorita de Trevélez - Carlos Arniches

La señorita de Trevélez

Carlos Arniches - 1916

Cláusula de uso y representación

Esta obra se encuentra en el dominio público y puede ser representada y adaptada libremente.

Acto I

Sala de lectura de un Casino de provincia. En el centro, una mesa de forma oblonga, forrada de bayeta verde. Sobre ella, periódicos diarios prendidos a sujetadores de madera con mango, y algunas revistas ilustradas españolas y extranjeras metidas en carpetas de piel muy deterioradas con cantoneras metálicas. Pendientes del techo, y dando sobre la mesa, lámparas con pantallas verdes. Junto a las paredes, divanes. Alrededor de la mesa, sillas de rejilla. Al foro, dos balcones grandes, amplios; por cada uno de ellos se verá, toda entera, la ventana correspondiente de una casa vecina. Dichas ventanas tendrán vidrieras y persianas practicables. Las puertas de los balcones del Casino también lo son. En la pared lateral derecha del gabinete de lectura, una puerta mampara con montante de cristales de colores. En la pared izquierda, puertas en primero y segundo término, cubiertas con cortinas de peluche raído del tono de los divanes. Todo el mobiliario, muy usado. En el lateral derecha, en segundo término, una mesita pequeña con algunos periódicos que todavía conservan la faja, papel de escribir y sobres. Entre la mesa y la pared, una silla. En lugar adecuado, un reloj. Es de día. Sobre la pared de la casa frontera da un sol espléndido.

Escena I

MENÉNDEZ, el criado de enfrente; luego, TITO GUILOYA, MANCHÓN y TORRIJA. Al levantarse el telón aparece MENÉNDEZ con el uniforme de ordenanza del Casino y zapatillas de orillo, durmiendo, sentado detrás de la mesita de la derecha. Se escucha en la calle el pregón lejano de un vendedor ambulante, y más lejana aún la música de un piano de la vecindad, en el que alguien ejecuta estudios primarios. Un CRIADO, en la casa de enfrente, limpia los cristales de la ventana de la derecha. La otra permanecerá cerrada. El CRIADO, subido a una silla y vistiendo delantal de trabajo, canturria un aire popular mientras hace su faena. Por la puerta primera izquierda aparecen TITO GUILOYA, PEPE MANCHÓN y TORRIJA. El primero es un sujeto bastante feo, algo corcovado, de cara cínica, biliosa y atrabiliaria. Salen riendo.

MANCHÓN

¡Eres inmenso!

TORRIJA

¡Formidable!

MANCHÓN

¡Colosal!

TORRIJA

¡Estupendo!

TITO

Chis... (Imponiendo silencio.)¡Por Dios, callad! (Señalándole y en voz baja. Andan de puntillas.) Menéndez en el primer sueño.

TORRIJA

¡Angelito!

MANCHÓN

(Riendo.)¿Queréis que le dispare un tiro en el oído para que se espabile?

TORRIJA

¡Qué gracioso! Sí; anda, anda...

TITO

(Deteniendo a MANCHÓN, que va a hacerlo.)Es una idea muy graciosa, pero para otro día. Hoy no conviene. Y como dice el poeta: «¡Callad, que no se despierte!». Y ahora... (Se acercan.) Ved el reloj... (Se lo señala.)

TORRIJA

Las once menos cuarto.

TITO

Dentro de quince minutos...

MANCHÓN

(Riendo.) ¡Ja, ja; no me lo digas, que estallo de risa!

TITO

Dentro de quince minutos ocurrirá en esta destartalada habitación el más famoso y diabólico suceso que pudieron inventar imaginaciones humanas.

TORRIJA

¡Ja, ja, ja!... ¡Va a ser terrible!

MANCHÓN

¿De manera que todo lo has resuelto?

TITO

Absolutamente todo. Los interesados están prevenidos, las cartas en su destino, las víctimas convencidas, nuestra retirada cubierta. No me quedó un cabo suelto.

TORRIJA

¿De modo que tú crees que esta broma insigne, imaginada por ti...?

TITO

Va a superar a cuantas hemos dado, y las hemos dado inauditas. Va a ser una broma tan estupenda que quedará en los anales de la ciudad como la burla más perversa de que haya memoria. Ya lo veréis.

TORRIJA

Verdaderamente, a mí, a medida que se acerca la hora, me va dando un poco de miedo.

MANCHÓN

¡Ja, ja!... ¡Tú, temores pueriles!

TORRIJA

¡Hombre, es una burla tan cruel!...

TITO

¡Qué más da! La burla es conveniente siempre; sanea y purifica; castiga al necio, detiene al osado, asusta al ignorante y previene al discreto. Y, sobre todo, cuando, como en esta ocasión, escoge sus víctimas entre la gente ridícula, la burla divierte y corrige.

MANCHÓN

Eres un tipo digno de figurar entre los héroes de la literatura picaresca castellana.

TORRIJA

¡Viva Tito Guiloya!

TITO

Yo no, compañeros... Sea toda la gloria para el Guasa Club, del que soy indigno presidente y vosotros dignísimos miembros.

MANCHÓN

¡Silencio!... (Escucha.)Alguien se acerca.

TORRIJA

(Que ha ido a la puerta derecha.) ¡Don Marcelino..., es don Marcelino Córcoles!

TITO

¡Ya van llegando! Ya van llegando nuestros hombres. ¡Chis!... Salgamos por la escalera de servicio.

MANCHÓN

Vamos.

TITO

Compañeros, empieza la farsa. Jornada primera.

TODOS

¡Ja, ja, ja!...

(Vanse de puntillas, riendo, por la segunda izquierda.)

Escena II

MENÉNDEZ y DON MARCELINO, por la primera derecha.

DON MARCELINO

(Entrando.) Nadie. El salón de lectura, desierto, como siempre. Es el Sáhara del Casino. Menéndez, dormido, como de costumbre; pues, ¡vive Dios!, que no veo señal de lo que en este anónimo y misterioso papel se me previene. Anoche lo recibí, y dice a la letra... (Leyendo.)«Querido Córcoles: Si quieres ser testigo de un ameno y divertido suceso no faltes mañana, a las once menos cuarto, al salón de lectura del Casino. Llega y espera. No te impacientes. Los sucesos se desarrollarán con cierta lentitud, porque la broma es complicada. Salud y alegría para gozarla. V.». ¿Qué será esto?... Lo ignoro; pero está la vida tan falta de amenidad en estos poblachos, que el más ligero vislumbre de distracción atrae como un imán poderoso. Esperaré leyendo. Veamos qué dice la noble prensa de la ilustre ciudad de Villanea. (Busca.) Aquí están los periódicos locales El Baluarte, La Muralla, La Trinchera. ¡Y todo esto para defender a un cacique!... El Grito, La Voz, El Clamor, El Eco. Y estotro para decir las cuatro necedades que se le ocurran al susodicho cacique... (Deja los periódicos con desprecio.) ¡Bah! Me entretendré con las ilustraciones extranjeras. (Coge una y lee.)U, u, u, u, u... (DON MARCELINO al leer produce un monótono ronroneo que crece y apiana alternativamente y que no tiene nada que envidiar al zumbido de cualquier moscardón. MENÉNDEZ sacude el aire con la mano como espantándose una mosca. Las primeras veces DON MARCELINO no lo advierte y sigue con su ronroneo. Al fin, observa el error de MENÉNDEZ.)¿Qué hace ese?... (Llamándole.)Menéndez... (Más fuerte.)¡Menéndez!

MENÉNDEZ

(Despertando.)¿Eeeh?...

DON MARCELINO

No sacudas, que no te pico.

MENÉNDEZ

¡Caramba, señor Córcoles! Hubiera jurado que era un moscón. (Se despereza.)

DON MARCELINO

Pues soy yo. Dispensa.

MENÉNDEZ

Deje usted; es igual.

DON MARCELINO

Tantísimas gracias.

MENÉNDEZ

Pero ¿cómo tan de mañana? ¿Es que no ha tenido usté clase en el Estituto?

DON MARCELINO

Que los chicos no han querido entrar hoy tampoco.

MENÉNDEZ

¿Pues...?

DON MARCELINO

Es el cumpleaños del gobernador civil.

MENÉNDEZ

¡Hombre! ¿Y cuántos cumple?

DON MARCELINO

El año pasado cumplió cincuenta y cuatro; este año no sé, porque es una cuenta que le gusta llevar a él solo. ¿Ha venido el correo de Madrid?

MENÉNDEZ

Abajo estará.

DON MARCELINO

Pues anda a subirlo, hombre.

MENÉNDEZ

Es que como a mí no me gusta moverme de mi obligación...

DON MARCELINO

No, y que además tú, cuando te agarras a la obligación, no te despierta un tiro.

MENÉNDEZ

(Haciendo mutis.) ¡Qué don Marcelino; pero cuidao que es usté muerdaz! (Vase por la segunda izquierda.)

Escena III

DON MARCELINO; luego, PICAVEA, por la puerta derecha.

DON MARCELINO

Bueno, y cualquiera que me vea a mí con este periódico en la mano cree que yo sé alemán; pues no, señor. Es que me entretengo en contar las pes, las cus y las kas que hay en cada columna. ¡Un diluvio! ¡Qué ganas de complicar! ¡Para qué tanta consonante, señor! Es como añadirle espinas a un pescado.

(Entra PABLITO PICAVEA, mozo vano y elegante, con una elegancia un poco provinciana. Entra anheloso, impaciente. Es sujeto rápido de expresión y de movimientos.)

PICAVEA

Buenos días, don Marcelino. (Deja el bastón y el sombrero, mira por el balcón de la izquierda, consulta su reloj, lo confronta con el del salón y empieza a revolver entre los periódicos.)

DON MARCELINO

Hola, Pablito. ¡Qué raro!... ¡Tú por el gabinete de lectura!

PICAVEA

Que no tengo más remedio.

DON MARCELINO

Ya decía yo.

PICAVEA

(Rebuscando entre los periódicos.) ¿Está El Baluarte?

DON MARCELINO

Sí; aquí lo tienes. (Se lo da, cada vez más asombrado.)¡Pero tú leyendo un periódico! ¡No salgo de mi asombro!

PICAVEA

Que no tengo más remedio. Quiero enterarme de una cosa.

DON MARCELINO

¿Ciencias, política, literatura?

PICAVEA

¡Ca, hombre! Que quiero enterarme de una cosa que va a pasar en la casa de enfrente, y para ello cojo el periódico, ¿entiende usted? Le hago un agujero como la muestra (Se lo hace.)y por él, sentado estratégicamente, averiguo cuándo se asoma Solita, la doncella de los Trevélez. (Hace cuanto dice, colocándose frente a la ventana de la derecha y mirando a ella por el roto del periódico.)

DON MARCELINO

¡Ah, granuja! ¡Conque Solita! ¡Buen bocadito!

PICAVEA

Eso no es un bocadito, don Marcelino; eso es un banquete de cincuenta cubiertos.

DON MARCELINO

Con brindis y todo... Pero lo que no me explico es lo del agujero que haces en el diario...

PICAVEA

Muy sencillo. Como Solita tiene relaciones con el criado de la casa, que es un animal, con un carácter que se pega con su sombra, yo vengo, agujereo la sección de espectáculos, y a la par que atisbo, evito el peligro de una sorpresa y la probabilidad de un puñetazo, ¿usted me comprende?

DON MARCELINO

¡Ah libertino!

PICAVEA

¡Si viera usted los Baluartes que llevo agujereados!

DON MARCELINO

Eres un mortero del cuarenta y dos.

PICAVEA

Calle usté... ¡Ella!... La absorbo como una vorágine, don Marcelino. ¡Verá usté qué demencia!

DON MARCELINO

Yo os observaré desde aquí. (Coge un periódico.)Me conformaré con El Eco.

PICAVEA

No; que es muy pequeño; coja usted La Voz.

DON MARCELINO

Cogeré La Voz. (Coge el periódico La Voz. Mete los dedos, arranca un trozo de papel, hace un agujero y mira.)

Escena IV

Dichos y SOLEDAD, por la ventana de la derecha. Con unos vestidos y una mano de mimbre se asoma a la ventana y comienza a sacudir, cantando el couplet de «Ladrón..., ladrón...».

PICAVEA

(Por encima de El Baluarte.)¡Chiss..., Solita!

SOLEDAD

(Dejando de sacudir y cantar.) ¡Hola, don Pablito; usted!

PICAVEA

Perdona que te hable por encima de El Baluarte...; pero hasta vista así, por encima, me gustas...

SOLEDAD

Que me mira usted con buenos ojos...

PICAVEA

Gracias. Oye, eso que cantabas de ladrón..., ladrón, digo yo que no sería por mí, ¿eh?

SOLEDAD

Quia. Usted no le quita nada a nadie...

PICAVEA

Eso de que no le quito nada a nadie, es mucho decir.

SOLEDAD

Digo en metálico.

PICAVEA

En metálico, no te quitaré nada; pero en ropas y efectos, no te descuides.

(Ríen.)

SOLEDAD

Y qué, ¿leyendo la sección de espectáculos?

PICAVEA

Sí; aquí echando una miradita a los teatros.

SOLEDAD

¿Y qué hacen esta noche en el Principal?

PICAVEA

(Con gran malicia.) En el principal no sé lo que hacen. En el segundo izquierda sé lo que harían.

DON MARCELINO

(Aparte.) ¡Muy bueno, muy bueno!

SOLEDAD

¿Y qué harían, vamos a ver?

PICAVEA

Locura de amor.

SOLEDAD

¿Y eso es de risa?

PICAVEA

Según como se tome. A la larga, casi siempre. Y oye, Solita: ¿vendrías tú conmigo al teatro una noche?

SOLEDAD

De buena gana; pero donde usté va no podemos ir los pobres, don Pablito.

PICAVEA

Es que yo, por acompañarte, soy capaz de ir contigo al gallinero.

SOLEDAD

¡Ay, quite usté, por Dios!... Una criada en el gallinero y con un pollo..., creerían que lo iba a matar...

DON MARCELINO

(Riendo, aparte.) ¡Muy salada, muy salada!

SOLEDAD

(Por DON MARCELINO.) ¡Ay!, ¿pero qué voz es esa?

DON MARCELINO

(Asomando por encima del periódico.)La Voz de la Región..., una cosa de Lerroux; pero no te asustes...

PICAVEA

Oye, Solita...

SOLEDAD

Mande...

PICAVEA

No dejes de salir esta tarde, que tengo gana de estrenar dos piropos que se me han ocurrido.

SOLEDAD

¿Ay, sí?... A ver, adelánteme usté uno al menos.

PICAVEA

Verás. (Se asoma y habla en voz baja.)

SOLEDAD

(Riendo.)¡Ja, ja, ja!...

(Sale el CRIADO y, furioso y violento, coge a SOLEDAD de un brazo.)

CRIADO

¡Maldita sea!... Adentro.

SOLEDAD

¡Ay hijo...! ¡Jesús!

PICAVEA

(Cubriéndose con El Baluarte.)¡Atiza!

DON MARCELINO

(Ídem con La Voz.)¡El novio!

CRIADO

¡Hale pa dentro!

SOLEDAD

¡Pues, hijo, qué modales!

CRIADO

Y más valía que en vez de estar de palique con los sucios del Casino...

DON MARCELINO

(Detrás de La Voz.)Socios.

CRIADO

Sucios... Te estuvieras en tu obligación. Pa adentro.

SOLEDAD

¡Pero, hijo; Jesús, si estaba sacudiendo!

CRIADO

Ya sacudiré yo, ya... ¡Y menudo que voy a sacudir!

DON MARCELINO

¡Qué bruto!

PICAVEA

(Sujetándole el periódico.)No levante usted La Voz, que le va a ver por debajo.

CRIADO

Y en cuanto yo consiga verle la jeta a uno de esos letorcitos, va a ir pa la Casa de Socorro, pero que deletreando. ¡Ay, cómo voy a sacudir! ¡A cuatro manos! (El CRIADO cierra los cristales. Se les ve discutir acaloradamente. Él dirige miradas y gestos amenazadores al Casino. Al fin, hace una mueca de ira y cierra maderas y todo.)

DON MARCELINO

¡Qué hombre más bestia!

PICAVEA

Habrá usted comprendido la utilidad de El Baluarte.

DON MARCELINO

Como que a mí me ha dado un susto que he perdido La Voz.

Escena V

DON MARCELINO y PABLITO PICAVEA.

PICAVEA

Bueno; pero al mismo tiempo habrá usted comprendido también que a ese monumento de criatura le he puesto verja.

DON MARCELINO

¿Cómo verja?

PICAVEA

Que esa chiquilla es de mi absoluta pertenencia, vamos.

DON MARCELINO

(Sonriendo irónicamente.)Hombre, Pablito, no quisiera quitarte las ilusiones; pero tampoco quiero que vivas engañado.

PICAVEA

¿Yo engañado?

DON MARCELINO

Las mismas coqueterías que ha hecho Solita contigo se las vi hacer, ayer tarde, con el más terrible de tus rivales, con Numeriano Galán, para que lo sepas.

PICAVEA

¡Con Numeriano Galán!... ¡Ja, ja, ja! ¡Ella con Galán! ¡Ja, ja, ja! (Ríe a todo reír.)¡Galán con..., ja, ja, ja!

DON MARCELINO

¿Pero de qué te ríes?

PICAVEA

(Con misterio. Cambiando su actitud jovial por una expresión de gran seriedad.) Venga usted acá, don Marcelino. (Le coge de la mano.)

DON MARCELINO

(Intrigado.)¿Qué pasa?

PICAVEA

Que esa mujer no puede ser de nadie más que mía. Óigalo usted bien, ¡mía!...

DON MARCELINO

¡Caramba!

PICAVEA

Es un acuerdo de Junta General.

DON MARCELINO

¿Cómo de Junta General?... No comprendo...

PICAVEA

Va usted a comprenderlo en seguida. ¿No nos oirá nadie?

DON MARCELINO

Creo que no.

PICAVEA

Usted sabe, don Marcelino, que yo pertenezco al Guasa Club, misterioso y secreto Katipunán, formado por toda la gente joven y bullanguera del Casino, para auxiliarnos en nuestras aventuras galantes, para fomentar francachelas y jolgorios y para organizar bromas, chirigotas y tomaduras de pelo de todas clases. Como nos hemos constituido imitando esas sociedades secretas de película, nos reunimos con antifaz y nos escribimos con signos.

DON MARCELINO

Sí; alguna noticia tenía yo de esas bromas; pero vamos...

PICAVEA

Pues bien: a Numeriano Galán y a mí nos gustó Solita a un tiempo mismo y empezamos a hacerla el amor los dos. Yo, como él no es socio del Guasa Club, denuncié al tribunal secreto su rivalidad para que me lo quitaran de en medio, y a la noche siguiente Galán encontró clavada con un espetón de ensartar riñones, en la cabecera de su cama, una orden para que renunciara a esa mujer; no hizo caso y se burló de la amenaza, y, en consecuencia, ha sido condenado a una broma tan tremenda que, si nos sale bien, no solo abandonará a Solita, dejándome el campo libre, sino que tendrá que huir de la ciudad renunciando hasta su destino de oficial de Correos; no le digo a usted más.

DON MARCELINO

¡Demontre!, ¿y qué broma es esa?

PICAVEA

No puedo decirla; pero dentro de unos instantes, y en esta misma habitación, verá usted a Galán debatirse lloroso, angustiado e indefenso en la tela de araña que ha tejido el Guasa Club, y lo comprenderá usted todo.

DON MARCELINO

Os tengo miedo. Recuerdo la broma que le disteis al pintor Carrasco el mes pasado y se me ponen los pelos de punta.

PICAVEA

Aquello no fue nada; que le hicimos creer que su marina titulada Ola, ola... había sido premiada con segunda medalla en la Exposición de Pinturas.

DON MARCELINO

¡Una friolera!... Y el pobre hombre asistió tan satisfecho al banquete que le disteis para festejar su triunfo. ¡Sois tremendos!

PICAVEA

¡Damos cada broma!... ¡Ja, ja, ja!...

(Empieza a tocar en la calle, un cuarteto de músicos ambulantes, la despedida del bajo de El barbero de Sevilla, que canta un individuo con muy mala voz y peor entonación.)

¡Hombre, a propósito!

DON MARCELINO

¿Qué pasa?

PICAVEA

¿Oye usted eso?... ¿Oye usted esa música?... Otra broma nuestra.

DON MARCELINO

¿También esa música?

PICAVEA

También. La música está dedicada a don Gonzalo de Trevélez, nuestro vecino. Es la hora en que se afeita, y como se afeita solo, hemos gratificado a un cuarteto ambulante para que todos los días, a estas horas, vengan a tocarle una cosa que le recuerde al barbero.

DON MARCELINO

Hombre, qué mala intención.

PICAVEA

Verá usted cómo se asoma indignado.

DON MARCELINO

Ya está ahí.

PICAVEA

(Riendo.) Ja, ja... ¡No lo dije!... ¡Y a medio afeitar!... ¡Verá usted, verá usted!

Escena VI

Dichos y DON GONZALO; luego, MENÉNDEZ.

DON GONZALO

(Que se asoma por la ventana de la izquierda de la casa vecina. Aparece despeinado, con un peinador puesto, media cara llena de jabón y una navaja en la mano.)¡Pero, hoy también el Barbero...! ¡Caramba qué latita! ¡Quince días con lo mismo, y a la hora de afeitarme! Esto parece una burla. (Mirando a la calle y en voz alta.) Chis..., ejecutantes... (Más alto.) Ejecutantes... Tengan la bondad de evadirse y continuar el concierto extramuros... ¿Qué?... ¿Que si no me gusta la voz del bajo? No, señor. ¡Eso no es voz de bajo, es voz de enano todo lo más! (Como siguiendo la conversación con alguien de abajo.) Y como me estoy afeitando y desentona de una forma que me crispa, me he dado un tajo que se me ven las muelas... ¿Cómo? ¿Que si las postizas?... ¡Hombre, si no hubiera señoritas en los balcones, ya le diría yo a usted...!; pero ahora le bajará un criado el adjetivo que merece esa estupidez para que se lo repartan entre los cinco del cuarteto. ¡So sinvergüenzas!... ¡No, señor; no echo de menos al barbero!... ¡Vayan muy enhoramala, rasca intestinos!

DON MARCELINO

No les hagas caso, Gonzalo.

MENÉNDEZ

(Que se ha asomado también.) Ya se van.

DON MARCELINO

Y no es el cuarteto de ciegos.

DON GONZALO

¡No; es un cuarteto de cojos!... Unos cojos que se atreven con todo. Ayer ejecutaron un andante de Mendelssohn. ¡Figúrate cómo les saldría el andante!

DON MARCELINO

¡Desprécialos!

DON GONZALO

(Gesto de desprecio.) ¡Aaaah!...

(DON MARCELINO y PICAVEA entran del balcón. PICAVEA, dando suelta a una risa contenida, habla en voz baja con DON MARCELINO.)

DON GONZALO

(A MENÉNDEZ y en tono confidencial.)Chis... Menéndez.

MENÉNDEZ

Mande usted, don Gonzalo.

DON GONZALO

¿He tenido cartas?

MENÉNDEZ

Cinco.

DON GONZALO

Masculinas o... (Gesto picaresco.)

MENÉNDEZ

Tres masculinas y dos o... (Imita el gesto.)Una de ellas perfumada.

DON GONZALO

¿A qué huele?

MENÉNDEZ

A heno.

DON GONZALO

Ya sé de quién es. No me la extravíes, que me matas. ¿Y la otra?

MENÉNDEZ

Tiene letra picuda.

DON GONZALO

De la de Avecilla.

MENÉNDEZ

Viene dirigida al señor presidente del Real Aeroclub de Villanea.

DON GONZALO

Sí sí...; ya sé... Esa puedes extraviármela si te place. Es pidiéndome un donativo para un ropero. El ropero de san Sebastián. ¡Figúrate tú, san Sebastián con ropero! ¡Nada; es la monomanía actual de las señoras! Empeñadas en hacer mucha ropa a los pobres y ellas cada vez con menos.

MENÉNDEZ

Que no quieren pedricar con el ejemplo.

DON GONZALO

Se dice predicar, querido Menéndez; de hablar bien a hablar mal, hay gran diferiencia. Hasta luego. (Entra y cierra la ventana.)

MENÉNDEZ

Adiós, don Gonzalo. Otro muerdaz. (Vase izquierda.)

Escena VII

DON MARCELINO y PABLITO PICAVEA.

DON MARCELINO

Vamos, no seas terco.

PICAVEA

Nada, que no insista usted. No desplego mis labios.

DON MARCELINO

Anda, dime: ¿qué broma es la que preparáis a Galán?, que tengo impaciencia...

PICAVEA

¿No dice usted que ha sido invitado misteriosamente a presenciarla?... Pues un poco de calma..., (Atendiendo.) que poca será..., porque, si no me equivoco..., (Va a mirar hacia la derecha.) sí... ¡Él es!... ¡Galán!...

DON MARCELINO

¿Galán?...

PICAVEA

Ya está aquí la víctima. Aquí la tenemos. Va usted a satisfacer su curiosidad. ¡Pobre Galán! ¡Ja, ja!

DON MARCELINO

Pero...

PICAVEA

¡Dejémosle solo!... ¡Ay de él!... ¡Ay de él!... Por aquí. Pronto. (Vase primera izquierda.)

Escena VIII

NUMERIANO GALÁN y MENÉNDEZ.

NUMERIANO

(Sale por la derecha. Entra y mira a un lado y otro.) Personne..., que dicen los franceses cuando no hay ninguna persona. Faltan tres minutos para la hora: ¡hora suprema y deliciosa! La ventana frontera cerrada todavía. Me alegro. Colocaré las puertas de los balcones en forma propicia para la observación. (Las entorna.) ¡Ajajá! Y ahora a esperar a mi víctima, como espera el tigre a la cordera: cauteloso, agazapado y voraz. ¡Manes de don Juan, acorredme! (Pausa.)

MENÉNDEZ

(Por segunda izquierda.) ¡Caray! (Andando a tientas.)Pero ¿quién ha cerrado?

NUMERIANO

Chis, por Dios, querido Menéndez... (Deteniéndole.) Que es un plan estratégico. No me abras el balcón, que me lo fraguas.

MENÉNDEZ

Pero, don Numeriano, ¿y no se puede saber por qué ha entornado usted?

NUMERIANO

¿Que por qué he entornado?... ¡Ah plácido y patriarcal Menéndez!... Tú; sí, tú puedes saberlo. Ven, que voy a abrir mi pecho a tu cariñosa amistad.

MENÉNDEZ

Abra usted.

NUMERIANO

Menéndez, yo te debo a ti...

MENÉNDEZ

Trescientas cuarenta y cinco pesetas de bocadillos.

NUMERIANO

Y un cariño muy grande, porque si no me quisieras, ¿cómo me ibas a haber dado tantos bocadillos?...

MENÉNDEZ

Que le tengo a usted ley.

NUMERIANO

Pues por eso, como sé que me quieres... y que te alegras de mis triunfos amorosos...

MENÉNDEZ

Por descontado...

NUMERIANO

Voy a hacerte una revelación sensacional.

MENÉNDEZ

¡Carape!

NUMERIANO

Sensacionalísima.

MENÉNDEZ

¿Ha caído la viuda?

NUMERIANO

Ha tropezado nada más; pero no es eso. Atiende. Muchos días, efusivo Menéndez, ¿no te ha chocado a ti verme entrar a deshora en este salón de lectura?

MENÉNDEZ

Mucho; sí, señor.

NUMERIANO

Pues bien: ¿al entrar yo en el salón de lectura tú no leías nada en mis ojos?

MENÉNDEZ

No, señor; yo casi nunca leo nada.

NUMERIANO

Pero ¿no te chocaba verme huraño, triste y solo, metido en ese rincón?

MENÉNDEZ

Sí, señor; pero yo decía, será que le gusta la soledad.

NUMERIANO

Y eso era, perspicaz Menéndez, que me gusta la Soledad... Pero no la de aquí, sino la de ahí enfrente.

MENÉNDEZ

¡La doncellita de los Trevélez!

NUMERIANO

La misma que viste y calza..., de una manera que conmociona.

MENÉNDEZ

Entonces, ahora me explico por qué teniendo usté tanta ilustración aquí dentro...

NUMERIANO

No hacía más que tonterías ahí fuera..., como señas, sonrisitas, juegos de fisonomía... ¿Lo comprendes ahora?

MENÉNDEZ

¡Ya lo creo!... ¡Menudo pimpollo está la niña!

NUMERIANO

¡Qué Soledad más apetecible!, ¿verdad, Menéndez?

MENÉNDEZ

Es una Soledad pa no juntarse con nadie, don Numeriano.

NUMERIANO

Para no juntarse con nadie más que con ella.

MENÉNDEZ

Natural.

NUMERIANO

A mí, Menéndez, esa chiquilla me inspira un sentimiento de deseo, un sentimiento de pasión, un sentimiento de...

MENÉNDEZ

(Dándole la mano.)Acompaño a usted en el sentimiento.

NUMERIANO

Muchas gracias, incondicional Menéndez. Pues bien: por conseguir los favores de esa monada andábamos a la greña Pablito Picavea y yo.

MENÉNDEZ

¿Y qué?

NUMERIANO

Que lo he arrollado... ¡Que esa bizcotela ya es mía!

MENÉNDEZ

¡Arrea!

NUMERIANO

Aquí tengo los títulos de propiedad. (Saca una carta.) Atiende y deduce. Por la tarde la pedí relaciones y por la noche me trajo el cartero del interior esta expresiva y seductora cartita. Juzga: «Señorito Numeriano: De palabra no me he atrevido esta tarde a darle una contestación aparente, porque no me dejó el reparo». ¡El reparo!... ¡Qué monísima!... «Pero si usted quiere que le diga lo que sea, estese mañana a las once en el salón de lectura del Casino, y si tiene valor una servidora se asomará y se lo dirá, aunque sé que es usted muy mal portao con las mujeres...». ¡Mal portao!... ¡Me ha cogido el flaco!

MENÉNDEZ

¡La fama, que vola!

NUMERIANO

(Sigue leyendo.)«No falte. Saldré a sacudir... No vuelva... (Vuelve la hoja.)No vuelva a asomarse esta mañana, porque mi señorita está escamada. Sulla. Ese». ¡Sulla! (Guardándose la carta.) ¡Ah, estupefacto Menéndez!, este sulla no lo cambio yo por una dolora de Campoamor, porque estas cuatro letras quieren decir que esa fruta sazonada y exquisita ha caído en mi implacable banasta.

MENÉNDEZ

¡Pero qué suerte tiene usted!

NUMERIANO

(Por sus ojos.)¡Le llaman suerte a estas dos ametralladoras!

MENÉNDEZ

¡Hombre!...

NUMERIANO

Lo que hay es que tengo una mirada que es para sacar patente. La fijo cuarenta segundos en un puro, y lo enciendo. No te digo más. Y hay días que los enciendo de reojo.

MENÉNDEZ

¿De modo que viene usted a la cita?

NUMERIANO

Di más bien a la toma de posesión.

MENÉNDEZ

Poquito que va a rabiar el señor Picavea.

NUMERIANO

El señor Picavea y todos esos imbéciles del Guasa Club, que hasta me amenazaron con no sé qué venganzas si no abandonaba mi conquista... ¡Abandonarla yo!... Cuando es ella la que... ¡Ja, ja, ja!

MENÉNDEZ

¿Y a qué hora es la cita?

NUMERIANO

¿No lo has oído? A las once. Faltan solo unos segundos.

MENÉNDEZ

Pues miremos a ver... (Dan las once en el reloj.)

NUMERIANO

¡Ya dan!... ¡Estoy emocionado!... (A MENÉNDEZ, que mira.) ¿Ves algo?

MENÉNDEZ

No...; aún nada... ¡Pero calle!... Sí...; los visillos se menean.

NUMERIANO

(Mira.) Es verdad, algo se mueve detrás.

MENÉNDEZ

¿Será ella?...

NUMERIANO

Sí; ella, ella es; veo su silueta hermosísima. Aparta, Menéndez. (Se retoca y acicala.)

MENÉNDEZ

Salga usted.

NUMERIANO

Sí; voy a salir, porque hasta que no me vea, no se asoma.

MENÉNDEZ

Ya va a abrir, ya va a abrir...

NUMERIANO

Ahora verás aparecer su juvenil y linda carita... Ahora verás cómo fulgen sus ojos africanos. ¡Fíjate!... (Sale.) ¡Ejem, ejem!...

(Tose delicadamente. Se abre la ventana poco a poco y asoma entre las persianas la cara ridícula, pintarrajeada y sonriente de la SEÑORITA DE TREVÉLEZ.)

Escena IX

Dichos y FLORITA.

FLORITA

(Después de mirar con rubor a un lado y otro.) Buenos días, amigo Galán.

NUMERIANO

(Aparte, aterrado.)¡Cielos!

MENÉNDEZ

(Aparte.) ¡Atiza! ¡Doña Florita!

NUMERIANO

Muy buenos los tenga usted, amiga Flora.

FLORITA

Es usted cronométrico.

NUMERIANO

¿Un servidor?

FLORITA

Y no tiene usted idea de todo lo que me expresa su puntualidad.

NUMERIANO

¿Mi puntualidad?... (Aparte.) ¿Sabrá algo?

MENÉNDEZ

(Aparte, muerto de risa.) ¡Qué plancha!

NUMERIANO

(A MENÉNDEZ.)No te rías, que me azoras.

FLORITA

(Acariciando las flores de un tiesto.)¡Galán!

NUMERIANO

Florita.

FLORITA

(Con rubor.)He recibido eso.

NUMERIANO

¿Que ha recibido usted eso?... (Aparte.) ¿Qué será eso?

FLORITA

Lo he leído diez veces, y a las diez su fina galantería ha vencido mi natural rubor.

NUMERIANO

¿A las diez?... De modo que dice usted que a las diez... (Aparte.)Pero ¿de qué me hablará esta señorita? (Alto.)Florita, usted perdone; pero no comprendo, y yo desearía que me dijese de una manera breve y concreta...

FLORITA

(Con vivo rubor.) ¡Ah, no; no, no, no!... Eso es mucho pedir a una novicia en estas lides... Hágase usted cargo... Mi cortedad es muy larga, Galán.

NUMERIANO

Bueno; pero por muy larga que sea su cortedad, si a uno no le dicen claramente las cosas...

FLORITA

Sí; pero repare usted que hay gente en los balcones...

NUMERIANO

Ya lo veo; pero qué importa eso para...

FLORITA

Y como yo presumía que no podríamos hablar sin testigos, le he escrito en este papel unas líneas que expresarán a usted debidamente mi gratitud y mi resolución.

NUMERIANO

¿Dice usted que su gratitud y su...?

FLORITA

(Tirando el papel, que cae en la habitación.) Ahí va mi alma.

NUMERIANO

(Esquivando el golpe. Aparte.) Caray, de poco me deja tuerto.

FLORITA

Galán..., en el texto de esa carta voy yo misma. Léalo, compréndala y júzguele. (Entorna.)

NUMERIANO

Bueno; pero...

FLORITA

Voy tal cual soy: sin malicia, sin reserva, sin doblez. (Cierra.)

NUMERIANO

¡Pero, Florita!

FLORITA

(Abre.) Sin doblez. Adiós, Galán. (Cierra.)

Escena X

NUMERIANO y MENÉNDEZ.

NUMERIANO

(A MENÉNDEZ, que está muerto de risa en una silla.)¡Dios mío!... Ay, Menéndez, pero ¿qué es esto?

MENÉNDEZ

(Señalando la carta que está en el suelo.) Parece un papel.

NUMERIANO

No; eso ya lo sé; mi pregunta es abstracta; digo, ¿qué es esto?, ¿qué me pasa a mí?, ¿por qué en vez de Solita sale ese estafermo y me arroja una carta?

MENÉNDEZ

¡Qué sé yo! Ábrala, léale y averígüelo.

NUMERIANO

Tienes razón... (Coge el papel y empieza a desdoblarlo, tarea dificilísima por los muchos dobleces que trae.) ¡Caramba, y decía que sin doblez!... ¿Y qué viene aquí dentro?

MENÉNDEZ

Ella ha dicho que venía su alma.

NUMERIANO

Pues es una perra gorda.

MENÉNDEZ

Que la ha metido pa darle impulso al papel.

NUMERIANO

Veamos qué trae la perra. (Leyendo.) «Apasionado Galán».

MENÉNDEZ

¡Atiza!

NUMERIANO

¡Yo apasionado! (Lee.) «Después de leída y releída su declaración amorosa...».

MENÉNDEZ

¡Repeine!

NUMERIANO

¡Pero qué dice esta anciana! (Lee.) «Y sus entusiastas elogios a mi belleza estética, que solo puedo atribuir a una bondad insólita...». (Aparte.) ¡Qué tía más esdrújula! (Alto.) «Consultele a mi corazón, pedile consejo a mi hermano como usted indicome...». ¡Cuerno! «Y mi hermano y mi corazón, de consuno, decídenme a aceptar las formales relaciones que usted me ofrenda...». ¡Me ofrenda!... ¡Mi madre!

MENÉNDEZ

Pero ¿usted la ha ofrendido?

NUMERIANO

¡Yo qué la voy a ofrender, hombre! (Lee.) «¡Ah Galán, el amor que usted me brinda es una suerte...». ¡Pero, Dios mío, si yo no la he brindado ninguna suerte a esta señora! «Es una suerte, porque prendiose en mi alma con tan firmes raíces, que nadie podrá ya arrancarlo, y si quieren hacer la prueba, háganla cuanto antes. ¡Ah Galán! ¿Se lo digo todo en esta carta?... Yo creo que sí».

MENÉNDEZ

Y yo creo que también.

NUMERIANO

«Nada reserveme, y sepa que al escribirla entreguele mi alma... Adiós».

MENÉNDEZ

¿Se ha muerto?

NUMERIANO

Se ha vuelto loca. (Lee.) «Suya hasta la ultratumba, Flora de Trevélez». ¡Pero, Dios mío, yo me vuelvo loco!... Pero ¿qué es esto?

MENÉNDEZ

(Señalándole los ojos.)Las ametralladoras.

NUMERIANO

¿A qué viene esta carta?... Pero ¿quién le ha dicho a ese pliego de aleluyas que yo la amo? Pero ¿qué es esto?... ¡Dios mío, qué es esto!

Escena XI

Dichos, TITO GUILOYA, PICAVEA, TORRIJA y PEPE MANCHÓN; luego, DON MARCELINO.

TODOS

(Riendo.)¡Ja, ja, ja!

TITO

Pues esto es, amigo Galán, que el Guasa Club ha triunfado.

TORRIJA

¡Viva el Guasa Club!

NUMERIANO

¡Pero vosotros!... ¿Pero es que vosotros?...

MANCHÓN

Que sea enhorabuena, Galán; ya eres dueño de esa beldad.

TITO

¡Querías a la doncella y te entregamos a la señora!

PICAVEA

¡La doncellita, para mí!

NUMERIANO

¡Ah, pero vosotros!... ¡Pero esta canallada!

PICAVEA

Ardides del juego son.

TODOS

(Vanse riendo por la derecha.)¡Ja, ja, ja!

(MENÉNDEZ los sigue estupefacto y haciéndose cruces.)

Hagan la prueba que hagan. ¡Ah Galán!... ¡Ja, ja, ja!

Escena XII

NUMERIANO GALÁN y DON MARCELINO.

NUMERIANO

(Desesperado.)¿Pero qué han hecho esos cafres, don Marcelino?

DON MARCELINO

¿No lo adivinas, infeliz? Pues que imitando tu letra han escrito una carta de declaración a Florita de Trevélez firmada por ti.

NUMERIANO

¡Dios mío!

DON MARCELINO

Que ella, romántica y presumida como un diantre, te ha visto mil veces al acecho en ese balcón, y creyendo que salías por ella ha caído fácilmente en el engaño, y que te contesta aceptando tu amor.

NUMERIANO

¡Cuerno!

DON MARCELINO

Y de ese modo te inutilizan para que sigas cortejando a la doncellita, y Picavea se sale con la suya. ¿Ves qué sencillo?

NUMERIANO

¡Dios mío, pero esto es una felonía, una canallada, que no estoy dispuesto a consentir! Yo deshago el error inmediatamente. (Llamando desde el balcón.) ¡Flora..., Flora..., Florita; amiga Flora!...

DON MARCELINO

Aguarda, hombre, aguarda. Así, a voces y desde el balcón, no me parece procedimiento para deshacer una broma que pone en ridículo a personas respetables.

NUMERIANO

¿Y qué hago yo, don Marcelino? Porque ya conoce usted el carácter de don Gonzalo.

DON MARCELINO

¡Que si le conozco! Pues eso es lo único grave de este asunto.

NUMERIANO

Y por lo que aquí dice, se ha enterado.

DON MARCELINO

Como que esta burla puede acabar en tragedia: porque Gonzalo, en su persona, tolera toda clase de chanzas; pero a su hermana, que es todo su amor... ¡Acuérdate que tuvo a Martínez cuatro meses en cama de una estocada, solo porque la llamó la jamona de Trevélez!... ¡Conque si se entera de que esto es una guasa, hazte cargo, de lo que sería capaz!...

NUMERIANO

¡Ay, calle usted, por Dios!... Pero yo le diré que la carta no es mía, que compruebe la letra.

DON MARCELINO

Sí; pero ellos pueden decirle que la has desfigurado para asegurarte la impunidad, y entre que si sí y que si no, el primer golpe lo disfrutas tú.

NUMERIANO

¡Miserables, canallas!... ¿Y qué hago yo, don Marcelino, qué hago yo? (Se oye rumor de voces.)

DON MARCELINO

¡Silencio!... ¿Oyes?...

NUMERIANO

¡Madre!... ¡Es don Gonzalo! ¡Don Gonzalo que viene!

DON MARCELINO

Y viene con esos bárbaros.

NUMERIANO

¡Ay don Marcelino!..., ¡ay! ¿Qué hago yo?

DON MARCELINO

Ocúltate. En cuanto nos dejen solos yo procuraré tantearle. Le dejaré entrever la posibilidad de una broma... Tú oyes detrás de una puerta, y según oigas, procede.

NUMERIANO

Sí; eso haré. ¡Canallas! ¡Bandidos! (Vase segunda izquierda.)

Escena XIII

DON MARCELINO, DON GONZALO, TITO GUILOYA, PEPE MANCHÓN, TORRIJA y PABLITO PICAVEA; salen por la derecha. El rumor de las voces ha ido creciendo; al fin, aparecen por la puerta de la derecha, precediendo a DON GONZALO, MANCHÓN, PICAVEA y TORRIJA, que bulliciosa y alegremente, se forman en fila a la parte izquierda de la puerta, y al salir DON GONZALO agitan los sombreros aclamándole con entusiasmo.

TITO

¡Hurra por don Gonzalo!

TODOS

¡Hurra!

DON GONZALO

(Sale sombrero en mano. Viste con elegancia llamativa y extremada para sus años. Va teñido y muy peripuesto.) Gracias, señores, gracias.

TITO

¡Bravo, don Gonzalo, bravo!

TORRIJA

¡Elegantísimo! ¡Cada día más elegante!

MANCHÓN

¡Deslumbrador!

PICAVEA

¡Lovelacesco!

DON GONZALO

(Riendo.)¡Hombre, por Dios, no es para tanto!

PICAVEA

Inmóvil, y con un letrero debajo, la primera plana del Pictorial Revieu.

TITO

¡Si Roma tuvo un Petronio, Villanea tiene un Trevélez!... ¡Digámoslo muy alto!

DON GONZALO

Nada, hombre, nada. Total un trajecillo nigge faeshion, un chalequito de fantasía, una corbata bien entonada, una flor bien elegida, un poquito de caché, de chic... y vuestro afecto. Nada, hijos míos, nada. (Los abraza.)¿Y tú qué tal, Marcelino, cómo estás?

DON MARCELINO

Bien, Gonzalo, ¿y tú?

DON GONZALO

Ya lo ves, confundido con los elogios de estos tarambanas... ¡Yo!..., ¡un pobre viejo!..., ¡figúrate!...

PICAVEA

¿Cómo viejo? Usted es como el buen vino, don Gonzalo: cuantos más años, más fuerza, más aroma, más bouquet.

TITO

Y si no, que lo digan las mujeres. Ellas acreditan su marca. Le saborean y se embriagan. ¿Niéguelo usted?

DON GONZALO

(Jovialmente.)¡Hombre, hombre!... Entono y reconforto... Voilà tout... ¡Ja, ja, ja!

TODOS

(Aplauden.) ¡Bravo, bravo!

TORRIJA

¡Y lo que le ocurre a don Gonzalo es rarísimo: cuanto más años pasan, menos canas tiene!

TITO

Y se le acentúa más ese tinte juvenil..., ese tinte de distinción, que le da toda la arrogancia de un Bayardo.

DON GONZALO

¡Ah, no, amigos míos; no burlaros de mí! Yo ya no soy nada. Claro está que las altas cimas de mis ilusiones aún tienen resplandores de sol, postrera luz de un ocaso espléndido...; pero al fin de mi vida ya no es más que un crepúsculo...

TODOS

¡Bravo, bravo!

TITO

¡Qué poetazo!

PICAVEA

Pero usted todavía ama, don Gonzalo, y el amor...

DON GONZALO

¡Amor, amor!... Eterna poesía. Es el dulce rumor que va cantando en su marcha hacia el misterio de la muerte el río caudaloso de la vida. Esto es de un poema que tengo empezado.

TODOS

¡Colosal! ¡Colosal!

TORRIJA

Gran maestro en amor debe ser usted.

DON GONZALO

¡Maestro!... ¡Ay, hijo, mío, en amor, como las que enseñan son las mujeres, cuanto más te enseñan..., más suspenso te dejan!

TODOS

¡Muy bien, muy bien!

DON GONZALO

Sin embargo, yo tengo mis teorías.

TODOS

Veamos, veamos.

DON GONZALO

La mujer es un misterio.

MANCHÓN

Muy nuevo, muy nuevo.

DON GONZALO

Amar a una mujer es como tirarse al agua sin saber nadar: se ahoga uno sin remedio. Si le dicen a uno que sí, le ahoga la alegría; si le dicen que no, le ahoga la pena.

TITO

¿Y si le dan a uno calabazas?

DON GONZALO

¡Ah, si le dan a uno calabazas, entonces..., nada!

TODOS

(Riendo.)¡Ja, ja, ja!... ¡Muy bien! ¡Bravo!

PICAVEA

¡Graciosísimo!

TITO

¡Y se llama viejo un hombre de tan sutil ingenio!

PICAVEA

¡Viejo, un hombre de contextura tan hercúlea!... ¡Porque fijaos en este torso!... (Le golpea la espalda.) ¡Qué músculos!

TORRIJA

¡Es el Moisés de Miguel Ángel!

DON GONZALO

(Satisfecho.)¡Ah, eso, sí!... ¡Todavía tuerzo una barra de hierro y parto un tablero de mármol!... Hundo un tabique...

TITO

¡Mirad qué bíceps!

MANCHÓN

¡Enorme!

TORRIJA

Pues ¿y los sports, cómo los practica?...

TODOS

¡Oh!

DON GONZALO

En fin, pollos, esperadme en la sala de billar, que tengo algo interesante que decir a don Marcelino, y en seguida corro a vuestro encuentro y jugaremos ese match prometido.

TITO

Pues allí esperamos.

PICAVEA

¡Viva don Gonzalo!

TODOS

¡Viva!

TITO

¡Arbiter elegantorum civitatis villanearum, salve!

PICAVEA

¡Salve y Padre nuestro!

(Se abrazan.)

DON GONZALO

Gracias, gracias.

(Vanse riendo por la primera izquierda.)

Escena XIV

DON GONZALO y DON MARCELINO.

DON GONZALO

Marcelino.

DON MARCELINO

Gonzalo.

DON GONZALO

(Con gran alegría.) Estaba deseando que nos dejasen solos. He venido especialmente a hablar contigo.

DON MARCELINO

¿Pues?

DON GONZALO

Abrázame.

DON MARCELINO

¡Hombre!...

DON GONZALO

Abrázame, Marcelino.

(Se abrazan efusivamente.)

¿No has notado desde que transpuse esos umbrales que un júbilo radiante me rebosa del alma?

DON MARCELINO

¿Pero qué te sucede para esa satisfacción?

DON GONZALO

¡Ah mi querido amigo, un fausto suceso llena mi casa de alegres presagios de ventura!

DON MARCELINO

¿Pues qué ocurre?

DON GONZALO

Tú, Marcelino, conoces mejor que nadie este amor, qué digo amor, esta adoración inmensa que siento por esta noble criatura llena de bondad, de perfecciones que Dios me dio por hermana.

DON MARCELINO

Sé cuánto quieres a Florita.

DON GONZALO

¡Oh, no!; no puedes imaginarlo; porque en este amor fraternal se han fundido para mí todos los amores de la vida. De muy niños quedamos huérfanos. Comprendí que Dios me confiaba la custodia de aquel tesoro y a ella me consagré por entero, y la quise como padre, como hermano, como preceptor, como amigo, y desde entonces, día tras día, con una abnegación y una solicitud maternales, velo su sueño, adivino sus caprichos, calmo sus dolores, alivio sus inquietudes y soporto sus puerilidades, porque, claro, una juventud defraudada produce acritudes e impertinencias muy explicables. Pues bien, Marcelino: mi único dolor, mi único tormento era ver que pasaban los años y que Florita no encontraba un hombre..., un hombre que, estimando los tesoros de su belleza y de su bondad en lo que valen, quisiera recoger de su corazón todo el caudal de amor y de ternura que brota de él. ¡Pero, al fin, Marcelino, cuando yo ya había perdido las esperanzas..., ese hombre...!

DON MARCELINO

¿Qué?

DON GONZALO

¡Ese hombre ha llegado!

(GALÁN se asoma por la izquierda con cara de terror.)

DON MARCELINO

(Aparte.)¡Dios mío!

DON GONZALO

Y si lo pintan, no lo encontramos ni más simpático, ni más fino, ni más bondadoso, edad adecuada, posición decorosa, honorabilidad intachable..., ¡un hallazgo!... ¿Sabes quién es?

DON MARCELINO

¿Quién?

DON GONZALO

Numeriano Galán... ¡Nada menos que Numeriano Galán!

(GALÁN manifiesta un pánico creciente.)

¿Qué te parece?

DON MARCELINO

Hombre, bien...; me parece bien.

(GALÁN le hace señas de que no.)

Buena persona.

(Siguen las señas negativas de GALÁN.)

Un individuo honrado...;

(GALÁN sigue diciendo que no.)

pero yo creo que debías informarte, que antes de aceptarle debías...

DON GONZALO

(Contrariado.)Pero ¿qué estás diciendo?

DON MARCELINO

Hombre, se trata de un forastero que apenas conocemos, y por consecuencia...

DON GONZALO

¡Bah, bah, bah!... Ya empiezas con tus suspicacias, con tus pesimismos de siempre... ¡Has de leer la carta que le ha escrito a Florita!... Una carta efusiva, llena de sinceridad, de pasión, modelo de cortesanía, diciéndola que me entere de sus proposiciones y que le fijemos el día de la boda... Conque ya ves si en un hombre que dice esto... ¡Dudar, por Dios!...

DON MARCELINO

(Aparte.) ¡Canallas! (Alto.) No; si yo lo decía porque como es una cosa tan inopinada, quién no te dice que a veces..., como este pueblo es así..., figúrate que alguien..., una broma...

DON GONZALO

(Le coge de la mano con expresión trágica.) ¡Cómo broma!

DON MARCELINO

Hombre, quiero decir...

DON GONZALO

¿Qué quieres decir?

DON MARCELINO

No, nada; pero...

DON GONZALO

(Sonriendo.)¡Una broma!... No sueñes con ese absurdo. Ya sabe todo el mundo que bromas conmigo, cuantas quieran. Las tolero, no con la inconsciencia que suponen, pero en fin, con esa amable tolerancia que dan los años; pero una broma de este jaez con mi hermana sería trágica para todos. Sería jugarse la vida sin apelación, sin remedio, sin pretexto. Te lo juro por mi fe de caballero.

DON MARCELINO

No; no te pongas así...; si te creo; sí, figúrate; pero vamos...

DON GONZALO

Además, puedes desechar tus temores, Marcelino, porque esto no es una cosa tan inopinada como tú supones.

DON MARCELINO

¿Ah, no?

DON GONZALO

Hoy, llena de rubor la pobrecilla, me lo ha confesado todo. Ella ya tenía ciertos antecedentes. Dudaba entre Picavea y Galán, porque los dos la han cortejado desde esos balcones; pero su preferido era Galán, y por eso se ha apresurado a aceptarle loca de entusiasmo... ¡Sí, loca! ¡Porque está loca de gozo, Marcelino! Su alegría no tiene límites..., y a ti puedo decírtelo...: ¡ya piensa hasta en el traje de boda!

DON MARCELINO

¡Hombre, tan de prisa!...

DON GONZALO

Quiere que sea liberty... ¡Yo no sé qué es liberty; pero ella dice que liberty, y liberty ha de ser!... ¡Florita es dichosa, Marcelino!... ¡Mi hermana es feliz!... ¿Comprendes ahora este gozo, que no cambiaría yo por todas las riquezas de la Tierra?... ¡Ah, qué contento estoy! ¡Y es tan buena la pobrecilla, que cuando me hablaba de si al casarse tendríamos que separarnos, una nube de honda tristeza nubló su alegría! Yo, emocionado, balbuciente, la dije: «No te aflijas; debes vivir sola con tu marido. Mucho ha de costarme esta separación al cabo de los años; pero por verte dichosa, ¿qué amargura no soportaría yo?...». Nos miramos, nos abrazamos estrechamente y rompimos a llorar como dos chiquillos. Yo sentí entonces en mi alma algo así como una blandura inefable, Marcelino; algo así como si el espíritu de mi madre hubiera venido a mi corazón para besarla con mis labios. Y ves..., yo... todavía... una lágrima... (Emocionado se enjuga los ojos.) Nada, nada...

DON MARCELINO

(Aparte.)¡Dios mío, y quién le dice a este hombre que esos desalmados!...

DON GONZALO

¿Comprendes ahora mi felicidad; comprendes ahora mi júbilo?

DON MARCELINO

Hombre, claro; pero...

DON GONZALO

Conque vas a hacerme un favor, un gran favor, Marcelino.

DON MARCELINO

Tú dirás...

DON GONZALO

Que llames a Galán...

DON MARCELINO

¿A Galán?

DON GONZALO

A Galán. Sé que está aquí, y quiero, sin aludir para nada al asunto, claro está, darle un abrazo, un sencillo y discreto abrazo, en el que note mi complacencia y mi conformidad.

DON MARCELINO

Es que, si no estoy equivocado, me parece que ya se marchó.

DON GONZALO

No, no... Está en el Casino; me lo ha dicho el conserje. Y tengo interés, porque además del abrazo traigo un encargo de Florita: invitarle a una suaré que daremos dentro de ocho días. (Toca el timbre. Aparece MENÉNDEZ.) Menéndez, haz el favor de decir al señor Galán que venga un instante.

MENÉNDEZ

Sí, señor. (Vase.)

DON GONZALO

¡Qué boda, Marcelino, qué boda!... Voy a echar la casa por la ventana. Traigo al obispo de Anatolia para que los case, y digo al de Anatolia, porque en obispos es el más raro que conozco.

DON MARCELINO

(Aparte.) ¡Pobre Galán!

Escena XV

Dichos y NUMERIANO GALÁN, por la segunda izquierda.

NUMERIANO

(Haciendo esfuerzos titánicos para sonreír. Viene pálido, balbuciente.)Mi querido don Gon..., don Gon...

DON GONZALO

¡Galán!... ¡Amigo Galán!...

NUMERIANO

¡Don Gonzalo!

DON GONZALO

¡A mis brazos!

NUMERIANO

Sí, señor.

(Se abrazan efusivamente.)

DON GONZALO

¿No le dice a usted este abrazo mucho más de lo que pudiera expresarse en un libro?

NUMERIANO

Sí, señor... Este abrazo es para mí un diccionario enciclopédico, don Gonzalo.

DON GONZALO

Reciba usted con él la expresión de mi afecto sincero y fraternal... ¡Fra-ter-nal!

NUMERIANO

Ya lo sé... Sí, señor... Gracias..., muchas gracias, don Gonzalo. (Le suelta.)

DON GONZALO

¿Cómo don?... Sin don, sin don...

NUMERIANO

Hombre, la verdad; yo, como...

DON GONZALO

Pero parece usted hondamente preocupado... Está usted pálido...

NUMERIANO

No; la emoción..., la...

DON MARCELINO

Hazte cargo; le ha pillado tan de sorpresa..., y luego esta acogida...

NUMERIANO

Sí, señor... Sobre todo, la acogida...

DON GONZALO

¡Pues venga otro abrazo!

(Se abrazan.)

NUMERIANO

(Aparte.)¡Qué bíceps!

DON GONZALO

¿Qué dice?

NUMERIANO

Nada, nada, nada...

DON GONZALO

Y después de hecha esta ratificación de afecto, diré a usted que le he molestado, querido Galán, para invitarle, al mismo tiempo que a Marcelino, a una suaré que celebraremos en breve en los jardines de mi casa, que es la de ustedes...

NUMERIANO

Con mucho gusto, don Gonzalo.

DON GONZALO

Allí será usted presentado a nuestras amistades.

NUMERIANO

Tanto honor... (Aparte.) Yo salgo esta noche para Villanueva de la Serena.

DON GONZALO

Bueno, y ahora vamos a otra cosa.

NUMERIANO

Vamos donde usté quiera.

DON GONZALO

Me ha dicho Torrijita que es usted un entusiasta aficionado a la caza... ¡Un gran cazador!

NUMERIANO

¿Yo?... ¡Por Dios, don Gonzalo, no haga usted caso de esos guasones!... ¡Yo cazador!... Nada de eso... Que cojo alguna que otra liebre, una perdicilla; pero nada...

DON GONZALO

Bueno, bueno... Usted es muy modesto; de todos modos, he oído decir que le gustan a usted mucho mis dos perros setter, Cástor y Pólux. Una buena parejita, ¿eh?

NUMERIANO

Hombre, como gustarme, ya lo creo. Son dos perros preciosos.

DON GONZALO

Pues bien, a la una los tendrá usted en su casa.

NUMERIANO

¡Quia, por Dios, don Gonzalo, de ninguna manera!...

DON GONZALO

Le advierto que son muy baratos de mantener. Por cuatro pesetas diarias los tiene usted como dos cebones.

NUMERIANO

¿Cuatro pesetas?... ¿Y dice usted...?

DON GONZALO

A la una los tiene en su casa.

NUMERIANO

Que no los mande usted, don Gonzalo, que los suelto... ¡No quiero que usted se prive...!

DON GONZALO

Pero, hombre...

NUMERIANO

Además, a mí se me podían morir. Como no me conocen los animalitos, la hipocondría...

DON GONZALO

¡Ah, eso, no; son muy cariñosos, y dándoles bien de comer...!

NUMERIANO

Pues ahí está, que en una casa de huéspedes... Ya ve usted, a nosotros nos tratan como perros...

DON GONZALO

Pues con que den a los perros el trato general, arreglado.

NUMERIANO

Si ya lo comprendo; pero usted se hará cargo...

DON GONZALO

A la una los tendrá usted en su casa.

NUMERIANO

Bueno...

DON GONZALO

Además, también le voy a mandar a usted...

NUMERIANO

¡No, no, por Dios!... No me mande usted nada más..., yo le suplico...

DON GONZALO

Ah, sí, sí... Ha de ser para mi hermana, conque empiece usted a disfrutarlo. Le voy a mandar mi cuadro, mi célebre cuadro, último vestigio de mi bohemia artística. Una copia que hice de la Rendición de Breda, la obra colosal de Velázquez, conocida vulgarmente por el cuadro de las lanzas...

NUMERIANO

Sí; ya, ya...

DON GONZALO

Sino que yo lo engrandecí; el mío tiene muchas más lanzas.

DON MARCELINO

Que le sobraba lienzo y se quedó solo pintando lanzas.

DON GONZALO

Ocho metros de lanzas, ¡calcule usted!

NUMERIANO

¡Caramba!... ¡Ocho metros!

DON GONZALO

Lo que tendrá usted que comprarle es un marquito.

NUMERIANO

¿Ocho metros y dice usted que un marquito? ¿Por qué no espera usted a ver si me cae la lotería de Navidad, y entonces...?

DON GONZALO

¡Hombre, no exagere usted; no es para tanto!... El marco todo lo más se llevará...

NUMERIANO

Medio kilómetro de moldura. Lo he calculado grosso modo. Además, me parece que no voy a tener dónde colocarle, porque como no dispongo más que de un gabinete y una alcoba...

DON GONZALO

Puede usted echar un tabique.

NUMERIANO

Sí; pero ¿cómo le voy yo a hablar a mi patrona de echar nada..., si está conmigo si me echa o no?

DON MARCELINO

Bueno; pero todo puede arreglarse: divides el cuadro en dos partes; pones la mitad en el gabinete y debajo, una mano indicadora señalando a la alcoba, y el que quiera ver el resto, que pase...

DON GONZALO

¡Ja, ja!... Muy bien...; muy gracioso, Marcelino, muy gracioso... ¡Qué humorista!... Conque, con el permiso de ustedes, me marcho, reiterándoles la invitación a nuestra próxima suaré... (Tendiéndoles la mano.) Querido Marcelino...

DON MARCELINO

Adiós, Gonzalo.

DON GONZALO

¡Simpático Galán!...

NUMERIANO

Don Gonzalo... (Le va a dar la mano.)

DON GONZALO

No, no... La mano, no... Otro efusivo y fraternal abrazo.

(Se abrazan.)

¡Fra-ter-nal!

Escena XVI

Dichos, TORRIJA, PEPE MANCHÓN, TITO GUILOYA y PABLITO PICAVEA.

TODOS

(Desde la primera izquierda, aplaudiendo.)¡Bravo, bravo!

TITO

¡Abrazo fraternal!

PICAVEA

¡Preludio de venturas infinitas!

TORRIJA

¡Hurra!... ¡Tres veces hurra!

TODOS

¡Hurra!

TITO

¿Conque era cierto lo que se susurraba?

DON GONZALO

¡Ah!, ¿pero estos saben...?

TITO

¡Estas noticias corren como la pólvora!

MANCHÓN

¡Enhorabuena, don Gonzalo!

TORRIJA

¡Enhorabuena, Galán!

DON MARCELINO

(Aparte.)¡Canallas!

NUMERIANO

(Ídem.) ¡Granujas! ¡Por estas que me las pagáis!

TITO

Y aquí traemos una botella de champaña para rociar con el vino de la alegría los albores de una ventura que todos deseamos inacabable.

MANCHÓN

Adelante, Menéndez.

(Pasa MENÉNDEZ, primera izquierda, con servicio de copas de champaña.)

DON GONZALO

Se acepta y se agradece tan fina y delicada cortesía. Gracias, queridos pollos, muchas gracias.

TITO

Escancia, Torrija. (Se sirve el champaña.) Señores: levanto mi copa para que este glorioso entronque de Galanes y Trevélez proporcione a un futuro hogar horas de bienandanza, y a Villanea hijos preclaros que perpetúen sus glorias y enaltezcan sus tradiciones.

TODOS

(Con las copas en alto.) ¡Hurra!

DON GONZALO

Gracias, señores, gracias... Y yo, profundamente emocionado, quiero corresponder con un breve discurso a la...

(En este momento se escucha en el piano de enfrente el Torna a Surriento, y a poco la voz de FLORITA, que lo canta de un modo exagerado y ridículo.)

TITO

¡Silencio!

TORRIJA

¡Callad!...

(Quedan exageradamente atentos.)

DON GONZALO

(Casi con emoción.) ¡Es ella!... ¡Es ella, Galán!... ¡Es un ángel!

TITO

¡Qué voz! ¡Qué extensión!...

(Suena un timbre.)

¡Qué timbre!

TORRIJA

¡Qué timbre más inoportuno!

DON GONZALO

(Indignado.) ¡Pararle, hombre, pararle!

TORRIJA

¡Ah don Gonzalo!... Eso es, en una pieza, la Pareto y la Galicursi.

MANCHÓN

¡Yo la encuentro más de lo último que de lo primero!

TODOS

Mucho más, mucho más...

DON GONZALO

Silencio...; no perder estas notas...

(Todos callan. FLORITA acaba con una nota aguda y estalla una ovación.)

TODOS

¡Bravo, bravo!... (Aplauden.)

DON MARCELINO

¡Bravo, Florita, bravo!

FLORITA

(Levanta la persiana a manera de telón y se asoma saludando.) Gracias, gracias. (Baja la persiana.)

TODOS

(Volviendo a aplaudir.)¡Bravo, bravo!

DON GONZALO

¡Es un ángel! ¡Es un ángel!

FLORITA

(Volviendo a levantar la persiana.)Gracias, gracias... ¡Muchas gracias! (Vuelve a bajarla.)

MANCHÓN

¡Admirable!

TITO

¡Colosal!

TORRIJA

¡Suprema!

DON GONZALO

(Se limpia los ojos.) ¡Son lágrimas!... ¡Son lágrimas!... ¡Cada vez que canta me hace llorar!

TITO

(Fingiendo aflicción.) ¡Y a todos, y a todos!

(Vuelven a aplaudir.)

FLORITA

(Levanta la persiana, sonríe y tira un beso.) ¡Para Galán!

(Felicitaciones, abrazos y vítores.)

TELÓN

Acto II

Jardín en la casa de Trevélez. Es por la noche. Luces artísticamente combinadas entre el follaje y las ramas de los árboles. A la derecha, en primer término, hay un poético rincón esclarecido por la luz de la luna y en el que se verá una pequeña fuente con un surtidor; a los lados, dos banquillos rústicos. A la izquierda, hacia el foro, figura que está la casa. En ese punto resplandece una mayor iluminación y se escucha la música de un sexteto y gran rumor de gente.

Escena I

MARUJA, CONCHITA, QUIQUE y NOLO, por el foro izquierda.

MARUJA

¡Ay, sí, hija; sí, por Dios!... Vamos hacia este rincón.

QUIQUE

Esto está muy poético.

CONCHITA

Por lo menos muy solo.

NOLO

Solísimo.

MARUJA

A mí estas cachupinadas me ponen frenética.

QUIQUE

¡Pero, por Dios, qué gente tan cursi hay aquí!

MARUJA

No; allí, allí...

NOLO

Eso he querido decir.

MARUJA

Pues ha dicho usted lo contrario, hijo mío.

CONCHITA

¿Y has visto a Florita?

NOLO

¡Qué esperpento!

CONCHITA

La visten sus enemigos.

MARUJA

¡Eso quisiera ella!... Ni eso.

CONCHITA

¡Con ese pelo y con esa figura que me gasta, ponerse un traje salmón!... ¡Ja, ja!...

MARUJA

Está como para tomar bicarbonato.

QUIQUE

¿Y qué me dicen ustedes de su amiga inseparable, de Nilita, la de Palacios?...

CONCHITA

¡Cuidado que es orgullosa!... Acaba de decirme que ella no baila más que con los muchachos de mucho dinero.

MARUJA

Ya lo dice Catalina Ansúrez, que esa es como un trompo; sin guita, no hay quien la baile.

QUIQUE

¡Ja, ja!

CONCHITA

¡Y mire usté que llamarse Nilita!

NOLO

Yo, cuando voy a su casa, no fumo.

CONCHITA

¿Por qué?

NOLO

Me da miedo. Eso de Nilita me parece un explosivo... ¡La nilita!

MARUJA

¡No tiene el valor de su Petronila!

TODOS

(Riendo.) ¡Ja, ja!

CONCHITA

Y habrán comprendido ustedes que esta cachupinada la dan los Trevélez para presentarnos al novio, a Galán.

MARUJA

No lo presentarán como galán joven, ¿eh?

QUIQUE

Ni mucho menos.

(Ríen todos.)

Escena II

Dichos, TITO y TORRIJA, por la izquierda.

TITO

¡Caramba!... ¡Coro de murmuración; como si lo viera!

MARUJA

Ay hijo, ¿en qué lo ha conocido usted?

TITO

Mujeres junto a una fuente, y con cacharros..., a murmurar, ya se sabe.

QUIQUE

Oiga usted, señor Guiloya: eso de cacharros, ¿es por nosotros?

TITO

Es por completar la figura retórica.

QUIQUE

¿Y por qué no la completa usted con sus deudos?

TITO

No los tengo.

QUIQUE

Bueno; pues con sus deudas, que esas no dirá usted que no las tiene.

TORRIJA

¡Ja, ja!... (Fingiendo una gran risa.) ¡Pero has visto qué gracioso!...

TITO

¡Calla, hombre! Si este joven creo que hace unos chistes con los apellidos, que dice su padre que por qué no será todo el mundo expósito...

MARUJA

Es que si el chico fuera muy gracioso, ¿qué iban a hacer los demás?

TITO

Bueno; pero vamos a ver. ¿Se murmuraba o no se murmuraba?

MARUJA

No se murmuraba, hijo; sencillos comentarios.

TITO

No; si no me hubiesen extrañado las represalias, porque hay que oír cómo las están poniendo a ustedes allí, en aquel cenador precisamente.

MARUJA

¡Ay, sí! ¿Y quién se ocupa de nosotros, hijo?

TORRIJA

Pues Florita, su despiadada, su eterna rival de usted.

MARUJA

¿Y qué decía, si puede saberse?

TORRIJA

Que no puede usted remediarlo, que desde que sabe usted que ella se casa, que se la come la envidia. Que por eso se han venido ustedes tan lejos.

TITO

Y que toda la vida se la ha pasado usted poniéndole dos luces a san Antonio, una para que le dé a usted novio y otra para que se lo quite a las amigas.

TORRIJA

Pero que ya puede usted apagar la segunda.

TITO

Y la primera.

MARUJA

¿Y les ha mandado a ustedes a soplar, eh?... ¡Muy bien, muy bien!...

(Todos ríen.)

QUIQUE

(Aparte.) Chúpate esa.

NOLO

(Ídem.) Tiene gracia.

TITO

Pues si oye usted a Aurorita Méndez..., ¡qué horror!..., decía que no sabe qué atractivo tiene usted para que la asedien tantos pipiolos.

NOLO

Oiga usted, señor Guiloya: ¿eso de pipiolos es por nosotros?

TITO

Es por completar la figura retórica.

TORRIJA

Y la ha puesto a usted un mote que ha sido un éxito.

TITO

La llama «El Paraíso de los niños».

MARUJA

¡Muy gracioso, muy gracioso!... ¿Y eso lo ha dicho Aurorita Méndez? ¡Me parece mentira que diga esas cosas la hija de un catedrático!

CONCHITA

Una pobrecita más flaca que un fideo y que lleva un escote hasta aquí.

MARUJA

Y no sé para qué, porque enseña menos que su padre...

QUIQUE

¡Que es el colmo!

MARUJA

Como que cuando esa marisabia hizo el bachillerato, decían los chicos que el latín era lo único que tenía sobresaliente.

CONCHITA

¡Déjalas...; ya quisieran!

NOLO

No haga usted caso. Siempre ha habido clases.

MARUJA

Eso lo dirá el padre, porque ella tiene vacaciones para un rato... ¡«El Paraíso de los niños»!... Vamos hacia allá, que voy a ver si le digo dos cositas y me convierto en «El Infierno de los viejos»...

NOLO y QUIQUE

Muy bien, muy bien. ¡Bravo, bravo! (Vanse izquierda.)

TITO

Va que trina. (Riendo.)

TORRIJA

¡Esta noche se pegan!...

TITO

Eso voy buscando.

TORRIJA

¡Eres diabólico!

Escena III

Dichos, PICAVEA y MANCHÓN.

PICAVEA

Oye, ¿qué le habéis dicho a Maruja Peláez, que va echando chispas?

TORRIJA

Las cosas de este; ya le conoces.

TITO

¿Y Galán, y Galán?...; ¿cómo anda, tú?

MANCHÓN

¡Calla, chico; medio muerto!

PICAVEA

Allí le tenéis al pobre, en brazos de Florita, lívido, sudoroso, jadeante... Pasan del foxtrot al guan step, y del guan step al tuesten sin tomar aliento.

MANCHÓN

Y en el tuesten le hemos dejado.

PICAVEA

Está que echa hollín.

TITO

¡Formidable, hombre; os digo que formidable!...

PICAVEA

Bueno, tú; pero yo creo que debías ir pensando en buscar una solución a esta broma, porque el pobre Galán, en estos quince días, se ha quedado en los huesos.

MANCHÓN

¡Está que no se le conoce!

TORRIJA

¡Da lástima!

TITO

Señor; ¿pero no era esto lo que nos proponíamos? Las bromas, pesadas, o no darlas.

MANCHÓN

Sí; pero es que este hombre está en un estado de excitación, que ya has visto los dos puntapiés que le ha dado a Picavea en el vestíbulo.

PICAVEA

¡Qué animal!... ¡Como que si no le sujetáis, me tienen que extraer la bota quirúrgicamente!

TITO

¿Se ha enterado don Gonzalo del jaleo?

TORRIJA

Creo que no. Pero, en fin, yo también temo que Galán, si apuramos mucho la broma, en su desesperación, confiese la verdad y se produzca una catástrofe.

TITO

No asustarse, hombre; si le tiene a don Gonzalo más miedo que nosotros.

PICAVEA

Bueno; pero es que, además, estos pobres ancianos han tomado la cosa tan en serio, que, según dicen, Florita se está haciendo hasta el trousseau. Y vamos, hasta este extremo, yo creo que...

TITO

Nada, hombre; no apuraros. Ya me conocéis... ¿Habéis visto la gracia con que he complicado todo esto?... Pues mucho más gracioso es lo que estoy tramando para deshacerlo.

LOS TRES

¿Y qué es?, ¿qué es?

TITO

Permitidme que me lo reserve. Lo tengo todavía medio urdido. Os anticiparé, sin embargo, que es un drama pasional, que voy a complicar en él nuevos personajes y que tiene un desenlace muy poético, inesperado y sentimental...

PICAVEA

Bueno; pero...

TITO

Ni una palabra más. Pronto lo sabréis todo.

MANCHÓN

Chis..., silencio. Mirad: Galán que viene agonizante en brazos de don Marcelino.

TORRIJA

¡Pobrecillo!

TITO

Huyamos.

(Vanse izquierda riendo.)

Escena IV

NUMERIANO GALÁN y DON MARCELINO, por la derecha.

NUMERIANO

(Desesperado, deprimido, con cara de fatiga y medio llorando.)¡Ay, que no...; ay, que no puedo más, señor Córcoles!... Yo me marcho, yo huyo, yo me suicido. Todo menos otro foxtrot.

DON MARCELINO

(Conteniéndole.) Pero espera, hombre, por Dios; ten calma.

NUMERIANO

No; no puedo. ¡Otro guan step y fallezco! Esta broma está tomando para mí proporciones trágicas, espeluznantes, aterradoras... Yo me voy, me voy... ¡Déjeme usted!...

DON MARCELINO

¡Pero, por Dios, Galán, no seas loco! Ten calma...

NUMERIANO

No; no puedo más, don Marcelino; porque, aparte del terror que me inspira don Gonzalo..., es que Florita... ¡Florita me inspira mucho más terror todavía!... (Se vuelve aterrado.) ¿Viene?

DON MARCELINO

No; no tengas miedo, hombre.

NUMERIANO

No; si no es miedo, ¡es pánico!...; porque sépalo usted todo, don Marcelino... ¡Es que la he vuelto loca!

DON MARCELINO

¿Loca?

NUMERIANO

¡Está loca por mí!...; ¡pero loca furiosa!

DON MARCELINO

¿Es posible?

NUMERIANO

Lo que sintió Eloísa por Abelardo, fue casi una antipatía personal comparado con la pasión que he encendido en el alma volcánica de esta señorita..., y la llamo señorita por no agraviar a ninguna especie zoológica. Figúrese usted que me obliga a estar a su lado para hablarme de amor durante ¡nueve horas diarias!

DON MARCELINO

¡Nueve!

NUMERIANO

¡Y cuando me voy, me escribe!

DON MARCELINO

¡Atiza!

NUMERIANO

Mientras estoy en la oficina me escribe... Me voy a comer y me escribe... Me meto en el baño...

DON MARCELINO

¿Y te escribe?

NUMERIANO

Me cablegrafía. ¡Lleva en el bolsillo una caja de pastillas de sublimado y una browing por si la abandono! Las pastillas, para mí; la browing, para...; digo, no... Bueno; no me acuerdo; pero yo en el reparto salgo muy malparado. ¡Dice que me mata si la dejo!

DON MARCELINO

Eso es lo peor.

NUMERIANO

No, quia. Lo peor es que como sabe usted que pinta, me está haciendo un retrato.

DON MARCELINO

¿Al óleo?

NUMERIANO

Al pastel. Y tengo que poner la mirada dulce...

DON MARCELINO

Es natural.

NUMERIANO

Y estarme hora y media inmóvil, vestido de cazador, con aquellos dos perros del regalito, que se me están comiendo el sueldo, y una liebre en la mano, en esta actitud. (Hace una postura ridícula.)

DON MARCELINO

Como diciendo: ¡ahí va la liebre!

NUMERIANO

¡Sí, señor, y así quince días!... ¡Quince!... ¡Figúrese usted cómo estaré yo y cómo estará la liebre!

DON MARCELINO

¡Y cómo estarás de pastel!

NUMERIANO

Que paso por una pastelería y me vuelvo de espaldas. No le digo a usted más. ¡Con lo goloso que yo era!

DON MARCELINO

¡Qué horror!

NUMERIANO

Bueno; pues mientras me acaba el pictórico, me ha pedido el retrato fotográfico, ha mandado sacar ocho ampliaciones y dice que me tiene en el gabinete y en el comedor y en los pasillos..., ¡y que me tiene hasta en la cabecera de la cama!... ¡Y yo no paso de aquí, don Marcelino, no paso de aquí!

DON MARCELINO

¡Pobre Galán!...; pero, claro, lo que sucede es lógico. Una mujer que ya había perdido sus ilusiones ve renacer de pronto...

NUMERIANO

Lo ve renacer todo. ¡Qué ímpetu, qué fogosidad!... ¡Con decirle a usted que ya está bordando el juego de novia!

DON MARCELINO

¡Hombre, por Dios, procura evitarlo!

NUMERIANO

¿Pero cómo?... Si para disuadirla hasta la he dicho que está prohibido el juego y no me hace caso. Ayer me enseñó dos saltos de cama (figúrese usted el salto mío) para preguntarme que cómo me gustaban más los saltos, si con caídas o sin ellas.

DON MARCELINO

Tú le dirías que los saltos sin caídas.

NUMERIANO

Yo no sé lo que le dije, don Marcelino, porque yo estoy loco. Puedo jurarle a usted que, en mi desesperación, más de tres veces he venido a esta casa resuelto a confesarle la verdad a don Gonzalo; pero, claro, le encuentro siempre tirando a las armas, o con los guantes de boxeo puestos, dándole puñetazos a una pelota que tiene sujeta entre el techo y el suelo...

DON MARCELINO

Un punching ball.

NUMERIANO

No sé cómo se llama; pero como a cada puñetazo la pelota oscila de un modo terrible y la habitación retiembla, yo me digo: ¡Dios mío, si le confieso la verdad y se ciega y me da a mí uno de esos en el balón, (Por la cabeza.) pasado mañana estoy prestando servicio en el Purgatorio!

DON MARCELINO

No, hombre; no, por Dios... Ten ánimo, no te apures.

NUMERIANO

Sí, no te apures; pero el compromiso va creciendo y esos miserables burlándose de mí. ¡Maldita sea...!

DON MARCELINO

¡Ah, oye!; lo que te aconsejo es que te moderes, porque Gonzalo me acaba de preguntar que por qué le has dado dos puntapiés a Picavea en el vestíbulo, y no he sabido qué decirle.

NUMERIANO

Y los mato, no lo dude usted; los mato como no busquen a este conflicto en que me han metido una solución rápida, inmediata. ¡Es necesario, es urgentísimo!

DON MARCELINO

Descuida, que creo lo mismo, y en ese sentido voy a hablarle a Tito Guiloya.

NUMERIANO

¡Sí; porque yo no espero más que esta noche para tomar una resolución heroica!

DON MARCELINO

Aguárdame aquí. Voy a hablarles seriamente. No tardo.

NUMERIANO

Oiga usted, don Marcelino: si Flora le pregunta que dónde estoy, dígale que me he subido a la azotea, hágame el favor. Siquiera que tarde en encontrarme, porque me andará buscando, de seguro.

DON MARCELINO

Descuida. (Vase izquierda.)

Escena V

NUMERIANO GALÁN; luego, FLORITA.

NUMERIANO

(Cae desfallecido sobre un banco.) ¡Ay, Dios mío! Bueno; yo hace quince días que no duermo, ni como, ni vivo... ¡Y yo que nunca he debido un céntimo, me he hecho hasta tramposo!... Porque entre los dos perros y el marco, que lo estoy pagando a plazos, se me va la mitad del sueldo. ¡Qué cuadrito!... don Gonzalo le llama «la mancha», pero quia. Es muchísimo más grande. La Mancha y la Alcarria, todo junto. ¡No le he puesto más que un listón alrededor y me ha subido a veinticinco duros!... ¡Ay!, yo estoy enfermo, no me cabe duda. Tengo dolor de cabeza, inquietud, espasmos nerviosos; porque además de todo esto, esa mujer me tiene loco. Es de una exaltación, de una vehemencia y de una fealdad que consternan. Y luego tiene unas indirectas... Ayer me preguntó si yo había leído una novela que se titula El primer beso, y yo no la he leído; pero aunque me la supiera de memoria... ¡Esas bromitas no! Y para colmo, habla con un léxico tan empalagoso, que para estar a su altura me veo negro. Aquí me he venido huyendo de ella... Aquí, siquiera por unos momentos, estoy libre de esa visión horrenda, de esa visión...

FLORITA

(Apartando el ramaje del fondo de la fuente, asoma su cara risueña y dice melodiosamente.)¡Nume!

NUMERIANO

(Levantándose de un salto tremendo. Aparte.) ¡Cuerno!... ¡La visión!

FLORITA

Adorado Nume.

NUMERIANO

(Con desaliento.)¡Florita!

FLORITA

(Saliendo, lo mira.) ¡Pero cuán pálido! ¡Estás incoloro! ¿Te has asustado?

NUMERIANO

(Desfallecido.) Si me sangran, no me sacan un coágulo.

FLORITA

Pues yo, errabunda, hace un rato que de un lado a otro del parterre vago en tu busca. ¿Y tú, amor mío?

NUMERIANO

¡Yo vago también; pero más vago que tú, me había sentado un instante a delectarme en la contemplación de la noche serena y estrellada!...

FLORITA

¡Oh Nume!... Pues yo te buscaba.

NUMERIANO

Pues si yo sé que me buscas, te juro que corro, que corro a tu encuentro.

FLORITA

Y dime, Nume: ¿qué hacías en este paradisíaco rincón?

NUMERIANO

Rememorarte. (Aparte.)Con más elegancia, ni D'Annunzio.

FLORITA

¡Ah Nume mío, gracias, gracias! ¡Ah, no puedes suponerte cuánto me alegro encontrarte en este lugar recóndito!

NUMERIANO

Bueno; pero, sin embargo, yo creo que debíamos irnos, porque si alguien nos sorprendiera arrinconados y extáticos, podía macular tu reputación incólume, y eso molestaríame.

FLORITA

¿Y qué importa, Nume?... ¡La felicidad es un pájaro azul que se posa en un minuto de nuestra vida y después levanta el vuelo, y Dios sabe en qué otro minuto se volverá a posar!

NUMERIANO

Sí; pero figúrate que ahora viene el pájaro y se posa; pero luego pasa uno y nos lo espanta y encima lo divulga, y ¿qué pasa? Pues que te pesa. Hay que estar en todo. (Intenta irse.)

FLORITA

(Deteniéndole.)Nume, no seas tímido. La dicha es efímera. Siéntate, Nume.

NUMERIANO

No me siento, Florita. (Aparte.) ¡A solas la tengo pánico!

FLORITA

Anda, siéntate, porque quiero en este rincón de ensueño pedirte una revelación... (Le obliga a sentarse.)

NUMERIANO

¡Una revelación!... Bueno; si eres rápida y sintética, atenderete; pero si no, alejareme. Habla.

FLORITA

Vamos a ver, Nume, con franqueza; ¿por qué te he gustado yo?

NUMERIANO

Por nada.

FLORITA

¿Cómo?

NUMERIANO

Quiero decir que no me has gustado por nada y... me has gustado por todo. Te he encontrado...

FLORITA

¿Qué?... ¿Qué?...

NUMERIANO

Te he encontrada un no sé qué..., un qué sé yo..., un algo así, indefinible; un algo raro. ¡Raro, esa es la palabra!

FLORITA

Bueno; ¿qué te han gustado más, los ojos, la boca, el pie?

NUMERIANO

Ah, eso, no, no...; detallar, no he detallado. Me gustas en globo, vamos...

FLORITA

¡En globo! ¡Qué concepto tan elevado!

NUMERIANO

Sí; elevadísimo; lo más elevado posible..., como corresponde a mi admiración.

FLORITA

¡Ah Nume mío, gracias, gracias!

NUMERIANO

No hay de qué.

FLORITA

Y dime, Nume, una simple pregunta: ¿tú has visto por acaso en el cine una película que se titula Luchando en la oscuridad?

NUMERIANO

¿En la oscuridad?... No; yo en la oscuridad no he visto nada.

FLORITA

¡Lo decía, porque en una de sus partes hay una escena tan parecida a esta!

NUMERIANO

(Aterrado.)¿Sí? (Intenta levantarse. Ella le detiene.)

FLORITA

Es un jardín. Un rincón poético, una fontana rumorosa, la luna discreta, dos amantes apasionados...

NUMERIANO

(Con miedo creciente.)¡Qué casualidad!

FLORITA

De pronto los amantes, yo no sé por qué, se miran, se prenden de las manos, se atraen.

NUMERIANO

(Aparte.) ¡Cielos!

FLORITA

Y un beso une sus labios; un beso largo, prolongado; uno de esos besos de cine, durante los cuales todo se atenúa, se desvanece, se esfuma, se borra, y... aparece un letrero que dice Milano Films. Pues bien, Nume: ese final...

NUMERIANO

¡No, no...; jamás..., Florita! Cálmate o pido socorro... No quiero dejarme llevar de la embriaguez. ¡Yo no llego al Milano ni aunque me emplumen!...

FLORITA

¡Pero, Nume mío!...

NUMERIANO

No, Flora; hay que hacerse fuertes... Vámonos, vida mía. Vámonos o llamo.

(Se escucha pianísimo el vals de Eva.)

FLORITA

(Exaltada.) Espera..., atiende... ¡Oh, esto es un paraíso!... ¿No escuchas?

NUMERIANO

Sí; el vals de Eva.

FLORITA

¡Delicioso!

NUMERIANO

Delicioso; pero vámonos.

FLORITA

¡Divina, suave, enloquecedora melodía de amor! ¿Quieres que nos vayamos como en las operetas?...

NUMERIANO

Vámonos, y vámonos como te dé la gana.

FLORITA

¡Oh Nume!...

(Se van bailando el vals.)

NUMERIANO

¡Por Dios, Florita, no aprietes, que congestionas!

(Hacen mutis bailando. Vanse por la izquierda.)

Escena VI

Dichos y DON GONZALO, por la izquierda.

DON GONZALO

(Los saca cogidos cariñosamente, a ella de una mano y a él de una oreja. Ella baja la cabeza risueña y ruborosa, ocultando la cara tras el abanico; él aterrado, aunque tratando inútilmente de sonreír.) ¡Venid, venid acá, picarillos irreflexivos, imprudentes!...

FLORITA

¡Ay, por Dios, Gonzalo!... ¡Cogionos!

DON GONZALO

¡Aquí, en un rincón, y los dos solitos!...

NUMERIANO

Don Gonzalo, por Dios, yo negueme; pero ella insistiome y complacila; ¿qué iba a hacer?

DON GONZALO

(Cambiando la fingida expresión de enfado por otra risueña.) No, hombre, no; si lo comprendo. Los enamorados son como los pájaros: siempre buscando las frondas apartadas, los lugares silenciosos...

FLORITA

(Muy digna.) ¡Pero, por Dios, Gonzalo, a pesar de la soledad, no vayas a creer que nosotros...!

NUMERIANO

Yo aseguro a usted que ha sido una cosa meramente fortuita.

DON GONZALO

¿Fortuita?... ¡Cállese el seductor!

FLORITA

¡Huy, seductor!...

NUMERIANO

Don Gonzalo, yo le juro...

DON GONZALO

Ahora que yo confío, amigo Galán, en su caballerosidad, y espero que este tesoro encomendado a su hidalguía...

NUMERIANO

¡Por Dios!, ¿quiere usted enmudecer?... ¡Ni aunque nos sorprendiese usted en el Trópico!

DON GONZALO

Ya lo sé, ya lo sé... Y vaya, pase esto como una ligereza de chiquillos, y ahora que estamos los tres juntitos, venid acá, parejita feliz. Venid y decidme...: ¿sois muy dichosos, muy dichosos?... La verdad...

NUMERIANO

Hombre, don Gonzalo..., yo...

DON GONZALO

No me diga usted más. (A FLORA.) ¿Y tú?

FLORITA

Mucho, mucho, mucho. No hay paleta, por muy paleta que sea, que tenga colores suficientes para pintar mi felicidad.

DON GONZALO

¡Oh, qué feliz, qué venturoso me hacéis!... ¡Ah querido Galán!, ya lo ve usted..., en ese corazoncito ya no vivo yo solo. (Con pena.)

FLORITA

¡Por Dios, Gonzalo!

DON GONZALO

Sí. ¡Otro cariñito ha penetrado en él arteramente y apenas queda ya sitio para el pobre hermano!...

NUMERIANO

¡Hombre, don Gonzalo, yo sentiría que por mí...!

DON GONZALO

¡Ah, pero no me importa!... Ámela usted con este acendrado amor con que yo la amo, y si la veo dichosa, me resignaré contento a la triste soledad en que voy a quedarme.

NUMERIANO

Don Gonzalo, por Dios; si le va a usted a servir esto de un disgusto tan grande..., yo estoy dispuesto incluso a renunciar a...

FLORITA

¡Pero calla, por Dios!...; ¿qué estás diciendo?... Si son tonterías de este... Chocheces. ¡Egoísmos de viejo!...

DON GONZALO

Sí, sí...; egoísmos. Pero, por Dios, riquita, no te enfades. Y ¡ea!... Perdonad a un hermano impertinente esta pequeña molestia... Y venga usted acá... ¡Oh amigo mío, ha elegido usted tarde; pero ha elegido usted bien!

FLORITA

Vamos, calla; por favor, Gonzalo.

DON GONZALO

¡Yo no digo que físicamente Florita sea una perfección; pero es un conjunto tan armónico, tan sugestivo, tan atrayente!... Ni es alta ni baja, ni rubia ni morena...; es más bien castaña...; ¡pero qué castaña!... Y mirándola..., cuántas..., cuántas veces he recordado los versos del jocundo, del galante arcipreste de Hita.

Cata, mujer fermosa, donosa e lozana,

que non sea mucho luenga, otro si nin enana.

FLORITA

Estatura regular, vamos. (Alardeando de la suya.)

DON GONZALO

Que teña ojos grandes, fermosos, relucientes,

e de luengas pestañas, bien claros e reyentes.

FLORITA

(Los abre mucho.)Como, por ejemplo...

DON GONZALO

Las orejas pequeñas, delgadas. Para al mientes.

Si ha el cuello alto, que a tal quieren las gentes.

La nariz afilada...

FLORITA

Bueno; eso...

DON GONZALO

Los dientes menudillos,

los labios de la boca bermejos, angostillos.

La su faz sea blanca, sin pelos, clara e lisa.

Puña de haber mujer que la veas de prisa,

que la talla del cuerpo te dirá esto a guisa

e complida de hombros e con seno de peña,

ancheta de caderas; esta es talla de dueña.

(FLORA ha ido siguiendo el relato con gesto y actitudes que demuestran su identidad con los versos.)

FLORITA

El señor arcipreste parece que me conocía de toda la vida.

DON GONZALO

¿Qué tal, qué tal el retratito?

NUMERIANO

Un verdadero calco.

DON GONZALO

(A FLORA.)Y respecto a ti, vamos, que tampoco te llevas costal de paja.

NUMERIANO

Hombre, tanto como costal...

FLORITA

(Riendo coquetonamente.) ¡Y aunque fuera costal, cargaría con él!

DON GONZALO

(Riendo.) ¿Oyola usted, afortunado Galán?...

NUMERIANO

Oíla, oíla...

DON GONZALO

Bueno, y ahora, como recuerdo de esta noche memorable, voy a hacerle a usted un regalito.

NUMERIANO

¡No; eso sí que no; regalitos de ninguna manera, don Gonzalo, por lo que más quiera usted en el mundo!

DON GONZALO

No; si no nos causa extorsión... Es un retablo gótico, estofado, siglo diecisiete, con un tríptico atribuido a Valdés Leal, nueve metros de altura por seis de ancho; una verdadera joya. Mande usted restaurar el estofado, que es lo que está peor...

NUMERIANO

Claro, figúrese usted, un estofado de tantos siglos.

DON GONZALO

Y por tres mil pesetas...

NUMERIANO

Sí, bueno; pero tres mil pesetas por un estofado, comprenderá usted... Además, que es cosa a la que no he tenido nunca gran afición...

DON GONZALO

Entonces, nada digo... Y ea, amigo Galán, adelántesenos usted; evitemos la maledicencia, que no nos vean llegar juntos. Les separo a ustedes, pero solo unos minutos. No me guarde usted rencor.

NUMERIANO

No, no; quia... ¡Cómo rencor!..., ¡por Dios!... Aprovecharé para ir a la sala de billar.

FLORITA

Bueno; pero no tardes, ¿eh?

NUMERIANO

Descuida.

FLORITA

¡Como tardes, te escribo!

NUMERIANO

No, no; por Dios... Seguirete raudo... ¡Adiós! (Aparte.) ¡Maldita sea! ¡No sé a qué sabrá el ácido prúsico, pero esto es cincuenta veces peor! (Vase por la izquierda.)

Escena VII

FLORA y DON GONZALO.

DON GONZALO

Habrás comprendido que, aun a trueque de enojarte, he alejado a Galán intencionadamente.

FLORITA

Figurémelo.

DON GONZALO

¿Te ha dicho al fin por qué le dio las dos punteras a Picavea?

FLORITA

¡Ay!, ni me he acordado de preguntárselo; ¿querrás creerlo?

DON GONZALO

¡Pero, mujer!...

FLORITA

¡No te extrañe, Gonzalo; el amor es tan egoísta!... Pero, ah, yo lo sospecho todo.

DON GONZALO

¿Qué sospechas?

FLORITA

Que Picavea y Galán se han ido a las manos; mejor dicho, se han ido a los pies por causa mía.

DON GONZALO

¿Será posible?

FLORITA

Como sabes que los dos me hacían el amor desde los balcones del Casino y he preferido a Galán, observo que Picavea está así como celoso, como sombrío, como despechado. No se aparta de Tito Guiloya. Los dos miran a Numeriano y se ríen. Y, además, hace unos minutos he visto a Picavea en un rincón del jardín hablando misteriosamente con Solita.

DON GONZALO

¿Con tu doncella?

FLORITA

Con mi doncella. ¿Tratará de comprarla?

DON GONZALO

¿De comprarla qué?

FLORITA

De ganar su voluntad para que le ayude, quiero decir... Lo sospecho, porque al pasar por entre los evónivus, sin que me vieran, le oí decir a ella: «¡Pero por qué ha hecho usted eso, señorito; qué locura!». Y él la contestaba: «¡Por derrotar a Galán haré hasta lo imposible; llegaré hasta la infamia, no lo dudes!».

DON GONZALO

¡Oh, qué iniquidad! ¿Pero has oído bien, Florita?

FLORITA

Relatelo según oílo, Gonzalo. Ni palabra más ni palabra menos. Yo estoy aterrada, porque en el fondo de todo esto veo palpitar un drama pasional.

DON GONZALO

Verdaderamente, hemos debido alejar de nuestra casa a Picavea con cualquier pretexto.

FLORITA

Al menos, no haberle invitado.

DON GONZALO

Sí; pero a mí me parecía incorrecto sin motivo alguno, hacer una excepción en contra suya.

FLORITA

Sí, es verdad; pero ¡ay!, Gonzalo. No sé qué me temo. ¿Tramará algo en la sombra ese hombre?

DON GONZALO

No temas; descuida. Por todo cuanto has dicho, yo también sospecho que algo trama. Pero estaré vigilante y a la primera incorrección, ¡ay de él!

FLORITA

¡Por Dios, Gonzalo, efusión de sangre, no!

DON GONZALO

Descuida. Sé lo que me cumple. No le perderé de vista.

(Vanse por la izquierda.)

Escena VIII

DON MARCELINO, NUMERIANO, TITO, TORRIJA, PICAVEA y MANCHÓN, por el foro izquierda.

DON MARCELINO

Oye, pero venid, venid en silencio... Venid acá... Pero ¿es posible lo que decís?

TITO

Lo que oye usted, don Marcelino.

PICAVEA

¡Albricias! ¡Albricias, Galán! ¡Estás salvado!

NUMERIANO

Yo no lo creo, no me fío.

TORRIJA

Que sí, hombre, que se le ha ocurrido a este una solución ingeniosísima, formidable. ¡No puedes imaginártela!

PICAVEA

Prodigiosa, estupenda... Ya lo verás...

MANCHÓN

Y que lo acaba felizmente, sin que nadie sospeche que esto ha sido una broma.

NUMERIANO

(A DON MARCELINO.) ¿Será posible?

DON MARCELINO

Veamos de qué se trata.

TITO

Te advierto que es una cosa que requiere algún valor.

NUMERIANO

Sacadme de este conflicto en que me habéis metido, y Napoleón a mi lado es una señorita de compañía.

DON MARCELINO

Bueno; decid, decid pronto... ¿Qué es?

PICAVEA

Cuéntalo tú. Verán ustedes qué colosal.

TITO

Acercaos, no nos oigan. Es una cosa que tiene su asunto.

NUMERIANO

¿Asunto?

(Se agrupan con interés.)

TITO

Se trata de representar un drama romántico. Decoración: este jardín; la noche, la luna... Argumento: con cualquier motivo se procura que la señorita de Trevélez venga hacia aquí. Tras ella viene Picavea...

PICAVEA

Aparezco yo...

TITO

Siguiendo solapado y cauteloso sus pasos leves.

NUMERIANO

Leves para vosotros; para mí, de pronóstico. Adelante.

TITO

Picavea, apelando a un recurso cualquiera, denota su presencia. Ella, sorprendida, al verle, dirá: «¡Ah! ¡Oh!»; en fin, la exclamación que sea de su agrado y entonces este, con frase primero emocionada; luego vibrante, y, al fin, trágica, le da a entender en una forma discreta que hace tiempo que la ama de un modo ígneo. Como Florita le ha visto muchas veces en los balcones del Casino atisbando sus ventanas, caerá fácilmente en engaño, como cayó contigo. Y una vez conseguido esto, Picavea se manifiesta francamente rival tuyo. Le dice que te confió el secreto de su amor, y que tú te anticipaste, traicionándole, y a partir de esta acusación te insulta, te injuria, te calumnia... En esto, surges tú de la enramada, como aparición trágica, lívido, descompuesto, con los ojos centelleantes, las manos crispadas, y te increpa, le vituperas, le agredes... Suena un ¡ay!..., dos gritos, y este te da a ti cuatro bofetadas...

NUMERIANO

¿Cuatro bofetadas a mí? Encima de...

TITO

Son indispensables.

DON MARCELINO

Pero ¿no se podría hacer un reparto más proporcional?

TITO

No, porque las bofetadas han de dar lugar a un duelo, y el duelo es precisamente la clave de mi solución.

NUMERIANO

¿De modo que tras lo uno..., lo otro...? (Acción de pegar.)

DON MARCELINO

Cállate... Sigue.

TITO

Galán, ofendido por la calumnia y por los golpes, le envía a este los padrinos; pero Picavea se niega en absoluto a batirse, alegando que este, encima de robarle el amor de Florita, le quiere quitar la vida, y que él rendirá la vida a manos de Galán, pero el amor de Florita, no. Y en consecuencia, que impone como condición precisa para batirse que los dos han de renunciar a ella, sea cual fuere el resultado del lance.

MANCHÓN

¡Admirable!

NUMERIANO

¡Lo de renunciar yo, colosal!

TITO

Tú en seguida le escribes a tu prometida una carta heroica, diciendo que por no aparecer como un cobarde sacrificas tu inmenso amor, y al día siguiente se simula el duelo, y tú, fingiéndote herido, te estás en cama ocho días con una pierna vendada.

NUMERIANO

No, las piernas déjamelas libres por lo que pueda suceder.

DON MARCELINO

Sí, no metas las piernas en el argumento.

TITO

Las amigas consolarán a Florita; nosotros convenceremos a don Gonzalo para que vuelva a dedicarse a la aerostación y se distraiga, y tuti contenti. ¿Eh, qué tal?

MANCHÓN

¡Estupendo!

NUMERIANO

¿Qué le parece a usted, don Marcelino?

DON MARCELINO

Mal, hijo; ¿cómo quieres que me parezca?... Ahora, que como yo no veo solución ninguna, lo que me importa es que termine pronto el engaño de estas pobres personas, sea como sea. Haced lo que queráis. (Vase por la izquierda.)

NUMERIANO

Entonces, yo debo limitarme a salir cuando este...

MANCHÓN

Tú vienes con nosotros, que ya te diremos.

TITO

¡Callad! Florita viene hacia aquí..., y viene sola...

PICAVEA

Como anillo al dedo. Pues no perdamos la ocasión. Cuanto antes mejor. ¿No os parece? Dejadme solo. Marchaos pronto.

TORRIJA

¡Que te portes como quien eres!

PICAVEA

Zacconi me envidiaría. ¡Ya me conocéis cuando me pongo lánguido y persuasivo!

NUMERIANO

¡Oye, y a ver cómo me das esas dos bofetadas, que no me molesten mucho!

PICAVEA

¡Cuatro, cuatro!...

TITO

Por aquí...; silencio.

(Vanse por el foro derecha. PICAVEA se oculta en el follaje.)

Escena IX

PICAVEA y FLORITA, por la primera izquierda.

FLORITA

(Como buscándole.) ¡Nume!... ¡Nume!... ¡No está! (Llama otra vez.) ¡Nume!... Pero ¿qué ha sido de ese hombre, si dijo que vendría en seguida?... ¿Estará acaso...? ¡Dios mío, cuando se ama ya no se vive! (Llama de nuevo.) ¡Nume!...

PICAVEA

(Apareciendo.) ¡Florita!

FLORITA

¡Ah!..., ¿quién es?

PICAVEA

Soy yo.

FLORITA

(Aparte.) ¡Él! (Alto.) ¡Picavea!... ¿Usted?

PICAVEA

Soy yo, que venía siguiéndola.

FLORITA

¿Siguiéndome?... ¡Qué extraño!... Pues... es la primera vez que no noto que me siguen...

PICAVEA

Es que he procurado recatarme todo lo posible.

FLORITA

¿Recatarse, por qué?

PICAVEA

Porque deseaba ardientemente una ocasión para poder hablar a solas con usted.

FLORITA

¿A solas conmigo?... (Aparte.) ¡Ay, lo que yo temíame! (Alto.) ¿Y dice usted que a solas?

PICAVEA

A solas, sí.

FLORITA

(Con gran dignidad.)Señor Picavea, usted no ignora que en mis actuales circunstancias yo no puedo hablar a solas con un hombre sin infringirle un agravio a otro. Ya no dispongo de mi libre albedrío. Beso a usted la mano, como suele decirse. (Hace una reverencia y se dispone a marchar.)

PICAVEA

(Le coge la mano para retenerla.) ¡Por Dios, Florita, un instante!

FLORITA

He dicho que beso a usted la mano, conque suélteme usted la mano.

PICAVEA

Yo la ruego que me escuche una palabra, una sola palabra.

FLORITA

Si no es más que una, oirela por cortesía. Hable.

PICAVEA

Florita, yo no ignoro su situación de usted, desgraciadamente.

FLORITA

¿Cómo desgraciadamente?

PICAVEA

Desgraciadamente, sí... No quito una letra. Y comprenderá usted que cuando ni el respeto a las circunstancias en que usted se halla ni el temor a ninguna otra clase de incidentes me detiene, muy grave y muy hondo debe ser lo que pretendo decirla.

FLORITA

(Aparte.) ¡Dios mío! (Alto.) ¡Pero, Picavea!...

PICAVEA

¡Más bajo!... ¡Pueden oírnos!

FLORITA

¡Ay; pero por Dios, Picavea!...

PICAVEA

¡Más bajo!... ¡Pueden oírnos!

FLORITA

¡Ay; pero por Dios, Picavea!... Ese tono, esa emoción... Está usted pálido, tembloroso... Me asusta usted. ¿De qué se trata? Hable usted pronto... Hable usted de prisa.

PICAVEA

¿De prisa?

FLORITA

De prisa, sí; me desagradaría que nos sorprendieran. Nume es muy celoso. Hable.

PICAVEA

Florita, ¿usted no ha observado nunca que yo, día tras día, me he estado asomando al gabinete de lectura del Casino para mirar melancólicamente a sus ventanas?

FLORITA

¡Oh, Picavea!

PICAVEA

Conteste usted... Diga usted.

FLORITA

Pues bien, sí; la verdad, lo he notado. Muchas veces le he visto a usted con una Ilustración muy deteriorada en la mano, ojeando las viñetas y soslayando de vez en vez la mirada hacia mi casa; pero yo atribuilo a mera curiosidad.

PICAVEA

¿De modo que no ha caído usted en el verdadero motivo?

FLORITA

No; yo me asomaba a la ventana, pero no caía.

PICAVEA

Pues ha debido usted de caer.

FLORITA

¡Picavea!

PICAVEA

Ha debido usted de caer. El poema de las miradas saben leerlo todas las mujeres.

FLORITA

¡Oh Dios mío!... ¿De modo, Picavea, que usted también...?

PICAVEA

¡Sí, Florita, sí...; yo también la amo!

FLORITA

(Aparte.)¡Dios mío! Pero ¿qué tendré yo de un mes a esta parte que cada hombre que miro es un torrezno?

PICAVEA

(Cogiéndola de la mano.) Y si usted quisiera, Florita; si usted quisiera, todavía...

FLORITA

(Tratando de desasirse.)¡Ay, no!, por Dios, Picavea, suélteme usted; suélteme usted, por compasión, que no me pertenezco.

PICAVEA

¿Y qué me importa?

FLORITA

Suélteme usted, por Dios... Repare usted que aún no estoy casada.

PICAVEA

Sí, es verdad. No sé lo que hago. Usted perdone.

FLORITA

(Aparte.) ¡Pobrecillo! (Alto.) ¡Pero oiga usted, Picavea, por Dios!... ¿Usted por qué ha de amarme?... No tiene usted motivos...

PICAVEA

¡El amor no se escoge ni se calcula, Florita!

FLORITA

Olvídeme usted.

PICAVEA

No es posible.

FLORITA

Acepte usted una amistad cordial. No puedo ofrecerle más. Déjeme usted ser dichosa con Galán: le quiero. Es mi primer amor, mi único amor, y por nada del mundo dejaríale.

PICAVEA

(Aparte.)Esta señora es un Vesubio ambulante. Tengo que apretar. (Alto.)¿De modo, Florita, que no aborrecería usted a ese hombre de ninguna manera?

FLORITA

Ni aunque me dijesen que era Pasos Largos, ya ve usted.

PICAVEA

¿Y si fuera tan miserable que hubiese jugado con su amor de usted?...

FLORITA

¡Oh, eso no es posible!... (Sonriendo.)¡Pero si no vive más que para mí!... ¿Lo sabré yo?

PICAVEA

Bueno; pero si a pesar de todo a usted le probaran que ese hombre había jugado vilmente con su corazón, ¿qué haría?

FLORITA

¡Oh, entonces mataríale; mataríale, sí, lo juro!

PICAVEA

Pues bien, Florita, lo que va usted a oír es muy cruel, pero hace falta que yo lo diga y que usted lo sepa. Galán no es digno del amor de usted.

FLORITA

(Aterrada.) ¡Picavea!

PICAVEA

¡Galán es un miserable!

FLORITA

¡Jesús! Pero ¿qué está usted diciendo? ¡Miente usted! ¡El despecho, la envidia, los celos, le hacen hablar así!

PICAVEA

¡No, no; es un bandido, porque yo le confié el amor que usted me inspiraba y se me adelantó como un miserable!

FLORITA

¡Pero eso no puede ser! ¡Sería horrible!

PICAVEA

Además, ese hombre es un criminal que no merece su cariño, porque sépalo de una vez... ¡Ese hombre tiene cuatro hijos con otra mujer!

FLORITA

(Aterrada, enloquecida.)¡Ah!... ¡Oh!... ¡Cuatro hijos! ¡Falso, eso es falso! ¡Pruebas, pruebas!

PICAVEA

Sí, lo probaré. Traeré los cuatro hijos si hace falta. Esa mujer se llama Segunda Martínez.

FLORITA

¡Oh, cuatro hijos de Segunda!

PICAVEA

Vive en Madrid, Jacometrezo, noventa y dos. Galán es un canalla. Yo lo sostengo. (PICAVEA hace señas con la mano para que salga GALÁN.)

Escena X

Dichos, DON GONZALO; después, GALÁN, TORRIJA, GUILOYA y MANCHÓN; luego, DON MARCELINO. DON GONZALO sale cautelosamente y cae de un modo fiero y terrible sobre PICAVEA, cogiéndole por el cuello.

DON GONZALO

¡Ah, granuja! ¡Te has vendido!

PICAVEA

(Trémulo de dolor.)¡Don Gonzalo!

FLORITA

¡Por Dios, Gonzalo! ¡No le mates!

DON GONZALO

Lo que sospechábamos... ¿Lo ves? ¿Lo estás viendo?

PICAVEA

Pero don Gonzalo, por Dios, que yo...

DON GONZALO

¡Silencio, o te ahogo, miserable!

FLORITA

¡Ay Gonzalo, cálmate!

DON GONZALO

¡Quieres con tus calumnias destrozar la felicidad de dos almas, pero no te vale, reptil! Te hemos descubierto el juego.

PICAVEA

¡Don Gonzalo, que yo no he dicho... que no era eso!... ¡Ay, que me ahoga!

DON GONZALO

¡Baja la voz, canalla, y escúchame! No mereces honores de caballero, pero yo no puedo prescindir de mi noble condición. Mañana te mataré en duelo.

FLORITA

¡Ay, no, Gonzalo!

PICAVEA

No, don Gonzalo, eso sí que no...; en duelo no, que yo soy inocente.

DON GONZALO

Te mataré como a un perro; y ahora, a la calle, en silencio, sin escándalo, sin ruido... que no se entere nadie... (Se lo lleva hacia la izquierda.)

PICAVEA

¡Pero, don Gonzalo!

DON GONZALO

(Dándole un puntapié.)¡Largo de aquí, calumniador!...

PICAVEA

¡Pero atiéndame usted!

DON GONZALO

¡A la calle!... Ni una palabra más.

(PICAVEA vase despavorido, por la primera izquierda.)

NUMERIANO

(Saliendo aterrado.) Pero don Gonzalo, ¿qué es esto? ¿Qué pasa?

(Le siguen TORRIJA, GUILOYA y MANCHÓN.)

¡Está usted lívido!

FLORITA

¡Ay Nume, Nume!... (Se acerca a él.)

DON MARCELINO

(Saliendo.)¿Qué sucede? ¿Qué ha ocurrido?

DON GONZALO

Nada, nada, que voy a matar a un calumniador, nada más. Ya lo explicaré todo. Ahora basta que diga delante de todos que mi hermana es para usted. Esto nadie tendrá poder para impedirlo, y ahora, como desagravio, un abrazo, Galán, un fuerte y fraternal abrazo.

NUMERIANO

¡Don Gonzalo! (Cae desfallecido en sus brazos.)

DON GONZALO

(Mirándole.) ¿Pero qué es esto? ¡Esa inercia!... ¡Esa palidez!... (Sacudiéndole.) ¡Galán!... ¡Galán!... ¡Se ha desvanecido!

FLORITA

Nume, Nume... ¡Ay, que no me oye!... (Sacudiéndole.) Nume, escucha... Nume, mira...

DON GONZALO

¿Pero qué será esto?

DON MARCELINO

La emoción, la sorpresa, el disgusto quizá... Hacedle aire...

FLORITA

¡Llevémosle a la cama!...

NUMERIANO

(Recobrándose súbitamente.) No, nada, nada..., ya se me pasa; no es nada. El sombrero, el bastón...

DON GONZALO

De ninguna manera. Usted no sale de esta casa. Va usted a tomar un poco de éter. A mi cuarto, a mi cuarto. Y por Dios, señores... Confío en su discreción. Ni una palabra de todo esto... Silencio, silencio...

(DON GONZALO y FLORITA se llevan a GALÁN por la izquierda.)

DON MARCELINO

(A los guasones, que quedan aterrados.)¡Picavea ha subido al cielo!

TELÓN

Acto III

Cuarto gimnasio en casa de DON GONZALO. Puertas practicables en primer término izquierda y segundo derecha. Un balcón grande al foro. Por la escena, aparatos de gimnasia: escaleras, pesas, poleas; en la pared, panoplias con armas y caretas de esgrima, y por el suelo una tira de linóleo y una colchoneta. Cerca del foro, un punching ball prendido del techo y del suelo. A la izquierda, una mesita con una botella de agua y dos vasos. En primer término izquierda, mesa, y encima algunos libros, periódicos, escribanía, carpeta, papel, caja con cigarros, etc., etc. En segundo término izquierda, un bargueño, y en uno de sus cajones, un revólver. Junto a las paredes, divanes; en la pared del primer término derecha, una percha con dos toallas grandes. Sillas y sillón de cuero. Es de día. En el balcón, una gran cortina.

Escena I

DON GONZALO y DON ARÍSTIDES. Aparecen los dos en traje de esgrima con las caretas de sable puestas. DON ARÍSTIDES da a DON GONZALO una lección de duelo.

DON ARÍSTIDES

Marchar, marchar. Encima. En guardia.

(DON GONZALO va ejecutando todos estos movimientos de esgrima que el profesor le manda.)

Marchar. Batir bajo. Otra vez. Uno, dos. Uno, dos, tres. Marchar. Finta de estocada y encima. En guardia. Romper.

(La segunda vez que DON GONZALO retrocede obedeciendo la voz de mando del profesor, tropieza con la mesita que habrá al foro y derriba los cacharros que habrá en ella.)

Pero no tanto.

DON GONZALO

¡Demonio, qué contrariedad! En fin, adelante.

DON ARÍSTIDES

Marchar cambiando. Estocada. Encima. Otra vez pare y conteste. Otra vez. Batir. Revés. Pequeño descanso. (Se quita la careta.)

DON GONZALO

(Quitándosela también.) ¿Y cómo me encuentra usted, amigo Arístides?

DON ARÍSTIDES

¿A qué hora es el duelo?

DON GONZALO

A las seis de la tarde.

DON ARÍSTIDES

Se merienda usted al adversario. Seguro.

DON GONZALO

¿Estoy fuerte?

DON ARÍSTIDES

Superabundantemente fuerte. Pétreo.

DON GONZALO

Picavea creo que no tira.

DON ARÍSTIDES

Ni enganchado. Si se pueden emplear en estos lances los términos taurinos, diré a usted que en la corridita de esta tarde, más bien becerrada, por lo que al adversario se refiere, se viene usted a su casa con una ovación y una oreja..., más las dos suyas, naturalmente.

DON GONZALO

Pues a mí me habían dicho que Picavea en cuestión de sable era un practicón.

DON ARÍSTIDES

Cuando estaba sin destino, sí, señor. Pero, ahora..., ¿lo sabré yo, que he sido su maestro?...

DON GONZALO

En fin, ¿reanudamos?

DON ARÍSTIDES

Vamos allá. (Requieren las armas y vuelven a la lección.) Finta de estocada marchando. Encima. Romper. Uno, dos. Marchar. Dos llamadas.

DON GONZALO

Con permiso. Un momento. Voy a llamar al criado que se lleve estos cacharros. (Hace que toca un timbre.)

DON ARÍSTIDES

En guardia. Uno, dos. Marchar. Revés. Romper. Encima, pare y conteste. Marchar. Batir. Salto atrás.

CRIADO

¡Señor!

(No le hacen caso.)

DON ARÍSTIDES

Marchar. A ver cómo se para, vivo...

(Comienza un asalto movidísimo. Las armas chocan con violencia.)

CRIADO

(Vuelve a acercarse temeroso.) Señor...

(Siguen el asalto, avanzando y retrocediendo, sin hacerle caso, y el CRIADO, viéndose en peligro, se pone una careta de esgrima y se acerca decididamente.)

Señor...

DON GONZALO

¿Qué quieres, hombre?

CRIADO

No, yo es que como me ha llamado el señor...

DON GONZALO

Sí, hombre, que recojas esos cacharros.

CRIADO

Está bien, señor. (Los recoge sin quitarse la careta, luego se marcha huyendo de los golpes de sable, que continúan.)

DON ARÍSTIDES

Tajo. Uno, dos. Salto atrás. Marchar. Uno, dos, tres. Salto atrás. Marchar.

DON GONZALO

¿Vamos?

DON ARÍSTIDES

No. (Quitándose la careta.)Con eso y los padrinitos que trae usted, no hace falta más, porque creo que sus padrinos son Lacasa y Peña.

DON GONZALO

Lacasa y Peña.

DON ARÍSTIDES

Entonces las condiciones serán durísimas, estoy seguro.

DON GONZALO

Imagínese usted.

DON ARÍSTIDES

Para intervenir esos, el duelo tiene que ser a muerte. No rebajan ni tanto así. Los conozco.

DON GONZALO

Además, las instrucciones que yo les he dado son severísimas: nada de transigencias, nada de blanduras.

DON ARÍSTIDES

Pues no doy veinticinco centavos por la epidermis de Picavea.

(Se cambian las chaquetas de esgrima, DON ARÍSTIDES por su americana y DON GONZALO por una chaqueta elegante de caza.)

DON GONZALO

¡Oh, ese canalla!... ¿No sabe usted lo que hizo anoche en el Casino a última hora?

DON ARÍSTIDES

Sabe Dios.

DON GONZALO

Abofeteó e injurió a Galán horriblemente.

DON ARÍSTIDES

¡Qué bárbaro!

DON GONZALO

En tales términos, que Galán me ha escrito agradeciendo la defensa que hice de su honor, pero recabando el derecho de batirse con Picavea antes que yo.

DON ARÍSTIDES

No lo consienta usted de ninguna manera.

DON GONZALO

Ni soñarlo. Picavea ofendió en mi propia casa a mi hermana, proponiéndola una indignidad, valido de una calumnia. Yo soy, pues, el primer ofendido.

DON ARÍSTIDES

Sin duda ninguna.

DON GONZALO

Lacasa y Peña harán valer mis derechos.

DON ARÍSTIDES

¡Buenos son ellos!

DON GONZALO

Y además, cuando Galán le envió los padrinos, ¿sabe usted la condición que imponía Picavea para batirse?... ¡Pues que fuese cual fuese el resultado del lance, los dos habían de renunciar a mi hermana, so pretexto de no sé qué lirismos ridículos!...

DON ARÍSTIDES

¡Es un hombre perverso!

DON GONZALO

Ni más ni menos, pero figúrese el disgusto de la pobre Flora cuando supo por Marcelino que Galán quizás tuviese que aceptar la tremenda condición para que no pueda atribuirse su negativa a cobardía... ¡Un disgusto de muerte! En vano trato de tranquilizarla. No descansa, no duerme, no vive. ¡Cuando más feliz se creía!... ¡Y todo por culpa de ese miserable! ¡Ah, no tengo valor para hacer daño a nadie; pero la vida le hace a uno cruel, y como pueda, mato a Picavea! Se lo juro a usted.

DON ARÍSTIDES

Lo merece, lo merece... Pues nada, don Gonzalo, hágame usted piernas y hasta luego. (Poniéndose el sombrero.) Voy a ver a Valladares, que está muy grave.

DON GONZALO

¡Ah, Valladares, sí; ya me han dicho... que se concertó el duelo en condiciones terribles!

DON ARÍSTIDES

A espada francesa. Con todas las agravantes.

DON GONZALO

¿Y Valladares está en cama?

DON ARÍSTIDES

Si se va o no se va. Y el adversario también.

DON GONZALO

¿También? ¿Y qué es lo que tienen?

DON ARÍSTIDES

Gastritis tóxica por indigestión.

DON GONZALO

¡Ah! ¿Pero no es herida?

DON ARÍSTIDES

No, no es herida; porque desoyendo mis consejos, en lugar de batirse, se fueron a almorzar al Hotel Patrocinio, y claro, les pusieron unos calamares en tinta que están los dos si se las lían. ¡Mucha más cuenta les hubiese tenido celebrar un duelo a muerte, como yo les propuse! A estas horas los dos en la calle. ¡Pero calamares! ¡Quién calcula las consecuencias!... Son unos temerarios. ¡Le digo a usted!...

DON GONZALO

¡Ya, ya!... ¡Qué gentes!

DON ARÍSTIDES

Conque hasta luego; hágame piernas y no me olvide esa finta de estocada marchando, ¿eh?... Un, dos..., a fondo. Rápido, ¿eh?... (Vase derecha.)

DON GONZALO

Sí, sí; descuide, descuide... (Vuelve y toca el timbre.) Voy a ver cómo sigue esa criatura. Cree que le ocultamos la verdad; que Galán es quien va a batirse y está que no vive. ¡Pobre Florita!... ¡Calle! ¡Ella viene hacia aquí!

Escena II

DON GONZALO y FLORITA.

FLORITA

(Por la izquierda, con una bata y el pelo medio suelto.)La felicidad es un pájaro azul que se posa en un minuto de nuestra vida y que cuando levanta el vuelo, Dios sabe en qué otro minuto se volverá a posar.

DON GONZALO

¡Florita!

FLORITA

¡Ay Gonzalo de mi alma!... (Llora amargamente abrazada a su hermano.)

DON GONZALO

¡Por Dios, Flora; no llores, que me partes el corazón!

FLORITA

El hado fatal cebose en mí... Clavome su garra siniestra.

DON GONZALO

¡Por Dios, Florita; si no hay motivo! No desesperes.

FLORITA

¿Que no hay motivo? ¿Que no desespere?... ¿Pero no te has enterado de lo que proyectan?

DON GONZALO

Me he enterado de todo.

FLORITA

Picavea ha impuesto la condición de que los dos han de renunciar a mí, sea cual fuere el resultado del lance, y claro, Galán se considera en la necesidad de aceptar para que no lo crean un cobarde... ¡Y me dejarán los dos!... Y esto es demasiado, porque quedarme sin el que sucumba, bueno; pero sin el superviviente, ¿por qué, Dios mío, por qué?

DON GONZALO

No llores, Florita; no llores; estate tranquila, ya te he dicho que no se baten; yo sabré evitarlo.

FLORITA

¡Qué espantosa tragedia! Toda mi juventud suspirando por un hombre, y de pronto me surgen dos; venme, inflámanse, insúltanse, péganse y de repente se me esfuman. ¡Esto es espantoso!... ¡Horrible!... ¿Qué tendré yo, Gonzalo, qué tendré que no puedo ser dichosa?

DON GONZALO

Cálmate, Florita, que yo te juro que lo serás. Cálmate.

FLORITA

Si no puedo calmarme, Gonzalo, no puedo...; porque encima de esta amargura, Maruja Peláez me ha hecho un chiste, ¡un chiste!..., en esta situación..., ¡miserable!... Dice que mi boda era imposible, ¡porque hubiera sido una boda de un Galán con una característica!... ¡Figúrate!... (Llora amargamente.) ¡Yo característica!...

DON GONZALO

¡Infame!... ¡Escándalos, ultrajes, burlas..., y todo sobre esta criatura infeliz! ¡No, no, Florita!... No llores, seca tus ojos. ¡Ni una lágrima más! ¡Bandidos!... No; yo te juro que te casas con Galán, te casas con Galán aunque se hunda el mundo, porque el que mata a Picavea soy yo..., ¡yo!...

FLORITA

¡No, eso no, Gonzalo; eso tampoco! ¡A costa de tu vida, cómo iba yo a ser dichosa!... No, déjalo; he tenido la desgracia de enloquecer a dos hombres... ¡Lo sufriré yo sola!... Entraré en un convento...

DON GONZALO

¿Tú en un convento?

FLORITA

Sí, en un convento; profesaré en las Capuchinas...; seré capuchina... Ya he cogido hasta el nombre. Sor María de la Luz; creo que para una capuchina...

DON GONZALO

¡Pero qué locuras estás diciendo!... ¿Crees que lejos de ti podría yo vivir tranquilo?... Calla, Florita, calla; ¡no me partas el alma!

Escena III

Dichos y el CRIADO; luego, PEÑA y LACASA.

CRIADO

(Por la derecha.)Señor...

DON GONZALO

¿Quién?

CRIADO

Los señores Peña y Lacasa.

FLORITA

¡Peña y Lacasa!... ¿Qué quieren? ¿Qué buscan aquí esos hombres siniestros?

DON GONZALO

Nada, nada... Déjame unos instantes. Luego hablaremos. Ten calma. Todo se resolverá felizmente. ¡Te lo aseguro!

FLORITA

¡Ah, no, no!... La felicidad es un pájaro azul que se posa en un minuto de nuestra vida, pero levanta el vuelo...

CRIADO

¿Qué?...

FLORITA

No te digo a ti..., ¿eres tú pájaro acaso? ¿O azul, por una casualidad?...

CRIADO

Es que creí...

FLORITA

¡Estúpido!

DON GONZALO

Que pasen esos señores.

FLORITA

Pero levanta el vuelo y Dios sabe en qué otro minuto se volverá a posar. ¡Ah!... (Vase por la izquierda.)

CRIADO

(Asomándose a la puerta de la derecha.)¡Señores!... (Los deja pasar y se retira.)

PEÑA

¡Gonzalo!...

LACASA

¡Querido Gonzalo!

DON GONZALO

Pasad, pasad y hablemos en voz baja. ¿Qué tal?

LACASA

¡Horrible!

PEÑA

¡Espantoso!

LACASA

¡Trágico!

PEÑA

¡Funesto!

DON GONZALO

¿Pero qué sucede?

PEÑA

¡Un duelo tan bien concebido!...

LACASA

¡Una verdadera obra de arte!

PEÑA

Tres disparos simultáneos apuntando seis segundos.

LACASA

Y cada disparo avanzando cinco pasos.

PEÑA

Y en el supuesto desgraciado de que los dos saliesen ilesos, continuar a sable.

LACASA

Filo, contrafilo y punta; a todo juego, asaltos de seis minutos..., uno de descanso, permitida la estocada...

PEÑA

¡En fin, que no había escape! Un duelo como para servir a un amigo.

LACASA

¡Oh, qué ira! ¡La primera vez que me sucede!

PEÑA

¡Y a mí!

DON GONZALO

¡Bueno, estoy que no respiro!... ¿Queréis decirme al fin qué pasa?

PEÑA

¡Una desdicha! Que el duelo no puede verificarse.

LACASA

Todo se nos ha venido a tierra.

DON GONZALO

¿Pues?

PEÑA

Que no encontramos a Picavea ni vivo ni muerto.

DON GONZALO

¿Cómo que no?

LACASA

Ni ofreciendo hallazgo. Unos dicen que después de la cuestión le vieron salir de tu casa y desaparecer por la boca de una alcantarilla.

PEÑA

Otros aseguran que no fue por la boca, sino que desde que supo que tenía que batirse contigo, marchó a su casa por un retrato, tomó un kilométrico de doce mil kilómetros y se metió en el rápido.

LACASA

Corren distintas versiones.

PEÑA

Pero Picavea, por lo visto, ha corrido mucho más que las versiones, porque no damos con él por parte alguna; ¡ni con el rastro siquiera!

LACASA

¡Qué fatalidad!

DON GONZALO

¿Habéis ido a su casa?

PEÑA

Lo primero que hicimos. Y dice la patrona que la misma noche de la cuestión llegó lívido, sin apetito, y que, a instancias suyas, lo único que pudo hacerle tomar fueron unas patas de liebre, unas alas de pollo y un poco de gaseosa...; cosas ligeras como ves, fugitivas...

LACASA

Y tan fugitivas.

PEÑA

Como que después de lo de las patas y las alas desapareció con un aviador; sospechan si para emprender el raid Madrid-San Petersburgo.

DON GONZALO

¡Miserable! Pone tierra por medio.

LACASA

Aire, aire.

PEÑA

Otros compañeros de hospedaje relatan que le oyeron preguntar qué punto de Oceanía es el más distante de la Península.

DON GONZALO

¡Cobarde!... ¡Ha huido!

PEÑA

¡Los datos son para sospecharlo!

DON GONZALO

¡Oh!, ¿veis?... Eso prueba que lo de Galán fue una calumnia... ¡Una repugnante calumnia! ¡Oh, qué alegría, qué alegría va a tener mi hermana!... ¡Pobre Galán!... Yo que hasta había llegado a sospechar... ¡Le haré un regalo!

LACASA

¡Gonzalo, ese granuja nos ha privado de complacerte!

PEÑA

Gonzalo, no hemos podido servirte; pero si a consecuencia de este asunto tuvieses que matar a otro amigo, acuérdate de nosotros.

DON GONZALO

Descuidad.

LACASA

Te serviremos con muchísimo placer. Ya nos conoces.

PEÑA

¡Lances de menu o de papel secante, no!... Ni almuerzos, ni actas. ¡Duelos serios, especialidad de Lacasa y mía!

DON GONZALO

Os estimo en lo que valéis. Gracias por todo. Adiós, Peña... Adiós, Lacasa.

LACASA

¡A dos pasos de tus órdenes!

PEÑA

Disparado por servirte.

(Saludan. Vanse por la derecha.)

DON GONZALO

Ha huido. Era un calumniador y un envidioso. Voy a contárselo todo a Florita; se va a volver loca de alegría. ¡Oh! Ya no hay obstáculo para su felicidad. Dentro de un mes, la boda. No la retraso ni un solo minuto. Y en cuanto a Galán, como compensación le regalaré la estatua de Saturno comiéndose a sus hijos que tengo en el jardín. Dos metros de base por tres de altura. Está algo deteriorada, porque al hijo que Saturno se está comiendo le falta una pierna...; pero, en fin, así está más en carácter. (Vase por la izquierda.)

Escena IV

CRIADO, DON MARCELINO y NUMERIANO GALÁN, por la derecha.

CRIADO

Pasen los señores. (Les deja paso y se va.)

NUMERIANO

¿Ha visto usted qué par de chacales esos que salían?

DON MARCELINO

Peña y Lacasa. Son los padrinos de Gonzalo. Iban furiosos, y con un juego de pistolas debajo del brazo.

NUMERIANO

A cualquier cosa le llaman juego.

DON MARCELINO

Bueno, Galancito, ¿y a qué me traes aquí, si puede saberse?

NUMERIANO

Pues a que me ayude usted a convencer a don Gonzalo para que me deje batirme antes con Picavea. Si no, estamos perdidos.

DON MARCELINO

Me parece que no conseguiremos nada. ¡Tú no sabes cómo está Gonzalo!

NUMERIANO

Entonces, ¿qué hacemos, don Marcelino, qué hacemos?

DON MARCELINO

A mi juicio, lo primero que hay que hacer es el borrador para la esquela de Picavea, porque Picavea sube hoy al cielo. A patadas, pero sube.

NUMERIANO

¡Ay, Dios mío!... ¿Y Florita estará...?

DON MARCELINO

Medrosa del todo. Desde que supone que Picavea y tú vais a batiros por ella, se ha puesto mucho más romántica.

NUMERIANO

¡Qué horror!

DON MARCELINO

Se ha soltado el pelo, o por lo menos el añadido; ha extraviado los ojos en una forma que ni anunciándolos en los periódicos se los encuentran, y anda deshojando flores por el jardín y preguntándoles unas cosas a las margaritas, que un día le van a contestar mal, lo vas a ver.

NUMERIANO

¡Virgen Santa!

DON MARCELINO

Y se ha encerrado en este dilema pavoroso: «O Galán, o capuchina».

NUMERIANO

(Aterrado.)¿Y qué es eso?

DON MARCELINO

¡No sé; pero debe ser algo terrible!

NUMERIANO

¡Ay, qué miedo! ¡Por Dios, don Marcelino, ayúdeme usted a convencer a don Gonzalo! ¡Sálveme usted! ¡Estoy desesperado! ¡Maldita sea!... De algún tiempo a esta parte todo se vuelve contra mí, ¡todo!... (Furioso, da un puñetazo al punching ball y, naturalmente, la pelota se vuelve contra él.) ¡Caray!... ¡Hasta la pelota!...

DON MARCELINO

¡Calla! Gonzalo viene.

NUMERIANO

¡Elocuencia, Dios mío!

Escena V

Dichos y DON GONZALO, por la izquierda.

DON GONZALO

(Tendiéndoles las manos.) ¿Ustedes?

DON MARCELINO

Querido Gonzalo, vengo porque no puedes imaginar lo que está sufriendo este hombre.

DON GONZALO

Pero ¿por qué, amigo Galán, por qué?

NUMERIANO

¡Ah, don Gonzalo, una tortura horrible me destroza el alma! Usted sabe cómo nadie que el honor es mi único patrimonio; por consecuencia, de rodillas suplico a usted me permita que sea yo el que mate a ese granuja que aquella noche nefasta enlodó mi honradez acrisolada...

DON GONZALO

Bueno, Galán; pero...

NUMERIANO

¡No olvide usted que el miserable dijo que yo tenía no sé qué de Segunda, y yo no tengo nada de Segunda, don Gonzalo, se lo juro a usted!...

DON GONZALO

No, hombre; si lo creo... Y por mí, mátelo usted cuando quiera, amigo Galán.

NUMERIANO

(Abrazando a DON GONZALO.)¡Gracias, gracias! ¡Oh, qué alegría! ¡Ser yo el que le atraviese el corazón!

DON GONZALO

Lo malo es que no va usted a poder.

DON MARCELINO

(Aterrado.) ¿Le has matado tú ya?

DON GONZALO

No me ha sido posible.

NUMERIANO

¿Entonces, por qué no voy a ser yo el que le arranque la lengua?

DON GONZALO

Porque se la ha llevado con todo lo demás.

NUMERIANO

¿Cómo que se la ha llevado?

DON MARCELINO

¿Qué quieres decir?

DON GONZALO

(Riendo francamente.)Sí hombre, sí. Sabedlo de una vez. ¡Picavea, asustado de su crimen, ha huido!

LOS DOS

(Con espanto.)¿Que ha huido?...

DON GONZALO

¡Ha huido!

DON MARCELINO

¡Pero no es posible!

NUMERIANO

¡Eso no puede ser, don Gonzalo!

DON GONZALO

Y en aeroplano, según me aseguran.

NUMERIANO

¡Atiza!

NUMERIANO

¡Que ha huido!... ¡Dios mío; pero está usted oyendo qué canallada!

DON MARCELINO

¡Qué sinvergüenza!

NUMERIANO

¡Irse y dejarme de esta manera! ¿Es esto formalidad, don Marcelino?

DON GONZALO

¡Cálmese, amigo Galán!

NUMERIANO

¡Qué voy a calmarme, hombre!... ¡Esto no se hace con un amigo..., digo, con un enemigo! (A DON MARCELINO.) ¡Irse en aeroplano!

DON MARCELINO

(Aparte.)¡Y no invitarte! (Alto.)Ya, ya... ¡Qué canalla!

DON GONZALO

Calme, calme su justa cólera, amigo Galán. Su honor queda inmaculado, y puesto que la dicha renace para nosotros, no pensemos ya sino en la felicidad de Florita y de usted, porque mi deseo es que se casen a escape.

NUMERIANO

Hombre, don Gonzalo, yo a escape, la verdad... No quiero que surjan otros incidentes. La vida está llena de asechanzas. Acaba usted de verlo.

DON MARCELINO

Bueno; pero Galán lo que desea es un plazo para...

DON GONZALO

No le pongo un puñal al pecho, naturalmente; pero vamos, ¿le parecería a usted bien que para la boda fijáramos el día del Corpus? Faltan dos meses.

NUMERIANO

Hombre, Corpus, Corpus... No tengo yo el Corpus por una fecha propicia para nupcias...; no me hace a mí...

DON GONZALO

¿Entonces quiere usted que lo adelantemos para la Pascua?

NUMERIANO

¡Qué sé yo!

DON GONZALO

¿Tampoco le hace a usted la Pascua?

NUMERIANO

Como hacerme, sí me hace la Pascua; pero vamos, es que yo..., es que yo, don Gonzalo, la verdad, quiero serle a usted franco hablarle con toda el alma.

DON GONZALO

Dígame, dígame, amigo Galán.

NUMERIANO

¿Dice usted que Picavea ha huido?

DON GONZALO

Ha huido. Indudable.

NUMERIANO

Pues bien: yo tengo que decirle a usted que hasta que ese hombre parezca y yo le mate, yo no puedo casarme, don Gonzalo.

DON GONZALO

¡Por Dios, es un escrúpulo exagerado!

NUMERIANO

Hágase usted cargo: si yo no vuelvo por los fueros de mi honor, ¿qué dignidad le llevo a mi esposa?

DON MARCELINO

Hombre; en eso el muchacho tiene algo de razón.

NUMERIANO

Ahora, eso sí, don Gonzalo, que parece Picavea, y al día siguiente, la boda.

CRIADO

(Desde la puerta.)El señor Picavea.

DON GONZALO

¿Qué?

CRIADO

Su tarjeta.

DON GONZALO

(La toma y lee.)¡Picavea! (Mostrándoles la tarjeta.)

LOS DOS

¡Picavea!

(GALÁN cae aterrado sobre una silla.)

DON GONZALO

Se conoce que han aterrizado. (Al CRIADO.) ¿Y este hombre?...

CRIADO

Aguarda en la antesala. Debe encontrarse algo enfermo. Está pálido, tembloroso. Me ha pedido un vaso de agua con azahar. Por cierto, que al ir a traérsela he visto que escondía todos los bastones del perchero.

DON GONZALO

¡Ah canalla!

CRIADO

Dice que tiene algo extraordinario y urgente que decirle al señor, y que le suplica de rodillas, si es preciso, que le reciba...

DON GONZALO

Yo no sé hasta qué punto será correcto...

CRIADO

Dice que se acoge a la hidalguía del señor.

DON GONZALO

Basta. Dile que pase.

NUMERIANO

Pero ¿le va usted a recibir?

DON GONZALO

¡Qué remedio!... ¿No oye usted cómo lo suplica?

NUMERIANO

(Aparte, a DON MARCELINO.) ¡Estoy aterrado! ¿A qué vendrá ese bruto?

DON MARCELINO

(Ídem.)No me llega la camisa al cuerpo.

DON GONZALO

Vosotros pasad a esa habitación y oíd. Y por Dios, Galán, conténgase usted oiga lo que oiga, Marcelino, no le abandones.

DON MARCELINO

Descuida.

(Vanse izquierda.)

Escena VI

DON GONZALO y PICAVEA; luego, DON MARCELINO y NUMERIANO GALÁN.

PICAVEA

(Dentro.)¿Da... da... da..., dada... dada... usted su per..., su permiso?

DON GONZALO

Adelante. (Aparte.) ¡Dame calma, Dios mío, que yo no olvide que estoy en mi casa! Apartaré este sable, no me dé una mala tentación... (Coge un sable para retirarlo.)

PICAVEA

(Asomando la cabeza.)Muy bue... ¡Caray! (Se retira en seguida al ver a DON GONZALO con el sable.)

DON GONZALO

¿Pero qué hace ese hombre? (Alto.)Pase usted sin miedo.

PICAVEA

¡Papa... papa... pa..., pasaré, sí, señor; pe... pe..., pero sin miedo es impo..., es imposible!... Com... com... comprendo su..., su indignación, don Gon..., don Gonzalo, y por eso...

DON GONZALO

Sí, señor; mi indignación es mucha y muy justa; pero acogido a la hospitalidad de estas nobles paredes nada tiene usted que temer por ahora. Tranquilícese y diga cuanto quiera.

PICAVEA

Don Gon..., don Gon..., don Gonzalo yo no sé cómo agradecer a usted que me haya re... re..., recibido después de la su... su..., susu...

DON GONZALO

Abrevie usted los períodos, porque entre la tartamudez y la abundancia retórica no acabaríamos nunca.

PICAVEA

Lo que quiero decir es que mi gratitud por la bondad de recibirme...

DON GONZALO

Nada tiene que agradecerme. Cumplo con mi deber de caballero. Hable.

PICAVEA

(Cayendo súbitamente de rodillas a los pies de DON GONZALO.)¡Ah don Gonzalo, escúpame usted, máteme usted! Coja usted una de esas nobles tizonas y deme usted una estocada.

DON GONZALO

Señor mío, eso no sería digno...

PICAVEA

Pues una media estocada..., ¡un bajonazo!... ¡Sí! ¡Lo merezco, don Gonzalo, lo merezco por buey!

DON GONZALO

¿Pero qué está usted diciendo?

PICAVEA

La verdad, don Gonzalo; vengo a decir toda la verdad. Yo seguramente habré aparecido a los ojos de usted como un canalla.

DON GONZALO

Se califica usted con una justeza que me ahorra a mí esa molestia.

PICAVEA

Pues bien, don Gonzalo: de todo esto tiene la culpa...

DON GONZALO

Ya sé lo que va usted a decirme: ¿que tiene la culpa el que mi hermana le ha vuelto a usted loco?

PICAVEA

¡Quia, no, señor; qué me ha de volver a mí loco la pobre señora! Yo solo siento por ella una admiración simplemente amistosa.

DON GONZALO

Entonces, ¿por qué dio usted lugar a aquella trágica escena?

PICAVEA

Yo, don Gonzalo, todo lo que dije y lo que hice, lo hice y lo dije por salvar a Galán únicamente.

DON GONZALO

¿Cómo por salvar a Galán?... ¡No comprendo!... Salvar a Galán, ¿de qué?...

PICAVEA

Es que Galán, usted perdone; pero a Galán tampoco le gusta su hermana de usted.

DON GONZALO

(Con tremenda sorpresa.) ¿Eh?... ¿Cómo?... ¿Qué está usted diciendo?

PICAVEA

Que no le gusta.

DON GONZALO

¡Pero este hombre se ha vuelto loco!

PICAVEA

No, don Gonzalo, no. Ustedes, Galán y yo, hemos sido víctimas de un juego inicuo, y permítame que le suplique toda la calma de que sea capaz para escucharme hasta el fin.

DON GONZALO

(Con ansiedad.)Hable, hable usted pronto.

PICAVEA

Don Gonzalo, la declaración amorosa que recibió Florita no era de Galán.

DON GONZALO

¿Cómo que no?

PICAVEA

Fue escrita por Tito Guiloya, imitando su letra, para darle una broma de las que han hecho famoso al Guasa Club.

DON GONZALO

¡Oh! ¿Pero qué dice este necio?... ¿Qué nueva mentira inventa este canalla?... (Va a acometerle.)

PICAVEA

¡Por Dios, don Gonzalo!...

DON GONZALO

Yo te juro que vas a pagar ahora mismo...

Escena VII

Dichos, NUMERIANO GALÁN y DON MARCELINO.

NUMERIANO

(Saliendo.)Deténgase usted, don Gonzalo. Este hombre dice la verdad.

DON GONZALO

(Aterrado.) ¿Qué?

DON MARCELINO

Una verdad como un templo, Gonzalo...

DON GONZALO

¿Pero qué dices?

DON MARCELINO

Mátanos, desuéllanos..., porque cada uno tiene en esta culpa una parte proporcional. Este, por debilidad, por miedo; este, por inducción; yo, por silencio, por tolerancia...; pero lo que oyes es la verdad.

DON GONZALO

(Como enloquecido.)¿Pero no sueño?... ¿Pero es esto cierto, Marcelino?

NUMERIANO

Sí, don Gonzalo; hemos sido víctimas de una burla cruel. Yo no me he declarado jamás a su hermana de usted. Yo no he tenido nunca intención de casarme con ella, porque ni mi posición ni mi deseo me habían determinado a semejante cosa.

DON GONZALO

¿De modo que es verdad?... ¿De modo que...?

DON MARCELINO

Han sido esos bandidos, Tito Guiloya, Manchón y Torrija, los que, aprovechando hábilmente una situación equívoca, que ya te explicaré, y con propósitos de insano regocijo, de burla indigna, fraguaron esta iniquidad... ¡Una broma del Casino!

DON GONZALO

¡Dios mío!

NUMERIANO

Y yo también soy culpable, don Gonzalo, lo reconozco. Soy culpable, porque debí, en el primer momento, decir a ustedes lo que pasaba. Pero me faltó valor. Aparte la condición pusilánime de mi carácter, la acogida cordial, efusiva, que usted me dispensó, henchido de gozo por el bien de su hermana a la que adora en términos tan conmovedores, me hizo ser cobarde y preferí aguardar a que una solución imprevista resolviera el conflicto.

DON GONZALO

(Repuesto del estupor, se levanta airado, violento, tembloroso.)¡Ah!..., ¡de modo que una burla!..., ¡que todo ha sido una burla!... ¿Y por el placer de una grosera carcajada no han vacilado en amargar con el ridículo el fracaso de una vida?... ¡Y para este escarnio, cien veces infame, escogen a mi hermana, alma sencilla, cuyo único delito es que se resiste a perder el derecho a una felicidad que ha visto disfrutar fácilmente a otras mujeres solo porque la naturaleza ha sido más piadosa con ellas! ¡Pues no, no será!

DON MARCELINO

¡Gonzalo!

DON GONZALO

No será, y a este crimen de la burla, frío, cruel, pérfido, premeditado..., responderé yo con la violencia, con la barbarie, con la crueldad. ¡Yo mato a uno, mato a uno, Marcelino, te lo juro!

DON MARCELINO

¡Cálmate, cálmate, por Dios, Gonzalo!...

DON GONZALO

No puedo, no puedo calmarme, Marcelino, no puedo. ¡Burlarse de mi hermana adorada, de mi hermana querida, a la que yo he consagrado con mi amor y mi ternura una vida de renunciaciones y de sacrificios! De sacrificios, sí. Porque vosotros, como todo el mundo, me suponéis un solterón egoísta, incapaz de sacrificar la comodidad personal a los desvelos e inquietudes que impone el matrimonio. Pues sabedlo de una vez: nada más lejos de mi alma. En mi corazón, Marcelino, he ahogado muchas veces (y algunas Dios sabe con cuánta amargura) el germen de nobles amores que me hubiesen llevado a un hogar feliz, a una vida fecunda. Pero surgía en mi corazón un dilema pavoroso: u obligaba a mi hermana a soportar en su propia casa la vida triste de un papel secundario, o había yo de marcharme, dejándola en una orfandad que mis nuevos afectos hubiesen hecho más triste y más desconsoladora. ¡Y por su felicidad he renunciado siempre a la mía!

DON MARCELINO

Eres un santo, Gonzalo.

DON GONZALO

Hay más. Esta es para mí una hora amarga de confesión; quiero que lo sepáis todo, todo... Yo he llegado por ella, entiéndelo bien, solo por ella, hasta el ridículo.

DON MARCELINO

¡Gonzalo!...

DON GONZALO

(Con profunda amargura.)Sí; porque yo, yo soy un viejo ridículo, ya lo sé.

DON MARCELINO

¡Hombre!...

DON GONZALO

Sí, Marcelino, sí; hasta el ridículo. Un ridículo consciente, que es el más triste de todos. Yo, y perdonadme estas grotescas confesiones, yo me tiño el pelo; yo, impropiamente, busco entre la juventud mis amistades. Yo visto con un acicalamiento amanerado, llamativo, inconveniente a la seriedad de mis años. Y todo esto, que ha sido y es en el pueblo motivo de burla, de chacota, de escarnio, yo lo he padecido con resignación y lo he tolerado con humildad, porque lo he sufrido por ella.

DON MARCELINO

¿Por ella?

DON GONZALO

Sí; por ella. Como entre Florita y yo la diferencia de años es poca, las canas, las arrugas, los achaques en mí la producían un profundo horror, una espantosa consternación. Veía en mi vejez acercarse la suya, y yo entonces quise parecer joven solamente para que Florita no se creyese vieja. Y para atenuarla el espectáculo del desastre, puse sobre esta cabeza, que para ser respetada debía ser blanca, y sobre este cuerpo ya caduco unas ridículas mentiras que conservaran en ella la pueril ilusión de una falsa juventud. Esto ha sido todo. (Llora.)

DON MARCELINO

(Conmovido.) ¡Gonzalo!...

PICAVEA

Don Gonzalo, perdón; somos unos miserables.

NUMERIANO

Usted es un santo, don Gonzalo, un santo, y si no le pareciese absurdo lo que voy a decirle, yo me ofrezco a reparar esta broma infame casándome con Florita, si usted quiere.

DON GONZALO

No, gracias, amigo Galán; muchas gracias. Pasado ese impulso generoso de su alma buena, quedaría la realidad: mi hermana, con sus años...; usted, con su natural desamor... Imagínese el espanto. Quedémonos en el ridículo; no demos paso a la tragedia.

NUMERIANO

Sí, sí, don Gonzalo; lo comprendo; pero por lo que se refiere a Tito Guiloya, a Manchón, a Torrija..., a todos los del Guasa Club, yo ruego a usted que me conceda el derecho a una venganza bárbara, ejemplar...; a una venganza...

Escena VIII

Dichos, el CRIADO; luego, TITO GUILOYA, por la puerta de la derecha.

CRIADO

Señor..., este caballero.

DON GONZALO

(Leyendo la tarjeta.)¡Hombre..., Dios le trae! Aquí le tenemos.

DON MARCELINO

¿Quién?

DON GONZALO

Tito Guiloya.

PICAVEA y NUMERIANO

¡Él!

DON GONZALO

Viene a continuar la burla.

PICAVEA

(Coge un sable.)Pues permítame usted que yo...

NUMERIANO

(Coge una espada.)Y déjeme usted a mí que le...

DON GONZALO

Quietos. En mi casa, y en cosas que a mí tan tristemente se refieren, yo soy quien debo hablar.

DON MARCELINO

Pero, por Dios, Gonzalo...

DON GONZALO

Descuida, estoy tranquilo.

NUMERIANO

Pero nosotros...

DON GONZALO

Métanse ustedes ahí. Les suplico un silencio absoluto. (Al CRIADO.) Que pase ese señor. (Se meten los tres detrás de las cortinas de la ventana, de modo que al entrar el visitante no los vea.) Un silencio absoluto, vean lo que vean y oigan lo que oigan.

TITO

(Desde la puerta.)¿Da usted su permiso, queridísimo don Gonzalo?

DON GONZALO

Adelante.

TITO

Perdone usted, mi predilecto y cordial amigo, que venga a molestarle; pero... altos dictados de caballerosidad, que los hombres de honor no podemos desatender, me impelen a esta lamentable visita.

DON GONZALO

Tome asiento y dígame lo que guste.

(Se sientan.)

TITO

Don Gonzalo, usted y yo somos dos hombres de honor.

DON GONZALO

Uno.

TITO

Usted perdone: dos, o yo no sé matemáticas.

DON GONZALO

Sabe usted matemáticas. Uno. Adelante.

TITO

Bueno; pues yo vengo con la desagradable misión de convencer a usted de que el señor Picavea, mi apadrinado, debe batirse, antes que con usted, con ese canalla, con ese reptil, con ese bandido de Galán, cuyas infamias probaremos cumplidamente.

DON GONZALO

¡Chis!... No levante usted la voz, no sea que le oiga.

TITO

Pero ¿cómo va a oírme?

DON GONZALO

Fíjese.

(GALÁN le saluda con la mano.)

TITO

(Dando un salto.) ¡Carape! (Lleno de asombro.) Pero ¿qué es esto? (A PICAVEA.)¿Tú aquí?... ¿Y con Galán?... Pero ¿no habíamos quedado en que yo vendría a buscar una solución honrosa al...?

(PICAVEA hace un gesto encogiendo los hombros, como el que quiere expresar: «Qué quieres que te diga».)

Pero ¿cómo se justifica la presencia aquí de Picavea, cuando habíamos quedado en que tú...?

(GALÁN hace el mismo gesto de PICAVEA.)

Don Marcelino, yo ruego a usted que justifique esta situación inexplicable en que me hallo, porque es preciso que yo quede como debo.

(DON MARCELINO hace el mismo gesto.)

¿Es decir, que ninguno de los tres...? Señores, por Dios, que yo necesito que a mí se me deje en el sitio...,

(Los tres indican con la mano que espere, que no tenga prisa.)

en el sitio que me corresponde, no confundamos. (Pausa. Ya muy azorado.) Bueno, don Gonzalo; en vista de la extraña actitud de estos señores, yo me atrevería a suplicar a usted unas ligeras palabras que hicieran más airosa esta anómala situación.

(DON GONZALO hace el mismo gesto.)

¡Tampoco!... ¡Caray, comparado con esta casa, el colegio de sordomudos es una grillera!... ¡Caramba, don Gonzalo, por Dios!... Yo ruego a usted..., yo suplico a usted..., que acabe esta broma del silencio, si es broma, y que se me abra siquiera... un portillo por donde yo pueda dar una excusa y oír una réplica, buena o mala, ¡pero una réplica! Yo, hasta ahora, no sé qué es lo que sucede. Hablo, y la contestación que se me da es un movimiento de gimnasia sueca. (Lo remeda.) Interrogo, y no se me responde.

DON GONZALO

(Se levanta y, clavándole los ojos, se dirige a él. GUILOYA retrocede aterrado. Al fin le coge la mano.) Y más vale que sea así.

TITO

Don Gonzalo, por Dios; que yo no venía aquí...

DON GONZALO

Usted venía aquí a lo que va a todas partes: a escarnecer a las personas honradas, a burlar a aquellos infelices que por achaques de la vida o ingratitudes de la naturaleza considera víctimas inofensivas de su cinismo.

TITO

(Aterrado.)¿Yo?...

DON GONZALO

¡Usted!... Y por eso, creyéndonos dos viejos ridículos, ha cogido usted el corazón de mi hermana y el mío y los ha paseado por la ciudad, entre la rechifla de la gente, como un despojo, como un airón de mofa.

TITO

¿Que yo he hecho eso?... ¡Don Gonzalo, por la Santa Virgen!... Hombre, decidle, habladle, haced el favor.

(Los tres el gesto.)

DON GONZALO

Pero para todos llega en la vida una hora implacable de expiación. Usted, hombre jovial, cínico, desaprensivo, cruel, no la sentía venir, ¿verdad?... Pues para usted esa hora ha llegado, y es esta. Siéntese ahí.

TITO

(Muerto de miedo, tembloroso.) ¡Don Gonzalo!

DON GONZALO

Siéntese ahí. Si usted estuviese en mi lugar y mi hermana fuera la suya y sintiera usted caer sobre su vida adorada ese dolor amargo y lacerante de la burla de todo un pueblo, ¿qué haría usted conmigo?...

TITO

¡Bueno, don Gonzalo; pero es que yo!... ¡Hombre, por Dios, salvadme!...

DON GONZALO

Aquí tiene usted papel, pluma y una pistola...

TITO

(Dando un salto.) ¡Don Gonzalo!

DON GONZALO

Si conserva un resto de caballerosidad, escriba una ligera exculpación para nosotros y hágase justicia.

TITO

(Enloquecido de horror, coge la pistola tembloroso.) ¡Ay, por Dios, don Gonzalo, perdón!

DON GONZALO

¡Hágase justicia!

DON MARCELINO

¡Oye; pero hazte justicia hacia aquel lado, que nos vas a dar a nosotros!

TITO

(Cayendo de rodillas.) Don Gonzalo, perdón. ¡Ya estoy arrepentido!... Le juro a usted que no volveré más...

DON GONZALO

(Quitándole la pistola violentamente.) ¡Cobarde, mal nacido!... ¡Vas a morir!

TITO

(En el colmo del terror, da un salto y se esconde detrás de los tres.) ¡Socorro!... ¡Socorro!... ¡Salvadme!

NUMERIANO

(Aterrado.) ¡Por Dios, don Gonzalo, desvíe el cañón...; que está usted muy tembloroso!

DON GONZALO

¡Canalla! ¡Miserable!... ¡Que se vaya pronto, que se vaya o le mato!

DON MARCELINO

¡A la calle!..., ¡a la calle! ¡Fuera de aquí!, ¡granuja!... (Le da un puntapié y lo echa puertas afuera.)

PICAVEA

Vamos a hacerle los honores de la casa... (Coge un sable y sale tras él.)

NUMERIANO

¡De la Casa de Socorro! (Coge otro sable y sale escapado.)

DON GONZALO

(Todavía excitado.) ¡Cobarde! ¡Infame! ¡Lo he debido estrangular..., he debido matarlo!

DON MARCELINO

Cálmate, Gonzalo, cálmate. ¡No vale la pena! ¿Qué hubieras conseguido? ¡Matas a Guiloya!, ¿y qué?... Guiloya no es un hombre; es el espíritu de la raza, cruel, agresivo, burlón, que no ríe de su propia alegría, sino, del dolor ajeno. ¡Alegría!... ¿Qué alegría va a tener esta juventud que se forma en un ambiente de envidia, de ocio, de miseria moral, en esas charcas de los cafés y de los casinos barajeros? ¿Qué ideales van a tener estos jóvenes que en vez de estudiar e ilustrarse se quiebran el magín y consumen el ingenio buscando una absurda similitud entre las cosas más heterogéneas y desemejantes?... ¿En qué se parece un membrillo a la catedral de Burgos? ¿En qué se parece una lenteja a un caballo a galope? Y, claro, luego surge rápida esta natural pregunta: ¿En qué se parecen estos muchachos a los hombres cultos, interesados en el porvenir de la patria? Y la respuesta es tan consoladora como trágica... ¡En nada, en nada; absolutamente en nada!

DON GONZALO

¡Tienes razón, Marcelino, tienes razón!

MARCELINO

Pues si tengo razón, calma tu justa cólera y piensa, como yo, que la manera de acabar con este tipo tan nacional del guasón es difundiendo la cultura. Es preciso matarlos con libros, no hay otro remedio. La cultura modifica la sensibilidad, y cuando estos jóvenes sean inteligentes, ya no podrán ser malos, ya no se atreverán a destrozar un corazón con un chiste, ni a amargar una vida con una broma.

DON GONZALO

¡Ah!, ¡mi pobre hermana! ¡Qué cruel dolor! Pero ¿qué remedio? La llamaré. La diremos la verdad.

DON MARCELINO

No. La burla humilla, degrada. Proyecta un viaje, te la llevas y estáis ausentes algún tiempo. Y ahora, si te parece, la diremos que no has podido evitar el duelo; que Galán está herido; que aceptó la condición de Picavea; que no vuelva a pensar en él.

DON GONZALO

Sí; quizá es lo mejor. ¡Pero cómo va a llorar! ¡Ay mi hermana, mi adorada hermana!

DON MARCELINO

¡Pobre Florita!

DON GONZALO

¡Qué amargura, Marcelino! ¡Ver llorar a un ser que tanto quieres con unas lágrimas que ha hecho derramar la gente solo para reírse! ¡No quiero más venganza sino que Dios, como castigo, llene de este dolor mío el alma de todos los burladores!

(Telón.)

FIN DE LA SEÑORITA DE TREVÉLEZ

Farsa cómica en tres actos, estrenada en el teatro Lara, de Madrid, en la noche del 14 de diciembre de 1916.

0% leído

Índice

Leíste un 0%.

¿Quieres continuar donde lo dejaste?

¡Llegaste al final!

Leíste la obra completa. ¡Enhorabuena! ¿Dónde quieres ir ahora?

Volver a la librería