La mojigata - Leandro Fernández de Moratín

La mojigata

Leandro Fernández de Moratín - 1791

Cláusula de uso y representación

Esta obra se encuentra en el dominio público y puede ser representada y adaptada libremente.

Personajes

DON LUIS.

DON MARTÍN.

DOÑA CLARA.

DOÑA INÉS.

DON CLAUDIO.

LUCÍA.

PERICO.

EL TÍO JUAN.

La escena es en Toledo, en una sala de casa de DON LUIS.

El teatro representa una sala de paso con algunos adornos, mesas y sillas. A la derecha habrá una puerta por donde se va a la calle, otra a la izquierda para las habitaciones interiores; otra en el foro, que es la del cuarto de DON CLAUDIO, y a un lado y otro de ella dos ventanas usuales.

La acción empieza a las diez de la mañana y se acaba a las cinco de la tarde.

Acto I

Escena I

DON LUIS, DON MARTÍN.

DON MARTÍN

Mira, hermano, si no quieres

que riñamos muy de veras,

no hablemos más del asunto;

dejémoslo.

DON LUIS

Tú te inquietas

por nada. Cuando las cosas

no van según tus ideas,

regañas, gritas...

DON MARTÍN

¿Y cómo

he de llevar con paciencia

lo que está pasando? ¿Y cómo

he de aprobarlo? ¿No es ella

mi sobrina? ¿No eres tú

mi hermano?

DON LUIS

Nadie lo niega;

pero, pues yo soy su padre

y está a mi cargo y tutela,

déjamela gobernar.

DON MARTÍN

Es verdad... ¡Y la gobiernas

perfectamente!... ¿A qué vienen

dilaciones y reservas?

Llegó Don Claudio a Toledo;

se han visto ya; pues ¿qué esperas?

Cásalos.

DON LUIS

Yo te diré,

me escribió veces diversas

Don Pedro sobre el asunto;

me levantó a las estrellas

los méritos de su hijo;

yo, que me acordaba apenas

de haberle visto pequeño,

esperaba a que vinieran

ciertos informes de Ocaña

para darle una respuesta

decisiva; pero el padre,

que gasta poca paciencia,

sin avisarme le hizo

venir aquí. Siendo fuerza

admitir, no juzgué

conveniente que supiera

Inés nuestras intenciones.

Al principio observé en ella

un agrado indiferente,

que presumí que pudiera,

con el trato, ser amor;

pero después, tan diversa

se le ha mostrado, que siempre

le recibe con tibieza

o seriedad. Yo, entretanto,

me confirmo en la sospecha

de que Don Claudio es un poco

simple, de mala cabeza...

Esta noche no ha dormido

en casa... Yo sé que juega...

En fin, ello es necesario

indagar qué vida lleva,

y, sobre todo, saber

si Inés admite contenta

esta boda o la repugna.

DON MARTÍN

Es una cosa muy puesta

en razón... Según la niña

lo determine y resuelva,

y la autoridad del padre...

DON LUIS

Esa autoridad se templa

en estos casos, pues todo

lo demás fuera violencia

e injusticia.

DON MARTÍN

Sí, blandura,

mimo, cariños... Deja,

deja, que ya verás pronto

los efectos.

DON LUIS

Quien te oyera

hablar así, pensaría,

según lo que tú lo esfuerzas,

que la muchacha camina

a su perdición derecha,

y que su padre le ofrece

medios para que se pierda.

DON MARTÍN

Si observase la conducta

de su prima, allí aprendiera

a servir a Dios, a ser

humilde, juiciosa y quieta.

DON LUIS

Eso sí.

DON MARTÍN

Pues ya se ve

que sí.

DON LUIS

¿Pues quién te lo niega?

DON MARTÍN

Es que yo sé bien por qué

lo digo... Hay gran diferencia

de prima a prima...

DON LUIS

¿Y quién dice

que no?

DON MARTÍN

... Por más que lo quieras

negar.

DON LUIS

¡Cierto que la tuya

es una niña muy bella!

Siempre está metida en casa.

Ayuna cuando la observa

su padre; cuando se va,

se abalanza a la despensa

y se desquita...

DON MARTÍN

No hay tal.

DON LUIS

Sí hay tal. Hace sus novenas,

reza la corona, tiene

oración mental, se encierra

en su cuarto, abre el balcón,

y a oscuras, porque no pueda

verla su padre, se pasa

la niña las noches frescas

de verano patullando

con el cabo de bandera

de ahí al lado.

DON MARTÍN

No hay tal cosa.

DON LUIS

Sí hay tal cosa. Como emplea

en el servicio de Dios

las horas de esta manera,

no cose jamás, no plancha,

no hace un punto de calceta,

no mueve un trasto, ni quiere

ocuparse en las faenas

propias de toda mujer,

y deja el encargo de ellas

a su prima, pues la vida

contemplativa y austera

no le permite atender

a las cosas de la Tierra.

Cuando su padre la ve,

libros devotos hojea;

cuando queda sola, entonces

es la lectura diversa:

coplas alegres, historias

de amor, obrillas ligeras,

novelas entretenidas,

filosóficas, amenas,

donde predicando siempre

virtud, corrupción se enseña.

Estas obras de moral

Don Benito se las presta:

ese estudiante andaluz,

opositor a prebendas,

que vive en el buhardillón.

DON MARTÍN

Pues yo te doy por respuesta,

que no he visto tales libros,

ni pienso que ella los lea,

ni sé de tal Don Benito,

ni he sospechado que tenga

con nadie conversación.

DON LUIS

Pues todo es verdad.

DON MARTÍN

¡Perversa

envidia!

DON LUIS

No hay tal envidia.

DON MARTÍN

Bien está: di lo que quieras;

no me podrás persuadir

que la muchacha no es buena.

Y sobre todo, pensar

que su disimulo llega

a tanto, que siendo alegre

y revoltosa y traviesa,

sólo por disimular

en un convento se encierra

para siempre, en un delirio

que sólo tú lo dijeras.

DON LUIS

No la he visto profesar.

DON MARTÍN

Profesará.

DON LUIS

Bien pudiera

ser, pero...

DON MARTÍN

Profesará.

DON LUIS

No seré yo quien lo crea.

DON MARTÍN

Profesará, sí señor;

profesará.

DON LUIS

Si te empeñas

en que ha de ser...

DON MARTÍN

Y será.

Porque yo quiero que sea.

Y será.

DON LUIS

Bien, no te enfades;

pero si la trampa hiciera

que renunciase las tocas,

¡qué chasco para quien piensa

heredarla en vida!

DON MARTÍN

No;

por ese lado no temas.

No es niña de las de ahora,

no es cabecilla, ni anhela

a más que a dejar el mundo

por la estrechez de una celda.

DON LUIS

Ello así parece pero

haces muy mal en creerla.

DON MARTÍN

¿Por qué?

DON LUIS

Porque apenas dice

palabra que verdad sea.

Si yo la conozco, si

la observo, si sé sus tretas

mejor que tú, si no puede

engañarme con aquella

fingida virtud que a ti

te enamora y embelesa.

DON MARTÍN

¿Fingida virtud?

DON LUIS

Fingida,

y la causa es manifiesta.

Cuando era niña mostraba

candor, excelentes prendas,

pero tú, queriendo ver

mayor perfección en ella,

duro, inflexible, emprendiste

corregir las más ligeras

faltas; gritabas, no hacía

cosa en tu opinión bien hecha...

Tu rigor produjo sólo

disimulación, cautela;

la opresión, mayor deseo

de libertad; la frecuencia

del castigo, vil temor;

y careciendo de aquellas

virtudes que no supiste

darle, aparentó tenerlas.

La hiciste hipócrita y falsa;

y así que adquirió destreza

para engañar a su padre,

le engañó de tal manera,

que sólo cuando más vicios

tuvo, la creyó perfecta.

DON MARTÍN

¡Bien! ¡Muy bien!... Voy admirado

de razones tan discretas.

DON LUIS

¿Te vas?

DON MARTÍN

Se acabó el sermón,

y van a cerrar la iglesia...

Mira: tu Don Claudio sube

cantando por la escalera.

¡Si habrá dormido esta noche

al fresco! ¡Qué tres cabezas:

el padre, la señorita

y el yerno!¡Qué tres!

(Se va DON MARTÍN por la parte del lado derecho, y por la misma sale DON CLAUDIO.)

Escena II

DON LUIS, DON CLAUDIO.

DON LUIS

Ya era

tiempo de volver a casa.

Te aguardamos con la cena

hasta las once, y al cabo

no te vimos... Nunca vuelvas

a trasnochar de ese modo.

DON CLAUDIO

Es que me detuve ahí cerca,

en casa de un conocido,

que tiene una tos muy recia,

y calentura, y...

DON LUIS

Pues mira

que cuando otra vez suceda

no te canses en venir,

porque haré cerrar las puertas

y que te lleven los trastos

al mesón... Pero ¿que tengas

tan poco juicio, que ayer

(y eso que fue la primera

vez) en casa de Don Juan

tales locuras hicieras?

Fumar donde nadie fuma,

silbar, rascarte las piernas,

y rebañar con el dedo

las jícaras y lamerlas;

interrumpir cuando hablaban

los demás, no dar respuesta

con tino ni reflexión...

¿Qué gracias eran aquellas

tan pesadas que dijiste?

¿Quién te pudo dar licencia

para correr por la casa,

y derretir la manteca

en la cocina, escaldar

al gato, y...?

DON CLAUDIO

De esa manera

cuando vaya a alguna parte

me habré de estar hecho un bestia

si no permiten un poco

de libertad...

DON LUIS

Pero es fuerza

que esa libertad moderen

el respeto y la prudencia.

DON CLAUDIO

Yo no sé cómo entenderlo.

Si uno calla, luego empiezan

a decir que es un hurón;

si no calla...

DON LUIS

Si no encuentras

medio, no es mucho que en ambos

extremos necio parezcas.

Si ves que al ir a decir

una gracia se te suelta

un disparate, y el ceño

de los demás te demuestra

que fuiste poco gracioso,

¿por qué repites la escena?

¿Por qué quieres que a ti solo

te escuchen? ¿Por qué no piensas

antes lo que has de decir?

¡Que haya cátedras y escuelas

de saber hablar, y el arte

de callar nadie lo enseña!

(Hace que se va, y vuelve.)

DON CLAUDIO

(Aparte.)

Si me apura más, tan fijo

que le digo cuatro frescas.

DON LUIS

Mira que voy a escribir

a mi cuarto. Si te quedas

en casa, por Dios te pido

que no vayas a esa pieza

jalbegada del rincón

a repetir la tarea

de tu canticio infernal:

que después de ser tan bella

la voz que tienes, no sabes

dejarlo, a todos molestas,

y das tales alaridos

que en la vecindad se quejan.

(Vase por la puerta de la izquierda.)

Escena III

DON CLAUDIO, PERICO. Sale por la derecha.

PERICO

¡Señor!

DON CLAUDIO

¡Periquillo! ¿Cómo...?

PERICO

Como que estoy ya de vuelta.

Un abrazo, y otro, y mil.

Vine anoche, estabais fuera...

DON CLAUDIO

Sí, tuve que hacer.

PERICO

Al fin

no es la prisión muy estrecha

cuando hay asuetos nocturnos.

DON CLAUDIO

Ya llevé mi reprimenda.

¿Y qué dices? ¿Qué hay de bueno

por Ocaña? ¿Cómo dejas

a mi padre?

PERICO

Tan contento

de la dicha que os espera.

Me dio una carta... Y por cierto

que al mudarme la chaqueta

me la dejé en el mesón.

DON CLAUDIO

¿Y no te ha dado siquiera

algunos cuartos?

PERICO

¿A mí?,

ni el valor de una peseta.

Dice que yo no le sirvo,

que os presente a vos la cuenta,

y que me paguéis sin falta,

pronto, y en buena moneda.

DON CLAUDIO

Bien dicho, pero no tengo

un maravedí.

PERICO

¡Pues fuera

cosa de ver!... ¿Por ventura,

en tres semanas y media

que falto de aquí...?

DON CLAUDIO

Sí, amigo.

Qué quieres, a uno le tienta

el diablo, y...

PERICO

¿Qué mayor diablo

que tener mala cabeza?

DON CLAUDIO

Es verdad que yo he gastado

en comprar mil frioleras

también, pero lo de anoche...

PERICO

¿Y qué ha sido?

DON CLAUDIO

Una merienda

ahí en casa del zurdillo.

PERICO

¡Bueno!

DON CLAUDIO

¿Qué quieres que hiciera?

Estuvo la Catujilla

y aquella moza trigueña...

PERICO

¿La Virtudes?

DON CLAUDIO

Esa mismo;

yo y el hijo de la Crespa.

PERICO

Adelante.

DON CLAUDIO

¡La Catuja,

hombre, qué chica tan bella!

PERICO

Al caso.

DON CLAUDIO

Pues merendamos,

y para alegrar la fiesta,

un sargento de milicias

que le falta media oreja,

viene, y... ¿Sabes de quién es

primo? De la Molinera.

PERICO

Ya.

DON CLAUDIO

Pues, amigo, sacó

la barajilla; se empeña

el juego, y... ¡Vaya!... Diez duros

que importó la francachela,

por una parte, y por otra,

él... ¡Maldito de Dios sea!

Si en el sacanete siempre

tengo una suerte perversa...

Eso sí, yo le gané

las cuatro manos primeras;

pero después se volvió

el naipe, y en hora y media

que duró aquello, perdí

cuanto puse y más que hubiera.

Él echó cuatro por vidas,

se levantó de la mesa,

diciendo que era ya tarde,

fuese, y a todos nos deja

sin blanca.

PERICO

¿Y a las muchachas

también?

DON CLAUDIO

Puse yo por ellas,

porque no era regular...

PERICO

¿Conque, en fin, de la remesa

que vino, ya no hay un cuarto?

DON CLAUDIO

Nada, y... Yo no sé qué hiciera.

Y ese prendero maldito

me va cogiendo las vueltas

por un poco que le debo.

PERICO

¿También ésa?

DON CLAUDIO

También ésa

y dice que ha de venir,

a ver si Don Luis encuentra

modo de que yo le pague.

PERICO

Y bien, dejarle que venga.

DON CLAUDIO

¡Toma! Pues si el viejo sabe

eso, la hiciéramos buena.

PERICO

¿Qué, ya empieza a regañar

el suegro en flor?

DON CLAUDIO

Me revienta.

PERICO

¿Y Doña Inés?

DON CLAUDIO

Doña Inés,

ya viste que andaba seria

conmigo cuando te fuiste,

pues de la propia manera

ha seguido... De las dos

primas, la que más me peta

es la Clarilla. Esa sí.

Y no he dejado de hacerla

algunos cocos. A mí

me gusta.

PERICO

¡Qué desvergüenza!

Si quiere cantar maitines,

¿a qué vendrá distraerla?

Pero...

DON CLAUDIO

¿Qué es eso?

PERICO

Dejadme.

DON CLAUDIO

¿Qué te suspende?

(Hace ademanes de discurrir y vacilar en la resolución.)

PERICO

Quisiera

ver si... No... Bien puede ser;

pero... ¡Divina ocurrencia!

Y se ha de hacer, no hay remedio.

DON CLAUDIO

¿Pero qué...?

PERICO

Veréis qué idea.

¿Supongo que ya sabéis

el gran fortunón que espera

Don Martín?

DON CLAUDIO

¿Lo de Sevilla?

Algo sé.

PERICO

Después de cena

me contó ayer la criada

el caso letra por letra.

Ello es que los viejos tienen

en Sevilla (o, por más señas,

ya no lo tienen) un primo

beneficiado, que deja

por su heredera absoluta

a doña Clara... La herencia

es un horror... ¿Qué sé yo?

Casas, molinos, jaciendas,

jolivas... En fin, el lance

es que como da en el tema

de ser monjita, su padre

(sin que nadie se lo pueda

disputar) todo lo pilla.

Él por instantes espera

la copia del testamento,

teniendo noticias ciertas

de que ya el beneficiado

goza de la vida eterna.

Pues aquí de mi invención.

Esta Clara, ¿se mosquea

cuando le dicen que es linda?

¿Chilla cuando la requiebran?

Si uno se arrima, ¿le vuelve

un torniscón, o se alegra?

DON CLAUDIO

Siempre que he llegado a hablarla,

se ha mostrado muy risueña,

pero como yo no hacía

intención...

PERICO

¿Qué, de quererla?

Pues ya es preciso. La otra

no os gusta, ni vos a ella;

y al contrario, si podéis

alzaros con la prebenda

de la novicia, y...

DON CLAUDIO

¡Qué pillo

eres para cosas de éstas!

PERICO

Si en la gran Cómpluto fui

el coco de las escuelas.

DON CLAUDIO

Pues mira: tú la has de hablar,

Periquillo, y cuando veas...

PERICO

¿Yo? ¿Pues me he de casar yo?

DON CLAUDIO

Hombre, si me da vergüenza.

Vergüenza no, sino así

como...

PERICO

¡Pues cierto que es buena

ocasión de timideces

y melindres e indirectas!

¡Vaya que no he visto tal!

DON CLAUDIO

Pero ¿y si luego nos echa

noramala?

PERICO

Probaremos.

Háganse las diligencias,

y si da en que ha de ser santa,

por muchos años lo sea.

DON CLAUDIO

Gente viene.

PERICO

Y es, no menos,

el señor Juan de Corella,

demandadero mayor,

por gracia de la abadesa,

del consabido convento.

Según dijo Lucigüela

anoche... Ya sé a qué viene.

Esperad en esa pieza

mientras se va.

(Vase DON CLAUDIO por la puerta del foro.)

Escena IV

PERICO, EL TÍO JUAN.

PERICO

¡Señor Juan!

¡Oh, señor Juan!

TÍO JUAN

Esta esquela

traigo para Don Martín.

¿Se puede entrar?

PERICO

Está fuera.

TÍO JUAN

¿Sois de la casa?

PERICO

¿Pues no?

Y es mucho que no acuerda

el señor Juan. A recados

al convento me despean,

TÍO JUAN

Como yo no paro allí

un instante...

PERICO

¿Y la parienta?

Siempre tan robusta, ¿eh? Vaya.

TÍO JUAN

Si se murió por Cuaresma.

PERICO

¡Hombre!

TÍO JUAN

¡Toma!... Yo no sé

si aquí os la deje o si vuelva.

Estoy tan harto de andar...

Es sobre aquello de Illescas.

PERICO

Sí, de Illescas... Por aquel

censillo de las bodegas.

(Quitándole al TÍO JUAN el papel de la mano.)

Bien, pues yo se la daré

a Don Martín, cuando venga.

TÍO JUAN

Mejor es.

PERICO

Sí, y él irá

por allá con la respuesta.

TÍO JUAN

No se olvide.

PERICO

Quedo en ello.

Escena V

PERICO, DON CLAUDIO.

PERICO después de haber leído el papel, hace extremos de alegría.

DON CLAUDIO

¿Qué locura es ésa,

hombre, qué...?

PERICO

¡Santo papel,

que así nuestro mal remedias!

(Lee el papel se va y se lo guarda después.)

«J. M. y J .-Mi señor Don Martín: A consecuencia del aviso que recibimos el otro día de que usted nos había hecho la caridad (Dios se la pague) de cobrarnos en Illescas, cuando volvió de Madrid, los tres mil cuatrocientos reales de aquel censillo, había dado orden a Don Lorenzo, el mayordomo, para que pasase a ver a usted y se hiciera cargo de ellos; pero desde ayer está el pobrecito con un cólico terrible: el Señor quiera mejore, que harto se lo rogamos todas. El dador de ésta es persona muy segura, y podrá entregarle dicha cantidad. Usted perdone estos enfados, dando memorias a todos los de su casa, y a nuestra Clara en particular, que deseamos verla, y pedimos a Dios le dé su gracia para que le sirva. -B. L. M. de usted su mayor servidora.- Juana María de la Resurrección del Señor, abadesa indigna.»

DON CLAUDIO

¿Y qué sacamos con eso?

PERICO

¡Ahí es una friolera!..

¿Este Don Martín me ha visto?

DON CLAUDIO

¿Yo qué sé?

PERICO

Vamos con flema.

Cuando llegamos de Ocaña

un mes ha, ¿no estaba él fuera?

DON CLAUDIO

En Madrid, que luego vino.

PERICO

Muy bien; y antes de su vuelta,

¿no me fui yo?

DON CLAUDIO

Sí.

PERICO

¿Y anoche

no me estuve en esas piezas

de ahí dentro, que ninguno

me vio sino la doncella?

DON CLAUDIO

Tú lo sabrás.

PERICO

Yo lo sé...

Y Don Martín, por más señas,

¿no es medio cegarro?

DON CLAUDIO

Y mucho.

PERICO

¿Sí? Pues la trampa está hecha.

Si no pagáis al prendero,

se enfada, viene, lo cuenta

y nos pierde... Sin dinero

ninguno paga sus deudas.

Yo conozco al señor Juan,

y él no sabe quien yo sea...

Por otra parte, las madres

no han de ser tan avarientas,

que hoy mismo quieran los cuartos.

Mañana tomo soleta

y voy a Madrid.

DON CLAUDIO

¿A qué?

PERICO

A encargos y diligencias

sobre el pleito.

DON CLAUDIO

Ya.

PERICO

Pues bien;

me voy; y aunque el hombre vuelva,

¿a quién dirá el desdichado

que entregó la triste esquela?

Sospechan en mí, no importa.

Me escriben, respondo; vuelta

a escribir y a responder;

los canso; se desesperan...

Y si el asunto va mal,

que me escriban a Ginebra.

Además, como se logre

que doña Clarita os quiera,

entonces... Pero ella viene.

DON CLAUDIO

Háblala, mira no pierdas

este lance.

PERICO

¿Pero vos

tenéis trabada la lengua?

DON CLAUDIO

Ya viene. Adiós.

(Vase por la puerta de la derecha.)

PERICO

¿No hay remedio?

Pues buen ánimo, y a ella.

(Se sienta de espaldas a la puerta por donde sale DOÑA CLARA, y hablará como si creyese estar solo. DOÑA CLARA escucha y le observa.)

Escena VI

PERICO, DOÑA CLARA.

PERICO

¡Válgame el diantre, la niña,

qué presto ha dado por tierra

con mi buen señor!

DOÑA CLARA

¡Perico!

PERICO

Y ahí es decir que nos queda

esperanza... ¡pobrecito!...,

de que se seque y se muera.

¿Qué ha de esperar? Que la encierren,

la pelen y no la vea

jamás.

DOÑA CLARA

¿Si será por mí?

PERICO

¡Al amor! ¿Y no valiera

más decírselo? ¿Ha de ser

tan cruda, tan indigesta,

que viendo a aquel infeliz...?

No puede ser, aunque fuera

un serpentón.

DOÑA CLARA

¡Periquillo!

PERICO

¿Quién ha de haber que consienta

que un muchacho tan muchacho,

y de casa solariega,

se nos muera tontamente,

sin motivo de más fuerza

que porque la tal Clarita

es graciosa y pizpireta,

y porque tiene la boca

coloradilla y pequeña,

y porque tiene los ojos

negritos, y... Pues por esa

razón, ella ha de curarle,

ya que el mal nos vino de ella.

(Se levanta fingiendo sorpresa.)

¡Señora!

DOÑA CLARA

¿Qué, ya has venido

de Ocaña?

PERICO

Y aún mejor fuera

no haber venido.

DOÑA CLARA

¿Por qué?

PERICO

Por nada... ¡Si lo supiera!...

DOÑA CLARA

¿Estás malo?

PERICO

No, señora.

(Se va retirando y finge hablar entre sí algunas expresiones, según lo indica el diálogo.)

Me voy...

DOÑA CLARA

¿Adónde?

PERICO

A la iglesia

a rezar.

DOÑA CLARA

¿Porque yo vengo

te vas?

PERICO

Pero ¿qué se arriesga?

(Aparte.)

DOÑA CLARA

¿Qué dices?

PERICO

Si el desdichado

(Aparte.)

pierde su salud por estas

timideces, para mí

será un cargo de conciencia.

Señora, si me queréis

escuchar...

DOÑA CLARA

Di lo que quieras

PERICO

¿Estamos solos?

DOÑA CLARA

Parece

que sí.

PERICO

Yo tiemblo...

DOÑA CLARA

No temas.

PERICO

Si me prometéis callar...

DOÑA CLARA

Extraño que me lo adviertas.

PERICO

Pues, señora, perdonad

mi atrevimiento, y...

DOÑA CLARA

¿Qué intentas?

¿A qué quieres atreverte?

PERICO

No os alteréis. Quien espera

hallar compasión en vos

no vendrá a haceros ofensa.

DOÑA CLARA

En fin: ¿qué quieres?

PERICO

Contaros

un chasco, una morisqueta

de amor. Don Claudio se quiere

volver a Ocaña; no encuentra

quietud en Toledo, y juzga

que es el remedio la ausencia.

Él no quiere a doña Inés,

la aborrece.

DOÑA CLARA

¿Qué me cuentas?

PERICO

Y al mismo tiempo por otra

está que se desespera.

DOÑA CLARA

¿Qué dices? ¡Cosas del mundo!

¿Conque es de Ocaña...? Por fuerza

de allí será.

PERICO

No, señora;

no es de allí.

DOÑA CLARA

¿Pues qué? ¿Pudiera

tener ya en Toledo amores?

Dímelo todo... y no temas

que se lo cuente a mi prima,

no.

PERICO

¿Conque ha de ser? Pues, ea

señora, él os quiere, y...

DOÑA CLARA

¿Cómo?

PERICO

Y os quiere de tal manera,

que es frenesí.

DOÑA CLARA

¡Qué osadía!

Pues... vete, vete y no vuelvas

a verme nunca.

PERICO

De vos

no esperaba otra respuesta.

Por falta de reprensión

y de consejos no queda,

que bien claro se lo he dicho,

pero la pasión le ciega...

Quedad con Dios.

(Hace que se va.)

DOÑA CLARA

Oye mira.

PERICO

¿Qué he de ver? Harto se muestra

que no tenéis caridad.

¿Qué podéis decir que sea

nuevo para mí? ¿Que vais

a ser monja? Enhorabuena.

¿Que es un loco? Los amores

pierden la mejor cabeza.

(Quiere irse y DOÑA CLARA le detiene.)

DOÑA CLARA

Mira.

PERICO

Dejadme, por Dios.

DOÑA CLARA

¿Conque esa pasión es cierta?

PERICO

¡Ay, señora! ¿Lo dudáis?

DOÑA CLARA

¿Pues, quién me asegura de ella?

PERICO

Vuestros ojos.

DOÑA CLARA

(Riéndose.)

¡Ah, bribón!...

PERICO

Pero si se considera,

yo no sé qué inconveniente

puede haber...

DOÑA CLARA

Calla, que empiezas

a irritarme.

PERICO

Otras habría

que admitiesen la fineza

de un amante tan leal;

pero vos... ¡Ah! si yo os viera

casada con él... ¡Casada

entre los mimos y fiestas

de hermosas criaturitas,

vivarachitas, traviesas,

como su madre!

DOÑA CLARA

Perico,

vete... ¡Ay, Dios! Toda me inquietas.

PERICO

Aunque miréis con horror

el matrimonio, pudiera...

DOÑA CLARA

No, yo no le tengo horror.

PERICO

Pues, ¿qué detención es ésa?

Él es de buena familia,

de buena edad, buenas prendas...

DOÑA CLARA

Eso sí; no es mal muchacho.

PERICO

La verdad: ¿no le quisierais

para marido? ¿No os gusta?

¿No tiene linda presencia?

DOÑA CLARA

Sí; déjame.

PERICO

¡Pobrecillo!

¿Qué desesperadas nuevas

le voy a dar?... Es inútil

hablar más de la materia.

(En ademán de irse.)

DOÑA CLARA

¿Te vas?

PERICO

¿Qué he de hacer?

DOÑA CLARA

Atiende.

Dile...

PERICO

Sí, que nunca os vea.

DOÑA CLARA

No es eso.

PERICO

Que si se quiere

morir de amor, que se muera.

DOÑA CLARA

No, sino... Tú no me entiendes.

PERICO

¿Cómo queréis que os entienda?

DOÑA CLARA

Dile... Que es un atrevido...

¡Ay Periquillo! ¡Me cuesta

tanto rubor!

PERICO

¡Qué locura!

¡Vaya! Sobre que se juega

limpio.

DOÑA CLARA

Dile que vendré

a hablar con él esta siesta,

aquí mismo, que me espere...

Pero decirlo pudieras

como que sale de ti.

PERICO

¡Oh! Bien. A mi cargo queda.

Pero, ¿no le digo más?

DOÑA CLARA

Harto es eso.

PERICO

Más quisiera.

DOÑA CLARA

Vete, vete.

PERICO

Pero no

me lo riñáis cuando venga.

¿No?

DOÑA CLARA

Bien; no le reñiré.

PERICO

Que el quereros no es ofensa.

(Vase por la derecha.)

DOÑA CLARA

Adiós, picarillo; adiós.

Escena VII

DOÑA CLARA, LUCÍA.

DOÑA CLARA

Muchacha, estoy muy contenta.

Ya no hay tocas, ya no hay torno.

LUCÍA

Pues, ¿qué novedad es ésa?

Ya sé que no le ha de haber.

DOÑA CLARA

Sí; pero no es lo que piensas.

Don Claudio está enamorado

de mí.

LUCÍA

¡Calle!

DOÑA CLARA

Sí, y no creas

que es un pasatiempo, no;

es cariño muy de veras.

A la siesta nos veremos

para tratar lo que deba

disponerse, y...

LUCÍA

Ya que habláis

de eso, sabed que os espera

en la esquina, deseando

un ratillo de parleta,

el hijo de la escribana.

DOÑA CLARA

Anda, ve y dile que vuelva

después, o no venga más.

LUCÍA

Es ingratitud muy fea.

DOÑA CLARA

¿Qué importa? Le quise ayer,

porque imaginé que fuera

preciso valerme de él,

pero ya tiene licencia

de mudarse.

LUCÍA

Yo no alcanzo

por qué con tal ligereza

de ese Don Claudio os fiáis.

DOÑA CLARA

¿Qué sabes tú, majadera?

Si desde el punto que vino

observé la indiferencia

que gastaba con mi prima;

en el estrado y la mesa

se sentaba junto a mí,

y yo, que no soy muy lerda...

Ayer mismo me cogió,

sin que nadie lo advirtiera,

esta mano, y la apretó

tanto, y dijo: ¡Ay, Clara bella,

monilla, guapilla!

LUCÍA

Y vos,

¿qué dijisteis?

DOÑA CLARA

¿Qué pudiera

decirle estando allí todos?

Me puse... así..., muy contenta.

Le miré, y no más.

LUCÍA

El gusto

será, si las cosas llegan

a efecto, ver a los viejos.

DOÑA CLARA

¿Qué han de hacer cuando lo sepan?

Y, sobre todo, primero

soy yo.

LUCÍA

¿No teméis la fiera

condición de Don Martín?

DOÑA CLARA

¿Y por qué debo temerla?

LUCÍA

Porque si os casáis, no habrá

quien su cólera detenga.

Y como le habéis sabido

embobar con apariencias

de santica...

DOÑA CLARA

Hija, en el mundo

el que no engaña no medra,

y hoy más que nunca conviene

usar de astucia y reserva.

Fingir, fingir... Si mi padre

trata de heredarme, y piensa

después de haberme tenido

tan abatida y sujeta,

que he de sepultarme en vida,

valiente chasco se lleva.

Harto he sufrido. Ya es tiempo

de romper estas cadenas,

de vengarme y de vivir.

LUCÍA

(Mirando adentro.)

Vuestra prima.

DOÑA CLARA

Salte afuera,

que le he dicho que tenía

que hablar a solas con ella...

Y al arrimón le dirás...

Que me duele la cabeza.

Escena VIII

DOÑA CLARA, DOÑA INÉS.

DOÑA INÉS

Y bien, Clarita, ¿qué ocurre?

DOÑA CLARA

Que me saques de una extrema

inquietud.

DOÑA INÉS

¿Cuál es la causa?

DOÑA CLARA

Como tu bien me interesa

tanto... Dime: este Don Claudio,

que, según todos sospechan,

ha venido a ser tu novio,

¿es de tu gusto? ¿De veras

le quieres?

DOÑA INÉS

¿Yo? No, por cierto.

¿Imaginas que pudiera

prendarme de él?

DOÑA CLARA

¡Lindamente

disimulas!

DOÑA INÉS

¡Qué simpleza!

DOÑA CLARA

¿Conque no le quieres?

DOÑA INÉS

No.

Porque no hay cosa que vea

en él que no me disguste.

DOÑA CLARA

¿Y si tu padre se empeña

en ello?

DOÑA INÉS

No, no es capaz

de empeñarse en que yo sea

infeliz... Me quiere mucho,

y tiene mucha prudencia.

DOÑA CLARA

No te puedo ponderar,

Inés, cuánto me consuela

que pienses así. Yo estaba

en extremo descontenta,

temiendo que ibas a hacer

una locura.

DOÑA INÉS

No temas.

DOÑA CLARA

Él, en efecto, parece

un hidalguito de aldea,

vanidoso, tonto y pobre,

aturdido mala lengua...

¡Y qué figura tan rara!

DOÑA INÉS

En eso, prima, no aciertas;

que es buen mozo.

DOÑA CLARA

Si te gusta,

Inés, en buena hora sea.

DOÑA INÉS

Pero ¿qué tiene que ver

que le quiera o no le quiera

para decir la verdad?

Él me fastidia, me apesta,

no puedo sufrirle, pero

es buen mozo.

DOÑA CLARA

No hay belleza

sino en Dios; las criaturas

todas somos imperfectas.

DOÑA INÉS

¿Ya empiezas con eso?

DOÑA CLARA

En fin,

si este partido desprecias,

¿quién sabe que no te inclines

a la religión, y seas

monja también?

DOÑA INÉS

Prima, yo

soy muy profana, muy lega,

y algo apegadilla al mundo.

DOÑA CLARA

¿Pero no ves que nos cercan

en el siglo mil peligros?

DOÑA INÉS

Sí, ya lo sé; ¿pero piensas

que en la soledad de un claustro

mil peligros no se encuentran?

DOÑA CLARA

Practicando la virtud...

DOÑA INÉS

Practicándola, en cualquiera

estado serás feliz...

DOÑA CLARA

Pero no dudes que aquella

vida penitente, humilde,

es más pura y más perfecta.

DOÑA INÉS

Sí, pero lleva consigo

obligaciones tan serias,

que el empeño de cumplirlas

hará temblar a cualquiera.

Mucho de Dios necesita

la que a tanto se resuelva,

porque si las cumple bien,

prodigioso esfuerzo cuesta,

y si no, después de amarga

vida, ¡qué suerte la espera!

DOÑA CLARA

Eso sí, tú siempre... Vamos,

se conoce que no apruebas

mi elección.

DOÑA INÉS

¿No he de aprobarla?

Sí, prima, y no te parezca

que yo la repugne en ti

porque a mí no me convenga.

Yo, que me conozco y veo

mi débil naturaleza,

llena de temor, elijo

la menos difícil senda;

tú vas por otra, y vas bien,

(si tienes constancia y fuerzas,

y mucha virtud), que al fin

la perfección está en ella.

DOÑA CLARA

Eso apetezco, esa es

la felicidad que anhela

mi corazón.

DOÑA INÉS

(Con ironía.)

¡Qué bien haces!

DOÑA CLARA

Allí viviré contenta.

DOÑA INÉS

Y aún aquí no vives triste.

DOÑA CLARA

¿Cómo?

DOÑA INÉS

Digo que no dejas

de procurar distracciones...

DOÑA CLARA

¿Qué quieres decir?

DOÑA INÉS

Honestas,

se supone.

DOÑA CLARA

Pero...

DOÑA INÉS

Anoche,

con aquel tiple y aquellas

coplas... ¡Tal cual! Ello sí,

cantaron mil desvergüenzas,

pero la sierva de Dios

allí se estuvo muy quieta...

Y hubo tosecilla, y...

DOÑA CLARA

Calla,

no me apures la paciencia;

mira que...

DOÑA INÉS

¡La santa!

DOÑA CLARA

Calla,

que te arrancaré la lengua.

Escena IX

DON MARTÍN, PERICO, vestido ridículamente, con casaca, manguito y bastón, un parche en un ojo y cojeando.

DON MARTÍN

Entrad, caballero. Niñas...

(Vanse DOÑA CLARA y DOÑA INÉS.)

PERICO

Pues aquí tenéis la esquela.

(Le da la esquela a DON MARTÍN.)

DON MARTÍN

Si me permitís...

PERICO

Leed.

(Lee DON MARTÍN. PERICO se pasea y se limpia el sudor con un pañuelo.)

DON MARTÍN

¡Válgame Dios!

PERICO

¿Qué os inquieta?

DON MARTÍN

¿Con que el pobre Don Lorenzo...?

PERICO

Sí, amigo, ¡quién lo dijera!

Después de diez años largos

que no le he visto, se acuerda

de morirse... ¡Es mucho trago!

Y ahí es decir que me queda

otro hermano.

DON MARTÍN

¿Luego vos

sois su hermano?

PERICO

Un mes me lleva.

Yo me llamo Don Sempronio

de Hinestrosa; mi parienta

se llama Doña María

Godínez Rivadeneira;

de mis hijas, la más gorda

se llama Doña Teresa;

la menor, Doña Guiomar;

y entrambas por consecuencia

son sobrinas del difunto.

DON MARTÍN

¿Murió?

PERICO

No, pero sospechan

que morirá... Si queréis

entregarme lo que reza

el papelito.

DON MARTÍN

Al instante;

voy allá...

(Hace que se va y vuelve.)

Pero ello es fuerza

que hiciese algún disparate

al comer.

PERICO

Si no que sea

que ayer tarde merendó

un cochinillo con setas...

DON MARTÍN

Eso basta.

PERICO

Ya se ve

que basta, y sobra, y pudiera

ser suficiente a matar

al convidado de piedra.

DON MARTÍN

Cierto que ha sido un...

PERICO

Anoche,

a eso de las once y media,

le entró tal calenturón,

que pensamos que se fuera

por la posta... Convulsiones,

hipo, delirio... ¡Tremenda

noche! Todos aturdidos,

toda la casa revuelta...

Juntáronse tres doctores,

de los de más reverendas,

que tienen atarugadas

de difuntos las iglesias...

Todo se volvió visajes,

y polvos, y citas griegas;

pero viendo que el paciente

no mejoraba con ellas,

le recetaron la unción,

que para el alma es muy buena.

DON MARTÍN

¡Qué desgracia!

PERICO

La mayor

que sucedernos pudiera...

Si me queréis despachar...

DON MARTÍN

La pobre Doña Vicenta,

¿cómo está?

PERICO

¿Cómo ha de estar?

Traspasada... Si quisierais

despacharme...

DON MARTÍN

Sí, al momento

iré, si me dais licencia,

a buscar ese dinero.

PERICO

Id con Dios.

Escena X

PERICO, DON CLAUDIO.

PERICO

Tenemos hechas

mil diligencias. La niña

más blanda está que una breva.

DON CLAUDIO

¡Periquillo!

PERICO

El mismo soy.

DON CLAUDIO

He vuelto a saber que nuevas...

PERICO

Bien está.

DON CLAUDIO

Pero, ¡qué traje,

hombre!...

PERICO

Vamos, no se pierdan

los instantes. La monjita

por vos se deshace y quema.

A la siesta no salgáis,

que ha de venir a esta pieza

a hablar con vos del asunto

matrimonial.

DON CLAUDIO

¿Sí? ¿De veras?

PERICO

De veras... Pero id al cuarto

que si Don Martín nos viera

hablar éramos perdidos.

Al cuarto.

DON CLAUDIO

Pero, ¿qué intentas?

PERICO

Al cuarto.

Escena XI

PERICO, DON MARTÍN.

DON MARTÍN

Pues aquí está

(Le da un papel con dinero.)

todo, y en buena moneda.

Contadlo.

PERICO

No, ¿para qué?

DON MARTÍN

Sí, contadlo, que pudiera

haber equivocación.

PERICO

Y las niñas, ¿están buenas?

(Se pone a contar el dinero sobre la mesa.)

DON MARTÍN

Sin novedad.

PERICO

¡Cuántas veces

me escribió mi hermano de ellas!

DON MARTÍN

Pues apenas las conoce.

PERICO

No importa para que sepa

sus prendas y las estime.

Uno, dos, tres... ¿Y no piensa

Doña Clarita en casarse?

DON MARTÍN

¡Ay!, no, señor; ésa lleva

otro destino mejor.

PERICO

¿Con que al fin está resuelta

a dejar el siglo? ¡Bueno,

bueno, bueno!... Y dos son treinta;

treinta y uno, treinta y dos,

treinta y tres... Y más valiera

que la imitase su prima.

DON MARTÍN

No es para malas cabezas

esa vocación.

PERICO

Ya sé

que es un poquillo sardesca;

pero su padre...

DON MARTÍN

¡Su padre!

Siempre estamos en quimera

por eso.

PERICO

Cuarenta y ocho,

cuarenta y nueve, cincuenta.

(Envuelve el dinero en el papel, y lo guarda.)

Cabal está... Sí, Don Luis

no tiene aquella prudencia,

aquel tino... Conque, amigo...

DON MARTÍN

Dad a la madre abadesa

memorias, y vos mandad.

PERICO

Sólo serviros desea

Don Sempronio de Hinestrosa.

DON MARTÍN

Me holgara de que pudiera

el pobre enfermo escapar.

PERICO

Es muy duro de cabeza,

y si da en que no ha de ser,

se habrá de morir por tema.

DON MARTÍN

¡Pobre mozo!

PERICO

Sí, por cierto.

DON MARTÍN

Permitid...

(DON MARTÍN quiere irle acompañando y él lo rehúsa.)

PERICO

No, que es molestia.

DON MARTÍN

Hasta la puerta no más.

PERICO

Vos haréis que no me mueva

de aquí.

DON MARTÍN

Pues mandad, y adiós.

(Vase por la puerta del lado izquierdo, y después PERICO por la derecha.)

PERICO

Esto sí que me contenta.

La muchacha ya nos quiere,

el viejo dio las pesetas,

Don Claudio revive, y yo

tengo mi cobranza cierta.

¡Fortunilla! no te mudes

de madre mimona en suegra.

Acto II

Escena I

DOÑA CLARA, LUCÍA, DON CLAUDIO. Estarán cerradas las ventanas, y el teatro oscuro. DOÑA CLARA y LUCÍA se encaminan hacia la puerta del foro.

DOÑA CLARA

Pisa quedito, no sea

que la gente alborotemos.

LUCÍA

Mucho temo que nos pillen.

DOÑA CLARA

Chito.

LUCÍA

Si apenas resuello.

DOÑA CLARA

Mira si aguarda Don Claudio.

LUCÍA

Allá voy. Si sale el viejo

(LUCÍA se adelanta, llama, y sale DON CLAUDIO.)

y en estos malos fregados

coge a la niña, ¡qué bueno!

¡Don Claudio!...

DON CLAUDIO

¿Quién es?

LUCÍA

Salid.

DON CLAUDIO

Ya te sigo; pero llevo

un miedo que es un horror.

LUCÍA

No temáis, que a mayor riesgo

nos exponemos nosotras.

Vos sois hombre de provecho,

y os importarán muy poco

treinta palos más o menos.

Aquí está.

DOÑA CLARA

Señor Don Claudio.

DON CLAUDIO

Doña Clara, mucho os debo,

mucho, mucho...

DOÑA CLARA

Ten cuidado

no nos oigan y lo echemos

todo a perder. Periquillo

(LUCÍA se retira.)

me habló del cariño vuestro;

yo vengo a saber de vos

si lo que asegura es cierto,

porque me admira infinito

que un hombre... que un caballero

de prendas así varíe

de inclinaciones tan presto.

¿Mi prima, en qué desmerece

para que os deba un desprecio?

¿Es menos linda que yo?

DON CLAUDIO

Es que no consiste en eso,

sino...

DOÑA CLARA

Pues ¿en qué consiste?

DON CLAUDIO

Yo acá bien me lo comprendo,

pero no me sé explicar.

Tiene Doña Inés un cierto

no sé qué, que no me gusta;

la verdad... Yo no me meto

en si es bonita o es fea,

en si tiene o no buen genio;

pero...

DOÑA CLARA

Ved que vuestro padre

aprueba este casamiento,

y a este fin os envió.

DON CLAUDIO

Pero bien, si no la quiero.

DOÑA CLARA

Yo no alcanzo la razón.

DON CLAUDIO

Ni yo tampoco lo entiendo.

Ella es muy buena muchacha,

muy honrada, no lo niego;

en fin, yo...

DOÑA CLARA

Mucho arriesgáis,

Don Claudio, pues al saberlo

mi padre, el vuestro y mi tío,

se habrán de enfadar por ello,

y con razón.

DON CLAUDIO

¿Y qué importa?

DOÑA CLARA

Le daréis un sentimiento

a mi prima.

DON CLAUDIO

¡Eh! Doña Inés,

según lo que en ella veo,

no podrá sentirlo mucho.

DOÑA CLARA

¿Por qué no?

DON CLAUDIO

Porque sospecho

que no me quiere gran cosa.

DOÑA CLARA

Si a vuestros merecimientos

igualara su pasión,

mucho debiera quereros...

Pero es menester también,

para amar, entendimiento.

DON CLAUDIO

¡Oh, si fuera como vos!

DOÑA CLARA

Yo, Don Claudio, no pretendo

canonizar mi conducta

a costa de su desprecio.

Sólo sé que de las dos

es tan diferente el genio,

tan opuestas las costumbres,

que en nada nos parecemos.

Esto habrá dado ocasión

para que algunos sujetos

(tal vez sin yo merecerlo)

de prendas muy estimables

pongan los ojos en mí;

pero, Don Claudio, os protesto

que, ingrata a su amor, hallaron

sólo indiferencia y tedio.

Siempre retirada en casa,

sin dar que decir al pueblo,

mis galas son este traje

humilde, mis pasatiempos

la devoción, la lectura

de libros santos y buenos;

y aun así... ¡Somos tan malos...!

Mas no todos hacen esto.

Mi prima... Es al fin mi sangre,

y, sobre todo, no quiero

que nadie piense de mí

que sus acciones reprendo;

¡Jesús!, eso no.

DON CLAUDIO

Es verdad,

pero acá bien conocemos

lo que va de prima a prima.

Ese garbito, ese aseo,

ese modo de mirar,

Doña Clara, ¡es mucho bueno!

DOÑA CLARA

Y, sobre todo, Don Claudio,

la virtud, recogimiento

y santo temor de Dios

es lo principal. Yo veo

muchas de mi edad (y acaso

tengo bien cerca el ejemplo)

que interpretando a su modo

procederes deshonestos,

llaman cultura y donaire

lo público del exceso,

lo escandaloso del vicio...

¡Ay, mi Don Claudio, qué tiempos

alcanzamos!... Ya se ve,

¡el mundo, el mundo!

DON CLAUDIO

Ello es cierto

que se ven cosas que pasman...

Si dura el sermón, reviento.

(Aparte.)

DOÑA CLARA

Por eso, no haciendo cuenta

ni de los bienes que heredo

en Sevilla, ni pagada

de amorosos rendimientos,

blandas caricias que tanto

pueden con mi débil sexo,

un claustro fue mi elección.

DON CLAUDIO

Con que al fin...

DOÑA CLARA

Antes de veros.

DON CLAUDIO

¿Y después?

DOÑA CLARA

Mucho os estimo,

Don Claudio.

DON CLAUDIO

Pero pensemos...

DOÑA CLARA

Si es verdad que me queréis...

DON CLAUDIO

¿Si es verdad? ¿Pues no ha de serlo?

¡Toma! ¿Queréis que lo jure?

DOÑA CLARA

¡Jurar! ¡Ay, Dios! No por cierto;

¡vaya! ¡Jurar!

DON CLAUDIO

Pues, amiga,

una vez que resolvemos

casarnos, y está el asunto

de tal manera...

DOÑA CLARA

Hablad quedo.

DON CLAUDIO

Qué importa la diligencia

y... ¡Vaya! Como están ellos

en que os habéis de...

(Sale LUCÍA, apresurada, al querer entrar sale DOÑA INÉS. LUCÍA se aparta a un lado, la deja pasar y se va.)

LUCÍA

Señora

que viene gente. Escapemos

aprisa.

Escena II

DOÑA CLARA, DON CLAUDIO, DOÑA INÉS, DON MARTÍN.

DOÑA INÉS

¿Quién anda aquí?

¿Es Clara?

DOÑA CLARA

Callad

DON CLAUDIO

Me alegro.

(DON CLAUDIO tropieza en una silla y cae con ella, se aturde y no acierta a su cuarto.)

DOÑA INÉS

¿Quién es?

DON CLAUDIO

Ya he perdido el tino;

me pillaron, esto es hecho.

DOÑA CLARA

Callad.

DON MARTÍN

¡Que no han de dejarme

(Suena adentro ruido de abrir ventanas.)

nunca dormir con sosiego!

DOÑA CLARA

Mi padre... Somos perdidos,

ya no hay escape... Este viejo

de... ¡Por vida!...

Escena III

DOÑA CLARA, DON CLAUDIO, DOÑA INÉS, DON MARTÍN.

Al salir DON MARTÍN abre una de las ventanas y se ilumina el teatro.

DON MARTÍN

¿Qué bolina

anda por aquí? ¿Qué estruendo?

¡Hola, Don Claudio! ¿Qué hacéis

aquí?

DON CLAUDIO

¿Yo qué culpa tengo...?

(Vase y entra en su cuarto.)

DON MARTÍN

¡Qué respuesta!... ¿Y la Inesita?

DOÑA INÉS

Si acabo de entrar.

DON MARTÍN

Lo creo.

¿Y tú?

DOÑA CLARA

Lo mismo... Yo acabo

de entrar... Estaba leyendo

el Kempis, y al escuchar

este ruido, vine luego

a ver quien era.

DON MARTÍN

¿Ello al cabo,

Inesita, no sabremos

la verdad...? ¿Pues quién estaba

aquí? ¿Quién? Dilo.

DOÑA INÉS

Yo entiendo

que sin duda era Don Claudio

con mi prima.

DOÑA CLARA

¡Bueno es eso!

¿Inés, yo...?

Escena IV

LUCÍA, DOÑA CLARA, DOÑA INÉS, DON MARTÍN.

LUCÍA

¿Qué ha sido?

DON MARTÍN

Nada;

cosa de poco momento.

Que estaban hablando a oscuras

mi sobrina y el monuelo

botarate de Don Claudio,

¡Qué libertades!, ¡qué excesos!

Y echa la culpa a su prima.

DOÑA CLARA

¿Piensas de mí...?

DOÑA INÉS

Yo no pienso

mal de nadie, pero digo

las cosas como las veo.

DON MARTÍN

¿Con que habrá sido esta niña?

DOÑA INÉS

Puede ser.

DON MARTÍN

¡Qué atrevimiento!

(Se encamina colérico hacia DOÑA INÉS, DOÑA CLARA le detiene.)

Mira...

DOÑA CLARA

Dejadla... Bien haces,

Inés, yo te lo agradezco.

Bien haces, que soy muy mala;

prima, muy mala... No tengo

disculpa, acúsame más,

cúlpame, que más merezco

por mis pecados.

DON MARTÍN

¿Y tienes

corazón para estar viendo

sin confundirte...?

DOÑA INÉS

Si yo...

DOÑA CLARA

No os enfadéis; dad asenso

a cuanto diga, señor.

Si yo misma lo confieso

que soy muy gran pecadora.

Dios ha elegido este medio

para probarme... Creed

cuanto dice..., o a lo menos

perdonadla, perdonadla,

(Se arrodilla y llora.)

querido papá.

DOÑA INÉS

¡Qué extremo

de iniquidad!... ¿Es posible,

Clara?

DON MARTÍN

Vete, que no quiero

verte, picarona... Vete.

DOÑA INÉS

Advertid...

DON MARTÍN

Huye al momento

de mi presencia... ¡Embustera!

¡Basilisco!... Alza del suelo

(Levanta a DOÑA CLARA y la abraza cariñosamente.)

hija de mi corazón.

No llores, que me enternezco,

y sé de tu virtud... ¡Qué envidia

la tenéis todos!

DOÑA INÉS

(Vase.)

No puedo

sufrir más.

DON MARTÍN

Anda, que yo

contaré todo el suceso

a tu padre... Lo sabrá,

sí, lo sabrá sin remedio,

(Abre LUCÍA la otra ventana.)

lo sabrá.

DOÑA CLARA

No, padre mío,

por Dios...

DON MARTÍN

Vamos allá adentro,

niña, vamos... Lo sabrá.

(Cogiendo de la mano a DOÑA CLARA.)

Yo se lo diré bien presto,

yo se lo diré.

DOÑA CLARA

Señor...

DON MARTÍN

Yo se lo diré.

Escena V

LUCÍA, DON CLAUDIO.

LUCÍA

¡Qué enredo

de los diantres inventó!

(DON CLAUDIO se asoma a la puerta de su cuarto.)

DON CLAUDIO

¿Se han ido ya?

LUCÍA

Ya se fueron,

¿no lo veis?

DON CLAUDIO

¿Y en qué quedamos?

LUCÍA

En que supo revolverlo

Doña Clara de tal modo,

que va el padre hecho un veneno,

creyendo que Doña Inés

fue la culpada.

DON CLAUDIO

¡Qué ingenio

tiene! Vaya si es muy guapa...

Con que di: ¿cómo podremos

hablarnos y ventilar

este asunto?... Que me temo

que no ha de llegar a colmo.

LUCÍA

Yo, señor, si en algo acierto

a serviros...

DON CLAUDIO

Le dirás

que estoy a todo dispuesto;

que haga de su capa un sayo...,

y que era preciso vernos

otra vez, y hablar, y...

LUCÍA

Bien.

DON CLAUDIO

Pues bien.

LUCÍA

¿Veis este pañuelo

qué roto y qué malo está?

DON CLAUDIO

A fe que no es nada nuevo.

LUCÍA

¿Estáis en que os serviré

con solicitud y esmero?

DON CLAUDIO

Sí, ya estoy.

LUCÍA

¿Que mediaré

siempre con igual empeño

en vuestro favor?

DON CLAUDIO

Se entiende.

LUCÍA

¿Y que guardaré el secreto?

DON CLAUDIO

Preciso.

LUCÍA

Pues si tuvierais

ahí a mano algún dinero...

Poco..., como medio duro...

DON CLAUDIO

Precisamente no tengo.

LUCÍA

Vaya que sí.

DON CLAUDIO

No, de veras.

LUCÍA

Vaya que sí.

DON CLAUDIO

¿Quieres verlo?

Si llegan a doce cuartos

(Saca el bolsillo y cuenta unos cuartos.)

será mucho... Quince y medio.

Tómalos.

LUCÍA

¡Qué tiñería!

DON CLAUDIO

¿No los quieres?

LUCÍA

Sí los quiero,

(Toma los cuartos y se los guarda.)

vengan... ¿Pero me daréis

después...

DON CLAUDIO

Sí, yo te lo ofrezco.

LUCÍA

... el medio duro?

DON CLAUDIO

Un doblón

te tengo de dar lo menos,

cuando mi padre me envíe

algún socorro.

LUCÍA

Ya entiendo.

Pues cuidado. Agur.

DON CLAUDIO

Adiós.

Escena VI

DON CLAUDIO, PERICO.

DON CLAUDIO

¡Hombre, qué falta me has hecho!

PERICO

He tenido ocupaciones

muy graves... Ahí os entrego

la citada carta.

(Le da una carta.)

DON CLAUDIO

Venga.

PERICO

Item más: vuestro prendero,

¡gran picarón!, me ha leído

una lista de tres pliegos,

en que consta lo vendido,

prestado, empeñado y resto.

DON CLAUDIO

¿Hay hombre más fastidioso?

PERICO

Como pide su dinero,

no es extraño que fastidie.

Y pues ha salido a cuento,

yo también quiero pediros

(aunque os fastidie por ello)

alguna ayuda de costa.

DON CLAUDIO

Vamos, calla, no gastemos

el tiempo.

PERICO

Es que me debéis

catorce duros lo menos.

DON CLAUDIO

Ya me enfadas.

PERICO

Es que salgo

mañana de aquí, y no puedo

esperar.

DON CLAUDIO

O calla, o vete.

PERICO

Es que desde el mes de enero

del año pasado estoy

como un esclavo sirviendo

al señor Don Claudio Pérez,

y me ha dado en este tiempo,

a cuenta de mis salarios,

percances y emolumentos,

la cantidad de cuarenta

y dos reales; añadiendo

a esta suma unos calzones

verdes, que, según sintieron

los peritos...

DON CLAUDIO

Si no callas,

una zurra te prometo

solemne.

PERICO

¿Zurra? Acabóse;

yo me vengaré en silencio.

Y puesto que Periquillo,

indigno lacayo vuestro,

tiene en su poder la suma

de tres mil y cuatrocientos

reales de vellón...

DON CLAUDIO

¿Qué dices?

PERICO

Por legítimo derecho

habidos...

DON CLAUDIO

¡Calle! ¿Con que...?

PERICO

...Y no me pagáis, y en premio

de mis servicios recibo

amenazas y denuestos,

y...

DON CLAUDIO

¡Periquito!

PERICO

Ya caigo.

¡Periquito!, y a buen tiempo.

DON CLAUDIO

Si...

PERICO

No, señor; se acabó,

(Quiere irse y DON CLAUDIO le va deteniendo.)

soy un bergante,

DON CLAUDIO

Dejemos

eso, y dime...

PERICO

¡Picardía!

¡A un hombre de mi talento

y mi probidad, tratarle

como no se trata a un negro!

DON CLAUDIO

Aunque no me lo des todo...

PERICO

¿Todo? Sí, ya estoy en eso.

DON CLAUDIO

Pero siquiera...

PERICO

Este mozo

necesita mucho arreglo.

Casa atrasada, que pide

juez interventor.

DON CLAUDIO

Entremos

a mi cuarto, y me dirás

por dónde ha venido el cuervo,

y... Vamos, allí se hará

la distribución.

PERICO

Veremos.

DON CLAUDIO

Pues qué, ¿no has de darme?

PERICO

Poco.

DON CLAUDIO

Anda, que...

PERICO

El mucho dinero

es causa de muchos vicios;

nos hace ingratos, soberbios,

insufribles, tontos...

DON CLAUDIO

Alguien

viene... Mira que te espero.

PERICO

Bien está.

DON CLAUDIO

Por Dios, no dejes

de...

PERICO

Quedo enterado... Adentro.

Escena VII

PERICO, DON LUIS.

DON LUIS

¡Oiga! ¿Y estás por acá,

inocente? ¿Qué hay de bueno

en Ocaña? ¿Cómo dejas

a tu señor?

PERICO

Gordo y fresco.

DON LUIS

¿Te dio carta para mí?

PERICO

Dice que por el correo

os escribió, y no le ocurre

nada que decir de nuevo.

Para el señorito traigo

cuatro letras.

(Vase PERICO por la puerta del foro.)

DON LUIS

Bien

Escena VIII

DON LUIS, LUCÍA.

DON LUIS

(Siéntase junto a una mesa.)

No puedo

tranquilizarme. Asegura

tanto mi hermano el suceso...

Sí, mejor es... La criada

podrá servir a mi intento.

La sorprenderé... No es cosa

antes de saber si es cierto...

Pero si lo fuese, y tantos

años y tantos desvelos

se malograsen...

(Llama.)

¡Lucía!

¡Cuál será mi sentimiento!

¡Oh juventud! ¡Oh temible

juventud!... Disimulemos.

(Sale LUCÍA.)

LUCÍA

¿Qué mandáis, señor?

DON LUIS

Te hago

salir aquí, porque tengo

en la cabeza una idea,

y decírtela pretendo...

Sé tu honradez, y presumo

que contigo nada arriesgo.

LUCÍA

Sí, señor; bien os podéis

fiar de mí.

DON LUIS

Así lo creo.

Ya has visto cómo Don Claudio

pasó de Ocaña a Toledo,

y habrás conocido bien,

como todos, el objeto

de esta venida; aunque a nadie

se lo dije, previniendo

lo que nos sucede ya.

Inés no le quiere, y veo

que el carácter de uno y otro

son de tal modo diversos,

que fuera temeridad

seguir adelante en ello.

Esto me da pesadumbre;

porque si a Ocaña le vuelvo,

su padre lo sentirá.

Es mi amigo, sé su genio,

y tal vez podrá creer

que esta boda se ha deshecho

por mí, sin mirar las causas

que me han obligado a hacerlo.

Yo..., ¿qué quieres que te diga?,

por todas partes encuentro

dificultades. Mi hermano,

tan obstinado, tan necio...

¡Sacrificar a su hija

de ese modo!... Te confieso

que a no saber con certeza

que Clara le tiene afecto,

y él le corresponde, nunca

hubiera pensado en ello;

pero pudiendo casarla

con la ocasión que tenemos

en la mano...

LUCÍA

Ya se ve:

en siendo un partido bueno...

DON LUIS

Pues estamos... ¿Y cuál puede

hallarse mejor?

LUCÍA

Es cierto.

DON LUIS

Ella conoce muy bien

los procederes violentos

de su padre; disimula...

¿Y qué ha de hacer?

LUCÍA

¡Tal empeño

de señor! ¡Querer por fuerza

que se pudra en un encierro!

Pero sí, lo que ella dice:

un año falta lo menos

para profesar, y un año

da lugar a mil proyectos.

DON LUIS

Si por esa friolera

que hubo esta tarde se ha puesto

furioso, desesperado...

Yo me levanté el primero,

escuché desde esa pieza,

y al cabo todo el misterio

no era nada... Si se quieren,

¿no han de procurar los medios

de hablarse? ¿No es natural

que se aprovechen del tiempo

más oportuno?

LUCÍA

Así es.

DON LUIS

Yo, por mi parte, la absuelvo.

Pero fue temeridad

exponerse a tanto riesgo;

porque si mi hermano llega

más pronto y con más silencio,

y descubre que es su hija,

de un golpe la hubiera muerto.

LUCÍA

¡Ay, señor, que todavía

no se me ha quitado el miedo!

DON LUIS

Ya se ve, como no tienen

ocasión... Cuando queremos

una cosa, se atropella

por todo... Los devaneos

de los mozos no me admiran,

y aunque ya pasó me acuerdo

que en mi juventud no fui

ningún padre del desierto.

LUCÍA

Ella está que se desvive

por él.

DON LUIS

Yo no desapruebo

del todo esa inclinación;

bien que el asunto es muy serio,

y se debe proceder

con madurez... Pero temo

no lo echen todo a perder...

¿Y cuál es su pensamiento?

LUCIA

Como salió Don Martín

a lo mejor, no hubo tiempo

de nada, pero el criado

de Don Claudio es muy travieso,

y él se encargará de todo,

porque predicar convento

es necedad...

DON LUIS

Ya lo sé.

LUCÍA

Jamás ha pensado en ello

Doña Clara, pero quiere

esperar la suya, y luego...

DON LUIS

Ya se ve... pero el criado,

¿qué ha de saber? ¿Qué talento

tiene, ni qué...? No, señor,

así no va bien... Yo espero

hallar un medio mejor...

Yo lo pensaré... Y quedemos

en que a nadie has de decir

cosa ninguna.

LUCÍA

Os prometo

que no chistaré.

DON LUIS

Cuidado

con hablar... Y también quiero

que si determinan algo,

me avises, porque recelo

que si no se les dirige,

la yerren de medio a medio.

Son muchachos, no reparan

en nada... Pero silencio:

ya lo he dicho.

LUCÍA

Bien está.

DON LUIS

Pues vete, no te echen menos

tus amas.

(Vase LUCÍA.)

Cayó en el lazo.

Así podré contenerlos.

No se determinarán

a un atentado, creyendo

que estoy de su parte, y pueden

valerse de mi consejo

y mi autoridad... En tanto,

no faltará algún pretexto

para apartarle de aquí.

Ella es muy astuta, y temo

que... ¡Yo solo!... Harto difícil

ha de ser... Pero ¡qué enredos

(Levántase.)

de niña! ¡Qué educación!

¡Qué frutos vamos cogiendo!

¡Y Inés! ¡Y mi pobre Inés!

¡Válgame Dios!

Escena IX

DON LUIS, PERICO.

DON LUIS

¿Está adentro

Don Claudio?

PERICO

En su cuarto queda,

sí, señor; está leyendo

un libro...

DON LUIS

¿Qué libro?

PERICO

Aquél

de Marcolfa y Cacaseno.

Se divierte... ¿Mandáis algo?

DON LUIS

Nada; que te vayas presto.

PERICO

Con vuestra licencia...

(Haciendo cortesías.)

DON LUIS

Vete.

No gusto de cumplimientos.

Vete.

(Vase PERICO por la puerta de la derecha.)

Escena X

DON LUIS, DON MARTÍN.

DON MARTÍN

¿Has salido de casa?

DON LUIS

Si quieres algo, voy luego

a salir.

DON MARTÍN

Sólo que veas

si alguna razón tenemos

de Sevilla. Y no te canses

en buscar en el correo

las cartas, que allí no hay nada;

ya está visto... Si a Don Diego,

el chantre, no le han escrito

algo, o... mira, ahora me acuerdo:

tal vez Don Juan, como tiene

amistad y parentesco

con los dos testamentarios,

sabrá decir qué hay en esto.

Yo no salgo, porque estoy

ocupado en ese enredo

de las cuentas del monjío...

Es buena cosa, por cierto,

que hasta el hacer penitencia

nos ha de costar dinero.

Adiós. Pero ¿qué salida

(Hace que se va, y vuelve.)

ha dado tu agudo ingenio

sobre el lance de esta tarde?

Ya se ve: los documentos

morales, la permitida

libertad, el trato honesto,

la contemplación, el mimo

de su padre..., no hay remedio.

¿Qué ha de resultar? Preciso:

infamias y desenfreno,

y escándalos...

DON LUIS

Mejor es

callar.

DON MARTÍN

Y procedimientos

(DON MARTÍN se pasea, DON LUIS quiere responderle y se contiene.)

de libertinaje... Y yo

soy tonto, y soy majadero,

y no sé mi obligación...

Ya se ve: como no leo

libros, y no sé de mundo,

ni tengo instrucción, ni entiendo

nada de cosa ninguna...

Y con este humor tan negro

que Dios me dio, no es extraño

que incurra en mil desaciertos,

y haya educado tan mal

a tu sobrina. Yo siento

mucho que la tonta quiera

vivir en un monasterio,

porque al lado de tu hija

pudiera en muy poco tiempo

adelantar... Estos hombres

sabios, doctos, estupendos,

que nada ignoran y nadie

sabe lo que saben ellos,

¡qué lástima no aplicarlos

a rectores de colegios!

DON LUIS

Vamos, Martín, no me apures

la paciencia... ¿No podremos

vernos jamás sin que haya

quimeras y sentimientos?

DON MARTÍN

Yo lo digo, como eres

tan letrado y tan...

DON LUIS

Dejemos

eso, por Dios.

DON MARTÍN

Y tan hábil,

y... Vaya, si te molesto,

callaré.

DON LUIS

Sí, me molestas.

DON MARTÍN

Pues, de hoy más, alto silencio.

Una cosa te quería

decir, pero ya la dejo;

a bien que a mí no me importa.

DON LUIS

¿Y qué cosa?

DON MARTÍN

Un chisme, un cuento.

DON LUIS

¿Será algún otro delito

de Inés?

DON MARTÍN

No, del caballero

de Ocaña, Don Claudio.

DON LUIS

¿Y qué?

DON MARTÍN

Ayer encontré a un sujeto

que sabe todas sus maulas.

Dice que no hay en Toledo

mayor calavera; dice

que entre los bailes, el juego,

las meriendas en el río,

las tremolinas y excesos

cotidianos, ha gastado

todo lo suyo y lo ajeno;

que le han heredado en vida

chalanes, bodegoneros,

rufianes y pelanduscas.

¿Qué te parece?

DON LUIS

Lo creo.

El muchacho es abonado

para todo.

DON MARTÍN

Yo celebro

mucho tu serenidad.

DON LUIS

¿Qué quieres, que alborotemos

la casa?

DON MARTÍN

No; pero...

DON LUIS

A mí

nada me coge de nuevo.

Si es un bien, le sé gozar;

si es un mal, busco el remedio;

y si no le tiene, sé

sufrir, y sufro en silencio.

DON MARTÍN

Sentencias y más sentencias,

muy erudito y muy lerdo.

Ahí tienes a tu querida

Inesita, al embeleso

de su padre. Adiós.

(Hace que se va.)

Escena XI

DOÑA INÉS, DON LUIS, DON MARTÍN.

DOÑA INÉS

Señor...

Mucho me alegro de veros

juntos.

DON MARTÍN

¿Sí? Pues nos verás

separados al momento.

(DON MARTÍN quiere irse y DOÑA INÉS.)

DOÑA INÉS

No, señor; no os vais. Delante

de vos aclarar pretendo

engaño que me ofende.

DON MARTÍN

Pues, sobrinita, ahí te dejo

a tu padre. Cuanto quieras

le puedes mentir sin miedo;

anchas tragaderas tiene,

y tú, un piquito muy bello.

No haré yo falta.

DOÑA INÉS

Esperad.

DON MARTÍN

Lo dicho, dicho. Hasta luego.

Escena XII

DON LUIS, DOÑA INÉS.

DON LUIS

¿Lloras, Inés?

DOÑA INÉS

¿Pues, señor,

no he de llorar? ¿Cómo puedo

sufrir una acusación

que apoya con tal empeño

mi tío? ¿Seré insensible...?

DON LUIS

Eres muy niña, y el tiempo

te enseñará a conocer,

con dolorosos ejemplos,

que la inocente virtud

es muchas veces objeto

de la envidia, la venganza

y el encono más perverso...

Pero, Inés, para vencer

todo su furor, tenemos

una conciencia segura,

y hay un Dios que lo está viendo.

DOÑA INÉS

¡Padre!

DON LUIS

¡Mi querida Inés!

(Abrazándola.)

DOÑA INÉS

Pero, ¿sabéis el suceso?

DON LUIS

Lo sé, nada ignoro ya.

Todo cuanto me dijeron

contra ti, calumnia ha sido.

Tu padre está satisfecho.

¿Quieres más?

DOÑA INÉS

Eso me basta.

DON LUIS

Era imposible un exceso

tan culpable en tu prudencia,

en tu decoro, en tu honesto

proceder... Conque ya ves

que el llorar no viene a cuento;

a no ser que... Pero no.

DOÑA INÉS

¿Qué decís?

DON LUIS

Que fueran celos.

DOÑA INÉS

¡Celos! ¿Y de quién? ¿De un hombre

tan aturdido, tan lleno

de extravagancias?

DON LUIS

Sería

mucha locura, en efecto.

DOÑA INÉS

Bien sabéis lo que os he dicho

acerca de él, lo que pienso

de su conducta, y que sólo

pudiera vuestro precepto

obligarme...

DON LUIS

No, hija mía.

¿Obligarte? No lo intento.

Tu padre es tu amigo, y quiere

que vivas feliz... Ni debo

corresponder de otro modo

a tu amor y tu respeto.

No te casarás con él,

no será tu esposo un necio

sin virtud y sin honor.

Él sale.

DOÑA INÉS

Me voy adentro,

si lo permitís.

DON LUIS

¿Ni verle

quieres?

DOÑA INÉS

Señor, no lo puedo

remediar, es insufrible.

Escena XIII

DON LUIS, DON CLAUDIO.

DON CLAUDIO

¿Aún no se ha marchado el viejo?

(Aparte.)

¡Qué posma!

DON LUIS

¿Y qué es lo que escribe

tu padre?

DON CLAUDIO

Que se ha resuelto

a venir, y que mañana

por la noche nos veremos,

o esotro día a comer.

DON LUIS

Gran placer me da con eso.

DON CLAUDIO

Y a mí.

DON LUIS

Somos muy amigos...

Y habrá diez años, lo menos,

que no le he visto... Si habrá.

DON CLAUDIO

¿Por qué no se estará quieto

en su lugar?

(Aparte.)

DON LUIS

¿Qué decías?

DON CLAUDIO

Nada, que estoy muy contento.

DON LUIS

Pues es menester que tú,

mañana, en amaneciendo,

montes a caballo y vayas

a recibirle. Este obsequio

como que sale de ti,

le agradará.

DON CLAUDIO

Ya lo veo;

pero yo... Si puede ser

que se detenga en Ciruelos.

DON LUIS

Y bien, allí le hallarás.

DON CLAUDIO

Es que el cura es algo nuestro:

como primo de mi madre

viene a ser... Sí, dicho y hecho,

primo..., no hay más que son primos.

DON LUIS

¿Y qué importa el parentesco

para que salgas mañana?

DON CLAUDIO

Es que si... Pero no puedo,

ciertamente, porque...

DON LUIS

¿Tienes

que visitar al enfermo

de anoche? Perico irá

contigo... Ve disponiendo

lo que hubieras menester.

Si quieres mis dos podencos,

te los daré.

DON CLAUDIO

¿Para qué

tengo de llevar los perros?

DON LUIS

Para cazar.

DON CLAUDIO

Yo no gusto

de cazar.

DON LUIS

Pues no por eso

te detengas, no los lleves.

DON CLAUDIO

¿No es mejor estarnos quedos,

si él, al cabo, ha de venir?

DON LUIS

Pues porque ha de venir, quiero

que salgas a recibirle;

si no viniera, ¿a qué efecto

era el salir?

DON CLAUDIO

¡Qué manía!

(Aparte.)

Si estoy sin botas.

DON LUIS

Yo tengo

botas, y te las daré;

y espuelas, y silla, y freno,

y látigo... No hará falta

nada, nada.

DON CLAUDIO

Lo agradezco.

¿Y dónde he de hallarle?

DON LUIS

Tú

sigue el camino derecho,

y al cabo darás con él.

Ello es menester hacerlo;

conque a las cuatro podrás

salir, y gozas el fresco

de la mañana.

DON CLAUDIO

Si está

nublado.

DON LUIS

No tengas miedo.

DON CLAUDIO

¿Y si en medio de esos trigos

nos descarga un aguacero?

DON LUIS

Llevad las capas.

DON CLAUDIO

Estoy

tan malo...

DON LUIS

¿De qué?

DON CLAUDIO

Del pecho.

DON LUIS

¡Aprensión! Luego que salgas

al campo, te pones bueno.

(Vase por la puerta del lado derecho.)

Escena XIV

DON CLAUDIO, DOÑA CLARA.

DON CLAUDIO

Se fue... ¡Cuidado que es chasco!

¡Se habrá visto tal empeño!

DOÑA CLARA

Aguardando que se fuera

he estado para poderos

hablar.

DON CLAUDIO

Pero ¿y Don Martín?

DOÑA CLARA

Está en su cuarto escribiendo;

no hay que temer.

DON CLAUDIO

No volvamos

a la de marras.

DOÑA CLARA

Ya dejo

centinela.

DON CLAUDIO

Pues, amiga,

este Don Luis es un terco.

Pues no le ocurre al maldito...

DOÑA CLARA

Ya lo sé; si he estado oyendo

la disputa.

DON CLAUDIO

Y bien; ahora

¿qué se ha de pensar, qué haremos?

Mi padre viene... Por fuerza

viene... ¡Toma! Yo le siento

llegar.

DOÑA CLARA

Por eso conviene

aprovechar los momentos.

Yo ya le entiendo.

Él nos quiere separar;

es malicioso en extremo...

Y el fuego de amor, Don Claudio,

mal puede estar encubierto.

Pero, en fin, a vos os toca,

no a mí, procurar los medios

más conduncentes. Obrad

con actividad, y espero

en Dios que ha de coronar

nuestros designios honestos.

DON CLAUDIO

Ya se ve que aquí no vamos

a hacer ningún gatuperio,

sino a casarnos no más;

sólo que yo me recelo...

DOÑA CLARA

¿Qué receláis?

DON CLAUDIO

¿Qué sé yo?

Pero, amiga, si me meto

en este embrollo y después

lo huelen... Como tenernos

tantos avizoradores

encima, y como...

DOÑA CLARA

¡Qué necios

temores en un amante!

DON CLAUDIO

Y como después me quedo

solo, porque Periquillo

se va sin falta.

DOÑA CLARA

¿A qué efecto

se va, o adónde?

DON CLAUDIO

A Madrid,

sobre encargos que le ha hecho

mi padre, y para que lleve

al abogado unos pliegos

que importa que no se pierdan.

Porque como tiene el pleito

con el alcalde mayor

dos años ha sobre aquello

de la villa del Juncar...

Y el agente es un mostrenco,

que está la mitad del año

fuera, y la mitad enfermo,

quiere que Perico vaya

a ver...

DOÑA CLARA

¿Y lo dejaremos

así, Don Claudio? Y si el otro

se va, ¿no tendréis aliento

para nada?

DON CLAUDIO

Sí, señora;

pero es menester primero

ir allá a casa de un quídam

para que le consultemos...

DOÑA CLARA

Pues, Don Claudio, en tales casos

la prontitud, el secreto

y la prudencia...

DON CLAUDIO

¡Prudencia!

Bastante prudencia tengo,

lo que sobra... Pero el diablo

lo enreda, y...

DOÑA CLARA

Mirad que el tiempo

es precioso; que mañana

os vais; que viene a Toledo

vuestro padre; a mí me quieren

sepultar en un convento...

No nos veremos jamás,

y me perderéis y os pierdo.

DON CLAUDIO

Pues bien, al instante voy

a salir, a ver si encuentro

a ese muchacho.

DOÑA CLARA

Avisadme

de lo que hubiereis dispuesto

DON CLAUDIO

De preciso.

DOÑA CLARA

No perdáis

la fortuna que os ofrezco;

hagamos las diligencias,

y obre Dios.

DON CLAUDIO

¡Es gran proyecto!

Pero no se ha de lograr.

DOÑA CLARA

Y si nosotros queremos.

¿Quién lo ha de impedir? Mi padre

se pondrá furioso, y luego

habrá de ceder. Si acaso

teméis que os azote el vuestro...

DON CLAUDIO

¿Qué me ha de azotar?... Sí, ¡toma!

Mi padre es un pobre viejo,

con más vanidad y más

trampas, y anegado en pleitos

que le desuellan... Don Luis

no sabe palabra de esto.

Pero, amigo, si no fuera

porque es del ayuntamiento,

y a cuantos encuentra al paso

los lleva a la cárcel presos,

y luego sudan..., ¡por fuerza!,

para salir, no hay remedio...

Si el año que por desgracia

no multamos, no comemos.

DOÑA CLARA

Pues bien, ¿qué os detiene?

DON CLAUDIO

A mí

me detiene... Yo me entiendo,

porque al cabo es un embrollo

del demonio, y tengo un miedo

de que...

DOÑA CLARA

Bien está, Don Claudio

Si vuestro amor fuera cierto,

él diera resolución

para mayores empeños.

Ya os conozco; bien está.

(En ademán de irse. DON CLAUDIO la detiene.)

DON CLAUDIO

Clarita, vaya.

DOÑA CLARA

¡Perverso!

DON CLAUDIO

¡Morenilla!

DOÑA CLARA

¡Seductor!

DON CLAUDIO

Oye.

DOÑA CLARA

No, no quiero veros.

DON CLAUDIO

Calla, pobrecita mía.

DOÑA CLARA

Dejadme. Adiós.

DON CLAUDIO

Acabemos

de una vez esas angustias,

y haya paz.

DOÑA CLARA

¡Ay! ¿Cómo puedo

hallar paz, si el corazón

se rompe dentro del pecho?

¡Qué lejos estaba yo

de saber amar, qué lejos!

Sola, ignorante, apartada

de los lazos lisonjeros

que ofrece el mundo, ¿quién pudo

hacer que cayera en ellos?

Por vos mi quietud perdí;

por vos, ingrato, me veo

apartada de la senda

de perfección, y este ciego

amor me arrastra y no deja

lugar al entendimiento.

¡Qué desengaño!... ¡Y qué tarde

viene!.. Pero ¿a quién me quejo?

Yo soy la culpada... Quise

a un hombre, y éste es el premio...

Son fementidos, y vos

falso, más que todos ellos,

(Llora.)

cobarde, inflexible al llanto

de una infeliz.

DON CLAUDIO

Por San Pedro,

que no sé lo que me pasa,

ni a qué son esos extremos;

si digo que voy allá,

que entre los dos... En efecto,

ello hoy mismo se ha de hacer;

y aunque después eche ternos

vuestro padre y rabie el mío,

y Don Luis se caiga muerto;

si nos casamos, de todo

lo demás se me da un bledo.

Y nos haya más, ni lloréis

así, que ya me enternezco...

¡Cáscaras! Si estoy que no

me llega la ropa al cuerpo

hasta ver en qué quedamos...

Voy a la consulta, y vuelvo.

(Se va DON CLAUDIO por la derecha. DOÑA CLARA, sonriéndose, se enjuga las lágrimas y se va por el lado opuesto.)

DOÑA CLARA

Anda con Dios... Ya parece

que se le ha quitado el miedo.

Valen mucho unos suspiros

bien ponderados y a tiempo.

Acto III

Escena I

PERICO, DOÑA CLARA.

PERICO

Rendido estoy. ¡Qué malditas

(Siéntase.)

callejuelas! Empinadas,

tuertas, angostas. ¡Por cierto

que los trabajos que pasa

el que sirve a un loco...! Pero,

como dicen en Ocaña,

a buen bocado, buen grito.

(Sale DOÑA CLARA, PERICO se levanta.)

¡Oh, señorita!

DOÑA CLARA

¿Aquí estabas?

PERICO

Vengo en busca de Don Claudio,

que me dijo...

DOÑA CLARA

No está en casa.

PERICO

Si me dijo que viniese

volando, que me esperaba...

DOÑA CLARA

Pues no ha venido.

PERICO

A buscarle.

(Hace que se va, y vuelve.)

DOÑA CLARA

Pero ¿en qué estado se hallan

esas cosas? ¿Qué ha resuelto?

PERICO

¡Ay, señora de mi alma!

Que Don Luis nos descompone

nuestro plan.

DOÑA CLARA

No temas nada.

PERICO

¡Ay, señora! Que mi amo

en cada paso se atasca,

se atolondra. Hemos corrido

la ciudad y su comarca

buscando a un cierto Don Lucas,

muy amigo y camarada,

hombre de bien, si los hay,

que para estas zalagardas

de bodorrios clandestinos

no tiene igual en España,

le hablamos, nos dio un consejo,

y en verdad que no se halla

otro mejor.

DOÑA CLARA

Pues a mí

me ocurre... Sí... Y eso basta.

Una obligación...

PERICO

Seguro.

DOÑA CLARA

... De matrimonio, firmada

por los dos...

PERICO

Pues si es la idea

de Don Lucas.

DOÑA CLARA

Si llegara

el caso de que mi tío

maliciase lo que pasa,

hecho y firmado el papel...

PERICO

Hatillo, y salto de mata.

DOÑA CLARA

Bien que... Mira, de ningún

modo ha de salir mañana.

PERICO

Se entiende.

DOÑA CLARA

Y si nos apuran,

fuga, depósito...

PERICO

¡Oh, Clara

prudentísima y sutil!

Eso ha de ser.

DOÑA CLARA

Si le falta

dinero...

PERICO

¿No ha de faltarle?

Pues bolsa más apurada

que la suya, ¿quién la vio?

DOÑA CLARA

Yo tengo algunas alhajas

que empeñar, cuyo valor

para cuanto ocurra alcanza,

y una vez fuera de aquí,

y libre de esta canalla

que me cerca...

(Al ver a DON MARTÍN, que asoma por la puerta de la izquierda, fingiendo no haberle visto muda el tono y la acción.)

Sólo siento,

¡sábelo Dios!... que no hayan

seguido mi parecer.

Yo he querido ser descalza,

porque a más austeridad,

mayor corona se aguarda;

pero en mí no hay albedrío,

y, debo hacer lo que manda

mi papá.

PERICO

(Aparte.)

¿Y a qué demonios

viene...? ¡Hay hembra más bellaca!

(Ve a DON MARTÍN y finge igualmente no haberle visto.)

y dice bien que es locura.

Una niña delicada

como vos... ¡Eh, no señor!:

las penitencias relajan

la salud, siendo excesivas.

Ya probaréis lo que anda

por allá, y en siendo monja

negra, cenicienta o blanca,

calzada y todo, veréis

qué trabajillos se pasan.

¿Es cosa de chirinola

vivir siempre emparedada?

¿Sin una pizca de coche,

sin un palmo de ventana?

¿Comer en cifra y cenar

acelgas y remolachas?

¡Ahí es un grano de anís!

DOÑA CLARA

Con ese lenguaje engaña

el enemigo a los hombres.

Difícil nos pinta, y ardua,

la senda del bien, y así

del sumo bien nos aparta.

Escena II

DON MARTÍN, DOÑA CLARA, PERICO.

DON MARTÍN

Vamos, niña, ya te he dicho

que estos extremos me cansan.

Pues no, bien claro te habló

el padre fray Gil... ¡No es nada!

¡Capuchinita se quiso

meter! Es cosa muy santa,

¿quién lo duda? Pero debes

considerar que no alcanzan

todas una resistencia

tan grande y tan continuada

como allí se necesita.

¿Qué le sucedió a sor Blasa

de la Transverberación?

Bien te acuerdas qué muchacha

tan robustona, tan fuerte...

Perdió el color y las ganas

de comer... Vómitos, flatos,

ya la purgan, ya la sangran,

ya va mejor, ya peor;

al año y medio que estaba

en el convento, murió.

PERICO

Don Martín, aconsejadla;

desimpresionadla bien.

DON MARTÍN

¿Quién eres tú?

PERICO

Soy de casa,

Periquillo.

(Hace una cortesía y se va por la puerta de la derecha.)

DON MARTÍN

¡Ah! sí, el criado

de Don... Adiós, Buena traza

tiene ese muchacho... No,

y en lo que te dijo hablaba

como un libro. Conque vamos,

ya te he dicho que no hagas

calendarios, ¡eh! Que estás

tristona y desmejorada

de pensar en eso: ¿entiendes?

DOÑA CLARA

Sí, señor.

DON MARTÍN

Después que vayas

conociendo aquellas cosas,

le darás a Dios mil gracias

de estar allí. Y no te empieces

luego con extraordinarias

penitencias a afligir;

no, señor... Ser moderada,

obediente, calladita,

acudir a lo que mandan

las superioras, tratar

a las otras como hermanas...

DOÑA CLARA

Si lo son en el Señor.

DON MARTÍN

Pues por eso digo. Amarlas

mucho y no meterse en chismes

ni rencillas; nada, nada

de eso. Ser muy puntual

en todo aquello que encarga

la regla; que sólo en esto

estriba ser buena y santa.

Porque si no, el enemigo...

DOÑA CLARA

(Fingiendo excesiva timidez.)

¡Ay, el enemigo...!

DON MARTÍN

Aguarda

la ocasión, y...

DOÑA CLARA

¡Dios nos libre!

DON MARTÍN

...lazos y redes nos arma.

DOÑA CLARA

Como el traidor sólo busca

la perdición de las almas,

la carne es frágil, y el siglo

todo engañifas y trampas...

¡Ay, papá!

(Asiéndole de las manos.)

DON MARTÍN

Calla, hija mía,

no te atemorices, calla;

ten resolución, que el diablo

se vuelve a puertas cerradas,

como dijo el otro.

DOÑA CLARA

¡Somos

tan débiles!

DON MARTÍN

Vaya, vaya,

no más...¡Qué diantre! No puede

uno decirle palabra

sin que... ¡Pobrecita!...

(Aparte.)

¡Eh! voy!

a ver si tenemos cartas

de Sevilla. Se lo dije

a mi hermano, y como gasta

aquella sorna, me hará

rabiar antes que las traiga.

DOÑA CLARA

La mano, papá.

(Se arrodilla y le besa la mano.)

DON MARTÍN

Adiós, niña.

DOÑA CLARA

Él nos conserve en su gracia.

Voyme a la oración mental,

que hoy, viernes, será muy larga.

Escena III

DON MARTÍN, DON CLAUDIO.

DON MARTÍN

Esto se llama virtud,

lo demás es patarata.

Ya se ve, todo consiste

en una buena enseñanza.

(Al irse DON MARTÍN por la derecha, tropieza con DON CLAUDIO, que sale apresuradamente.)

¡Hombre, qué...! Pero ¿por qué

no miras...?

DON CLAUDIO

No reparaba.

DON MARTÍN

Reparar.

DON CLAUDIO

Vengo de prisa.

DON MARTÍN

¡Calavera!

DON CLAUDIO

Como entraba

de prisa.

DON MARTÍN

¿Y a qué vendrán

esas prisas?

DON CLAUDIO

¿Quién pensara

que estuvierais tan al paso?

DON MARTÍN

¡Badulaque!

(Vase.)

DON CLAUDIO

Nada falta

sino que Perico venga,

y acabemos la maraña.

Periquillo, ¿estás ahí?

(Se entra en su cuarto y cierra por dentro.)

Escena IV

DOÑA CLARA, DON LUIS.

DOÑA CLARA

Don Claudio..., digo... Yo entrara,

(Se encamina a la puerta del foro, la halla cerrada, duda, y observa si alguien la ve.)

pero... cerró... No, no puede

ser... Si me espero a que salga...

Todo es peligros... ¡Qué vida

ésta tan desesperada!

Presa, oprimida, estudiando

«Templum templi» y «laudo laudas»,

y «quis vel qui>»... Pero no,

no perdamos la esperanza;

por hoy paciencia, que ya

será otra cosa mañana.

Pues, ¿no lo dije?

(Mirando al lado derecho por donde sale DON LUIS.)

DON LUIS

¿Qué buscas?

DOÑA CLARA

¡Válgame Dios!

(Hace que busca por el suelo alguna cosa, después quiere irse, y DON LUIS la detiene.)

DON LUIS

¿Qué?

DOÑA CLARA

Buscaba

una estampa muy devota

que me dio el padre Berlanga,

y ni sé dónde la... ni...

¡Cuánto siento no encontrarla!

DON LUIS

¿Te vas? Ven aquí.

DOÑA CLARA

Señor.

DON LUIS

Ven acá. ¿Por qué te extrañas

así? Cuando nos juntamos

en la mesa no me hablas,

y después, o estás metida

en tu cuarto, o si me hallas,

huyes de verme... ¿Qué es esto?

¿Conmigo tan enfadada?

DOÑA CLARA

¿Enfadada? No, señor.

DON LUIS

Al tiempo que te separas

de tu familia y nos dejas

para siempre, ¿así me tratas?

DOÑA CLARA

Perdón, mi querido tío,

perdón.

(Quiere arrodillarse y DON LUIS lo estorba.)

DON LUIS

¡Ay, niña!, levanta,

que no gusto de eso. Dime...

Pero quisiera que hablaras

con ingenuidad. ¿Estás

contenta?

DOÑA CLARA

Siento en el alma

un gozo, que no es posible

explicarlo con palabras.

DON LUIS

Yo presumí que el temor

a tu padre fuese causa

de callar y darle gusto,

aunque hubiese repugnancia

en ti.

DOÑA CLARA

¡Cómo! No, señor.

DON LUIS

Las hijas bien educadas

hacen tales sacrificios

muchas veces.

DOÑA CLARA

En mí falta

ese mérito.

DON LUIS

¿Por qué?

DOÑA CLARA

Porque yo no venzo en nada.

Doy gusto a mi padre, y sigo

mi vocación.

DON LUIS

¡Cosa extraña!

DOÑA CLARA

¿Pues esto os puede admirar?

No lo entiendo.

DON LUIS

Una muchacha

bonita, de genio alegre,

que por instantes aguarda

heredar un patrimonio

en que mire asegurada

su fortuna, ¿se desprende

de todo, renuncia tantas

felicidades, se encierra

en una celda, se aparta

del mundo? No hay medio: o es

muy embustera o muy santa.

Pero dime: si no es ésa

tu inclinación, ¿por qué engañas

a quien te puede servir,

a quien te quiere en el alma

a pesar de tus defectos?

¿Aún no te dan estas canas

bastante seguridad?

DOÑA CLARA

Pero, ¿quién os dice...?

DON LUIS

¡Ingrata!

DOÑA CLARA

¡Por cuántos medios procura

el enemigo que caiga

en el pecado...! Pues no,

no ha de rendir mi constancia;

que Dios...

DON LUIS

Oye, niña, mira

que yo no gusto de maulas.

¿A mí te vienes con frases

de misión?... ¡Eh! No me hagas

enfadar. Si yo te falto,

¿quién con mayor eficacia,

con más cariño, sabrá

defenderte de la extraña

tenacidad de tu padre,

vencer su cólera, y cuantas

ocasiones se presenten

oportunas emplearlas

en tu favor?... Este empeño,

nacido de su ignorancia,

y el plan que has seguido, haciendo

la gazmoña y la beata,

te han reducido a tal punto,

que no sé yo cómo salgas.

Pero al fin es tiempo ya

de que se acabe esta farsa,

es tiempo de que conozca

tu padre que no te agrada

la vida contemplativa;

que tu inclinación te llama

a otro estado, en que podrás

vivir contenta y honrada

y servir a Dios sin tocas,

sin hábitos ni alpargatas,

como buena madre, y buena

esposa, y buena cristiana.

DOÑA CLARA

¡Yo! ¿Qué decís?...

DON LUIS

Si no quiere

entenderlo, si desbarra

como suele, en mí tendrás

todo el apoyo que basta,

y... Vamos, es menester

no hacerse la mojigata,

no mentir, no aparentar

perfecciones que te faltan...

Tenerlas, o no fingirlas.

DOÑA CLARA

Pero, señor...

DON LUIS

Si llegaras

a ocultar (que no es posible)

toda la flaqueza humana

con diabólico artificio,

que el vulgo ignorante aplauda;

aunque seduzcas al mundo,

¡infeliz!, a Dios no engañas.

DOÑA CLARA

Pero, ¿no sabré de dónde

nace este error? ¿Qué malvada

lengua os informa de mí?

¿Quién me calumnia y me infama?

Pero no... Yo la perdono;

es mi prima, y eso basta,

y antes perderé la vida

que ofenderla.

DON LUIS

¿Qué artimaña

es ésa? ¿A qué viene ahora

mezclar a tu prima en nada?

DOÑA CLARA

Es muy diverso su modo

de pensar; es muy contraria

a su conducta la mía.

Cada acción, cada palabra

que advierta en mí, pensará

que es una censura amarga

de sus deslices... ¡Qué mal

me conoce! ¡Qué mal paga

mi cariño!... Pues si somos

frágil barro, ¿quién extraña

que ceda a la tentación

el más prevenido y caiga?

Y cuando para sufrirla

los vínculos no bastaran

de la sangre, ¿olvidaría

yo la caridad cristiana?...

¿No sabré (si Dios me asiste)

padecer y perdonarla?

DON LUIS

Acabemos, lengüecita

de víbora, que me falta

ya el sufrimiento... Si quieres

hacer el papel de santa

bendita, con ese amor

y esa caridad que gastas,

vete, que en vez de engañarme,

cólera y tedio me causas.

(DOÑA CLARA hace una reverencia en ademán de irse. DON LUIS la coge de la mano, se reprime y le habla con expresión cariñosa.)

Mi amistad, mi protección

te ofrezco, y todo se acaba

si quieres ser con tu tío

humilde, sencilla y franca.

Yo disiparé el peligro

urgente que te amenaza;

yo haré que ni la opinión

pública te culpe en nada,

ni tu padre se disguste

a vista de tal mudanza.

Jóvenes hay en Toledo

de buena sangre, de honradas

prendas, y alguno hallaremos

para ti.

DOÑA CLARA

¡Qué temeraria

proposición!

DON LUIS

¿Cómo?

DOÑA CLARA

¿Yo,

señor...?

DON LUIS

¿Pues qué?

DOÑA CLARA

¿Yo casada?

DON LUIS

¿Conque no?

DOÑA CLARA

Conozco y huyo

las vanidades mundanas...

Tengo ya mejor esposo...

DON LUIS

Bien está.

(Inquieto y reprimiendo el enojo.)

DOÑA CLARA

... Que no se cansa

de amar...

DON LUIS

Muy bien.

DOÑA CLARA

Con premios

eternos corona y paga

los afanes de esta vida

transitoria.

DON LUIS

¿Sí? Pues anda...

vete de aquí... Y nunca, nunca

me vuelvas a hablar palabra...

DOÑA CLARA

Bien, señor.

(Hace una cortesía y se va.)

DON LUIS

Nunca, porque

no sé si tendré templanza

para sufrirte... ¡Embustera!

¡Oh, virtud, cómo te ultrajan!

Escena V

DON LUIS, PERICO.

PERICO

Ahí he encontrado en la puerta

a un mozo con esta carta,

(Le da una carta.)

de parte de... ¿Cómo dijo?

De...

DON LUIS

¿De Don Juan de Miranda?

PERICO

Cierto..., que ha venido inclusa

en otra que le enviaba

el mismo sujeto.

DON LUIS

Sí.

Que perdonéis la tardanza,

porque hoy ha comido fuera,

y no ha vuelto por su casa

hasta las tres.

DON LUIS

¿No te ha dicho

Don Claudio...?

PERICO

¿Lo de la marcha?

Sí, señor; si ya está todo

prevenido.

DON LUIS

La criada

se levantará temprano...

Oyes, y quiero que vayas

con él. ¿Entiendes?

(Vase DON LUIS por la puerta del lado izquierdo.)

PERICO

Ya estoy.

Escena VI

PERICO, DON CLAUDIO.

PERICO

¡Calle!, que tiene cerrada

la puerta.

(Se acerca a la puerta de DON CLAUDIO, y hallándola cerrada, llama.)

Señor... Perico.

DON CLAUDIO

Vamos, que ya te esperaba

con impaciencia.

PERICO

¿Y qué ha habido?

DON CLAUDIO

Que está la paz ajustada

con el prendero. Él se lleva

las cosas algo baratas,

pero al cabo yo no había

de poder desempeñarlas,

conque... Y sobre todo, habiendo

apuros, nadie repara.

¿Y la vieja?

PERICO

Mi señora

Doña Brígida Menchaca,

viuda reverenda, dice

que hará lo que se le manda,

por caridad, por serviros,

porque no quiere que haya

escándalos...

DON CLAUDIO

Muy bien.

PERICO

Pero

digo que allí no se trata

más de que por una noche

tenga la niña posada

segura, y al otro día

testigos, clérigo, y arda

Bayona.

DON CLAUDIO

Pues ya.

PERICO

Y supongo

que tenemos despachada

la escritura del papel.

DON CLAUDIO

Aquí está.

(Da un papel a PERICO.)

PERICO

¡Viveza extraña!

DON CLAUDIO

Ahí he puesto los regalos

que le hago yo. Doña Clara

pondrá lo que a mí me dé;

firma luego, y santas pascuas.

PERICO

(Lee el papel y lo guarda.)

«Yo, Don Claudio Melitón Pérez y Pérez, caballero hidalgo, natural de Ocaña; y yo, Doña Clara Francisca Bustillo, doncella toledana. Estando en perfecta salud y con nuestro cabal entendimiento, hacemos de mancomún la presente obligación de contraer himeneo marital y consorcio de primeras nupcias, al instante o cuanto más presto fuere posible; que tal es nuestra última voluntad. Y queremos ser obligados por justicia si alguno de nosotros se llamase andana, lo que Dios no quiera ni permita, amén. Y amén de esto nos hemos dado mano y palabra, y nos hemos dado otras frioleras, las cuales van puestas al fin de esta escritura, por modo de inventario. Fecha en Toledo, etc. -Yo Don Claudio Melitón Pérez y Pérez, caballero hidalgo, natural de Ocaña.»

Lindamente, y está todo

dicho con suma elegancia.

¿Son éstas las frioleras?

(DON CLAUDIO saca un envoltorio de papel y PERICO lo guarda.)

DON CLAUDIO

Esas son.

PERICO

(En ademán de irse.)

Pues a buscarla.

Escena VII

LUCÍA, DON CLAUDIO, PERICO.

PERICO

¿Qué tenemos, chica?

LUCÍA

Sólo

deciros que Doña Clara

está que se desespera.

PERICO

Pues ya voy a consolarla.

LUCÍA

Dice que si habéis resuelto

algo...

PERICO

Y mucho, y que no falta

ya sino...

(Hace que se va, y vuelve.)

Di: ¿la Inesita

y su padre están de guardia,

de modo que yo no pueda

entrar sin llevar sotana?

LUCÍA

No temas.

PERICO

Es que al señor

Don Luis, con aquella pausa,

le tengo un miedo cerval.

LUCÍA

Cuando he venido, quedaba

en su cuarto; Doña Inés

está cosiendo en la sala

del jardín.

PERICO

¿Sí? Pues logremos

la ocasión, no se nos vaya.

Escena VIII

DON CLAUDIO, LUCÍA.

LUCÍA

¿Y qué habéis dispuesto?

DON CLAUDIO

Yo,

mujer, no dispongo nada...

Ello, o me caso o el diablo

viene y tira de la manta.

LUCÍA

Es que Don Luis... Pero cuenta,

que os lo digo en confianza...

Cuidado.

DON CLAUDIO

Bien.

LUCÍA

Ya lo sabe

todo, y como...

DON CLAUDIO

¡Qué desgracia!

LUCÍA

Lo sabe; pero...

DON CLAUDIO

¿Lo sabe?

Vamos, ya me...

LUCÍA

Es que mi ama...

DON CLAUDIO

No hay que hacer... Somos perdidos.

Preciso... Salto de mata...

¿Qué tengo ya que esperar?

LUCÍA

Pero escuchad lo que pasa,

y después...

DON CLAUDIO

Cierto, y después

vendrá el viejo, se lo planta

al otro viejo, y me meten

entre puertas, y...

LUCÍA

No hay nada

de eso. Al contrario. Don Luis

está en serviros, y trata

de que os caséis.

DON CLAUDIO

Pues ya estoy;

por eso es toda la rabia.

Porque él me quiere casar

con aquella remilgada

de Inés, y yo no la quiero.

LUCÍA

Si no es eso.

DON CLAUDIO

¿Y lo callabas,

mujer?... ¿Y no me lo has dicho

dos horas ha?... Corre, llama

a Perico.

LUCÍA

Si no es eso.

DON CLAUDIO

Voy a ver si en la posada

encuentro mulas... Sí, vamos,

si yo lo premeditaba,

si lo dije, si Perico

me ha metido en esta danza.

LUCÍA

Si no me queréis oír.

Si es locura declarada

la que tenéis. Si Don Luis

está de enojo que salta

contra su hermano, porque

mete monja a Doña Clara.

Si el mismo Don Luis me ha dicho

que era mejor os casarais

con ella. Si me mandó

que no os dijera palabra,

porque él sabrá disponerlo

con su hermano, sin que haya

peloteras, y os caséis

de bien a bien. Si él se encarga

de todo, ¿a qué viene ahora

esa furia?

DON CLAUDIO

A que pensaba

que... Pero ¿es cierto, Lucía?

No puede ser, tú me engañas.

LUCÍA

No, señor.

DON CLAUDIO

¿Conque es verdad?

LUCÍA

Yo se lo he dicho a mi ama...

DON CLAUDIO

¿Y qué dice?

LUCÍA

Como está

con Don Luis tan enfadada,

no lo ha querido creer.

DON CLAUDIO

Pues ya se ve que eso es maula.

LUCÍA

No, señor.

DON CLAUDIO

Pues yo te digo

que sí.

LUCÍA

Pues yo me fiara

de él, y fuera lo mejor.

DON CLAUDIO

Lo mejor fuera afufarlas...

No hay que hacer, si todas son

astucias y zalagardas

de este Don Luis o este infierno.

Escena IX

PERICO, LUCÍA, DON CLAUDIO.

PERICO

Ya tenemos despachada

esta comisión. Lucía,

la religiosa te llama

para no sé qué envoltorio;

corre.

LUCÍA

Allá voy.

DON CLAUDIO

Mira, aguarda.

(DON CLAUDIO se pasea y hace que busca alguna cosa en los bolsillos. LUCÍA le coge las vueltas y alarga la mano creyendo que le va a dar dinero. Al final de la escena, DON CLAUDIO saca las yescas, enciende un cigarro y fuma.)

LUCÍA

¿Qué mandáis?

DON CLAUDIO

Yo te diré.

LUCÍA

(Aparte.)

Ya llegó la suspirada

flota. Ya tengo pañuelo.

DON CLAUDIO

Me parece a mí...

LUCÍA

¡Qué guapa

(Aparte.)

estaré con él!

DON CLAUDIO

Quisiera...

Es verdad que Doña Clara...

LUCÍA

¿Y qué tiene que ver ella

con eso?

DON CLAUDIO

Ya, pero...

LUCÍA

Vaya,

señor, si ha de ser.

DON CLAUDIO

Al cabo

ello...

LUCÍA

Me le haré de gasa.

(Aparte.)

DON CLAUDIO

Pero no, no nos metamos

en camisa de once varas.

Vete, vete.

LUCÍA

¡Haya pelón!

Escena X

DON CLAUDIO, PERICO.

DON CLAUDIO

¿Y el papel?

PERICO

Ella lo guarda.

DON CLAUDIO

¿Y qué te dio?

PERICO

Veíslo aquí.

(Pone un pañuelo encima de la mesa y saca de él algunas cosas de las que indica el diálogo.)

¡Cosas suyas! Tres medallas,

un par de ligas manchegas,

una cruz de Caravaca,

estas dos santas Teresas

de barro, y una navaja.

DON CLAUDIO

Bien... Pero, ¿qué te parece?

¿Hemos de salir mañana?

PERICO

No, por cierto.

DON CLAUDIO

¿Y si Don Luis

aprieta?

PERICO

Buenas palabras;

que está bien, que es grande idea,

que sin que él os lo mandara

lo hubierais hecho, que apenas

haya luz saldréis de casa.

DON CLAUDIO

¿Y luego?

PERICO

Y luego cenáis,

buenas noches y a la cama.

Y después, cuando esté toda

la familia sosegada,

inquietud, sudor, bostezos,

horripilación y bascas.

Me levanto, enciendo un cabo,

hago estrépito, se alarman

todos... ¿Qué será? Si es flato,

si es cólico, si es terciana...

Y cuando amanezca Dios

(esto es, a las once dadas)

os sentís algo mejor,

coméis poquito y sin ganas,

habláis con voz enfermiza,

dormís una siesta larga

y os quedáis como si todo

hubiera sido una chanza.

DON CLAUDIO

¡Oh!, como tú no me faltes,

ningún peligro me atasca.

PERICO

Sí, pero no os atasquéis

tampoco aunque yo me vaya,

porque no hay duda, he de irme.

DON CLAUDIO

¿Tan presto?

PERICO

De madrugada,

no hay remedio. Ese maldito

demandadero me ataja

las callejuelas... Si vuelve

segunda vez y me halla,

nos destruye... Ahí en la esquina

le vi que se encaminaba

hacia aquí; puede lograr,

diciéndole no sé cuántas

mentiras, que se volviese.

Pero si cojo la rauta,

entonces, ancha es Castilla...

¡Ah!, sí, ya no me acordaba

de que hay que buscar los trastos.

Voy allá.

DON CLAUDIO

¿Para qué?

PERICO

Para

que Don Luis se tranquilice,

viendo que ya se preparan

los chismes de cabalgar.

El que vive de la trampa,

mi Don Claudio, es menester

que no se descuide en nada.

(Vase por la puerta del foro.)

Escena XI

DON CLAUDIO, DON LUIS, DON MARTÍN.

DON LUIS

(Saca un papel en la mano.)

Mucho sentirá mi hermano

esta novedad... ¿Tú estabas

aquí?

DON CLAUDIO

Sí, señor...

¿Qué diantre

de papel será el que saca?

¿Cuánto va...?

DON LUIS

Déjame solo.

DON CLAUDIO

¿Cuánto va que la muchacha

se lo ha dejado pillar?

(Vase por la puerta del foro.)

DON LUIS

No sé qué medios me valgan

para templarle. Un carácter

como el suyo, que no guarda

moderación, ni previene

ni tolera las desgracias.

Él viene aquí.

DON MARTÍN

Ya me han dicho

que has recibido una carta

de Sevilla... Yo no entiendo...

A mí no me escriben nada,

ni una letra.

DON LUIS

Sí, porque

ha ocurrido una mudanza

bien imprevista... ¿Dijiste

al primo que se casaba

Inesilla?

DON MARTÍN

No, por cierto.

Sólo le escribí que Clara,

manifestando deseos

de ser religiosa, estaba

resuelta a empezar muy pronto

su noviciado, y que...

DON LUIS

Y basta

eso para conocer

que tuvo razón sobrada

de revocar su primera

disposición.

DON MARTÍN

Conque... ¡Vaya!

Pues... A ver...

DON LUIS

Toma.

(Le da el papel a DON MARTÍN, el cual después de leerle le tira sobre la mesa.)

DON MARTÍN

En efecto,

es una botaratada

de aquel hombre... Siempre fue

medio loco... ¿Quién pensara

esta salida, después

de tanto esperar y tantas

promesas...? Si me escribió

habrá dos o tres semanas

diciéndome que sus males

no le daban esperanzas

de vida, que ya tenía

todas sus deudas pagadas

y arreglado el testamento;

que a Clarita le dejaba

por heredera, y que... Yo

respondí dándole gracias,

como era razón...

DON LUIS

Y en vista

del aviso que le dabas

debió de reflexionar

que estando determinada

Clara a ser monja, sería

inútil favor nombrarla

en el testamento, y quiso

que su prima Inés gozara

de esta merced, pues está

sin colocar. No es extraña

resolución.

DON MARTÍN

Dices bien.

No hay cosa más acertada...

Y la niña lo merece,

lo merece. ¡Bribonaza!

¡Desenvuelta!... Así va el mundo.

¡La prenda de mis entrañas,

la pobrecita, quedar

de esta manera burlada!...

¡Y el otro bruto salirnos

al cabo con la zanguanga

de que no lo necesita!

Y qué, ¿a mí no me hace falta?

Escena XII

EL TÍO JUAN, DON LUIS, DON MARTÍN.

TÍO JUAN

Muy buenas tardes, señores.

DON MARTÍN

¿Qué tenemos?

TÍO JUAN

Que me manda

venir la madre San Pedro

a decir a Doña Clara

que mañana por la tarde

la Aragonesita ensaya

al órgano el villancico

que han de cantar en la octava...

Es aquel de: Pastorcillo

pastorcillo, come y calla,

come y calla... Conque dijo

que viniera y avisara,

para que...

DON MARTÍN

Bien.

TÍO JUAN

Pero ¿qué

diré?

DON MARTÍN

Que bien, que mañana

irá por allá.

(TÍO JUAN. Hace que se va, y vuelve.)

TÍO JUAN

¿Os han dado

una esquelita firmada

de la abadesa?

DON MARTÍN

También.

TÍO JUAN

No lo digo porque haga

falta, sino...

DON MARTÍN

Ya llevó

el dinero.

TÍO JUAN

Es que me encarga

la abadesa...

DON MARTÍN

¿Qué encargo?

TÍO JUAN

Que os dijera que no es tanta

la urgencia, que haya de ser

hoy mismo...

DON MARTÍN

¡Desatinada

prevención!... Si ya le he dado

el dinero...

TÍO JUAN

¿A quién?

DON MARTÍN

¡Machaca!

A Don Sempronio.

TÍO JUAN

¿Y quién es

Don Sempronio?

DON MARTÍN

¡Qué pesada

tarabilla de preguntas!

¡Vaya, que el hombre me cansa

de veras!

TÍO JUAN

Pero...

DON MARTÍN

Al hermano

de Don Lorenzo... Aún no acaba

de entenderlo.

TÍO JUAN

Es que no tiene

tal hermano.

DON MARTÍN

Es que me enfada

de veras el señor Juan.

Váyase de aquí, ¿qué aguarda?

TÍO JUAN

Señores, lléveme Dios

si yo entiendo una palabra

sobre que no hay tal hermano.

DON MARTÍN

Sobre que viene con ganas

de impacientarme... Si digo

que estuvo conmigo, vaya,

¿qué replica?... Es un cojo,

tuerto, cargado de espaldas,

gangoso, muy hablador.

TÍO JUAN

¡Gangoso!... Si en esta sala

di yo el papel a un mocito...

La verdad, yo estoy en brasas...

Quise volver, y le hallé

ahí cerca. Dijo que estabais

fuera; dije que vendría

después; dijo que excusara

el venir, porque estas noches

no soléis cenar en casa,

y no os venís a acostar

hasta las doce muy largas.

Conque yo...

DON MARTÍN

Pero ¿no ves

cuánto disparate ensarta

este menguado?

TÍO JUAN

Si el otro

fue quien me dijo...

DON LUIS

Apostara

que te han hecho alguna burla.

DON MARTÍN

¿Qué burla? Si es que desbarra

ese infeliz, y no sabe

lo que está diciendo.

DON LUIS

Calla,

que hemos de ver si... ¡Perico!

PERICO

(Desde dentro.)

¡Señor!

DON LUIS

¡Perico!

Escena XIII

PERICO, DON LUIS, DON MARTÍN, EL TÍO JUAN.

PERICO

¿Quién llama?

(Al ver al TÍO JUAN se sorprende y hace ademán de buscar algo debajo de la mesa y entre las sillas.)

TÍO JUAN

Él es sin duda... No hay más,

que es él.

PERICO

No sé dónde paran

estas espuelas...

DON LUIS

Escucha

un recado.

PERICO

Están atadas

con un cordel.

(Quiere irse al cuarto de DON CLAUDIO, pero DON LUIS le trae asiéndole del cuello.)

DON LUIS

Oye aquí

primero.

PERICO

Voy a buscarlas.

DON LUIS

¿Quién es aquel Don Sempronio

que dijo que le enviaba

la abadesa?

PERICO

Yo, señor,

¿qué he de saber? No sé nada.

DON LUIS

¿Conque no?

PERICO

Cierto que no.

DON LUIS

Si no lo dices, canalla,

te he de hacer ahorcar.

PERICO

¿No más?

DON LUIS

Dilo al instante.

DON MARTÍN

Despacha.

PERICO

¡Ah!, demandadero indigno,

¡qué banderilla me plantas!

No te lo demande Dios.

DON LUIS

Vamos, cuando esta mañana

vino el señor, ¿a quién dio

la esquela?

PERICO

Bien excusada

pregunta. ¿Pues no lo ha dicho?

A mí.

DON MARTÍN

¿Y el otro fantasma

que vino por el dinero?

PERICO

Yo fui.

DON MARTÍN

¿Con aquella pata?

PERICO

Sí, señor, y con aquel

parche y aquella casaca.

DON LUIS

¡Picarón!... Cosa más...

DON MARTÍN

Di:

y el dinero, ¿en dónde para?

DON LUIS

¿Qué hiciste de él?

PERICO

¿Qué sé yo?

TÍO JUAN

¡Vamos, que el mocito es caña!

DON MARTÍN

¿Qué has hecho de él?

PERICO

No lo tengo

aquí; dejadme que vaya

a casa de un conocido,

y os lo traigo sin tardanza.

DON MARTÍN

Pues corre.

(Dándole un envión para que se vaya. DON LUIS le vuelve a asir y queda entre los dos.)

DON LUIS

No hay que soltarle.

PERICO

Pero iré bajo palabra

de honor.

DON LUIS

O entregas el dinero

o vas a pagar tus maulas

a un calabozo.

PERICO

¡Qué empeño!...

DON LUIS

Y en tanto que el señor llama

a la justicia...

TÍO JUAN

Allá voy.

(Hace que se va y vuelve.)

PERICO

Aquí está el dinero.

(Saca un bolsillo, DON MARTÍN lo toma, cuenta el dinero y se lo guarda.)

DON MARTÍN

Daca,

ratero.

PERICO

¡Ratero a mí!

DON MARTÍN

¿Y está todo?

PERICO

Lo que falta

Don Claudio os lo pagará,

que yo no me pringo en nada.

DON MARTÍN

Vamos a ver...

DON LUIS

Pues, amigo,

ya habéis visto lo que pasa,

y así, diréis a las madres

que cuando mi hermano salga

irá por allá.

TÍO JUAN

Está bien.

PERICO

La del humo.

Escena XIV

DON LUIS, DON MARTÍN, PERICO, DON CLAUDIO.

DON LUIS

¡Buena alhaja

de mozo nos ha venido!

¿Y en estos enredos anda

tu señor?

DON MARTÍN

¿Pues qué creías?

DON LUIS

Nunca pensé que llegara

a tal.

DON MARTÍN

Sí, el jovencito

es sujeto de esperanzas.

DON LUIS

Pero es menester saber

qué ha habido en esto, y qué... Llama

a ese muchacho.

PERICO

¡Don Claudio!

¡Señor Don Claudio!

DON LUIS

Esto pasa

de travesura y es cosa

muy seria para dejarla

así.

PERICO

Si pudiera yo

entretanto...

(En ademán de quererse ir por la puerta del lado derecho.)

DON LUIS

No te vayas...

Quieto.

PERICO

Bien está.

(DON CLAUDIO sale por la puerta del foro.)

DON CLAUDIO

¿Qué ocurre?

DON LUIS

¿Para esto has venido a casa,

Claudio? Nunca te creí

inclinado a tan villanas

acciones. El hospedaje,

la amistad, la confianza,

¿se pagan así?

DON MARTÍN

¡Bribón!

DON CLAUDIO

Toma, ¿pues qué...?

DON MARTÍN

¡Le matara

de un golpe!

DON CLAUDIO

Maldito sea

el papel y... Yo pensaba

que no os pudiera ofender

tanto, tanto...

DON LUIS

¡Es buena gracia,

por mi vida! ¿Te parece

que es para menos la chanza?

DON CLAUDIO

Ya; pero en cumpliendo como

hombre de bien.

DON LUIS

¿Y a qué llamas

cumplir como hombre de bien,

después de hacer una infamia?

¿Qué dirá tu padre cuando

lo sepa? ¿No ves que basta

para quitarle la vida

esta pesadumbre?

DON CLAUDIO

¡Vaya

que lo ponderan!... ¡Mi padre!

¿Cuánto va que no se enfada?

DON LUIS

¿Qué dices? ¿Estás en ti?

DON CLAUDIO

Pues digo bien; ya me cansa

tanto exagerar las cosas.

¡Mi padre!... Pues apostara

la cabeza a que mi padre

lo aprueba y me da las gracias.

Y, sobre todo... ¡Cuidado,

que parece que me tratan

como a un chiquillo!... ¡Oh! Pues yo

por bien soy como una malva;

pero por mal... ¿Si querrán

que me acoquine y les vaya

a pedir perdón?... Parece

que es alguna cosa extraña,

según se ponen... La quiero,

ya se ve, me da la gana

de quererla; ella me quiere

también a mí; conque pata.

¡Toma!... El papel ya está hecho;

su padre quiso encerrarla;

ella no quiere ser monja,

francisca ni mercenaria,

ni dominicana, ni alforja

ha querido ser casada,

y se ha casado conmigo.

DON MARTÍN

¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué ha sido?

DON LUIS

Calla,

déjale hablar.

PERICO

Si mi amo

está diciendo patrañas,

si sueña.

DON LUIS

Calla, o te mando

(Con ímpetu colérico. PERICO se va atemorizado por la puerta de la izquierda.)

tirar por una ventana...

Vete de aquí.

DON CLAUDIO

Digo bien.

Si no hay cosa que yo haga

que no se tilde y se riña.

Pues yo bien quieto me estaba.

Ella quiso... ¿Yo qué había

de hacer? ¿Dormirme en las pajas?

Y al cabo que...

DON MARTÍN

Pero ¿cómo...?

DON CLAUDIO

El cómo es cosa muy larga

de contar... Que sois mi suegro,

cabalito, en dos palabras...

Y lo que ha de ser por fuerza,

tomarlo de buena gana.

DON MARTÍN

Si... ¡Válgame Dios! No se

lo que me sucede... ¡Clara!

(Lleno de turbación y de inquietud, llama, acercándose a la puerta del lado izquierdo.)

Escena XV

DOÑA CLARA, DON LUIS, DON MARTÍN, DON CLAUDIO.

DOÑA CLARA

Señor... Padrecito mío,

¿me llamáis a mí?

DON CLAUDIO

Te llama

porque ya lo sabe todo.

Entre los dos me majaban

a sermones... El papel

nos lo han pillado: eso pasa.

DON MARTÍN

Ya lo comprendo... ¡Dios mío!

Déjame, que he de matarla.

(Huye DOÑA CLARA y se pone al lado de DON CLAUDIO. DON LUIS detiene a su hermano, que hace ademanes de cólera.)

DON LUIS

¿Qué vas a hacer?

DOÑA CLARA

Claudio, presto,

sácame de aquí.

DON MARTÍN

¡Malvada!...

¡Hija inobediente!... ¿Así

lo que te quise me pagas?

La he de matar.

DOÑA CLARA

Al instante

llévame de aquí. ¿Qué aguardas?

El papel lo tengo yo;

tu mujer soy, no tu dama;

en cualquier parte hallaremos

protección... Nada nos falta,

mientras yo viva a ninguno

necesitas.

DON MARTÍN

¡Desgraciada!

(DON MARTÍN, sintiéndose desfallecido, se apoya en la mesa. DON LUIS le sostiene y le encamina a la puerta de la izquierda.)

No puedo estar...

DON LUIS

Mira: vete

allá adentro... No adelantas

nada con verla.

DON MARTÍN

Es verdad...;

pero has de hacer que se vayan

sin dilación.

DON LUIS

Bien

DON MARTÍN

Que no

me pongan los pies en casa

nunca, nunca.

Escena XVI

DON LUIS, DOÑA CLARA, DON CLAUDIO.

DON CLAUDIO

Vamos.

(DON CLAUDIO y DOÑA CLARA quieren irse por la puerta del lado derecho. DON LUIS los detiene.)

DON LUIS

¿Cómo?

¿Y adónde iréis?

DOÑA CLARA

Él lo manda.

No faltará quien nos quiera

recibir.

DON CLAUDIO

Si aquí nos halla,

puede hacer un desatino.

Vamos.

DON LUIS

¿Quieres que se añada

el escándalo al absurdo

que habéis hecho?

DOÑA CLARA

Estoy muy harta

de sufrirle... ¿No habéis visto

cuánto le irrita que haya

pensado en casarme, como

cualquiera mujer se casa?

¿No ha de tener esto fin?

¿He de vivir siempre esclava?...

Chico, vámonos... Y no,

no temáis que esto dé causa

a escándalos. Hay papeles,

prendas, testigos que bastan

a probar que es mi marido

y yo su mujer. Mañana,

a las ocho, con un sí

y una bendición se acaba

todo, y entonces...

DON CLAUDIO

¿Entonces?

No han de pasar dos semanas

sin que me venga a pedir

limosna, y...

DON LUIS

(Con mucho enojo.)

¡Pícaro!

DON CLAUDIO

Vaya,

que... Pues digo bien: la herencia

viene..., y en habiendo plata...

(DON LUIS tomando la carta que está sobre la mesa, se la da a DOÑA CLARA. Esta la lee y hace ademanes de sorpresa y abatimiento.)

DON LUIS

Mira, infeliz, en qué estriban

tu orgullo y tus esperanzas.

DOÑA CLARA

¿Qué es esto?... ¡Ay de mí! ¿Es posible?

Moriré desesperada,

¡Inés la heredera!

DON LUIS

Sí,

el cielo quiere premiarla,

y a ti te castiga.

DON CLAUDIO

¡Calle!

Pues cierto que...

DOÑA CLARA

¡Desdichada!

DON LUIS

¿Qué te admira? Si engañaste

a tu padre, ¿qué esperabas

sino vivir infeliz?

DOÑA CLARA

¡Qué miseria nos aguarda!

¡Qué afrentas! Inés, llegó

el tiempo de tu venganza,

¡Ay!, mi padre vuelve... ¿En dónde

me ocultaré?

(DON CLAUDIO y DOÑA CLARA se retiran al fondo del teatro.)

Escena XVII

DON MARTÍN, DOÑA INÉS, DON LUIS, DOÑA CLARA, DON CLAUDIO.

DON MARTÍN

No, te cansas

en balde... No quiero verla.

DOÑA INÉS

Pero, señor...

DON MARTÍN

Que se vaya,

que se vaya, que me deje

morir.

DOÑA INÉS

Pobre, abandonada

de su padre, ¿a dónde irá?

DON MARTÍN

Que no me mire a la cara

jamás.

DOÑA INÉS

Prima, ven aquí.

(DOÑA CLARA se acerca tímida y confusa, y vuelve a retirarse al ver el enojo de DON MARTÍN.)

Llega, humíllate a sus plantas,

bésale la mano.

DON MARTÍN

Quita.

DOÑA INÉS

Por mí, señor.

DON MARTÍN

Vete, aparta,

¡hija indigna!

DON LUIS

Pero, hermano,

es menester perdonarla.

¿Qué quieres hacer?

DON MARTÍN

Que vea

cuántas desdichas arrastra

su delito.

DOÑA INÉS

Yo no puedo

ver sin que me llegue al alma

la desgracia de mi prima...

¿He de tolerar que salga

de aquí con la maldición

de su padre, rodeada

de aflicción y de miserias?

Hambre, desnudez la aguardan,

remordimientos crueles

que al mal obrar acompañan...

No, si la virtud consiste

en acciones, no en palabras,

hagamos bien... Padre mío,

no me neguéis esta gracia.

Permitid que con mi prima

toda mi fortuna parta;

que no, no quiero riquezas

si no he de saber usarlas

en amparar infelices...

¡Oh, maldito el que las haga

estériles y perece

sobre el tesoro que guarda!

DON MARTÍN

¡Inés, sobrina!

(DON MARTÍN y DON LUIS expresan su sorpresa y su ternura.)

DON LUIS

¡Querida

Inés!

DON MARTÍN

¡Tú sí que eres santa!

DOÑA INÉS

No, señor; soy compasiva

nada más... Pero se pasa

(Va adonde está DOÑA CLARA y la trae de la mano.)

el tiempo, y es menester

que hoy mismo quede firmada

mi cesión.

DOÑA CLARA

(Besando las manos a DOÑA INÉS.)

Inés, yo he sido

para contigo muy mala;

perdóname.

DOÑA INÉS

¡Qué locura!

Yo no me acuerdo de nada,

de nada.

DON MARTÍN

Yo sí me acuerdo,

ni puedo olvidarlo... ¡Falsa,

hipócrita, aborrecible

mujer!

DON LUIS

¡Cómo te arrebata

el furor!... Pero conviene

ceder a las circunstancias.

Hágase lo que propone

Inés...: con ella reparta

sus bienes, yo lo consiento;

pero ha de ser sin que haya

ni firmas ni obligación...

Se lo ha prometido, y basta.

Así podrá contenerlos

en su deber, y obligada

Clara de la inevitable

necesidad de agradarla,

sabrá arreglar su conducta,

reprimir la extravagancia

de su marido y, en fin,

si en ella estímulos faltan

de honor, hará el interés

lo que la virtud no alcanza.

Y tú, porque yo lo pido,

por no dejar desairada

a la pobre Inés, que está

pendiente de tus palabras,

perdónalos.

(DON CLAUDIO se acerca; él y DOÑA CLARA se arrodillan delante de DON MARTÍN, que, haciéndolos levantar, se encamina a DOÑA INÉS y la abraza afectuosamente.)

DON MARTÍN

Bien... Alzad,

hijos... Y no me habléis nada,

no... Que es mucha la inquietud

que siento... ¡Qué mal pensaba

de ti!... ¡Bendita!... ¡Hija mía!

¡Querida Inés!

DON LUIS

Encargada

queda de ser protectora

de su prima y de esta casa,

y amparo de tu vejez...

¡Oh! ¡Quiera el Cielo colmarlas

de dichas, y en amistad

vivan verdadera y larga!

DOÑA INÉS

Sí, señor, sí; viviremos

siempre amigas, siempre hermanas.

(DOÑA INÉS y DOÑA CLARA se abrazan.)

DON LUIS

Lo espero así... Pero tú

(Asiendo de las manos a DOÑA INÉS con expresión de ternura.)

no sabes cómo se halla

mi corazón. Al placer

que siento por ti, no igualan

todas las felicidades

de la tierra... Ni trocara

la dicha de ser tu padre

por el trono de un monarca.

¡Ojalá fuese el ejemplo

público!... Si esto miraran

aquellos a quienes tanto

las apariencias arrastran,

distinguieran la virtud

verdadera de la falsa.

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