La venganza de la Petra (o Donde las dan las toman)
Carlos Arniches - 1917
Cláusula de uso y representación
Esta obra se encuentra en el dominio público y puede ser representada y adaptada libremente.
Personajes
PETRA, 20 años
NICANORA, 45 ídem
RAIMUNDA, 50 ídem
EUDOXIA, 25 ídem
SEÑOR NICOMEDES, 50 ídem
SEÑOR BIBIANO, 60 ídem
MANOLO, 25 ídem
CONESA, 30 ídem
EL TUFITOS, 25 ídem
JESÚS
La acción, en Madrid. Época actual.
Derecha e izquierda, las del actor.
Acto I
Decoración. Alcoba modesta en casa de una familia de artesanos acomodados. Al foro, una puerta vidriera con visillos, que da al comedor, parte de cuyo mobiliario se verá al abrirse la puerta citada. En la alcoba, a la derecha y en el centro de la pared, una ventana con vidrieras y maderas que se supone da a un patio. En la pared de la izquierda, una cama de matrimonio. La cabecera, apoyada en el testero. A la izquierda de la cama, una mesilla de noche. En último término, una puerta de escape. A la derecha, un perchero, y colocados convenientemente, un lavabo de hierro, un baúl grande, una butaca vieja y dos o tres sillas. Pendiente del techo, lámpara eléctrica con una tulipa modesta. La llave de la luz, junto a la cabecera de la cama.
Escena I
El SEÑOR NICOMEDES, solo. Al levantarse el telón aparece la alcoba en suave penumbra. Por los cristales de la puerta del fondo entra una tenue claridad, como si en el comedor hubiese un balcón entornado que dejase llegar la luz del día. El SEÑOR NICOMEDES, tapado hasta las narices, ronca en la cama. Silencio profundo. En la calle se escucha una voz muy lejana de una vendedora: «¡La botelleraa!... ¡Se compran botellas!...». El SEÑOR NICOMEDES da una vuelta en la cama, saca una mano y la sacude violentamente en el aire, como espantando un mosquito que zumba. Otra voz de mujer, también muy distante: «¡Churros, calientes!... ¡A cinco, que están calentitos!... ¡La churrera!...». Pausa. Muy lejos y muy atenuados se oyen los campanillazos de aviso de un tranvía que pasa. Un vendedor pregonando: «¡Traaa... perooo! ¿Quién tiene trapo y hierro viejo que vender?... ¡Traperooo!...». Otra pausa. De pronto, en la mesilla de noche, suena, agudo, vibrante y escandaloso, el timbre del despertador.
SEÑOR NICOMEDES
(Da luz. Se incorpora rápido y furioso y trata de detenerlo.)
¡Para, hombre, para!... ¡Soo, hombre, soo!...
(Lo ha parado.)
¡Maldita sea, qué despertadorcito!... ¡Rediez, mia que ha salido malo!... No hay mañana que no me corte el sueño el ladrón este... ¡La sangre perra de mi mujer, que si pudiera me ponía la Banda Municipal en la mesilla de noche, pa no dejarme dormir por las mañanas!
(Iracundo, dirigiéndose al despertador.)
¡Pero ni ella se sale con la suya, ni tú tampoco! Y ahora te pongo una hora más tarde, ¡hale!
(Le da cuerda con rabia y de prisa.)
A mí, por buenas, lo que quiera; pero con escándalos, nada.
(Deja el despertador en la mesa de noche y se vuelve a tumbar.)
Hay que tener energía.
(Apaga de nuevo y se arropa. A poco suenan dos aldabonazos en la puerta del piso. El SEÑOR NICOMEDES saca la cabeza del embozo, atiende y la vuelve a meter; suenan otros dos aldabonazos.)
¡Y ahora llaman!... ¡Maldita sea!
(Llamando a su mujer.)
¡Nicanoraaa! Pero ¿no oyes que llaman?
(Silencio.)
Se conoce que ha bajao por los muñuelos pal desayuno.
(Otros dos aldabonazos.)
¡No hay nadie!
VOZ
(Dentro.)
Señor Nicomedes, ¿pero no me oye usted?
SEÑOR NICOMEDES
Estoy durmiendo.
VOZ
Abra usté, hombre...
SEÑOR NICOMEDES
(Muy fuerte y muy enfadado.)
Pero ¿cómo te voy a abrir?... ¿No te digo que estoy durmiendo? Si eres el de El Liberal, ¡échalo por debajo la puerta!
VOZ
Soy el de la leche.
SEÑOR NICOMEDES
Pos échala por debajo de la puerta también, porque yo no me levanto.
(Se tumba de nuevo. Llaman otra vez.)
Sí, llama, llama... ¡No le he hecho caso al despertador y te voy a hacer caso a ti!... ¡Pero qué pretensiones tien algunos!... Ahora que, claro,
(Se sienta en la cama, da luz.)
entre unos y otros m'han espabilao de una forma, que ya..., ¡maldita sea!
(Enciende un pitillo.)
Y por lo que más lo siento es porque me han cortao un sueño..., ¡mi madre, qué sueño!..., ¡una voluptuosidad! Estaba soñando que un encanto de vecinita que tengo arriba me se había pasao debajo, al entresuelo, y se había asomao al balcón a llamar a uno de esos que venden miel de la Alcarria. Bueno, la moza tie un escote que es pa verlo en series, y como es suyo, que la mujer no se lo ha quitao a nadie, pues no quie esconderlo, y llevaba el matiné un poco abierto... En esto, me asomo yo, y, claro, miro así dende arriba, y... ¡qué miel!..., ¡qué miel la que le estaban despachando!... ¡Como que si no me despiertan, a estas horas estoy en la Alcarria! Voy a ver si me vuelvo a dormir y la encuentro asomada entoavía. Me he quedao a media miel.
(Se tumba de nuevo; apaga.)
Escena II
SEÑOR NICOMEDES y NICANORA.
NICANORA
(Entreabre quedamente la puerta de la alcoba y llama en voz muy baja.)
Nicomedes.
SEÑOR NICOMEDES
¡Arrope..., mi mujer!
(Se tapa cabeza y todo.)
NICANORA
(Insistiendo.)
¡Nicomedes!... Está hecho un leño entavía el bigardo este... ¡Maldita sia!...
(Cierra de nuevo la alcoba. Entreabre un balcón, haciéndose mayor claridad en el comedor, y se ve a través de los visillos la silueta de la mujer, que deja sobre la mesa un junco de buñuelos y una cacharrilla de leche.)
SEÑOR NICOMEDES
Pos sí que me choca que s'haiga conformao. ¿Habrá ido a coger los zorros como otros días, p'ayuda del despertador?
NICANORA
(Entreabriendo otra vez la alcoba y asomando la cabeza.)
¡Nicomedes!...
(Más fuerte.)
¡Nicomedes!...
(Gritando, entra furiosa.)
¡Pero Nicomedes!...
SEÑOR NICOMEDES
(Fingiendo que despierta sobresaltado.)
¿Qué pasa? ¿Hay fuego?
NICANORA
Hay poca vergüenza. Eso es lo que hay.
SEÑOR NICOMEDES
Cómo me llamas con esas prisas.
NICANORA
Amos, hombre, ¿pero no te da lacha?
SEÑOR NICOMEDES
¿A mí? ¿De qué?
NICANORA
¡Que van a dar las diez!
SEÑOR NICOMEDES
¿Y qué culpa tengo yo? Que den cuando quieran. ¿Es que yo me opongo?
NICANORA
¡Camará, tú eres como las casas de la Gran Vía, hijo! Pa levantarte a ti hacen falta seis cuadrillas de obreros.
SEÑOR NICOMEDES
Que soy espacioso y monumental.
NICANORA
Y fresco.
SEÑOR NICOMEDES
Instálame la calefacción.
NICANORA
Si se estilara la de leña, de buena gana..., que me repudres la sangre de una forma, ¡que hay que ver!..., porque luego es la una y la casa empantaná, y viene cualquiera y la vergüenza la paso yo.
SEÑOR NICOMEDES
¡Pero es que no le puede uno tomar apego ni a la lana siquiera, señor!
NICANORA
¡A más, que lo que me puede es ver la pachorra que tienes! Tú ahí tumbao a la gandola y la prendería abandoná; al cuido de tu hermano, que hace u deshace lo que se l'antoja, pa que te enteres.
SEÑOR NICOMEDES
Mi hermano es más honrao que una lata sardinas: que no hay más que mirarla pa saber lo que tie dentro. Y ya hemos quedao en que él estará al frente de la tienda por las mañanas y yo por las tardes... después de la siesta. Eso ha hecho toa su vida la razón social Alpedrete hermanos, prenderos, desde su fundación hasta nuestros días, no festivos. De forma que...
NICANORA
Lo que es si Nuestro Señor Jesucristo te llega a decir a ti aquello que le dijo a Lázaro, de «Levántate y anda...», le pones en ridículo.
SEÑOR NICOMEDES
Según a la hora que me lo hubiese dicho.
NICANORA
Bueno, bueno; déjame a mí de gaitas. ¿Quies el chocolate con un suizo?
SEÑOR NICOMEDES
Pero ¿qué voy a hacer yo con un suizo a estas horas?... Si me lo trajeras al menos con una cristina o con una francesilla, que sabes que me gustan...
NICANORA
De eso no hay.
SEÑOR NICOMEDES
Pues café con bolas.
NICANORA
Mejor será el café, a ver si te espabilas.
(Abre la ventana.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Maldita sea! Está visto que en esta casa no se pue dormir... arriba de diez u doce horas.
NICANORA
Oye, a propósito..., ¿sabes a quién me he encontrao en la buñolería?
SEÑOR NICOMEDES
¿A Romanones?
NICANORA
Habla en serio alguna vez, hombre.
SEÑOR NICOMEDES
Si es que no caigo, señor.
NICANORA
Pues al Chinas, que m'ha dicho que el lunes se casa con la Isidora, a las seis de la mañana.
SEÑOR NICOMEDES
¡Caray, qué horitas!
NICANORA
Que si queremos ir, que es en San Lorenzo, y pa mí que s'ha dejao de caer a ver si le regalamos algo. Pero figúrate tú, ¿qué le vamos a regalar?
SEÑOR NICOMEDES
Oye, ¿y por qué no le regalas el despertador?
NICANORA
Eso quisiás tú, so ladrón; pero te avierto que estoy ahorrando pa comprar otro.
SEÑOR NICOMEDES
Lo creo. ¡Qué tripitas!... ¡Señor, tan orientales como son las posturas apaisadas!... Porque tú fíjate a ver si esta figura no es mora.
NICANORA
¡Mora!... De jardín...
(Tirándoselos a la cara.)
¡Ponte los calcetines y alza p'arriba, so gandumbas!
Escena III
Dichos y PETRA.
NICANORA
(Llaman a la puerta repetida y fuertemente.)
¡Jesús, qué manera de llamar!... ¿Quién será?
SEÑOR NICOMEDES
Alguno que necesita algo, de seguro, porque esas prisas...
(Queda escuchando. Vuelven a llamar.)
NICANORA
(Que va a abrir.)
¡Ay Virgen!...
(Alto.)
¿Quién es?
PETRA
(Fuera.)
Abra usté, madre.
NICANORA
¡La Petra!... ¡Hija!...
(Corre a abrir.)
¡Es la chica!
PETRA
(Entrando desolada en el comedor. La abraza.)
Soy yo, madre, soy yo, que vengo...
(No la dejan acabar los sollozos.)
NICANORA
Pero ¿tú a estas horas y llorando de ese modo?... Pero ¿qué te pasa, hija?
PETRA
¡Ay madre, es que no puedo más!
(Llora.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Arrea!... ¡Mi hija hecha una Madalena!
NICANORA
Pero habla, hija, habla... ¿Qué te ha ocurrido?... ¿Qué ha pasao?
PETRA
Pues naa, madre: que Manolo m'ha dao un disgusto de muerte y yo ya no puedo aguantarlo.
SEÑOR NICOMEDES
¡Atiza, reyerta conyugal!... ¡Claro, madrugan!
NICANORA
Pero ¿qué t'ha hecho?
PETRA
Ustés no puen figurarse el veneno que estoy tragando. Y como esto no es vida ni es na, pues he tirao por la calle de en medio. Y me he ido de mi casa.
NICANORA
¿Que t'has ido de tu casa?
PETRA
Sí, señora. En cualquier parte, tirá en un rincón, estaré mejor que allí. Yo no vuelvo, madre, yo no vuelvo.
NICANORA
¡Pero qué disparate!
PETRA
Y he cerrao, le he dao a la Udosia la llave del piso y una carta pa mis suegros y me he venío aquí.
NICANORA
Pero, hija de mi alma, ¿qué barbaridaz has hecho? En fin, entra, entra..., ahí tienes a tu padre. Cuéntaselo todo.
SEÑOR NICOMEDES
Hombre, a mí no contarme nada hasta la una y cuarto, hacerme el favor, por lo que más queráis.
NICANORA
(Abriendo la alcoba.)
Nicomedes.
SEÑOR NICOMEDES
¿Qué pasa?
NICANORA
Aquí está la chica, que ha tenío un escalzaperros con Manolo y quie contarte...
SEÑOR NICOMEDES
¡Pero, hija, pelearse antes de la una! ¿A quién se le ocurre?
PETRA
(Entrando en la alcoba, desolada y abrazándose a su padre.)
¡Ay padre de mi alma!...
SEÑOR NICOMEDES
Pero ¿qué te pasa, hija, qué te pasa?
PETRA
¡Ay padre de mi corazón!
SEÑOR NICOMEDES
Bueno, hija, bueno; tranquilízate y no llores. ¡Maldita sea! Que no puede uno ni dormir, hombre... Esto es pa ponerlo en la Voz de la calle. Dame la americana, mujer, dame la americana.
NICANORA
(Se la da.)
Toma; pero ¿no te vas a levantar?
SEÑOR NICOMEDES
¿Pa qué?... A mí los disgustos sabes que me ponen malo...; conque que me pille acostao.
(Poniéndose la chaqueta y sentándose.)
Y tú, siéntate, hija; siéntate ahí, a los pies, y relátame la ocurrencia. ¿Qué ha sío, qué te ha hecho ese vago?
PETRA
Pues na, que yo no puedo vivir con Manolo, padre.
SEÑOR NICOMEDES
¡Pero hija!
PETRA
Que no me quiere, que no trabaja, que caa día se porta peor..., que lo que nos dan ustés y nos dan sus padres pa pasar el mes se lo gasta en dos juergas con golfas y amigotes, y luego tengo yo que empeñar toas mis alhajitas pa no quedarme la metá e los días en ayunas. Mire usté las papeletas.
(Enseña un montón que saca de un bolsillo de mano.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Recuerno!... ¡Un diccionario!
NICANORA
Si es un chulo de mal arate. ¿Lo estás viendo, hija mía, lo estás viendo?... Too eso es por no haberle hecho caso a tu madre, que bien a tiempo te lo avertí. Sino que vosotras, claro, el atolondro de los años, veis un hombre guapo y allá va el capricho por delante y salga lo que saliere.
PETRA
Sí, señora; tie usté razón. Y yo, too lo he sufrido, too lo he aguantao con paciencia, porque era por mi gusto; pero lo que me hizo ayer, vamos, que lo que me hizo ayer es el colmo.
NICANORA
(Indignada.)
¿Es que por si acaso te ha puesto la mano encima?
PETRA
¡Qué me va a poner la mano encima, si no ha parecío en toa la noche!
SEÑOR NICOMEDES
Claro, si no ha parecío en toa la noche, cómo la va a poner a la chica..., ¡maldita sea!
NICANORA
Pues entonces, ¿qué fue?
PETRA
Pues que vino a las diez y cogió la metá del dinero que había en casa, pa irse de juerga; y yo fui y le dije: «Pos no me da la gana de que te vayas», y voy y cierro y me pongo enfrentito de la puerta pa no dejarle pasar, y entonces va él y me da un empujón que me dejó caer contra la cómoda, que luego les enseñaré a ustés el morao, y apretó escaleras abajo.
NICANORA
¡Granuja! ¡Canalla!
PETRA
Y luego de que se fue, le registré su cajón y voy..., ¡y esto sí que es gordo! Voy...,
(Sumida en un mar de llanto.)
¡y le encuentro el retrato de una!
SEÑOR NICOMEDES
¿De una qué?
PETRA
De una cancionetista con mantón de Manila, que creo que la dicen Concha la Percebe, porque en la dedicatoria de la postal decía: «A mi chacho, su entremés». ¡Ay padre de mi alma!
(Le abraza llorando.)
¡Su entremés!
SEÑOR NICOMEDES
¿Su entremés? ¡Mia si no se le parara en el vedao, el muy canalla!
NICANORA
No llores, hija. ¡Déjate, que a ese percebe le quito yo la uña!
PETRA
Y luego, que yo veo que Manolo caa día me quiere menos. Yo me esmero en guisarle pa que coma a gusto, haciendo un sacrificio, porque ya saben ustés que a mí la cocina nunca me ha tirao; es decir, me ha tirao, pero pa afuera. Y caa plato que le pongo es una tomadura de pelo. Porque le he sacao dos días sangre frita, dice que lo único que sé es freírle la sangre. Le doy judías, y se persigna. Las chuletas dice que le hacen daño.
SEÑOR NICOMEDES
Más daño le harían si se las diera yo.
PETRA
Y anteanoche, que convidó a dos amigos a cenar, yo, por hacer una gracia, fui y les puse bonito con tomate, que sabe usté que es de lo que me sale mejor. Bueno, pues porque me se quemó un poco, ustedes no puen figurarse el feo que me hizo con el bonito... Me preguntó que si eran chicharrones... ¡Ay padre de mi corazón!... ¿A usté le parece bonito?
SEÑOR NICOMEDES
Al que no le pareció bonito fue a él.
PETRA
Pues el sábado no digamos... Yo, por congraciarme, le planché una camisola; y porque me salió un poco dorada, se quiso cortar el cuello y me amenazaba enseñándome los puños; y porque le dije que el faldón me había salido muy requetebién, se quiso ir a la calle con el faldón fuera, y decía que era para no desacreditarme del todo... Ya ven ustedes... ¡Yo no puedo más...! ¡Juergas, golferías, burlas, disgustos y pa postre el percebe!...
(Llora amargamente.)
Y luego llegan las noches y a dormir con la gata..., que es lo que más me molesta.
SEÑOR NICOMEDES
No llores, hija, no llores... ¡Maldita sea mi suerte!... ¿Por qué no te quedarías en la cama el día que conociste a ese golfo?
NICANORA
¡Ladrón, más que ladrón!... ¡So pregonao!... ¡Martirizarme a una hija tan rica!... Por estas cruces, que a ese chulo le amargo yo pa toa su vida.
(Llaman repetidamente a la puerta.)
¡Míalas!
SEÑOR NICOMEDES
¡Callarse!... Llaman.
Escena IV
Dichos y EUDOXIA.
PETRA
Será la Udosia, que la he mandao con la llave y la carta en caa mis suegros.
NICANORA
¡Pues buenos se habrán puesto con lo fieras que son!
PETRA
Esta viene herida. Voy a abrir.
NICANORA
Dila que entre, a ver si la han lisiao.
(Sale PETRA y abre. En seguida entra en la alcoba, seguida de EUDOXIA.)
EUDOXIA
(Entra jadeante, agitada.)
¡Ay, la que s'armao, la que s'armao, la que s'armao!... ¡Ay Jesús divino; ay Madre del Amor!... ¡Ay que vengo con un sofoco que me ardo!
SEÑOR NICOMEDES
¿Qué t'han hecho?
PETRA
¿Qué ha ocurrido?
NICANORA
¿Qué ha pasao?
PETRA
Cuenta.
EUDOXIA
Pos na: que fui, llegué y de que entré con la carta y ras, rompieron el sobre, y zas, la leyeron..., ¡ay qué furias! ¡Creí que me se comían! Amos, que yo prefiero ir con un recao a la casa fieras.
PETRA
Pero ¿qué han dicho?
EUDOXIA
¿Que c'han dicho? Pos, misté, lo primerito c'han dicho ha sío que a usté
(Por NICANORA.)
l'han llamao tinaja...
NICANORA
¿A mí?
EUDOXIA
(Por PETRA.)
A usté l'han llamao ocarina, que no sé lo que es...
PETRA
Una cosa que se toca muy poco.
SEÑOR NICOMEDES
¿Y a mí?
EUDOXIA
A usté una palabra cortita; pero que no se pue decir.
SEÑOR NICOMEDES
Dila, mujer.
EUDOXIA
Gandumbas.
SEÑOR NICOMEDES
¿Yo gandumbas?... ¡Maldita sea!
EUDOXIA
(Aparte.)
Mia si le digo lo que es.
(Alto.)
Güeno, y a too esto gritaban como unos condenaos: «¡Abandonar a Manolo!... ¡Hacerle semejante porquería a mi hijo!..., ¡tan guapo!..., ¡tan salao!..., ¡a esa perla!... ¡Cuando el lucero se entere!... ¡Ay, qué desgusto va a tener la creatura!». Y a too esto van y la toman con una servidora; pero una servidora no s'amilana, ¿sabe usté?..., que, aunque soy de Brunete, tengo salidas pa too... Y va y me dice el señor Bibiano: «¿Y tú, dónde t'has dejao las narices, rica?». Y yo voy y le planto: «Donde usté la educación, pobre». Y va y me dice la señá Raimunda: «¡Mia el peazo escabeche!». Y voy y la digo: «Yo seré un peazo; pero usté es un barril», lo cual que le venía pintiparao, por lo gorda y por lo borracha.
NICANORA
Muy bien, muy bien.
SEÑOR NICOMEDES
No paeces de Brunete.
EUDOXIA
Que tengo salida pa too; pos güena es la chica. ¡A mí con pullas porque soy de pueblo! ¡Ya, ya..., sí, sí..., ja, jay!... Y de que me marché fui y les dije: «Que ustés lo pasen como puedan». Y va el señor Bibiano y me dice: «Vaya usté con Dios, so gitana». Y voy yo y le digo, mirando a su señora: «Más gitano es usté, que se queda con una caballería».
SEÑOR NICOMEDES y NICANORA
(Al mismo tiempo.)
¡Muy bien, muy bien!
EUDOXIA
Y tras, doy un portazo y traca, traca, traca, apreto a correr escaleras abajo y me he venío tal que se dice en un vuelo, que llegué que m'ahogaba.
SEÑOR NICOMEDES
¡Qué chica, no paeces de pueblo!
EUDOXIA
¡A ver, usté!... ¡Ni que una se chupase el dedo!... ¡A mí con pullas porque soy de Brunete! ¡Qué s'habrán creído!... ¡Ya, ya..., sí, sí..., ja, jay!...
(Llaman a la puerta.)
¡Ay!
PETRA
Esos son mis suegros.
NICANORA
(A EUDOXIA.)
Vete a ver.
(Va a la puerta.)
SEÑOR NICOMEDES
De seguro que son ellos.
EUDOXIA
(Que vuelve.)
Ellos son, ellos son.
PETRA
¡Ay, Dios mío! ¡Pues vendrán buenos!
NICANORA
¡No t'apures, tonta, que aquí estoy yo!
SEÑOR NICOMEDES
Que pasen.
PETRA
¿Y los va usté a recibir en la alcoba?
SEÑOR NICOMEDES
Déjate; verle a uno en la cama da mucho respeto.
NICANORA
(A EUDOXIA.)
Ábreles.
(Va a abrir.)
SEÑOR NICOMEDES
(A NICANORA.)
Luego, que me sirvan el desayuno.
PETRA
¡Ay Dios mío! ¡Con el genio que tienen! Yo estoy temblando.
NICANORA
Yo me encargo de ellos. No pases pena.
SEÑOR NICOMEDES
¡Por Dios, Nicanora, no armarla, y no armarla! Mucha prudencia, y no me obliguéis a levantarme, que estoy en calzoncillos.
EUDOXIA
(Fuera.)
Pasen ustedes, pasen ustedes.
Escena V
Dichos, SEÑOR BIBIANO y RAIMUNDA.
SEÑOR BIBIANO
(Fuera.)
¿Dónde pernoztan los señores?
EUDOXIA
Ahí en la alcoba están con el señor Nicomedes; que hagan ustedes el favor de pasar.
SEÑOR BIBIANO
(Asomándose por la puerta de la alcoba.)
¿Dan ustedes su licencia asoluta?
SEÑOR NICOMEDES
Con canuto y todo. Adelante.
SEÑOR BIBIANO
(Haciendo una reverencia.)
Santos y excelentísimos.
SEÑOR NICOMEDES
Buenos los tengáis.
RAIMUNDA
(Al SEÑOR NICOMEDES.)
¡Jesús, hijo, pero todavía en la cama!...
SEÑOR NICOMEDES
(Muy fino.)
Pa servir a usté.
SEÑOR BIBIANO
¿Es que te encuentras mal?
SEÑOR NICOMEDES
Hombre, si me encontrase mal, no estaría.
SEÑOR BIBIANO
Digo doliente, enfermo, nefrítico.
SEÑOR NICOMEDES
No; doliente, no; pero, vamos, tengo esa cosa rumática que no me deja moverme a primera hora.
RAIMUNDA
Gamberrez.
SEÑOR NICOMEDES
¿Cómo gamberrez?
RAIMUNDA
Sí; porque digo yo que no será parálisis infantil.
(EUDOXIA le sirve el desayuno.)
SEÑOR NICOMEDES
Ya está la Raimunda con sus pullas como siempre. Bueno, ensíllalos, Nicanora.
NICANORA
Con mucho gusto. Sentarse.
(Les ofrece sillas.)
RAIMUNDA
Y vosotras, ¿qué tal por aquí?
NICANORA
Pasandillo.
(Se sientan alrededor de la cama.)
SEÑOR BIBIANO
Buena carita tienen estas bolas.
(Se come un buñuelo.)
Mira qué doradas.
(A su mujer.)
SEÑOR NICOMEDES
Siéntate.
SEÑOR BIBIANO
(Sentándose.)
Tantísimos miercis.
SEÑOR NICOMEDES
¿Y cómo es esto, ustés por aquí tan de mañana?
RAIMUNDA
Ese sus dirá el motivo. Bibiano, al grano.
SEÑOR BIBIANO
(Va a coger otro buñuelo.)
Voy a obedecerte.
SEÑOR NICOMEDES
(Deteniéndole.)
Ha dicho al grano; no te confundas.
SEÑOR BIBIANO
(Se sienta.)
Estoy en ello. Bueno; supongo que del aquel que nos trae, ya estaréis al tanto por ciento, puesto que veo ahí a la macatruqui de vuestra señora hija.
PETRA
Me llamo Petra.
SEÑOR BIBIANO
Por muchos años.
(Coge otro buñuelo.)
RAIMUNDA
Sí; porque esa y la tonta del bote puen ir a tronco. Y no es porque esté ella delante.
PETRA
(Aparte.)
¡Que m'han llamao tonta, padre!
SEÑOR NICOMEDES
(Aparte.)
Y macatruqui; las dos cosas las tengo apuntás.
SEÑOR BIBIANO
En resumidas, que no despega uno las pestañas en este mundo terrenal y marítimo que no sea pa un desgusto, y esta mañana, apenas le había yo dao dos soplos al brebaje matutinal, vulgo soconusco...
NICANORA
¿Qué es eso?
SEÑOR NICOMEDES
Chocolate.
NICANORA
(Aparte.)
¡Qué gana de ponerle motes al desayuno!
SEÑOR BIBIANO
(Que ha aprovechado la pausa para coger otro buñuelo.)
... cuando viene ese globo cautivo de treinta reales que tenéis por doméstica y me da posición de la siguiente misivita,
(Saca del bolsillo una carta.)
que sus voy a trasmitir ad piedem litre.
SEÑOR NICOMEDES
(A NICANORA.)
Al pie de la cama.
(Al SEÑOR BIBIANO.)
Se lo digo, porque no sabe francés.
SEÑOR BIBIANO
Es italiano.
SEÑOR NICOMEDES
Por muchos años...
SEÑOR BIBIANO
(Va a coger otro buñuelo.)
Con permiso.
SEÑOR NICOMEDES
Oye, tú: que te pareces a un orador muy conocido, que caa párrafo es un buñuelo.
(Se toma el desayuno muy de prisa, a grandes sorbos.)
SEÑOR BIBIANO
Hombre, no lo tomes así.
SEÑOR NICOMEDES
Es que si no lo tomo así, me dejas sin naa.
RAIMUNDA
Bibiano, al grano.
SEÑOR BIBIANO
La culpa la tengo yo por pringarme en un buñuelo.
(Se limpia los dedos en la colcha de la cama.)
NICANORA
Oiga usté, y de pringarse podía usté llevar un lavabo de bolsillo, porque, francamente, la colcha...
SEÑOR BIBIANO
Bueno, perdonad, y prosigo, dando leztura a la carta que por el conduzto fide indizno de la criada nos ha mandao esa joven. Y dice así:
(Se pone gafas redondas.)
«Señor Bibiano y señá Raimunda. Apreciables padres».
RAIMUNDA
Ya, ya...
SEÑOR BIBIANO
«Sabrán ustés como que me voy a mi casa, porque Manolo sabrán ustés que hace seis noches que no viene a dormir...».
RAIMUNDA
¡Vaya un motivo!
SEÑOR BIBIANO
«Y una servidora no está por aguantarlo ni un día más...».
RAIMUNDA
¡A ver qué remedio la queda!
SEÑOR BIBIANO
«Les va con esta la llave del piso pa que vengan y se hagan cargo de too, que es muy suyo, menos mi ropa...».
RAIMUNDA
¡Vaya una cosa!
SEÑOR BIBIANO
«... que ya mandarán mis padres por ella, y la gata, que por encontrarse lo adelantada que se encuentra, no me he atrevido a meterla en el saco. Expresiones a su hijo Manolo, y que sea tan feliz como no lo es esta su hija que lo es, Petra Alpedrete Zángano».
PETRA
Servidora.
SEÑOR BIBIANO
Bueno, y este papelucho es una majadería de un tamaño semejante al del Cerro del Pimiento, y me quedo raquítico.
RAIMUNDA
¿A ustés les parece que esa porquería de carta se escribe teniendo un marido como mi hijo?
NICANORA
Señora, esa carta es la que escribe una mujer que tiene dignidá cuando, en vez de un marido, se ha casao con un sorbete de arroz.
RAIMUNDA
¿Qué está usté maullando?
NICANORA
Con un sorbete de arroz.
SEÑOR BIBIANO
Señora, estoy acalorao y no quiero tomar el sorbete por donde quema...; pero nuestro hijo...
RAIMUNDA
Nuestro hijo no es merecedor de esa patochada, vaya, sí, señora, ¡qué caray de miramientos! Porque nuestro hijo, pa que ustés lo sepan, vale mucho, pero mucho, pero que muy mucho... Ahora que lo que pasa es que esa pava a medio pelar que tien ustés de hija no ha sabío llevar a mi Manolo. ¿Y de eso qué culpa tie nadie?
SEÑOR BIBIANO
Profético.
PETRA
Sí, señora; eso es verdá, que no he sabío llevarle; porque si en vez de llevar a su hijo de usté en el corazón, que es donde llevamos a los maridos las mujeres de bien, me lo hubiá echao a la espalda, como hacen muchas...
SEÑOR NICOMEDES
A estas horas, pelerina.
NICANORA
Y ahí tie usté las cosas, que por eso Manolo se ha reío de la pobre creatura; que si no, ¿de dónde?...
RAIMUNDA
¡Pero, señor, también hay que hacerse cargo, que si no lo digo, reviento! ¿De dónde iba a soñar su hija de usté el tener un marido como mi hijo?
NICANORA
¿Pero qué le pasa a su hijo de usté?... ¿Es que tiene indulgencias, por un casual?
SEÑOR BIBIANO
No tiene indulgencias; pero tie un tipo que es pa bordarlo en sedas. Elegante como un marqués, con ángel, con dinero, guapísimo...
NICANORA
Basta que usté lo diga.
SEÑOR BIBIANO
Mi reproducción.
RAIMUNDA
Pos algo hay que aguantarle a la creatura, señor; porque, claro, sale a la calle, ¿y qué le va a hacer el chico si las mujeres se lo rifan?...
PETRA
Santo y muy bueno que se lo rifen, sí señora; pero cuando yo me casé con él le tomé toas las papeletas pa que me tocara a mí sola.
SEÑOR NICOMEDES
¡Olé!
PETRA
Y eso de que se pase la vida dando participaciones, se lo va a aguantar la gata.
RAIMUNDA
Pero oyes, ¡qué intransigencia con una criatura como esa!
PETRA
Sí, señora; que porque tenga los ojos rasgaos, no vamos a salir a comprarle chufas toos los días.
NICANORA
Ni más, ni menos, sí, señora. ¡Vaya, ya me he hartao yo!... ¡Qué tanto hijo ni tantas narices de hijo!... Lo que es su hijo de usté, pa que usté lo sepa, es un mimao de mala crianza.
RAIMUNDA
¡Señora!...
(Como una fiera.)
NICANORA
Un mimao de mala crianza, un vago engreído, postinoso, sin respeto a padres ni a naa, y pa él no hay más que amigos, golfas, juergas y vino; y la mujer ¡anda y que se escuerne! Y si llora, que le den tila, y si se muere, que la entierren. Pos no, señora, ¡ea! S'acabó el arroz, y si es un golfo se lo aguantan ustés; porque mi hija, el verano que nieve...
SEÑOR BIBIANO
(Furioso y dando un palo encima de la cama.)
¡Maldita sea! ¡Ya me he hartao yo!
SEÑOR NICOMEDES
(Dando un grito horrible.)
¡Ay... mi madre! Oye, tú, por lo que más quieras, no golpees sobre el edredón, que la otra metá que no se me ve la tengo debajo de la ropa.
RAIMUNDA
¡Si es que está uno oyendo cada cosa!
SEÑOR BIBIANO
¡Si es que no se puede sufrir esto, Nicomedes!
NICANORA
¡Pues se toma un calmante!
EUDOXIA
¡Sí, señora!
PETRA
¡La verdá, que escuece!
EUDOXIA
¡Sí, señora!
SEÑOR NICOMEDES
¡Por Dios, Nicanora, mucha calma!
RAIMUNDA
Diga usté que no supo mi hijo dónde se metió.
NICANORA
Porque salía de una cuadra y estaba ciego.
EUDOXIA
¡Sí, señora!
RAIMUNDA
¡Mal educada!
NICANORA
¡Grosera!
EUDOXIA
¡Sí, señora!
SEÑOR BIBIANO
¡Basta!
(Da un golpe sobre la almohada. Unos a un lado de la cama y otros a otro se increpan con violencia.)
RAIMUNDA
¡Descarada!
NICANORA
¡Indecente!
EUDOXIA
¡Ay, que s'agarran! ¡Ay, que s'agarran!
SEÑOR NICOMEDES
(Chillando.)
¡Por Dios, tener lástima de un pobre hombre que está en cama! ¡Prudencia! ¡Prudencia!...
SEÑOR BIBIANO
(Dando otro palo sobre la almohada.)
¡Basta, he dicho!...
SEÑOR NICOMEDES
¡Por Dios, Bibiano, mira adónde das, que me voy a tener que liar la manta a la cabeza!
NICANORA
(Al SEÑOR BIBIANO.)
¿Qué es eso de amenazar a mi marido? Lo que es usted es un sinvergüenza.
(Las mujeres siguen increpándose, y sobre el tumulto se destaca la voz estentórea del SEÑOR BIBIANO.)
SEÑOR BIBIANO
¿Yo un sinvergüenza? Y ahora mismo te vienes conmigo a la calle a darme una satisfacción de las palabras de tu señora, en el terreno del honor.
SEÑOR NICOMEDES
(Aterrado.)
¡Una satisfacción en calzoncillos!... ¡Por Dios, Bibiano, que estás ciego, que no reparas!... ¡No me saques del lecho!...
Escena VI
Dichos, EUDOXIA; luego, MANOLO y el TUFITOS.
EUDOXIA
El señor Manolo ha venido; el señor Manolo está ahí.
RAIMUNDA
¿Mi hijo?
SEÑOR BIBIANO
¡El chico! ¡Es el chico!
PETRA
¡Él!
RAIMUNDA
¡Silencio, silencio, por Dios! Sentarse. Que no note na la creatura.
PETRA
Callarse..., que no se disguste..., que no se incomode el ángel...; sonreírse, sonreírse...
EUDOXIA
¿Qué le digo?
SEÑOR NICOMEDES
Que pase ese cromo.
SEÑOR BIBIANO
Todos afables, todos afables.
MANOLO
(Apareciendo en la puerta, cínico y sonriente, y señalando a PETRA con un bastón. Se dirige a TUFITOS, que le sigue.)
¡No te lo dije! ¡Conoceré yo a la niña! Ahí la tienes. Ya estás trotando pa casa. ¡Pero más que a escape!
(El SEÑOR BIBIANO le hace señas con los dedos de que se vaya. RAIMUNDA, con la cabeza.)
PETRA
Yo no vuelvo a casa, Manolo.
MANOLO
¿Que no vuelves?
PETRA
Ni arrastrá.
MANOLO
(A TUFITOS.)
¿Has oído, Tufitos?
TUFITOS
Demencias cerebrales.
MANOLO
(A PETRA.)
Oye, niña, tú vuelves a casita ahora mismo porque me sale a mí de las pestañas, y na más.
SEÑOR BIBIANO
Eso.
RAIMUNDA
Mu bien.
MANOLO
Conque anda p'alante.
PETRA
Que no quiero, Manolo.
MANOLO
Pero ¿qué está diciendo esa mentecata?
SEÑOR NICOMEDES
Que no quiere.
MANOLO
Pero ¿no oyes, Tufitos?
TUFITOS
Ocecaciones tozudas.
MANOLO
¿Y no es esto pa que un hombre...?
(Amenazador, levanta el bastón.)
¡Maldita sea!... ¡Si no mirara!...
SEÑOR BIBIANO
(Conteniéndole.)
¡Hijo mío!...
RAIMUNDA
¡Por Dios, Manolo, no te irrites, que luego te salen granos!
MANOLO
Ustés se callan, que el silencio es gratis.
(El SEÑOR NICOMEDES, golpeando el índice sobre sus labios, les indica silencio.)
Bueno, niña. ¿Vienes o no?
PETRA
No.
MANOLO
Está bien. Te va a pesar. Luego serán las lágrimas y el pedirme perdón; pero esta no te la paso. A mí rentoys, no. Y eso de ponerme en ridículo con los porteros y vecinos no se lo aguanta un servidor, no digo yo a ti, que eres una pizca de mujer, pero ni aunque me llevases una vara.
SEÑOR NICOMEDES
Ahora has dao con lo que te hace falta.
MANOLO
Usté s'arropa. Conque piensa bien lo que dices.
PETRA
Está pensao. No quiero aguantarte más, Manolo. ¿Dónde has estao esta noche pasá, dilo, dónde?
MANOLO
Donde me ha convenido.
RAIMUNDA
Y naa más. ¡Pos, hija, qué exigencias!
SEÑOR BIBIANO
A ver si a un hombre de veinticinco años se le van a pedir cuentas de esta forma...
PETRA
Pues si tú pasas las noches donde te conviene, vete allí y pasa también los días y déjame en casa de mis padres, de donde ojalá no hubiá salío nunca; ¡pa lo que he ido ganando!
(Llora.)
SEÑOR NICOMEDES
Mu bien dicho, hija mía.
RAIMUNDA
Mu mal dicho, que esas groserías no se le dicen a un marido.
MANOLO
¡Basta! Sé lo que me cumple. De rodillas has de venir a buscarme. Esto está acabao. A otra cosa. ¿Has cogío las cincuenta pesetas que había en la cómoda?
PETRA
Yo no he cogío naa. A menos lo hubiá tenido.
MANOLO
Pos dame la llave.
PETRA
¿Y pa qué quies tú ese dinero?
MANOLO
Pa lo que me s'antoje.
PETRA
Pa irte a seguir la juerga, que te conozco. Que pa eso, y na más que pa eso, querías llevarme a casa. Pos no te doy la llave.
MANOLO
Venga la llave.
PETRA
No te la doy. Y ahora la escondo aquí.
(La mete debajo del colchón de la cama donde está el SEÑOR NICOMEDES.)
No deje usté que la coja, padre.
MANOLO
Que venga la llave he dicho.
(Violentamente mete la mano debajo del colchón para buscarla.)
Pos, hombre; pos no faltaría más...
PETRA
Que no.
(La esconde más.)
¡No se la deje usted coger, padre!
MANOLO
(Buscando.)
Que digo que sí.
SEÑOR NICOMEDES
¡Por Dios, prudencia; que me destapáis!
NICANORA
No se la des.
RAIMUNDA
(Buscando la llave.)
¡Dale la llave al chico!
(Forcejean todos por debajo del colchón.)
SEÑOR NICOMEDES
(Chillando.)
¡Que no llevo más que calcetines!...
SEÑOR BIBIANO
¡Negarle la llave al chico!...
SEÑOR NICOMEDES
¡Que vais a ver películas!
MANOLO
(Temblando de ira.)
Venga la llave, porque ese dinero es mío, naa más que mío, y el que me quita a mí lo mío...
PETRA
(Con altivez.)
¡Basta!... Toma la llave. Ahí va.
(Se la tira al suelo, llorando.)
NICANORA
Así se hace.
PETRA
Y coge tu dinero y vete con él y diviértete con esas golfas que te estarán esperando; pero no olvides que aunque te he querío con toa mi alma, también tengo mi pundonor. No lo olvides.
RAIMUNDA
¿Es una amenaza?
PETRA
Es dolor de corazón, señora.
MANOLO
Pamplinas. Ya vendrás llorando...; pero esta no te la paso. ¡Míalas! ¡Arrea, Tufitos!
TUFITOS
¡Has quedao como un hombre!
(Vanse.)
SEÑOR BIBIANO
Así se hace.
RAIMUNDA
Y haz lo que te dé la gana, hijo mío, que pa eso eres el amo de tu casa.
SEÑOR BIBIANO
¡Darle estos disgustos al chico!
RAIMUNDA
¿Por qué se habrá metío con esta gentuza?
NICANORA
¡Cómo gentuza!...
SEÑOR NICOMEDES
Oiga usté, so tinaja; que si me levanto y le doy a usté una patá, hago tiestos.
RAIMUNDA
Levántese usté, si es hombre.
SEÑOR NICOMEDES
Eso quisiá usté, que me levantara...; pero no lo verán tus ojos.
SEÑOR BIBIANO
¿Qué quie usté decir con eso?
SEÑOR NICOMEDES
Que le voy a dar a usté un bandejazo en la cabeza, que se le van a salir las pipas.
SEÑOR BIBIANO
¿A mí?
RAIMUNDA
Deja a esa canalla.
NICANORA
¡Asquerosos! ¡Indecentes!
RAIMUNDA
¡Sinvergüenzas!
SEÑOR BIBIANO
¡Insípido!
(Vanse renegando.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Marisabio!
Escena VII
SEÑOR NICOMEDES, PETRA, NICANORA y EUDOXIA.
NICANORA
¡Ladrones, asquerosos, indecentes!... No llores, hija, no llores.
SEÑOR NICOMEDES
¡Qué mañanita, Dios mío!
EUDOXIA
¡Pero qué peste de hombres!... ¡Mia si pudiésemos pasarnos con un Charlot de cinco céntimos, qué bien! No llore usté, señorita, que no se lo merece.
NICANORA
Déjalo, hija, déjalo; que vaya enhoramala y reviente de una...
PETRA
(Llorando.)
Sí, déjalo, déjalo... Eso se dice muy pronto..., ¡déjalo...; pero si no puedo, madre, si no puedo dejarlo!
NICANORA
¿Y por qué no puedes?
PETRA
¿Por qué ha de ser? Porque le quiero con toa mi alma. ¡Mia, también...; paece usté tonta!
NICANORA
¡Tonta, tonta...; maldita sea!... Lo que me pasa a mí es que esto de ver a una hija recomiéndose y esgarrándose a llorar por un tío golfo y no poder valerse de ninguna cosa pa remediarlo... ¡Amos, que esto clama a Dios!
(Desesperada, al marido.)
Piensa algo, hombre, piensa algo, pa que la chica no sufra lo que está sufriendo..., ¡piensa algo!...
SEÑOR NICOMEDES
¡Pero qué quies que piense un hombre que no le dejan dormir!
NICANORA
Que también es triste ver a una hija sufrir de esta manera y no poder hacer naa.
(Llora.)
SEÑOR NICOMEDES
¿Y te crees que no lo siento yo? Si a mí me se ocurriera algo, algún remedio...; pero...
(Queda pensando.)
EUDOXIA
Y yo les digo a ustés mi verdá, sí, señora, que a mí de too esto lo que más me recome son las injusticias que se ven en el mundo, sí, señora... Porque ahí lo tie usté; él se va con unas y con otras y encima amenaza. Pero quisiá yo que fuese al revés, que él la viese a usté con uno de por ahí, y ya veríamos...
SEÑOR NICOMEDES
(Dando un grito y un salto en la cama.)
¡Ay, Udosia!
NICANORA
¿Qué te pasa?
PETRA
¿Qué es, padre?
SEÑOR NICOMEDES
¡Ay, esa chica, qué idea m'ha dao!
EUDOXIA
¿Qué dice que le ha dao?
SEÑOR NICOMEDES
¡De Brunete tenías que ser! ¡Ay, qué idea m'has dao con eso que has dicho!
PETRA
Pero ¿qué idea es esa, padre?
SEÑOR NICOMEDES
Callarse, que es una cosa que ha sío como un relámpago. Me se ha ocurrido de pronto, y pue ser la salvación pa tu vida y el remedio pa tus penas, ni más, ni menos.
PETRA
Pero ¿qué dice usté, padre?
SEÑOR NICOMEDES
Que si tuviás valor pa hacer lo que me s'acaba de ocurrir, yo te juro que te vuelvo a tu marido como un guante.
NICANORA
¿Qué estás diciendo, Nicomedes?
SEÑOR NICOMEDES
Lo que oyes, Nicanora.
PETRA
Pues yo, padre, por recobrar el cariño de mi Manolo, ir descalza por las calles, pedir de puerta en puerta, rodar que me mandase usté todo, todo...
SEÑOR NICOMEDES
Ni una palabrita más. La semana que viene, ese golfo es de tu exclusiva pertenencia. Yo te lo juro.
NICANORA
Pero ¿es que te has vuelto loco, Nicomedes?
SEÑOR NICOMEDES
¿Loco?... Lo que hay es que Salomón, inteleztualmente, era una tortuga a mi lao. Oírme y almirarme.
PETRA
A ver...
SEÑOR NICOMEDES
Mira, hablemos claritamente, hija mía. Tu marido te toma el pelo, porque está convencido de que te ha chalao y de que te tie más segura que el deo meñique. Pos güeno, ¿qué crees tú que le pasaría a Manolo, con lo engallao que está de que le quieres y que le adoras, si de repente, en vez de llorarle, te viese cantando y riendo y que no le hacías caso, y que no le preguntabas de dónde venía ni adónde iba y te viese siempre muy repeiná y con muchos perifollos, balconeando y saliendo a la calle por tu cuenta toos los días, vamos a ver?
NICANORA
¡Ya la he cogido! Tú lo que quieres es que esta le inquiete, le dé una mijita de celos, ¿no es eso?
SEÑOR NICOMEDES
Ni más, ni menos.
PETRA
¡Ay, bueno; pero pa esas mañas yo no tengo valor, padre!
SEÑOR NICOMEDES
Pues entonces, hija mía, aguántate con la vida que te da, porque si no quies pan y no te gusta el caldo, ¿cómo te voy a hacer sopas?
NICANORA
En eso tie razón tu padre.
EUDOXIA
Pos ya lo creo que la tiene, sí, señora; que el que algo quiere, algo le cuesta.
PETRA
No; nada, nada; que por estas maneras yo no me atrevo.
SEÑOR NICOMEDES
Bueno; pues vamos a hacer otra cosa. Apuremos toos los medios razonables, pa que te convenzas. Voy a volver a hablar a Manolo a ver si por derechas lo traigo al buen camino. Tú, escondía, oyes la conversación, y según las resultas, determinas. Que él viene a buenas, a buenas. Que no, pues pruebas con lo mío, que en too lo que yo haga no pue haber más que el cariño de un padre inventando locuras pa ver a una hija feliz y contenta.
PETRA
Ya lo sé, padre, ya lo sé.
NICANORA
Sí, hija mía; si la intención es honrá, too es bueno en el mundo pa que la mujer atraiga al marido. Conque a ello.
SEÑOR NICOMEDES
Pues no perder tiempo. Irse pa tu casa y decirle a la portera que si está Manolo entavía, que le suplique de mi parte que venga, que tengo que darle una cosa.
NICANORA
¿Y qué le vas a dar?
SEÑOR NICOMEDES
Nada; pero cuando le dices a cualesquiera que le vas a dar algo, no te falla la visita.
PETRA
Pues vamos allá, madre; yo me quedo en la esquina y usté entra.
NICANORA
Dame el mantón, Udosia.
EUDOXIA
Sí, señora; aquí lo tie usté.
(Se lo pone.)
PETRA
Hasta luego, padre.
SEÑOR NICOMEDES
Buena suerte. ¡Ah, oye!... Hacerme el favor, cuando paséis por la barbería, de decir a Conesa que suba a afeitarme.
NICANORA
Descuida.
(Vanse.)
Escena VIII
SEÑOR NICOMEDES; luego, EUDOXIA.
SEÑOR NICOMEDES
Bueno, ¿qué hora es?...
(Mira al reloj.)
Las once. Me levantaré. Algún sacrificio hay que hacer por los hijos.
(Se levanta y se viste rápidamente.)
Tengo un plan estratégico pa quitarle los moños al golfo ese de yerno que usufructúo, que es un portento. Si no se viene a buenas, voy a hacerle dar a la Petra un cambiazo en el sentido del coquetismo..., y luego, procurar que la sombra de un hombre mujeriego y atrevido ande alrededor del matrimonio. ¿Y pa eso quién mejor que...? ¿Pero cómo hago yo pa que...?
(Pausa. Piensa.)
¡Ah, ya he dao!... ¡Ya lo tengo!... ¡Colosal!... ¡Es una diablura; pero qué demontre, too por una hija! ¡Manos a la obra! Empecemos a darle forma a mi proyecto.
(Llamando.)
Udosia..., haz el favor.
EUDOXIA
(En la puerta de la alcoba.)
Mande usté.
SEÑOR NICOMEDES
Pasa, pasa, que estoy visible.
EUDOXIA
Mande usté.
SEÑOR NICOMEDES
Mira, Udosia, yo quisiera pedirte un gran favor.
EUDOXIA
Pida usté, que si está en mi mano...
SEÑOR NICOMEDES
Está en tu mano y en tu pie y en toa tu persona. ¿Quies ayudarme a ver si entre toos logramos que mi hija vuelva a ser feliz con su marido?
EUDOXIA
Con alma y vida. ¿Y qué hay que hacer pa ello?
SEÑOR NICOMEDES
Lo siguiente.
EUDOXIA
Venga.
SEÑOR NICOMEDES
Bueno, Udosia.
(Aparte.)
¿Cómo se lo diría yo?...
(Alto.)
¿Tú sabes coquetear?
EUDOXIA
(Un poco ruborosa.)
Hombre..., yo, señor Nicomedes, ya sabe usté que soy una chica como es debido, y... coquetear, coquetear...
(Con resolución.)
Bueno, coquetear, sí, señor...; porque en este Madrid, si no se coquetea, no tie usté con quién salir los domingos. Pa qué vamos a andar con pamplinas.
SEÑOR NICOMEDES
¡Natural!... Así me gusta. Pos güeno... Ahora, otra cosa. Udosia, con franqueza, lo que yo quiero es pedirte relaciones.
EUDOXIA
¡Caray, señor Nicomedes!...
(Inicia la huida de la alcoba.)
SEÑOR NICOMEDES
Pero no te alarmes, que no son para mí.
EUDOXIA
¡Demonche, qué raro!
SEÑOR NICOMEDES
Te hablaré con franqueza, vaya. Para un plan que tengo, necesito que me traigas al retortero a un amigo mío, ocho días na más; que luego, si no te gusta, yo lo arreglo pa sacarte del compromiso.
EUDOXIA
(Con algún escrúpulo.)
¿Y tengo yo que hacerle cara a un hombre sin conocerlo y sin...?
SEÑOR NICOMEDES
Mujer, tanto como cara, no digo...; pero, vamos, dos miradas..., un suspiro...
EUDOXIA
Puro tonteo, vamos.
SEÑOR NICOMEDES
Ni más, ni menos.
EUDOXIA
Siendo así..., y por ser cosa de usté, bueno. ¿Y qué tipo tiene?
SEÑOR NICOMEDES
Buen tipo. Estatura regular, regordetillo, morenito claro...
EUDOXIA
(Con complacencia.)
¡Huy!... ¡Qué bien!
SEÑOR NICOMEDES
Jacarandoso, pelo rizao, ojos negros...
EUDOXIA
(Animándose.)
¿Y tie que ser pa ocho días na más?
SEÑOR NICOMEDES
Mujer, eso..., tú me haces el favor y luego, si te gusta, pues por tu cuenta lo prorrogas.
EUDOXIA
¿Está colocao?
SEÑOR NICOMEDES
Pue gastarse un duro, y dos si hace falta.
EUDOXIA
Señor Nicomedes, me está usté pintando un tipo que es pa pórroga.
SEÑOR NICOMEDES
¿Lo ves?
EUDOXIA
El caso es que yo le guste a él.
SEÑOR NICOMEDES
¿Tú?... Le gusta el Guadarrama porque tiene faldas, conque a ver si no le vas a gustar tú, que ties una temperatura más benigna.
EUDOXIA
¿Y quién es, si pue saberse?
SEÑOR NICOMEDES
Quintín Conesa...
EUDOXIA
¿El maestro barbero? ¡Ay, ese sí que no!, porque ese alabancioso fue el que me hizo regañar de mala forma con Balbino, el del economato, diciéndole que yo le miraba.
SEÑOR NICOMEDES
Pues tonta, más motivo para que no te importe tomarle el pelo. Así te vengas de él. Le engríes y luego le dejas por puertas.
EUDOXIA
Pos tie usté razón, sí, señor; se lo merece too el muy canalla. Cuente usté conmigo. ¡Y menudo que me voy a reír de él!...
SEÑOR NICOMEDES
Udosia, Dios te lo pague. Le he mandao llamar, de manera que no tardará. Conque tú, así de que venga, le miras, le sonríes, te balanceas...
EUDOXIA
Tengo una sonrisa combiná con un revuelo de ojos, que no me ha fallao entoavía. Mire usté.
(Lo hace.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Caray, sí que solivianta, sí!...
(Muy cariñoso.)
Oye, Udosia, sabes que...
(Llaman.)
¡Calla, él pue que sea!
EUDOXIA
(Va a mirar.)
¡Él es, él es!
SEÑOR NICOMEDES
Ábrele.
EUDOXIA
(Arreglándose con coquetería el pelo y la ropa.)
Aguarde usté una meaja.
SEÑOR NICOMEDES
Bueno; dile que pase y que me espere. Y duro con el revuelo.
EUDOXIA
Ya sabe una, ya sabe una.
SEÑOR NICOMEDES
Miradas, ratimagos, suspiros...
EUDOXIA
Ya sabe una, ya sabe una. Me las va a pagar.
(El SEÑOR NICOMEDES vase por la puertecilla izquierda de la alcoba. EUDOXIA abre.)
Escena IX
EUDOXIA y CONESA.
CONESA
(Entrando.)
Joviales y salutíferos, pimpollo.
EUDOXIA
Alante, maestro.
(Pasando a la alcoba.)
El señor Nicomedes, que pase usté aquí y arregle las cosas, que ahora sale.
CONESA
Que no tenga prisa. ¿Y cómo tú por esta barriada, cariño?
EUDOXIA
Que he venío con la señorita. Que vengo siempre que pueo. Tonterías que tie una.
CONESA
Y bien que me alegro de verte, mujer.
EUDOXIA
(Con coquetería.)
Lo mismo digo.
CONESA
Gracias. ¿Y tú cómo estás, prenda?
EUDOXIA
Je, je...; pos ya lo ve usté.
CONESA
Ya lo veo, ya. ¡Vaya salú, vayan colores y vaya...! Oye, ¿sabes que tienes un frente occidental que resquebraja?
EUDOXIA
Este señor Conesa es el demonio.
CONESA
El demonio con su tenedor.
EUDOXIA
¡Ya está usté güeno!
CONESA
Convaleciente na más; pero a tu lao, recaigo.
(Se deja caer sobre su hombro.)
EUDOXIA
Pos sostenerse solito, ¿eh?
CONESA
Es que yo, si no es con sustancia de carne, no me sostengo.
EUDOXIA
¡Granuja!... Bueno, déjeme usté, que luego se hace una ilusiones y...
(Le hace con coquetería un mohín gracioso.)
CONESA
(Aparte.)
Caray, cómo gesticula.
(Alto.)
Oye, mantecada, que te advierto que conmigo pues hacerte docena y media de ilusiones, porque eres mi tipo. Y si tú quisieras, el mes que viene, hasta la bacía que tengo en la puerta la llenábamos de cariño, ¡so camelia!
EUDOXIA
Quite usté d'ahí, mentirero.
(Le da un cariñoso empujón y lo sienta en una silla. Ella vase puerta foro.)
Escena X
CONESA y SEÑOR NICOMEDES.
SEÑOR NICOMEDES
(Saliendo por la izquierda.)
¡Pero, hombre; pero, Conesa!...
CONESA
¡Con esa y con todas, señor Nico; usté perdone, no lo puedo remediar; en viendo unas faldas, me estuporizo!
SEÑOR NICOMEDES
¡Pero que no has de dejar una mujer tranquila, hombre!
CONESA
¿Qué quie usté?... Pa las señoras he nacío revoltoso y batallón.
SEÑOR NICOMEDES
¿Batallón?... Pos ten cuidao, no rompas filas.
CONESA
¿A mí?... Tengo un golpe de ojos que las paraliza.
SEÑOR NICOMEDES
Anda, anda, aféitame.
(Se dispone al afeitado.)
Y qué, ¿te gusta la Udosia?
CONESA
Por unanimidaz.
(Prepara el jabón.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Pos si vieras la gracia que le hacen tus bromas!... Siempre nos está mareando con que si Conesa esto, con que si Conesa lo otro.
CONESA
¿Conesa lo otro?... Hombre, pues no había yo reparao. ¿Enjabono?
SEÑOR NICOMEDES
Enjabona. La verdad es que tú eres un mujeriego de lo más tremendo que se ha conocido.
CONESA
Me suyugan hasta los maniquises de las corseterías; no le digo a usté más.
SEÑOR NICOMEDES
¿Y por qué te gustan tanto?
CONESA
Qué sé yo, señor Nico; no me lo explico. Ya ve usté, yo beber, ni agua; fumar, lo que me dan los amigos; el juego no me lleva una perra; ¡pero las mujeres, eso a borbotones!
SEÑOR NICOMEDES
¿Pero te gustan todas?
CONESA
De los quince a los cincuenta, ambos inclusive, absolutamente todas.
SEÑOR NICOMEDES
Eres imponderable, Conesa.
CONESA
Jocundo y acomodaticio. ¿Tira?
SEÑOR NICOMEDES
No; sigue. Y ahora, ¿cómo vas de conquistas?
CONESA
Pletórico. ¿S'acuerda usté de la Sole, la rubita del quince?
SEÑOR NICOMEDES
Preciosa.
CONESA
Cardíaca por mí.
SEÑOR NICOMEDES
Pos esa estaba rebelde.
CONESA
Sí; pero conmigo no las vale. Con las mujeres hay que ser tozudo. Ya conoce usté mi lema: el que la sigue la mata, o, por lo menos, la lesiona.
SEÑOR NICOMEDES
¡Qué ladrón! ¡Ay!...
CONESA
Es un barrito.
(Sigue afeitando.)
SEÑOR NICOMEDES
Pues remángate. Oye, ¿y aquella Eduvigis, la hija de la portera del cinco?
CONESA
Iscrita también.
SEÑOR NICOMEDES
¿Cómo iscrita?
CONESA
Sí, señor; es que ya he llegao a un punto que las tengo que llevar por contabilidá. Misté el diario donde las anoto.
SEÑOR NICOMEDES
¡Eres el diantre!
(Riendo.)
CONESA
Y aquí están las que doy de alta. Fíjese usté: Ingresos del mes: Petra, la del ocho; Encarna, la panadera; Mercedes, la peinadora...
SEÑOR NICOMEDES
¿Y esta que está aquí sola, al pie de esta columna?
CONESA
Es Paca la Sentimental.
SEÑOR NICOMEDES
¿Esa chica rubia, tan buena moza?
CONESA
La misma; pero esa es baja.
SEÑOR NICOMEDES
¡Qué va a ser baja, si te lleva a ti la cabeza!
CONESA
Digo que es baja en el registro; porque era alta; pero el otro día me sorprendió el marido abrochándola un automático y..., baja.
SEÑOR NICOMEDES
¿Te soltó un estacazo?
CONESA
No me lo soltó, porque salí con una velocidad que pue usté decir que un rayo se va entreteniendo en el camino comparao con mi rapidez; pero si no corro, me frazmenta.
SEÑOR NICOMEDES
Oye, y qué bien lo llevas.
CONESA
Las anoto a todas, como habrá usté oservao, y al final del mes sumo las altas, resto las bajas, y con las que me quedan hago el balance.
SEÑOR NICOMEDES
¡Menudo balance!... ¡Eres un tenedor, pero que de ocho púas!...
CONESA
Pijotera gracia y naa más, señor Nico. ¿Voy por el agua?
SEÑOR NICOMEDES
Sí; anda, anda..., y cuidao con la paleta de ahí dentro.
CONESA
¿Usté ve esa paleta?... Saldo a mi favor.
(Vase comedor derecha.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Bueno, bueno!... A ver qué hace esa chica con este perro de lanas. Cuidao que es necio y presumido. Y estos tenorios de a peseta la docena son los primeros que caen.
(Se oyen risas dentro.)
¡Atiza, cómo se ríen!... ¡Lo han tomao en alegre!... Menos mal.
(Suena una bofetada.)
¡Mi madre!... Eso me ha sonao a una bofetá.
CONESA
(Vuelve con el agua y, atontado, no acierta a entrar.)
¿Dónde..., por dónde...?
SEÑOR NICOMEDES
¿Qué te pasa, no das con la puerta?
CONESA
No, nada; un poco de atontolinamiento. ¡Ay!... ¿Hay toalla?
(Le lava y luego le peina.)
SEÑOR NICOMEDES
Vaya una bofetá que te ha largao...
(Riendo.)
CONESA
¡Deje usté! Ya lo dice el dicho: Manos, relativamente blancas, no ofenden.
SEÑOR NICOMEDES
¡No ofenden, pero conmocionan!... Y qué, ¿es que ibas a pasarla al registro?
CONESA
No, señor; es que me ha hecho unos ratimagos con los ojos que yo he creído que me podía permitir ciertas libertades, y...
SEÑOR NICOMEDES
Bueno; es que vosotros, en cuanto os dan dos deos de confianza, abusáis.
CONESA
Pero, señor Nico, si le dan a un hombre dos deos de confianza, ¿qué quie usté que haga?... Pos utilizar la confianza, y con los dos deos tirar un pellizco. ¿Hay nada más esicológico?
SEÑOR NICOMEDES
¡Quita, quita, granuja! Pero tú por esto no te desanimes.
CONESA
¡Quia, hombre..., al revés! Esto me enardece. Si pa esto también tengo mi lema: La mujer que más pega es la que más se adhiere. ¿Usté ve esa? ¡Pa Conesa! Servidor y coifeure.
(Se marcha.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Anda con Dios, machacacorazones!
Escena XI
SEÑOR NICOMEDES y EUDOXIA.
EUDOXIA
(Sale.)
¿Ha perdido el conocimiento?
(Ríe.)
SEÑOR NICOMEDES
Una muela es la que se le va tambaleando.
EUDOXIA
Y eso que no le he dao muy fuerte por ser recomandao de usté, que si no...
SEÑOR NICOMEDES
Pero ¿qué ha sido?
EUDOXIA
Que no sé qué me ha dicho de un registro... y de que yo iba a ser alta... ¡Figúrese usté si voy a crecer ya más a la edad que tengo! Pos yo, claro, en cuanto se ha querío propasar... le he sacudío, pero no mu recio...
SEÑOR NICOMEDES
Pues él ha venido tambaleándose como si le acabaran de torpedear.
(Llaman.)
¡Calla! Ve si es mi yerno.
EUDOXIA
(Va a mirar.)
El señor Manolo, el señor Manolo.
SEÑOR NICOMEDES
¡Hola!... Ya está aquí mi hombre. Ábrele y no cierres, que detrás de él vendrán mi mujer y mi hija. A él le dices que pase, y a ellas que tengan cuidao. Que escuchen, pero sin hacer ruido.
(EUDOXIA sale a abrir.)
Escena XII
MANOLO y SEÑOR NICOMEDES.
MANOLO
¿Se puede?
SEÑOR NICOMEDES
Aquí, no siendo dormir, se puede todo. Pasa, hijo; pasa y siéntate.
(Se sienta, cierra la alcoba.)
MANOLO
Bueno, pues yo vengo sobre que la portera m'ha dicho que tenía usté que darme no sé qué cantidaz u algo así... vamos, porque muy claro no lo he entendido. Que me tenía usté que dar algo, sí; el qué, no.
SEÑOR NICOMEDES
¡Ay Manolo!; lo que tengo que darte, lo que tengo que darte, desgraciadamente, es un mal rato.
MANOLO
(Levantándose súbitamente.)
¡Caray, pues si viera usté la prisa que tengo!...
SEÑOR NICOMEDES
No, Manolo, no; siéntate. Necesito que hablemos un menuto, cosa de media hora.
MANOLO
Si no es más que un menuto...; pero acabe usté pronto, que hemos encargao un arroz y un cordero con patatas, y eso no tie espera.
SEÑOR NICOMEDES
¡Sí, hijo mío, comprendo lo apremiante de un cordero, pero lo que yo tengo que decirte es muy grave, Manolo, es muy grave!
MANOLO
¿Qué pasa?
SEÑOR NICOMEDES
Es preciso que lo sepas, Manolo. Mi hija no es mi hija.
(Levantan NICANORA y PETRA los visillos de la vidriera discretamente y miran por ellos.)
MANOLO
¡Rechufla!... ¿Qué dice usted?... ¿De forma que la señá Nicanora?...
SEÑOR NICOMEDES
No, hijo, no es eso, ¡caray!... No conjetures atropelladamente. Quiero decir que la Petra, que tu mujer, ya no es lo que era. ¿T'acuerdas que antes, no siendo contigo, no había quien la hiciera a esa chica poner un pie en la calle?
MANOLO
Sí, señor.
SEÑOR NICOMEDES
Bueno, pues ahora, en cuanto tú te vas, se arrebuja en el mantón y se marcha todas las noches..., ¡todas!... ¿Por qué?... ¿Dónde?... ¿Para qué?... ¡Arcanos!...
MANOLO
¡Ja, ja!... ¡Arcanos! ¡Quite usté de ahí, so primo!
SEÑOR NICOMEDES
¡Cómo primo!
MANOLO
¿Y era eso lo grave?...
(Se levanta.)
Amos, hombre, no sea usté manús. Que va a celarme ver si entro en ca la Fulana u en ca la Mengana. Como la pobre está conmigo que ni come, ni duerme, ni descansa... Y no es que yo la mime, que eso a la vista está...
(Jactancioso.)
Pero, vamos, es lo que me pasa con todas... ¡Un castigo que tengo!
SEÑOR NICOMEDES
(Sentándole.)
No, Manolo, no... No es eso. Vigila a tu mujer, es un consejo. Tú la tienes un poco descuidada, no la haces caso. Las mujeres llega un día que se cansan de ser fieles...
MANOLO
Amos, quite usté d'ahí, so panoli. ¡Ella mirar a otro!... ¿Con la ceguera que me tiene?...
(Se levanta.)
SEÑOR NICOMEDES
(Sentándole.)
Ya sé que te quería con locura.
MANOLO
Y me sigue queriendo.
(Se levanta.)
¿Lo sabré yo?... Conque si es eso nada más, no pase usté pena, señor Nicomedes, y quítela usté de seguirme pa que no coja relente inútilmente; porque un servidor no cambia. Soy como soy. Tengo juventuz, me gusta la alegría y quiero disfrutar del mundo... ¡Qué le vamos a hacer!... Ella no estaba inoranta. ¿Así me quiso?... Pos así me tiene. ¿Que sufre una meaja? No es ella sola. La quería y me casé con ella. ¡Ya fue bastante! No pude hacer más. Pero yo, exclusivas no doy.
SEÑOR NICOMEDES
¡Manolo... Mira que...!
MANOLO
Servidor sabe dónde le aprieta el borceguí, señor Nico. ¡Recuerditos!
(Vase engallado, jacarandosamente, contoneándose.)
Escena XIII
SEÑOR NICOMEDES, NICANORA, PETRA y EUDOXIA.
SEÑOR NICOMEDES
(A su hija, que sale.)
Ya lo has oído.
PETRA
(Llorando furiosa.)
¡Granuja, canalla, arrastrao, perro, ladrón! Conque sí, ¿eh?... ¿Conque no das exclusivas? ¿Conque te ríes de este cariño que llena mi corazón y que era mi orgullo?... Bueno. Tie usté razón, padre; hay que escarmentar a este hombre. Estoy decidida. No puedo ni quiero dejar de ser honrá, pero un susto de muerte sí le doy; por estas cruces.
(Lo jura.)
NICANORA
¿Lo estás viendo? Que no tomes relente..., ¡el muy postinero!... ¡Su sangre perra!...
SEÑOR NICOMEDES
¡A estas preciosidades no se las domina más que con un escarmiento ejemplar!
PETRA
¡Pues a ello! Voy a empezar hoy mismo, y si no le hago rabiar de celos, que me machaquen el corazón.
EUDOXIA
Bien hecho.
PETRA
Hala, Udosia, vámonos a casa. ¡Acompáñeme usté, madre!
(Se ponen los mantones.)
Conque no das exclusivas, ¿eh?... ¡Pos ya verás canelita en rama!... Hasta luego, padre.
NICANORA
¡No tardo, Nicomedes!... ¡El tío lila, que no coja relente la chica!... ¡Ya verás, ya!... ¡Menudo reuma vas tú a pasar!...
EUDOXIA
¡Usté lo pase bien!... ¡Mi marido tenía que ser!... ¡Ya le hubiá yo puesto las narices que se tendría que sonar con papel secante!
Escena XIV
SEÑOR NICOMEDES, solo.
SEÑOR NICOMEDES
¡Te has caído, yernito!... Ahí te suelto esas tres fieras. Luego entraré yo. Pero ahora, Nicomedes, antes de empezar la faena... Este silencio, esta soledad... ¡Qué tentación! Son las once y media... Yo creo que hasta las dos... Un sueñecito tranquilo... ¡A ello!
(Se desnuda y se mete en la cama, después de entornarlo todo. La alcoba queda casi a oscuras.)
¡A ver si me desquito del madrugón!... A las diez ya estaba despierto.
(Se tapa.)
¡Ajajá!... ¡Así da gusto!... ¡Y que ahora no hay peligro de que me despierte nadie!... ¡Qué tranquilidaz!... ¡Qué sosiego!...
(Suena de pronto, escandaloso y vibrante, el despertador. NICOMEDES lo coge, lo golpea, lo patea furioso y colérico.)
¡Ladrón! ¡Otra vez! ¡Asesino! ¡Te hago polvo!... ¡Para, infame! ¡Para!...
TELÓN
Acto II
Comedor en casa de PETRA, amueblado con la modestia que corresponde a gente del pueblo de regular acomodo. A la derecha de la habitación, una puerta, que se supone próxima al recibimiento. Al fondo, un balcón con vidrieras, que tendrán visillos. En los laterales izquierda, dos puertas: la de primer término, con montante; la otra es una puertecilla pequeña. Mobiliario: mesa de comedor de reducidas dimensiones, de forma oblonga. Un chinero a la izquierda, entre dos puertas. Seis sillas de madera, repartidas convenientemente. Reloj de pared. Un sofá de anea, a la derecha. Cerca del balcón, una máquina de coser, cubierta. Por las paredes, tres o cuatro cuadros al cromo: uno, de asunto taurino; los demás, bodegones ordinarios. En el techo, un aparato de luz modesto; está encendido. Es de noche. El reloj señala las ocho.
Escena I
PETRA, EUDOXIA y NICANORA. Aparecen las tres con sendos pitillos encendidos en la boca, chupando torpe, pero ansiosamente.
NICANORA
¡Echa bien por ahí!... ¡Echa bien por ahí!
EUDOXIA
Misté, si yo paezco el tren. He hecho una nube.
PETRA
No, pues yo no me he quedao atrás, que hay que ver la humareda que he armao.
NICANORA
Pues yo m'esgarro a toser y no adelanto naa.
PETRA
Y eso que a usté le ha tocao un Muratis muy flojito; pero ya me estoy peleando con un egicio que anda con Dios.
(Siguen fumando en la forma indicada.)
EUDOXIA
Pos el mío paece de mi pueblo: no hay quien l'haga tirar.
(Fuma con gran esfuerzo.)
¡Qué condenao!
NICANORA
¡Paice mentira que haiga mujeres que fumen de güena fe, Dios mío!
EUDOXIA
No, si de eso de fumar, lo que yo me creo es que hay señoras que cuando no tienen na que hacer, echan humo.
PETRA
Sí, porque la que tenga que fregarse el suelo, figúrate tú cómo se va a entretener con un turco.
NICANORA
¡Natural!
PETRA
Bueno, yo creo que ya está bien.
EUDOXIA
Dura la olor del tabaco pa cuatro horas.
NICANORA
Está el comedor que marea.
PETRA
Y ahora las puntas, apagarlas y tirarlas por el suelo.
(Lo hacen.)
Ajajá.
NICANORA
Bueno, hija mía, ¿y tú crees que esto servirá de algo?
PETRA
¡Ay, yo creo que sí madre; porque como Manolo no fuma, oler a tabaco en cuanto llega a casa es lo que más le inquieta! ¿Verdá tú?
EUDOXIA
Como que de que entra no hace más que olfatear y mirar por el suelo.
PETRA
¡A mí me da una lástima verle buscando colillas!
EUDOXIA
Deje usté que lo purgue él ahora, que bien de sufrimientos tie usté a su costa. Si se ablanda usté no hacemos naa.
NICANORA
¡Ay, si Dios quisiera que ese hombre cambiara!
PETRA
Yo creo que sí, madre. Porque con lo que hago de cantar y reírme y no estar nunca en casa y no hacerle caso, vengo observando de día en día que Manolo es otro.
EUDOXIA
Como que va pa tres noches que antes de la una ya lo tie usté metío en la cama; conque ya ve usté si vamos adelantando; es decir, si va adelantando la señorita.
PETRA
Y caa vez está más escamao. Y es que yo he seguido al pie de la letra todo lo que padre me ha dicho. De cambiar en el vestir, ya me ve usté. Me he echao pa diario el traje que me hice pa la boda de la Milagros. De medias, misté qué claras. Y no me se caen de los pies los zapatos nuevos. Oler, huelo, que huélame usté.
NICANORA
Trasciendes.
PETRA
Pues es un perfume nuevo. Naranjas de la China; y en el pañuelo, Ole con ole, aromas de Sevilla. Y de ponerme polvos, no digamos: paezco un lenguao esperando que se caliente el aceite. Polvos adherentes e impalpables de arroz, con no sé qué cosa que m'ha puesto esta.
EUDOXIA
Arroz con veluntine, porque a mí no me gusta el arroz solo.
NICANORA
Así, así..., a escamarlo. ¿Y no te s'habrá olvidao lo de balconear?
PETRA
¡Huy, eso que le diga a usté la Udosia! En cuanto viene ya estoy en el balcón y haciendo así con las manos, como si hiciera señas disimulás. Como que el otro día subió el requesonero creyendo que le habíamos llamao.
EUDOXIA
Y tuvimos que comprarle una peseta de requesón, y, como no nos gusta, me lo comí yo sola, por no tirar el dinero, y no quia usté saber la noche que pasé.
(Llaman a la puerta con dos timbrazos.)
NICANORA
Ese es tu padre.
PETRA
Su manera de llamar.
EUDOXIA
Voy a abrir.
(Sale por la puerta de la derecha.)
Escena II
PETRA, NICANORA y SEÑOR NICOMEDES.
PETRA
A ver qué trae, porque le tie puesto a Manolo su espionaje.
NICANORA
Alguna cosa traerá, porque ese hombre, fuera de la cama, es una ardilla.
PETRA
Está hablando con la Udosia.
NICANORA
¿Qué la dirá?
PETRA
No sé. La Udosia se marcha.
NICANORA
Sí que es raro.
PETRA
Calle usté, que ya viene.
SEÑOR NICOMEDES
(Aparece en la puerta.)
Grandes noticias, tu marido torpedeado. Dreagnout a pique. Zepelín en peligro. Próxima victoria. La cena en el aire. Darme una silla. Esto último lo digo particularmente, que es que vengo reventao.
PETRA
¡Ay, padre, paece usté un parte de la guerra!
NICANORA
¿Y qué quie decir toa esa retahíla?
SEÑOR NICOMEDES
Pues quie decir, en forma radiotelegráfica, que estamos de en hora bastante buena. Que vengo de hablar con Paco el Guitarra, que es el espía que tengo puesto a Manolo, y que las noticias que m'ha dao no puen ser más satisfactorias.
PETRA
¿De veras?
SEÑOR NICOMEDES
Dice que ya s'han fijao los amigos en que a tu marido le pasa algo grave; porque hace quince días que s'ha vuelto más serio que unas botas de paño. Me he propuesto que hocique, y hocica. Yo recurro a todo. Yo anónimos a él, pa que cele. Yo anónimos a sus papás, pa que le atosiguen; pues, ¡claro!, entre toos vamos a volver loco a Manolo, hasta que se declare vencido. Y ese acontecimiento va a ser esta noche.
PETRA
¿Esta noche?
SEÑOR NICOMEDES
Esta misma noche. Porque la gran noticia, la noticia sensacional, la he guardao pa lo último, y es la siguiente: ¡Asombraros, alegraros!
NICANORA y PETRA
(Al mismo tiempo, con ansiedad.)
¿Qué es?
SEÑOR NICOMEDES
Que hace cinco días que tu marido ha regañao con Concha la Percebe.
PETRA
(Con alegría.)
¿Pero es de veras, padre?
NICANORA
¿Qué dices?
SEÑOR NICOMEDES
Lo que os cuento. Creo que esa señora le dijo a Manolo la otra noche que se iba a acostar, y a los veinte minutos se la encontró en la Cuesta de las Perdices.
PETRA
¿Sola?
SEÑOR NICOMEDES
Con un bando. Iban quince o veinte de juerga. Hubo bofetás, denuestros, botellazos, gases asfixiantes; y, por último, tu marido mandó a la dama citada a freír pericos de Aranjuez con oción a incluirse en el manojo. Y aquí tenéis justificao lo de dreagnout a pique.
PETRA
(Batiendo palmas.)
¡Ay qué bien, qué bien, qué bien!
NICANORA
Bueno, ¿pero lo de zepelín en peligro?...
SEÑOR NICOMEDES
Ahora voy. Como sabéis que el Tufitos es primo de la Percebe, y chupa del bote en todo lo que Manolo le sufraga al referido marisco, pues ha preparao una cuchipanda pa esta noche con el fin de que Manolo y la Concha se encuentren como casualmente y hagan las paces.
PETRA
(Aterrada.)
¡Dios mío!
SEÑOR NICOMEDES
Cosa que hay que evitar a todo trance, como comprenderéis.
PETRA
¡Pero que a todo trance, sí, señor!
NICANORA
Sí, ¿pero cómo lo evitas?
SEÑOR NICOMEDES
¿Qué cómo lo evito?... Le tengo armá una jugarreta a Manolo, que esta noche no lo sacan de casa ni con bueyes.
PETRA
Pero si precisamente ha dicho que esta noche no venía a cenar.
SEÑOR NICOMEDES
Ya lo sé que lo ha dicho; pero viene. Figúrate que por encargo mío ha ido el Guitarra, y así, al desgaire, le ha hecho esta preguntita: «Oye, Manolo, ¿quién era uno de pelo rizao que estaba esta tarde con tu mujer en el balcón de tu casa?». Y él ha dicho: «¿De pelo rizao? ¡Como no fuera Dato!». Pero a través de la chufla se le notaba una palidez y un mal efecto, que me juego las pestañas que no tarda media hora.
PETRA
Es usté el demonio.
NICANORA
Bueno, ¿y la jugarreta que le has armao?...
SEÑOR NICOMEDES
Un poco de paciencia. Es mi secreto. Vosotras, a callar y a obedecerme.
PETRA
¿Y qué hemos de hacer?
SEÑOR NICOMEDES
Subiros sin perder un minuto en casa de la Consuelo, que ya la tengo avisá, y allí os enteraré de todo.
NICANORA
¡Ay, pues vamos, vamos!
PETRA
¿Usté no sube?
SEÑOR NICOMEDES
Yo aguardo a la Udosia, pa acabar de preparar el programa. Conque hala, arriba...
NICANORA
Vamos.
PETRA
No tarde usté, padre. ¡Ojalá triunfemos!
SEÑOR NICOMEDES
Esta noche se acaba el marisco, ya lo verás.
(Vanse por la derecha.)
Escena III
SEÑOR NICOMEDES; luego, EUDOXIA.
SEÑOR NICOMEDES
Bueno, tan y mientras llega la Udosia, dejaré en el suelo estas dos colillas de cigarro habano y las sortijas pertenecientes a las mismas, y pondré aquí en el cajón de la máquina, por si da con ella, una bomba de metal de esas que llevan los de artillería en el cuello, envuelta en un papel que dice: «Recuerdo de la Bombilla. Julio, 2». Con esto y con los anonimatos que les he largao a él y a sus papás, y lo demás que tengo urdido, esta noche se arma aquí una película de esas de risa y emoción, que, como me salga bien, se la vendo a la casa Keystone con el título de Escarmiento de pícaros.
(Llaman.)
Ya está aquí mi cómplice.
(Sale y abre.)
EUDOXIA
(Entrando.)
Ya está hecho.
SEÑOR NICOMEDES
(Que la sigue.)
¿Y Conesa?
EUDOXIA
Se ha puesto loco de contento. Cree lo menos que ya me tiene muertecita por él. Viene pisándome los talones.
SEÑOR NICOMEDES
¿Y no le ha chocao que le convidases a cenar?
EUDOXIA
No, señor; no ve usted que el muy granuja siempre me está diciendo que una noche que no hubiese nadie que quería subir pa que cenásemos solitos.
SEÑOR NICOMEDES
¡Ah canalla!
EUDOXIA
Si usté no sabe cómo me atosiga. La otra noche, que estaba yo sola, empeñao en meterse aquí. Le tuve que echar del descansillo.
SEÑOR NICOMEDES
Pues déjalo, que esta noche se sale con la suya... Y ya sabes lo que te he dicho. Arriba estoy. A cualquier cosa, un grito.
EUDOXIA
No tenga usté cuidao. Me basto yo sola. Ahora que yo, señor Nico, la verdá, aunque comprendo que ese barbero es un sinvergüenza, también sentiría que por mi causa le pasara naa malo.
SEÑOR NICOMEDES
Mujer, ¿me haces a mí de tan mal corazón? Yo lo que quiero es que entre, pa justificar una cosa, y na más.
EUDOXIA
¿Y no vendrá el señor Manolo?
SEÑOR NICOMEDES
No viene; pero si viniese, tú escondes a Conesa, y cuando mi yerno se duerma o se vaya, le sacas y que se largue.
EUDOXIA
Muy bien. Pues váyase usté pronto, que le he dejao comprando cosas pa la cena y no tardará.
SEÑOR NICOMEDES
En ti confío.
EUDOXIA
Too por la señorita.
(Vase el SEÑOR NICOMEDES por la derecha.)
Escena IV
EUDOXIA; luego, CONESA.
EUDOXIA
¡Qué hombres!... ¡Hay que ver la alegría que le ha dao a ese granuja cuando le he dicho que podía subir! ¿Y too pa qué? Pues por el puntillo de poder decir una más; porque si una no supiá defenderse de estos tíos, la honra de una, adiós y que usté lo pase bien... ¡Pero menudo chasco se lleva! Ahora, que la verdá: es lástima que este Conesa sea tan sinvergüenza pa las mujeres, porque como simpático... ¡Amos, que es un tío que yo le tengo una rabia tan rara, que hay días que yo no sé si romperle las narices o si regalarle un tapabocas!...
(Llaman.)
¡Ya está ahí ese ladrón!
(Sale a abrir.)
Pasa, bandolina.
CONESA
(Con sombrero ancho, una capa y la bandurria bajo el brazo. En la mano un paquete. Se asoma embozado.)
¿No correrá peligro esta tontería bípeda?
EUDOXIA
Pasa sin miedo. ¿No te ha visto entrar nadie?
CONESA
Ni un roedor, vulgo rata. ¿Estamos solos?
EUDOXIA
Solos, Conesa.
CONESA
Y dime, flor de un día, ¿qué arranque ha sido este que has tenío de invitarme a que te convidase a cenar?
EUDOXIA
Na, que los amos no vendrán hasta la una, y yo he dicho, pos de andar hablando por las esquinas, más vale que suba.
CONESA
Ni que decir habemos. Has dao en la tachuela, espuerta de gloria.
EUDOXIA
Ahora que yo creo que me respetarás, Conesa.
CONESA
¿Quién? ¿Respetarte yo?... Hazte cuenta que has convidao a cenar a un primo de Guzmán, no digo yo el Bueno, el mejor que haya.
EUDOXIA
Ya lo sé, Quintín. ¿Y los comestibles?
CONESA
Ahora los traerá el chico de la tienda, que a mí, con la bandurria, no me ha quedao espacio más que pa el transporte de este pollo asao.
(Se lo da.)
EUDOXIA
Lo pondré en el aparador. ¿Y has traío la bandurria?
CONESA
Te traigo un foxtrote con incrustaciones de tango que lo baila un anacoreta.
EUDOXIA
¡Qué gusto!
CONESA
Y oye, Udosia, entre paréntesis, aquí se podrá estar tranquilo, ¿eh?
EUDOXIA
¿Estás tranquilo en tu casa?
CONESA
Regular, porque debo cuatro meses y tengo siempre al casero detrás de las orejas.
EUDOXIA
Pues aquí pues estar como en tu casa cuando estés al corriente.
CONESA
Entonces, ancha Castilla; afuera la pañosa, afuera el sombrero, y ¡vivan los encantos rurales de mi morena!
(Le da un azote.)
EUDOXIA
Oye, tú, no pegues tan fuerte, que te vas a hacer daño.
CONESA
No me importa. Soy muy sufrido.
(Aparte.)
Esta pasa hoy al haber.
EUDOXIA
¡Ladrón!
CONESA
¿Me quieres, Udosia?
EUDOXIA
¡Me muero por tus pedazos, so canalla, granuja!
(Le da un zarandeo y varios puñetazos.)
CONESA
Oye, reina, que si das tan fuerte no te vas a morir por mis peazos, te vas a morir por una masa informe.
EUDOXIA
¡Ay, cómo m'has chalao, pelagatos!
CONESA
Oye, serón de preciosidades.
EUDOXIA
¿Qué quieres, locura?
CONESA
¿Te parece que pa entretenernos en algo honesto y recreativo, mientras nos traen los comestibles, hagamos la escena de Don Juan Tenorio, apellidada del sofá, que me la sé de corrido?
(Aparte.)
Aquí es donde caen todas.
EUDOXIA
¿Y qué es eso?
CONESA
Pues una escena en que doña Inés se arrellana en un cheslón, y don Juan, embriagao de amor, la llama ángel, paloma y dos o tres volátiles más, y pa postre la enajena.
EUDOXIA
¿Y yo qué tengo que hacer?
CONESA
Pues sentarte en ese sofá, enajenarte, abandonarme una mano, como si no fuera tuya, y escuchar unos versos que yo te diré.
EUDOXIA
¿Son muy largos?
CONESA
Bastante largos; ahora que yo los acorto, porque con una señora en el sofá y con una mano cogida, a mí me sobran versos.
EUDOXIA
Bueno, vamos a ver, escomienza.
CONESA
Perfectamente.
(Se arrodilla y la coge por la cintura.)
«¿No es verdá, ángel d'amor?...».
EUDOXIA
(Levantándose.)
Pero ¿qué haces? ¡Suelta, suelta!
CONESA
Mujer, es que como doña Inés es monja y lleva tocas, hay que cogerla por aquí.
EUDOXIA
Bueno, pero es que yo no llevo.
CONESA
Ya sé que tú no llevas tocas...
EUDOXIA
Por eso, ni yo tocas, ni tú tampoco. Conque las manos quietas.
CONESA
Entonces, cuando te se caen las dos líquidas perlas, invitándome a bebérmelas, ¿cómo te las bebo?
EUDOXIA
Bébetelas a chorro.
CONESA
Qué antidramática eres, Udosia.
EUDOXIA
Oye, pues si tien que agarrarse así, ¿cómo, acaba la escena?
CONESA
Pues acaba en que cuando más enajenaos están, tras, tras, llaman a la puerta.
EUDOXIA
¿Quién?
CONESA
Don Luis Mejía.
(Llaman a la puerta.)
EUDOXIA
(Aterrada.)
¿Quién?
CONESA
¡Mi madre! ¿Han llamao aquí?
EUDOXIA
Aquí. ¡Ay Conesa! ¿Quién será?
CONESA
¿Qué sé yo? Porque don Luis no me figuro yo que... Pero, oye, ahora que caigo, no te asustes, que pue que sea el chico de los ultramarinos.
EUDOXIA
Es verdá. Voy a ver.
(Sale.)
CONESA
¡Dios mío, que sea el chico, porque si es alguien de la casa y me sorprenden, allanamiento de morada, nozturnidad, alevosía, bandurria y traída de víveres!...
EUDOXIA
(Entra despavorida.)
¡Ay Quintín!
CONESA
¿Quién es?
EUDOXIA
¡El amo!... ¡Ay, que es el amo!
CONESA
¡Mi madre!... ¡Dame la capa, el sombrero, la bandurria!...
(Vuelven a llamar.)
EUDOXIA
Pronto, que estamos perdidos.
CONESA
¿Pero por dónde huyo?
(Corre de un sitio a otro.)
EUDOXIA
¡Qué sé yo!... ¿Ves el balcón?...
CONESA
(Se asoma.)
Son diez metros y una castañera debajo.
EUDOXIA
No digo pa tirarte, es pa esconderte.
CONESA
No, que me verían. Prefiero un armario, un baúl, algo hueco.
EUDOXIA
Hueco no tenemos.
CONESA
¡Pues un cuarto!... ¿Tú no tienes un cuarto?
EUDOXIA
Yo no tengo un cuarto.
CONESA
¡Qué ruina!
(Llaman de nuevo.)
¡Mi madre!
EUDOXIA
Pronto, ven a la despensa. Allí hay una cuba. Te metes dentro.
CONESA
¡Dios mío! ¡Yo en cuba!... ¡Me voy a ver negro!
EUDOXIA
Vamos.
(Llaman fuerte.)
¡Ya voy, ya voy!
(Vanse por la segunda izquierda, y en seguida sale EUDOXIA sola.)
¡Ay Dios mío!...
(Sale por la puerta de la derecha.)
Escena V
EUDOXIA y MANOLO, que entra con el cuello de la pelliza subido, mirando a todas partes con recelo, con inquietud; de cuando en cuando olfatea.
MANOLO
¿Cómo has tardao tanto en abrir?
EUDOXIA
Que m'había quedao una miaja traspuesta.
MANOLO
Sí que es chocante a estas horas tanto sueño.
EUDOXIA
Como estoy sola.
MANOLO
¡Ah! Pero ¿tampoco está la señorita?
EUDOXIA
No, señor. Ha salido.
MANOLO
¿Cuándo?
EUDOXIA
Hace un ratito.
MANOLO
¿A qué hora?
EUDOXIA
A las dos y media.
MANOLO
Pues es un ratito con copete, porque son las ocho y cuarto.
EUDOXIA
Adelanta tres minutos.
MANOLO
¿Y la señorita se ha ido sola?
EUDOXIA
No, señor; con un lío.
MANOLO
¡Con un lío!... ¿Y no te ha dicho dónde iba?
EUDOXIA
A que la probaran...
(Queda pensando.)
MANOLO
¿A que la probaran qué?
EUDOXIA
¿Qué le tenían que probar, Dios mío?... ¿Botas u zapatos?... ¡Unas botas!
MANOLO
¿Y pa probarse unas botas tanto tiempo?
EUDOXIA
Es que yo creo que eran altas.
MANOLO
Pero en seis horas, por muy altas que sean...
EUDOXIA
¡Yo no sé!...
MANOLO
(Muy molesto.)
¡Bueno, tú a la cocina!
EUDOXIA
Sí, señor, con mucho gusto. ¿No va usté a salir?
MANOLO
¿A ti que te importa?... ¡A la cocina he dicho!
EUDOXIA
Ya voy, ya voy.
(Aparte.)
¡Ay, si pesca el pollo!
(Vase segunda izquierda.)
MANOLO
Esta chica está azará, y tardar tanto en abrir...
(Olfateando.)
Bueno, no me cabe duda, aquí huele a tabaco... ¡Aquí han fumao!... ¿Y quién habrá echao este humo?, porque si mi mujer ha salío a las dos...; pero si ha salido a las dos, ¿cómo estaba a las cuatro en el balcón con uno de pelo rizado?...
(Dando un puñetazo sobre la mesa.)
¡Ay Manolo, Manolo!, que paece mentira que con lo que tú has fantasmoneao y has presumido, venga ahora una mequetrefa y te..., ¡maldita sea! Porque, claro, esto no son celos, ¡qué van a ser celos!... A mí no hay hembra en este mundo que me haiga hecho menear una pestaña, ahora que..., naturalmente, se trata de mi mujer, y no me da a mí la gana que haga una locura y luego resulte que ande un sinvergüenza por el mundo riéndose a mi costa. ¡Primero, migas! Y luego, que he recibido esta tarde un anonimito que es pa ponerle los pelos de punta a un jarrón de Sèvres.
(Leyendo.)
«Manolo: No vayas esta noche a cenar a tu casa, pues hay convidaos y tien callos». Y unido esto a que mi mujer no está, a que la criada tarda en abrirme, al humo, al...
(Se queda de pronto mirando al suelo, con espanto.)
¡Mi madre!... ¡Una colilla de puro!
(Se agacha y la coge.)
¡Rediez!... ¡Ciertos son los toros!... Es decir, que digo yo... ¡Maldita sea! Porque mi padre no fuma; mi suegro, pitillos y pocos, de forma que esto...
(Vuelve a fijarse en el suelo.)
CONESA
(Asoma la cabeza con precaución tras el portier de la puerta segunda izquierda. Aparte.)
¿Pero qué hace este hombre que no se va?
MANOLO
¡Rechufla! ¡Otra!
(La coge.)
CONESA
(Aparte.)
¡Está recogiendo colillas!
MANOLO
¡Y de puro también!... ¡Ay Manolo!... Y aquí la sortija.
(La coge.)
Partagás. ¡Vuelta de abajo! ¡Dios mío, de abajo! ¡Y hay que ver lo apuradas que están!
CONESA
(Aparte.)
¡Más apurao estoy yo!
MANOLO
Y tres de pitillo...
(Las coge.)
Pues el que haya sido ha estao un ratito. ¡Una visita de dos puros!... ¡Y los ratos que habrá estao sin fumar, que es peor!
(Da un puñetazo en la mesa.)
CONESA
(Asustado. Aparte.)
¡Regaita!
(Se oculta.)
MANOLO
¡Bueno, esto no lo aguanta el hijo de mi padre! Hoy mismo averiguo yo quién ha expelido este humo, y el que sea, se lo traga otra vez... Ahora, que pue que no lo pueda echar por las narices, porque ya no disponga de ellas. Yo guardo estas colillas pa que no me lo niegue...
(Las envuelve en un papel.)
¡Y esta era la que me quería! ¡Sí, sí, quería! ¡Como todas! ¡Y lo que más me puede es tanto llorarme antes porque faltaba a dormir y de repente estoy dos noches aposta sin parecer, y no me dice ni media palabra! ¿Es eso interés por un marido ni es na? En cuanto venga, yo le juro, ¡maldita sea!..., porque como yo viese lo más mínimo...
(Llaman.)
¡Ella!... Ya era hora, desde las dos. Udosia, que han llamao.
EUDOXIA
Voy, voy.
(Va a abrir.)
MANOLO
(Con creciente impaciencia.)
¿Es la señorita?
EUDOXIA
Sus papás de usté.
MANOLO
(Sin poder contener el gesto de contrariedad.)
¡Todavía no!
(Mirando el reloj.)
Pos sí que... ¿Pero dónde podrá estar esa mujer a estas horas?
(Pasea agitado.)
Escena VI
MANOLO, RAIMUNDA y SEÑOR BIBIANO.
SEÑOR BIBIANO
¡Hijo mío!
RAIMUNDA
¡Gloria de tu madre!
(Le besan.)
MANOLO
Hola.
SEÑOR BIBIANO
¿Solo?
MANOLO
Sí, señor.
SEÑOR BIBIANO
¿No ha parecío entavía la... la niña esa?
MANOLO
No, señor. Toavía es temprano.
SEÑOR BIBIANO
Pa los serenos. ¡Como no s'haiga sentao en Recoletos a esperar que se acabe la guerra, no me explico este retraso!
RAIMUNDA
(Aparte, al SEÑOR BIBIANO.)
Yo, sí.
(A MANOLO.)
¿Has cenao, encanto?
MANOLO
Toavía, no.
RAIMUNDA
¡Oyes, la perla de mi alma sin cenar a estas horas!... ¿Quies que vaya tu madre a casa por una taza e caldo, hijo mío?
(Casi llorando.)
MANOLO
No, señora..., ¡no faltaba más! Gracias.
RAIMUNDA
¡La muy galocha!... ¡A estas horas por ahí de jota!...
MANOLO
Madre. Eso de jota...
SEÑOR BIBIANO
Tómalo como aire nacional, hijo mío. Tu madre no lo dice a mal decir.
RAIMUNDA
Que lo tome como quiera; pero es un cargo de conciencia tener al marido a las nueve de la noche esperando, muerto de hambre...
MANOLO
Deje usté. Muchas veces me ha esperao ella a mí.
SEÑOR BIBIANO
¡Pero qué vas a ponerte!... Tú eres un hombre, y el hombre es un animal soberano y libre, dueño de su voluntaz y pue hacer lo que le dé la gana; pero esa mequetrefa no vale un bostezo tuyo.
RAIMUNDA
¡Qué va a valer ese escuerzo!... ¡Qué va a valer, comparao con este hijo tan rico!...
(Le abraza llorando.)
¡Qué lástima de hijo!
MANOLO
Lástima, ¿por qué?...
RAIMUNDA
¡Nada, hijo, nada!
MANOLO
Pero ¿qué le pasa a usté pa llorar de esa forma?
SEÑOR BIBIANO
A tu madre le pasa en húmedo lo que a mí en seco, Manolo: que se nos recome el corazón de ver lo que está haciendo contigo esa mujer.
MANOLO
Pero ¿qué está haciendo?... Hablemos claro. ¿Es que puen ustés señalar en la Petra algo contra mi dinidá? ¿Es que saben ustés algo? ¿Es que alguien dice algo de mi mujer?
RAIMUNDA
Yo no necesito que nadie diga na, hijo mío. Me basta lo que veo.
SEÑOR BIBIANO
Tu mujer no es la misma, Manolo. Ella huele que la perfumería Floralia es una alcantarilla a su lao. Nunca ha ido vestida como ahora..., lleva unas medias que son una tela de cebolla, la faldita a media pierna y el escote casi a media pierna también...
RAIMUNDA
Callejear, ¿qué vamos a decirte? ¡Ya ves la hora y sin dar señales!... ¿Es eso bonito? ¿Es eso decente?
SEÑOR BIBIANO
Y nosotros, hijo mío, lo que estamos viendo es que va a llegar pa ti de un momento a otro... ¡la hora del redículo!
MANOLO
¡Padre!
SEÑOR BIBIANO
Sí, la hora del redículo. ¡Hay que hablar claro!... ¡La hora del redículo!
Escena VII
Dichos y SEÑOR NICOMEDES, por la derecha.
SEÑOR NICOMEDES
(Entra súbitamente trágico, con el pelo en desorden.)
¡No, no llegará, Bibiano, no llegará!... ¡Yo te lo juro!
(Le da un gorrazo con la gorra que trae en la mano.)
SEÑOR BIBIANO
¡Nicomedes!
(Rascándose el brazo.)
RAIMUNDA
(Simultáneamente y con asombro.)
¡Nicomedes!
MANOLO
¡Señor Nicomedes!
SEÑOR NICOMEDES
La hora de la tragedia pue que llegue; la del ridículo, nunca, ¡nunca!
(Otro gorrazo a la señora, que se rasca también.)
RAIMUNDA
Bueno, Nicomedes; no te pongas así. ¡Caray!
SEÑOR NICOMEDES
Siempre he estao contra vosotros porque creía a mi hija una víztima; pero hoy, ante la conduzta inequívoca de esa desgraciá, me tenéis a vuestro lao pa todo, oírlo bien, ¡pa todo!..., ¡pa todo!
(Gorrazo a MANOLO. Este se frota el brazo.)
¡Sí, pa todo! Porque quiero decirlo muy fuerte, sí..., en cuestiones de honra, Calderón de la Barca a mi lao era un frívolo... Y si esa desgraciá osa teñirme estas canas venerables con el baldón de la deshonra... ¡Ah, entonces yo te juro, Manolo, que quedarás vengao, pero vengao en una forma que mi venganza te pondrá los pelos de punta! ¡Sí, Bibiano, de punta!
(Otro gorrazo.)
Yo se lo avertí a ese desgraciao, Bibiano; yo se lo dije: En la vida de mi hija un misterio flota, un delito se cierne, una sospecha aletea, y él se chuflaba con la inconsciencia de una calandria iznorante y no veía ni la flotación ni la cernidura ni el aleteo... ¡Ay Bibiano!...
(Gorrazo a BIBIANO.)
SEÑOR BIBIANO
Pero ponte la gorra, tú.
SEÑOR NICOMEDES
Gracias, es comodidaz.
SEÑOR BIBIANO
¿Quies que te la cuelgue?
SEÑOR NICOMEDES
Deja, Bibi, que es que no sé lo que hago. Desde que sospecho lo que sospecho, una ola de sangre me ciega, me ciega, sí...
MANOLO
Bueno; pero no hace falta que se ponga usté de esa forma. Yo soy el marido y sé lo que me cumple, señor Nicomedes.
SEÑOR NICOMEDES
Sí, Manolo, sí...; pero es que mientras tu suegro viva, yo te juro que esta cabeza nunca, nunca se verá humillada, ni esta frente se inclinará en jamás bajo el peso de la afrenta. ¡Ah, sí! ¡Yo te lo juro!
(Le zarandea la cabeza violentamente, despeinándole.)
SEÑOR BIBIANO
¡Por Dios, cálmate!
MANOLO
¡Señor Nico, por Dios, mi cabeza!
RAIMUNDA
No te pongas así.
SEÑOR NICOMEDES
Sí, tenéis razón; dispensarme. Pero es que estoy loco de coraje, de rabia, de vergüenza... ¡Loco, Raimunda, loco, sí!
(Gorrazo.)
RAIMUNDA
¡Rediez!... Pero oye, tú: ¿pero qué llevas dentro de la gorra?
SEÑOR NICOMEDES
¡Ay!, perdonar; son las llaves de casa, que no me había acordado de quitarlas.
SEÑOR BIBIANO
Ya decía yo...
SEÑOR NICOMEDES
Es que no sé lo que me hago.
MANOLO
Pues tranquilícese usté, porque a mí me basta y me sobra con que usté me apoye, a ver si nos quie decir en cuanto venga de quién son estas colillas que he encontrao en el comedor.
SEÑOR NICOMEDES
¿Colillas aquí?
MANOLO
¡Todas estas!
(Se las enseña.)
SEÑOR NICOMEDES
¿Luego esta colilla ha sido un cigarro, este cigarro ha pertenecido a un fumador y ese fumador ha estao aquí?...
MANOLO
Aquí...
RAIMUNDA
¡Hijo de mi alma!
SEÑOR NICOMEDES
¡Ah, desgraciada!
(Llaman.)
SEÑOR BIBIANO
Han llamao.
RAIMUNDA
Debe ser ella.
SEÑOR NICOMEDES
Silencio, disimulo.
MANOLO
Abre, Udosia.
EUDOXIA
(Saliendo.)
Voy.
(Va a abrir.)
SEÑOR NICOMEDES
(A EUDOXIA.)
Si es mi hija, que se presente.
RAIMUNDA
Yo no quiero verla; vámonos.
SEÑOR BIBIANO
Calla y sufre como yo. Quieta aquí, a ver qué disculpa da ante estas colillas...
EUDOXIA
(Entrando.)
La señorita.
SEÑOR NICOMEDES
Que comparezca.
Escena VIII
DICHOS y PETRA, por la derecha, con un mantito y un lío. Lleva muchos polvos, los labios pintados. Entra como medrosa, azorada; pero intentando aparentar tranquilidad y desenfado y forzando una sonrisa inútil.
PETRA
(Mirando a todos con asombro y temor.)
Buenas..., buenas... noches.
(No la contestan. Pausa.)
Caramba, no pensaba yo encontrarme... ¡Cuánto bueno!
RAIMUNDA
¿Bueno? ¡Ja, ja!... Bueno, bueno.
PETRA
(A RAIMUNDA.)
¿Usté por aquí?
RAIMUNDA
Yo por aquí y tú por ahí... Ya ves.
PETRA
Sí, señora; unas visitas de...
RAIMUNDA
(Con malicia.)
¿De cumplido?
PETRA
Y de confianza, que son las que más entretienen; pero si yo llego a saber que...
(Al SEÑOR BIBIANO.)
¿Usté por aquí?
SEÑOR BIBIANO
(Señalando el reloj.)
¿No te da reparo?
PETRA
¿Hay telarañas?
SEÑOR BIBIANO
Hay un minutero que dice las horas, Petra..., y las horas dicen muchas cosas...
RAIMUNDA
Y las medias también.
PETRA
¡Las medias!... Bueno, pero no se fíen ustés del reloj, que adelanta.
RAIMUNDA
(Levantándose.)
Si yo fuera el amo de esta casa, ni me fiaría del reló, ni me fiaría de...
SEÑOR BIBIANO
Prudencia, Raimunda. Enmudece y lamenta. Ya hemos oído bastante. Desfila.
RAIMUNDA
Sí, tienes razón. No siento, más que lo que siento. Si con la mirada se pudiera...
(Mira con odio feroz a PETRA. Con ternura a MANOLO.)
Adiós, hijo mío.
(Con indignación.)
¡No quiero que te fijes más que en una cosa, en una!...
(Le levanta las faldas a PETRA.)
¡Mira!... ¡Seda!... ¡Y fíjate en tu madre!...
(Se remanga ella.)
Compara y carcula.
SEÑOR BIBIANO
Eso, que carcule y compare.
(Se lo dice al SEÑOR NICOMEDES.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Compare!...
(Aparte.)
¡Compare, qué piernas!
RAIMUNDA
Adiós, hijo mío.
SEÑOR BIBIANO
Procede como un hombre. No te digo más.
(Vanse derecha.)
Escena IX
PETRA, MANOLO, SEÑOR NICOMEDES; luego, EUDOXIA.
PETRA
¿Pero a qué vienen esos aspavientos?... ¿Qué les pasa? ¿Por qué se van disgustaos? ¡Yo que venía tan contenta!...
SEÑOR NICOMEDES
(Se levanta iracundo y coge trágicamente de la mano a su hija.)
¡Petra!
PETRA
(Asustada.)
¡Padre!
SEÑOR NICOMEDES
¿De dónde vienes a estas horas?
PETRA
¡Ay; pero, por Dios, no se ponga usté así!
MANOLO
(Cogiéndola de la otra mano.)
¿De dónde vienes?
PETRA
(Aterrada.)
¡Pero, Manolo!...
MANOLO
Contesta.
PETRA
(Vacilante, temblorosa.)
Pues vengo de ahí..., de..., de casa de la... de... Esos tranvías, que ya saben ustés que cuando una los necesita...
(Intenta sonreír.)
SEÑOR NICOMEDES
Pero contesta. ¿De dónde vienes tan tarde, tan tarde?...
MANOLO
Eso, ¿de dónde vienes?; pronto, pronto.
PETRA
¡Ay, por Dios; pero no me atolondréis! El uno que pronto, el otro que tarde... No chillarme, hombre, que me azaro.
SEÑOR NICOMEDES
Dilo.
PETRA
Ya lo creo que lo digo, sí, señor; pues no faltaba más.
SEÑOR NICOMEDES
¿De dónde?
PETRA
Pues vengo... de..., de ahí..., de..., de casa de la... de los..., de casa de los Juanitos..., ese comercio de la calle de Postas..., de comprar seis varas de percal... El percal es esa tela que...
SEÑOR NICOMEDES
Conozco el percal; adelante.
PETRA
Pues he ido a comprar seis varas pa hacerme un saquito.
MANOLO
¿Seis varas pa un saquito?
SEÑOR NICOMEDES
Eso no es un saquito, Petra; eso es un costal.
PETRA
Bueno, sí; pero...
MANOLO
¿Y dónde tienes la tela?
PETRA
Pues la tela me la he dejado ahí..., ahí, en casa de la Felipa, que he subido, un momento, porque hace dos días que tiene al chico con viruelas...
MANOLO
¡Pero si el chico ha estao aquí esta mañana!
PETRA
Sí..., bueno; pero..., pero es que como es viruela loca, tan pronto le da como se le quita.
SEÑOR NICOMEDES
Basta.
(Llamando.)
Udosia.
EUDOXIA
(Saliendo izquierda.)
Mande usté.
SEÑOR NICOMEDES
Vete en caa la señá Felipa y di que te den una tela que ha dejao allí la señorita.
PETRA
(Presurosa.)
No... Que no vaya.
MANOLO
¡Ah, no quieres que vaya!
PETRA
No, no quiero que vaya, porque es que la Felipa no estaba, ¿sabes?..., y me he dejao la fineta...
SEÑOR NICOMEDES
¡Pero qué fineta, si has dicho que era percal!...
PETRA
Bueno, señor; porque me he confundido. Pues me he dejao el percal en casa de Eduvigis.
SEÑOR NICOMEDES
Todo eso es mentira, Petra.
PETRA
¿Mentira?
MANOLO
¡Mentira!
PETRA
¡Pero, Manolo!
SEÑOR NICOMEDES
Dices que en casa de la Eduvigis, y la Eduvigis vive en Chamberí, ¿no es eso?
PETRA
Chamberí por Fuencarral, sí, señor.
SEÑOR NICOMEDES
Entonces, ¿qué quieren decir estos billetes del tranvía?...,
(Lee.)
al... «Pacífico».
(Iracundo.)
¡Pa... cí... fi... co!
PETRA
Bueno, pero el que sea Pacífico no es pa incomodarse de esa manera, ¡caray!
MANOLO
Y mire usté este otro: «Delicias...». ¿Qué delicias son estas, Petra? ¿De qué delicias vienes?
PETRA
(Ya muy apurada.)
Señor, de las delicias de too el mundo... ¡Que no van a inventar unas delicias pa mí!..., digo yo, vamos.
SEÑOR NICOMEDES
¡Tú estás mintiendo, desgraciada!
PETRA
¡Padre!
MANOLO
Tú no vienes de donde dices, Petra.
PETRA
Pero ¿es que dudas de mí, Manolo?
MANOLO
Sí, Petra. ¡Dudo, dudo!... ¡A qué negártelo más! ¡Dudo!
PETRA
¡Dios mío!...
(Llorando a lágrima viva.)
¡Dudar de mí!
(Se abraza a EUDOXIA.)
EUDOXIA
(Llorando también.)
¡Con lo honrá que es mi señorita!...
MANOLO
Menos lágrimas y contesta. ¿Quién ha estao aquí esta tarde?
PETRA
Aquí, nadie.
SEÑOR NICOMEDES
Pues aquí han fumao.
PETRA
¿Que han fumao?... Pero ¿quién iba a fumar?
SEÑOR NICOMEDES
Saca las colillas, Manolo.
MANOLO
Dos de puro y tres de pitillo. ¿De quién son estas colillas?
PETRA
Yo no sé... Serán tuyas.
MANOLO
Yo no fumo.
PETRA
(A su padre.)
Serán de usté.
SEÑOR NICOMEDES
Yo no he fumao.
PETRA
(Mirando a EUDOXIA.)
Pues entonces... ¿Has fumao tú, Udosia?
EUDOXIA
¡Virgen!... ¡Por Dios, señorita!... ¡Una servidora!...
MANOLO
¿Quién ha fumao aquí?
SEÑOR NICOMEDES
¿Quién?... Responde.
PETRA
(Como abrumada por la acusación.)
¡Yo no sé..., yo juro que!... ¡Dudar de mí!
(Vuelve a llorar, abrazándose a EUDOXIA.)
EUDOXIA
(Llorando.)
¡Con lo honrá que es mi señorita!
(Quedan abrazadas, hablan bajito, miran al reloj, levantan el visillo del balcón.)
SEÑOR NICOMEDES
(Aparte, a MANOLO.)
No salgas esta noche, Manolo.
MANOLO
Ni a la rastra.
SEÑOR NICOMEDES
Bien hecho. Míralas, temblorosas, secreteando, asustadas...
MANOLO
Ya lo he notao...
SEÑOR NICOMEDES
Manolo, aquí hay algo; un misterio flota, un delito se cierne y una sospecha aletea.
MANOLO
¡Rediez!
SEÑOR NICOMEDES
¿Qué pasa?
MANOLO
¡Un pollo escondido!
SEÑOR NICOMEDES
¿Dónde?
MANOLO
Detrás de estos platos. Mire usté.
SEÑOR NICOMEDES
¿No te decía yo que algo aleteaba? Calla, disimula. Interroguemos. Petra.
PETRA
(Afligidísima.)
Padre.
SEÑOR NICOMEDES
Dime la verdá. ¿Vosotras no tenéis más que la cena de todas las noches?
PETRA
La cena pelada.
SEÑOR NICOMEDES
Pelada y asada.
PETRA
¿Cómo?
SEÑOR NICOMEDES
Yo me entiendo.
MANOLO
Pues lee este anónimo que he recibido.
(Se lo da.)
PETRA
(Leyendo.)
«Manolo, no vayas a cenar esta noche a tu casa. Hay convidaos. Tienen callos». ¡Qué infamia! ¡Callos, nosotras!... ¡Así anda una, que no tiene más honra que la que le quieren dar!
MANOLO
Entonces, ¿ibas a cenar sola?
PETRA
Sola, Manolo... Yo te lo juro.
(Llaman.)
PETRA y EUDOXIA
(A la vez.)
¡Ah!
(Aterradas.)
MANOLO
Han llamao.
EUDOXIA
Yo abriré.
SEÑOR NICOMEDES
Quieta. Voy a abrir, y el que sea entrará, quiera o no quiera.
(Vase.)
MANOLO
(A PETRA.)
¿Qué te pasa?
PETRA
Nada.
MANOLO
¿Por qué tiemblas?
PETRA
¡Pues no dice que tiemblo!
(Tiembla exageradamente.)
SEÑOR NICOMEDES
(Aparece con cara de asombro.)
¡Rediez!
MANOLO
¿Quién es?
SEÑOR NICOMEDES
Un mercancías.
MANOLO
¿Cómo un mercancías?
SEÑOR NICOMEDES
Ahora verás. Pasa.
(Levanta la cortina y aparece JESÚS, chico de una tienda de ultramarinos.)
Escena X
Dichos y JESÚS, cargado con todo lo que se nombra.
JESÚS
Muy güenas.
(Aparte.)
¡Caray, qué caras!
MANOLO
¡Un ultramarino!
EUDOXIA
(Aparte.)
Mi cena.
MANOLO
¿Tú a qué vienes aquí?
JESÚS
Soy de La Perla Cubana.
SEÑOR NICOMEDES
¿Vas a cantar una habanera?...
JESÚS
No, señor. Voy a decirle al señor que soy de La Perla Cubana, tienda de comestibles de ahí, del siete de la calle del Amparo, y me ha dicho el principal: Jesús, llégate al veintidós de la cae de la Ventosa, pregunta si vive allí una tal señá Petra y dejas esto en el segundo.
PETRA
¡Jesús!
JESÚS
Mande usté.
PETRA
¡No es a ti!
MANOLO
Y eso que traes, ¿qué es?
JESÚS
Pues una terrina de fuagrás, media lengua a la escarlata, una caja de jalea del Segundo Pavo Real, cuarto kilo de chéster y dos botellas de amontillao oloroso. A más un melón escrito de la frutería de orilla, que m'han dicho que hiciese el favor de traerlo, ya que venía, que también era p'aquí.
MANOLO
Bueno, pero todo esto ¿quién lo ha mandao traer?
JESÚS
Yo soy inorante, pero me se figura que ha sido el maestro barbero del quince, que ha dicho que estaría aquí.
SEÑOR NICOMEDES
¿Aquí Conesa?
JESÚS
¿Con cuála?
MANOLO
¿Aquí el barbero?
JESÚS
Pue que sea otro piso. El prencipal me ha dicho que era el segundo; pero pue que sea el prencipal que se ha equivocao y sea el tercero.
SEÑOR NICOMEDES
Pero ¿no te han dao nada escrito?
JESÚS
El melón. Too lo demás ha sío verbal.
SEÑOR NICOMEDES
Está bien, déjalo. Aquí es. Aquí vive esa señá Petra.
JESÚS
Entonces, ¿a quién le doy la lata y estas otras cosas?
SEÑOR NICOMEDES
A esa joven.
(Por EUDOXIA.)
JESÚS
Tome usted, joven. La lata se la puen comer cuando quieran. Está abierta.
EUDOXIA
Bueno.
JESÚS
(Al Señor NICOMEDES.)
Ya le he dicho a la joven que está pa comérsela. Conque ustedes disimulen y que se la coman con alegría.
(Aparte.)
¡Qué caras!
(Vase.)
Escena XI
PETRA, EUDOXIA, SEÑOR NICOMEDES y MANOLO.
MANOLO
¿Lo estás viendo? ¡Niega ahora que ibas a cenar con un hombre!
SEÑOR NICOMEDES
(Por los comestibles.)
¡Aquí están las pruebas acusadoras!
PETRA
¡Ay, padre, que yo soy una mujer honrada!
EUDOXIA
(Tartamudeando exageradamente por la emoción.)
La se... se... la se... se... ñorita es ino... no... ino... no... cente. ¡Too esto es coco... es coco... es cosa mía!
MANOLO
Entonces, ¿qué significa este melón?
PETRA
¡Ay, Manolo, que un melón no significa nada!
EUDOXIA
¡No... no... nosotras so... so... somos ino... no... no... nono... centes!... La se... se... se... la se... se... se... se... Esto es coco... es coco... es coco...
SEÑOR NICOMEDES
(Mostrando la que ha traído el chico.)
¿Y qué quiere decir esta media lengua?
PETRA
(Creyendo que es EUDOXIA.)
¡Si yo no la entiendo, padre!
SEÑOR NICOMEDES
¿Y pa quién era este pathe más que pa ti?
MANOLO
Ibas a cenar con un hombre, Petra, no lo niegues; ese hombre pue que esté aquí, y si está aquí, yo te juro que lo sacan pal depósito judicial.
PETRA
¡No, Manolo, por Dios!
(Vase MANOLO furioso primera izquierda luchando con PETRA, que quiere detenerlo.)
EUDOXIA
¡Ay señor Nicomedes, que tengo a Conesa en la cocina y si le encuentra le mata!
SEÑOR NICOMEDES
Yo le salvaré. No te apures y déjame hacer.
(Vase primera izquierda gritando.)
¡Hija infame!... ¡Infame!...
EUDOXIA
¡Ay, no me fío, que el señor Manolo está ciego! ¡Yo echo a Conesa, no le vengan a dar un golpe!
(Llamando por la segunda izquierda.)
Conesa... Conesa...
Escena XII
EUDOXIA y CONESA. Sale CONESA, segunda izquierda, lívido, descompuesto, con el sombrero en el pescuezo, arrastrándole la capa; el temblor de las piernas no le permite andar, y el desfallecimiento le obliga a llevar los brazos caídos y la bandurria arrastrando.
CONESA
¡Ay, Udo... do...! ¡Ay, Udodo...! ¡Ay, Udo... sia!
EUDOXIA
¿Lo has oído?
CONESA
¡Todo!... ¡Ay, que rom... rom... rom...! ¡Ay, que me rom... rom... pen la cabeza!
(Quiere huir y se cae.)
EUDOXIA
Huye, corre, vete...
CONESA
¡No puedo!... ¿Ves lo que yo te decía?... Allana... mi... miento de mo... mo... de mo... morada, nocturnidad, ale... ale...
(Intenta andar y se le doblan las piernas.)
EUDOXIA
Ale, hombre, vete.
CONESA
Alevosía..., bandurria..., traída de víveres... ¡Me mata!... ¡Me cogen!...
EUDOXIA
¡Pero corre, por Dios!
CONESA
Si es que a mí, cuando me asusto, me da un temblor en las piernas, que no me deja andar...
(Anda y se cae.)
¿Lo ves? Se me torcen.
EUDOXIA
Pero ¿y mi honra?
CONESA
Se me torcen. Es esta pierna...
EUDOXIA
¡Anda, Conesa!
(Empujándole.)
CONESA
¿Pero con una sola cómo quies que ande?
EUDOXIA
Yo te ayudaré...
(Va a cogerle en brazos y suena la bandurria, que antes se la ha terciado.)
CONESA
¡Ay, por Dios, no me toques la bandurria, que me delatas! Sácame al descansillo, que yo, cuando me vea en la escalera, reacciono.
EUDOXIA
(Haciendo esfuerzos inútiles.)
¡Si es que no puedo contigo!
Escena XIII
Dichos, PETRA, MANOLO y SEÑOR NICOMEDES. Aparece MANOLO, primera izquierda, lívido, descompuesto. Le sigue PETRA, como sujetándole. Detrás, SEÑOR NICOMEDES, fingiendo una trágica indignación.
MANOLO
¡Alto!... ¡Ahí lo tienes! ¡Era él! ¡Lo mato!
EUDOXIA
¡Madre!
CONESA
¡Dios mío!
(Cae en una silla, y sentado en ella intenta huir hacia la puerta dando grandes saltos.)
¡Socorro!...
SEÑOR NICOMEDES
No te pierdas, Manolo.
(Le sujeta.)
MANOLO
¿Qué hacía usted aquí, so ladrón?
CONESA
Que voy a tocar las consecuencias de una ligereza, señor Manolo; pero, por Dios, no me condene usted sin oírme...
MANOLO
Suélteme usté. ¡Lo estrangulo!
PETRA
No, a este hombre no hay quien lo toque.
(Se pone heroicamente delante.)
¡Es inocente! ¡Ay Conesa de mi alma, huya usté!
MANOLO
¡Y lo defiende!
CONESA
¡Señora, por Dios, no se ponga usté cariñosa, que me lo agrava!...
MANOLO
¡Suélteme usté, que le parto el corazón!
CONESA
¡Socorro!... ¡Socorro!...
(Huye casi a rastra. PETRA vase primera izquierda y cierra la puerta. EUDOXIA vase siguiendo a CONESA.)
MANOLO
¡Miserable, canalla!... ¡Y ha huido!
SEÑOR NICOMEDES
(Asomándose al balcón.)
¡Míralo, ahora sale!
MANOLO
¡Granuja! ¡Traidor!
(Coge el melón y se lo tira.)
¡Toma, bandido!
SEÑOR NICOMEDES
(Cerrando el balcón.)
¡Jesús!
MANOLO
¿Qué pasa?
SEÑOR NICOMEDES
¡El melón, que le ha dado a un guardia!
(Con las manos en la cabeza y mirando a lo alto, como el que lamenta una fatalidad.)
¡Estaba escrito!
MANOLO
(Desesperado.)
¿Y esa infame, dónde está esa traidora, dónde?
PETRA
(Desde la habitación y con voz dolorida.)
¡Aquí, Manolo!
MANOLO
(Golpeando la puerta.)
¡Abre, abre!...
PETRA
¡No, Manolo; ya es todo inútil...; toma esa carta y léela!
(La echa por el montante.)
¡Adiós para siempre!
MANOLO
(Aterrado.)
¿Cómo para siempre?
PETRA
Sí... ¡Adiós para siempre!
(Suena un tiro.)
LOS DOS
¡Ah!
(Se abrazan aterrados.)
SEÑOR NICOMEDES
¡Se ha matao!
(Se oyen en la habitación lamentos débiles.)
MANOLO
¡Ay padre!
SEÑOR NICOMEDES
¡Aún se oye!...
MANOLO
¡Petra!... ¡Petra!...
SEÑOR NICOMEDES
¡Silencio!... ¡Silencio mortal!... ¡Ay Manolo!... Lee..., lee esa carta, a ver qué dice.
MANOLO
(Leyendo.)
«Peazo de primo». ¿Es a mí?
SEÑOR NICOMEDES
¡A mí siempre me ha llamado padre!... Pero sigue, sigue...
MANOLO
«Peazo de primo».
SEÑOR NICOMEDES
¿Otro pedazo?
MANOLO
No; es que repito.
(Leyendo.)
«Aquella tonta del bote que tenías por esposa, y a la que estabas tomando el pelo con horquillas y todo, acaba de tener el gusto de morirse pa siempre. Conque pon la bandera a media asta». ¡Caray!
SEÑOR NICOMEDES
Sigue, sigue...
MANOLO
Y R. I. P. «Pero como yo miro por ti hasta en el otro mundo, te he dejao en herencia otra mujer, por si quies volverte a casar. Te advierto que es muy diferente de la de antes; si te conviene, abre la puerta y mira». Pero ¿qué es esto?... Petra, Petra...
PETRA
(Aparece con una estaca enorme.)
¡Servidora!
MANOLO
(Retrocediendo.)
¡Caray!
SEÑOR NICOMEDES
¡Camará, qué novia!... ¡Y sale con el equipo!
PETRA
Esta es mi mano, y esta es la dote. Tú verás la que te conviene, pollo.
MANOLO
¡Ay, Petra!... ¿De modo que too ha sío una broma?
PETRA
Pregúntaselo a tu difunta. Yo no doy más que explicaciones de fresno.
MANOLO
Perdóname Petra. Pesada ha sido la broma, pero la he merecido. Y yo te juro que en este nuevo matrimonio, voy a ser otro. Porque ahora, con la inquietud que he pasao, me he convencido de lo que te quería. Conque trae el regalito de boda, que se lo devuelva a tu padre...,
(Amenazándole.)
al que supongo autor de esta guasita...
SEÑOR NICOMEDES
(Entrando.)
De esta guasita, que bendita sea, porque te ha hecho ver lo que se sufre cuando se es engañao.
PETRA
Sí, Manolo, sí; y que no te se olvide que cuando un hombre se salta a la torera la fidelidad conyugal, está expuesto por lo menos a que la mujer dé un brinquito. No lo olvides.
MANOLO
Te lo juro. Ya lo verás.
(Se abrazan.)
Escena XIV
Dichos, CONESA y EUDOXIA, por la derecha.
CONESA
Pero, señor Nico, ¿es verdá lo que m'ha dicho esta de que too ha sío una broma?
SEÑOR NICOMEDES
Fíjate cómo sorprendes a la mujer adúltera.
CONESA
¡Caray!, pues me han hecho ustés pasar un rato que me llevo bebidas dos tenajas de tila, y tómeme usté el pulso. Una máquina Singer.
SEÑOR NICOMEDES
So sinvergüenza, y tú ¿por qué no venías de buena fe?
CONESA
En eso tie usté razón.
(A EUDOXIA.)
Udosia, en cuestiones de amor, yo estaba establecío al menudeo; pero si tú quieres, desde hoy hacemos una sociedad anónima por acciones...
PETRA
Bueno, pero la primera acción tie que ser llevarla a la vicaría.
CONESA
Por de contao. Ella será mi capital social; yo, el talonario de cheques. Cada deseo tuyo, un cheque, y al año que viene...
SEÑOR NICOMEDES
Un chico.
CONESA
¿Y tú qué dices?
EUDOXIA
¡Somos tan pobres!...
PETRA
¡Pobre con esa cabeza!... ¡Pero si te lleva una fortuna en borra!...
EUDOXIA
¡Esta es mi mano, Conesa!
CONESA
(Asustado.)Ya la conozco, lucero.
PETRA
(Al público.)Y aquí termina la farsa; perdón para sus defectos.
FIN DE LA VENGANZA DE LA PETRA O DONDE LAS DAN LAS TOMAN
Farsa cómica de costumbres populares en dos actos y en prosa, estrenada en el teatro Cómico, de Madrid, en la noche del 13 de abril de 1917.