La chica del gato - Carlos Arniches

La chica del gato

Carlos Arniches - 1921

Cláusula de uso y representación

Esta obra se encuentra en el dominio público y puede ser representada y adaptada libremente.

Acto I

Este acto ocurre en el interior de un casucho miserable del barrio de las Injurias, habitado por gente de ínfima condición social. No tiene más que planta baja, que consiste en una habitación grande, con una puerta al foro y un ventanuco que dan a la calle. En un rincón hay un banco de cocina de hogariles corrientes, y al lado, un fregadero de artesa. Al otro lado de la habitación, una mesa de pino y tres o cuatro sillas de diversas clases, pero todas rotas o desvencijadas. Un baúl viejo, una cómoda con un cajón tan solo, una jaula con un pájaro y una estampa de un torero pegada a la pared, completan el mobiliario. En el lateral izquierda, un hueco de puerta, sin puerta, cubierto con una tela de jergón remendada, da paso a una supuesta alcoba. A la derecha habrá otro hueco muy estrecho, con un portoncillo cerrado. Se supone paso a un pequeño corral. Es de día. Un día crudo del invierno madrileño.

Escena I

SEÑOR EULALIO, SEÑOR VENANCIO y EUFRASIA. Al empezar el acto, aparecen los dos primeros mirando afanosos por el ventanuco, con gran temor y atención, algo que ocurre en la calle. Tienen en la mano cartas de una baraja, que se verá sobre la mesa, en unión de un frasco y dos vasos de vino. Parece como que han interrumpido el juego para atender a un grave suceso exterior. EUFRASIA tiene la puerta ligeramente entreabierta, y por la rendija observa también, emocionada y temerosa. Hablan en voz queda, con emoción, con miedo.

SEÑOR EULALIO

¿Pasan?

EUFRASIA

Quieto.

SEÑOR VENANCIO

Aguarda.

EUFRASIA

Van dos.

SEÑOR VENANCIO

Calla.

EUFRASIA

Se paran en la esquina.

SEÑOR EULALIO

(Con terror.) No muevas la puerta.

EUFRASIA

Si es que me voy a asomar para ver si...

SEÑOR VENANCIO

¡Que puen notarlo!

SEÑOR EULALIO

¡Dita sea! ¡Pero qué bestias sois las señoras!... Pa que vengan aquí y nos...

EUFRASIA

Ya siguen.

SEÑOR EULALIO

Silencio.

SEÑOR VENANCIO

Aquí están.

(Apartan, temerosos y precavidos, las cabezas del ventanuco y se ve pasar a dos jóvenes bien vestidos. Se hace un silencio.)

EUFRASIA

Ya han pasao.

(Los dos hombres vuelven a mirar.)

Tuercen por el paseo e las Yeserías.

SEÑOR EULALIO

Tirarán pa la Puerta e Toledo.

SEÑOR VENANCIO

Es el camino.

(Dejan de observar; se reúnen; con misterio.)

SEÑOR EULALIO

Pero ¿tú estás segura que son dos de la Poli?

EUFRASIA

¡Anda este! Tan segura como de que me llamo Ufrasia, naa más... Toas las señas: el gabancito, el flexible, su bufanda, sus guantes...

SEÑOR VENANCIO

(Afirmando.) Dos agentes.

SEÑOR EULALIO

¿Y dices c'han entrao en caa el Caneja?

EUFRASIA

Allí han entrao, y han estao media hora por lo poco.

SEÑOR VENANCIO

De registro.

SEÑOR EULALIO

Seguro.

EUFRASIA

Eso es el robo de la cae Hermosilla.

SEÑOR VENANCIO

Pues tendrá el gachó su zurullo correspondiente.

SEÑOR EULALIO

L'han quitao el hipo pa cinco años.

EUFRASIA

Pero ¿tú te piensas que el Caneja tendrá parte en esa chapuza?

SEÑOR VENANCIO

Mujer, yo lo que pueo decirte es que no sé lo que será; pero el Caneja, de poco tiempo a esta parte, él sus buenas botinas, él su pelliza nueva...

SEÑOR EULALIO

¡Toma!... Y su chica va fardaíta de buten, que la otra tarde me la encontré yo ahí, en el Vaivén Palace de la cae de la Esgrima, con sus medias de seda y su faldita de raso... Amos, que paecía talmente una señorita recién sacá de ese hotel que le dicen como los grillos...

SEÑOR VENANCIO

¿Riz?

SEÑOR EULALIO

Riz.

EUFRASIA

¡Anda este!... Y el otro día, en el ventorro del Cachimba, pa celebrar las bodas d'aluminio, porque dice que a él no le gusta naa pelao, del Caneja y la Bizca, pues dieron una ensalá-tango con lo menos tres ruedas de escabeche, cinco latas de sardinas, dos frascos de tintillo, puros d'a quince y, a más, sortearon entre la concurrencia dos panecillos.

SEÑOR EULALIO

¡Gachó, qué lujo! ¡Ni en ca Medinaiceli!

SEÑOR VENANCIO

Pos eso es algo.

EUFRASIA

Ese tie una combina; eso es clavao.

SEÑOR EULALIO

¿Y tú crees que en ese robo...?

SEÑOR VENANCIO

En ese u en otro... ¡Cuando los agentes datilean!...

SEÑOR EULALIO

Ni qué decir.

EUFRASIA

Además, que el Caneja toa su vida ha sío de los del tope. Que ese los domingos no pues contar con él pa na. Coge una palanqueta, se va a llamar a los pisos, y ande han salío a expansionarse, han hecho la festividaz... De que vuelven no se encuentran ni el asperón.

SEÑOR EULALIO

Pero pa mí que lo de ahora es otro tingli; porque antes, ca dos por tres estaba en la cárcel, y al presente, pues bien tranquilo que lo ties en su casa.

EUFRASIA

Ya ves hoy; los agentes se conoce que venían a hacerse con él; pero no han podido apiolarlo.

SEÑOR VENANCIO

¡No; si ese, como vivo, es más vivo que el hambre!

SEÑOR EULALIO

Es un hombre que se las sabe ingeniar. ¡Yo l’almiro!...

SEÑOR VENANCIO

En fin, sigamos con nuestro mus, que van jugás cinco gordas de livianos; que no te s'olvide.

SEÑOR EULALIO

Pues venga.

(Se sientan junto a la mesa. Juegan. EUFRASIA destapa y echa sal de un bote al pucherete que está en la lumbre.)

Yo creo que tenía pares.

(Mira las cartas.)

Sí, y me duran..., y te había echao cuatro.

(Bebe vino.)

SEÑOR VENANCIO

Y yo no quería...; pero que ni a mi familia.

SEÑOR EULALIO

Bien hecho; una, porque no. (Recoge un tanto.) Y tengo jueguito.

SEÑOR VENANCIO

Y un servidorito.

SEÑOR EULALIO

El mío es de amarraco.

SEÑOR VENANCIO

Pal gato, que eres mano. Me enjuagaré; (Bebe.) es too lo que voy a ganar.

SEÑOR EULALIO

Pues una de grande en paso y una de chica, dos; dos de pares, cuatro, y tres de...

Escena II

Dichos y CANEJA.

CANEJA

(Asomando muy azorado la cabeza por el portoncillo de la izquierda.) ¿Se puede?

SEÑOR EULALIO

(Asombrado.) ¡Caneja!

CANEJA

(Imponiendo silencio.) ¡Chis!

SEÑOR VENANCIO

¡Pero tú!...

(Se levantan.)

CANEJA

¡Silencio..., por lo que más queráis! (Entra.)

EUFRASIA

Oye, tú, no comprometas; que si t'han visto de entrar aquí...

CANEJA

(Fatigoso.) No. He veve..., venío arrastrándome, pepe; pepegao a la tapia y he sa..., he saltao por el corralejo... ¡Gachó!... De poco me trincan... No pueo hablar... Agua..., agua...; dame agua...

SEÑOR EULALIO

(A EUFRASIA.) Dale agua.

CANEJA

(Acabando la frase.) Digo aguardiente... Déjame que acabe.

EUFRASIA

El de los amigos se nos ha arrematao.

SEÑOR VENANCIO

(Le da vino.) Toma un buchito de sustitutivo.

CANEJA

(Bebe.) Gracias, ¡chiquillos!... ¡Me he visto en Ocaña! Ahora no tengo tiempo... Ya sus contaré... Pero me vais a hacer un favor. Guardarme esto...

SEÑOR EULALIO

Pero...

CANEJA

¡Chis!... Guárdamelo, por tu madre... Un cuadrito antiguo, se cree que del Ticiano... (Lo saca de debajo de la americana.) Dos bandejitas repujás; se cree que de Bienvienuto... (Las saca de la cintura.) Y un Sèvres... Neztuno tocando a Diana...

EUFRASIA

¡Atiza!... ¡Tocando a Diana!...

SEÑOR EULALIO

Bueno, tú; pero es que yo...

CANEJA

Apoquino diez machacantes por la custodia, ¿hace?

SEÑOR EULALIO

Venga. (Coge los objetos.)

EUFRASIA

¿Pero too esto...?

CANEJA

Sonsi y enterrarlo. Venga en seguida. Ya sus contaré... Nos haremos ricos... Tengo una combina súper.

SEÑOR VENANCIO

Oye; pero si los de la Poli...

CANEJA

No seas manús. (Al SEÑOR VENANCIO.) Y tú, cuidao con el chivatazo.

SEÑOR VENANCIO

Amos, primache. Soy un pozo. Ya me conoces.

CANEJA

No tardo... Vuelvo... Ya sabréis... Silencio... ¡Qué combina!... ¡Ricos!... (Vase rápidamente por la derecha.)

SEÑOR EULALIO

¡Qué gachó!

SEÑOR VENANCIO

Es un rayo.

EUFRASIA

Pero ¿diez duros naa más por guardarle esto?

SEÑOR EULALIO

Eso de diez duros... Tú mételo en el baúl, que luego hablaremos...

SEÑOR VENANCIO

Vosotros guardarlo, y después... A más, que yo me llamo a la parte, porque estaba presente...

SEÑOR EULALIO

Ni qué decir.

Escena III

Dichos y una VECINA.

VECINA

(Asomándose por la puerta del foro. Como aviso de alarma.) Señá Ufrasia... Señá Ufrasia...

EUFRASIA

¿Qué hay?

VECINA

Que m'ha dicho mi madre que l'avise a usté de que las señoras de la vesita domicilaria que vienen.

EUFRASIA

¡Que vienen las señoras!... ¡Arrea!

VECINA

Que se preparen ustés, c'han dicho que vienen aquí.

SEÑOR EULALIO

¡Esas tías!... ¡Maldita sea su estampa! Y vienen con la oportunidá de una charanga a la hora de la siesta.

EUFRASIA

Sí; pero hay que recibirlas. Esas señoras tapan mucho. Y no las recibes, y ties aquí a la Guardia Civil caa dos por tres.

SEÑOR EULALIO

¡Toma! Pos si no fua por eso...

VECINA

De prisa, que vienen. (Vase.)

SEÑOR EULALIO

Mete eso en el baúl.

EUFRASIA

Venga. (Lo guarda apresuradamente.)

SEÑOR VENANCIO

¡Maldita sia!... ¿Y yo qué hago?

SEÑOR EULALIO

Escóndete en la alcoba; te tumbas y esperas.

(SEÑOR VENANCIO vase por la puerta izquierda y deja caer la cortina.)

Dame la manta...

EUFRASIA

Toma. (Se la da.) Siéntate aquí...

SEÑOR EULALIO

(Se envuelve y se tumba.) ¿Qué enfermedad les dije el otro día que m'aquejaba, que no m'acuerdo?

EUFRASIA

Gota.

SEÑOR EULALIO

¡Ah, sí!... Eso, ¿dónde duele?

EUFRASIA

No sé. Callaos, que están aquí.

Escena IV

Dichos y SEÑORAS 1.ª y 2.ª, por el foro.

SEÑORA 1ª

¿Se puede?

EUFRASIA

Alante... Pasen, pasen las señoritas; pasen alante.

(Muy humildes y plañideros.)

SEÑORA 2ª

(Entrando.) Santos y buenos días.

SEÑOR EULALIO

Vengan con Dios las señoritas.

EUFRASIA

La Virgen Santísima las acompañe a las señoritas.

SEÑOR EULALIO

Que ya es de agradecer en un día como el de hoy.

SEÑORA 1ª

¡Está frío de veras!

EUFRASIA

(Dándoles sillas.) Siéntense las señoritas; con cuidao, pero siéntense.

SEÑORA 1ª

(Tantea la silla antes de sentarse.) ¡Jesús, qué silla! Se mueve de un modo...

SEÑOR EULALIO

No tenga cuidao la señorita. El primer momento es alarmante; pero luego, acostumbrándose, casi da gusto.

SEÑORA 2ª

(Probando la suya.) Pues esta también...

SEÑOR EULALIO

Sí; a esa la llamamos el «Alfonso XIII», porque es como embarcarse en el Retiro en ese vaporcito que hay.

SEÑORA 1ª

¡Tiene gracia!

SEÑORA 2ª

¿Y qué tal, qué tal desde la semana pasada? ¿Cómo está, Eulalio?

SEÑOR EULALIO

Pues ya lo ve la señorita; el paralís me progresa en términos que ya no me valgo pa naa de los remos.

EUFRASIA

(Suspirando.) ¡Ay Señor!...

SEÑOR EULALIO

Y como esto es reumático, pues necesito muchísimo abrigo, y si las señoritas me pudieran dar un par de mantas siquiera...

SEÑORA 1ª

¿Cómo un par de mantas?

SEÑORA 2ª

Pero ¿y las dos que le trajimos la semana pasada, qué han hecho de ellas?

SEÑOR EULALIO

Sí; nos trajeron dos las señoritas; pero...

SEÑORA 1ª

¿Pero qué?

EUFRASIA

¡Ay, Señor!

SEÑOR EULALIO

(Casi llorando.) Pero las señoritas me tendrán que perdonar, Ya s'harán cargo... Uno es padre antes que too... Y mi chico, el pobrecito, que ya tien el gusto de conocerlo las señoritas, pues..., la creatura..., gana tan poco en su oficio...

SEÑORA 1ª

Pero ¿qué oficio tiene?

SEÑOR EULALIO

Aprendiz de... huelguista...

SEÑORA 2ª

¡Qué cosa más rara!

SEÑOR EULALIO

Digo esto, porque desde que s'ha dedicao a albañil..., pues creo que ha trabajao hora y cuarto en cinco meses. Y las señoritas dispensarán; pero le hemos dao al chico las dos mantas pa que no se helase el pobrecito este invierno.

SEÑORA 1ª

Mal hecho, que ustedes, como más viejos, necesitan de mayor cuidado.

SEÑORA 2ª

No hay abrigo como los pocos años.

SEÑOR EULALIO

Sí, claro; pero uno es padre... Las señoritas, como no son padres...

SEÑORA 1ª

En fin, se hará todo lo posible por complacerles. Es decir, se hará todo lo posible y un poco más. Pero..., ¡no podía faltar el pero!...: pero nosotras también tenemos que pedirles a ustedes un favor.

EUFRASIA

¿Un favor las señoritas?

SEÑORA 1ª

¡Oh, y muy interesante!

SEÑOR EULALIO

Pero nosotros, ¿qué favor podíamos...?

SEÑORA 2ª

Verán ustedes, verán ustedes...

SEÑORA 1ª

Usted, Eulalio, y usted, Eufrasia, no están casados, ¿no es cierto?

EUFRASIA

¡Eeeeh!... (Titubeando.)

SEÑOR EULALIO

No, señora... ¿Pa qué nos vamos a poner moños?

SEÑORA 1ª

¿Y cómo no se han casado ustedes, habiendo tenido un hijo?

SEÑOR EULALIO

Como no ha sío más que uno...

SEÑORA 2ª

Pero la niña, esa muchachita tan mona, ¿no es hija de ustedes?

EUFRASIA

¿Quién, la Guadalupe?... No, señora; no es hija nuestra. ¡Qué va a ser ese escuerzo!

SEÑOR EULALIO

Esa niña, ¿saben las señoritas?..., la tenía recogida una medio sobrina de esta, y creo que era de una chica que vino a servir..., y no sirvió y se volvió al pueblo; y por no volver con aquella vergüenza, pues se dejó aquí a la creatura... A poco, faltó esa medio sobrina que digo, y como la chica era muy pequeñita, nos dio lástima (primo que es uno), nos la trajimos a casa, y, claro, unos pobres, ¿de qué íbamos a mantenerla?... Pues la echamos a pedir pa que supiá hacer algo útil y pudiá valerse el día e mañana...

SEÑORA 1ª

¡Bien, bien!... Pues con todas esas cosas, ¿por qué no santifican ustedes esta unión que el tiempo y el cariño...? Nosotras nos encargaríamos de gastos y demás.

SEÑORA 2ª

Vamos, ¿por qué no se casan ustedes?

SEÑOR EULALIO

(Riendo.) Pero, señoritas... ¿Nosotros casarnos?... ¡De ninguna forma!

SEÑORA 1ª

Pero ¿por qué no quiere usted casarse?

SEÑOR EULALIO

Pues porque..., porque me da muchísima vergüenza. Ya no tie uno edaz pa esas tonterías.

EUFRASIA

(Como avergonzada.) ¡Por Dios, señoritas!... De chicos, vamos, menos mal; pero ahora ya...

SEÑOR EULALIO

¡Casarse unas personas formales!...

EUFRASIA

¡Virgen!... Nos apedreaban.

SEÑOR EULALIO

Y luego que habría que oír las chuflas de las comadres del barrio.

SEÑORA 1ª

Todo eso son escrúpulos y prejuicios de la poca cultura y de...

SEÑORA 2ª

(Aparte, a la SEÑORA 1.ª.) Déjelos ya, marquesa. En otra ocasión insistiremos. A esta gente, poco a poco. (Alto.) Bueno, ¿y esa muchachita que tienen ustedes recogida?...

EUFRASIA

¿La Guadalupe?

SEÑORA 2ª

Suponemos que, aunque no sea hija, la educarán cristianamente...

SEÑOR EULALIO

¿Quién?... ¿Dice la señorita cristianamente?... Que no me falta un sábado a la doctrina, naa más.

SEÑORA 1ª

¿Y no tendrá novio, a pesar de sus quince años, eh?...

EUFRASIA

¡Novio!... Caa, no tengan miedo las señoritas; si es una pagüesa...

SEÑOR EULALIO

Es un cacho e tonta que no pue con su alma.

EUFRASIA

Más inocentona y más...

Escena V

Dichos y GUADALUPE; luego, PIRULI.

GUADALUPE

(Dentro, chillando. Es una chiquilla como de quince años; sale desgreñada, con un gran desgarrón en la falda. Eleva en brazos un gato pequeñito, con un lazo azul en el cuello. Antes de salir se oye en la calle un gran tumulto y las voces chillonas de GUADALUPE y los ladridos furiosos de un perro.) ¡Madre!... ¡Madre!... ¡Señá Prisca, que me muerde!... ¡Madre!... ¡Que le tiro una piedra!... ¡Morito!... ¡Señá Prisca!... ¡Ay, que m'asgarrao la falda!... ¡Madreee!... ¡Toma, recondenao!

(Se oye aullar al perro y alejarse.)

¡Ladrón!...

(Entra llorando y mirándose la falda.)

¡Madre!...

EUFRASIA

¡Pero, niña! (Señalando a las SEÑORAS.) Pero ¿no ves quién...?

GUADALUPE

(Asustada, tratando de sonreír.) ¡Huy!... ¡Ay!... Las señoras... ¿Ustedes?... ¡Yo no sabía! Era yo que...; (Tratando de disimular el roto de la falda.) ¡Ay!... ¡Huy!... Ha sido ahora, que... ¡Ay!... ¡Huy!...

PIRULI

(Abre el ventanuco, se asoma y dice en tono burlón.) Guadalupe, escupe; que t'has tragao un pelo. (Desaparece.)

GUADALUPE

¿A que te tiro una piedra?

SEÑORA 1ª

¡Pero, hija, por Dios!

GUADALUPE

(Sonriendo.) No; si es de groma. (Con gracioso rubor.) Es el chico que me habla; le dicen el Piruli, porque es mu bajito. Y como es tan gromista, pues se trae toos los timos que sacan en los bailes del solar... Y ahora l'ha tomao con eso y siempre me está diciendo: «Guadalupe, escupe; que t'has tragao un pelo». Lo dice por esto que tengo yo al hablar, que paece que me se enreda alguna palabra... Pero yo también le he sacao otro timo a él. No sudes, Felipe; no cojas la gripe. Se llama Felipe. Gromas que nos gastamos.

SEÑORA 2ª

Bueno, y tú, ¿de dónde vienes tan desolada y tan...?

GUADALUPE

Pues d'ahí, de...; que he salío a la... De hacer una vesita.

SEÑORA 1ª

¿Y ese gato?

GUADALUPE

Pablito.

SEÑORA 2ª

¿Le llamas Pablito?

GUADALUPE

Sí, señora; pa servir a usté.

SEÑORA 1ª

Pero, hija, ponerle a un animal nombre de persona no está bien.

GUADALUPE

Sí, señora...; digo, no, señora...; pero... Bueno, es que este gato, quitándole lo de animal, es talmente una persona, mejorando lo presente.

SEÑORA 1ª

(Sonriendo.) Gracias.

GUADALUPE

Y el pobrecito, yo no sé lo que tien los perros, que l'han tomao con él. Ya ven ustés, ahora mismito, si no voy, que gracias que he ido, porque le he sentido de mayar que partía el alma, va el Morito (el Morito es el perro de la señá Prisca, la trapera que vive ahí orilla), un perrito que, si le viesen las señoritas, no levanta tanto así... (Señalando una altura.) ¡Pero es más malo!... Es de esos que les dicen fusterrieres, que los tienen para que cojan ratas en las cocheras... Y no es que la señá Prisca tenga cocheras; pero tie ratas, que a veces se tienen ratas sin tener cocheras... Pues, como decía, ha ido el Morito, y si es que no va una servidora y coge al gato, que gracias que es mu listo y s'había subido a un árbol, pues va el Morito y me lo mata.

SEÑORA 2ª

¿Y tú le quieres mucho?

GUADALUPE

Sí, señora... Es que duerme con una servidora, y me quiere, que, vamos, no paece animal... Ese lazo es mío; pero se lo regalé ayer, que era su cumpleaños...; cumplía mes y medio.

SEÑORA 1ª

Pero, hija, ¿tú no sabes que no es cristiano tener a los animales ese cariño tan grande?

GUADALUPE

Pero cuando una ve que los gatos la quieren a una más que las...,

(EUFRASIA le hace un gesto de ira.)

más que las...; más que los otros animales..., pues, claro, una... Y luego, ¡que es más bien educao y más limpio!... No necesita ni serrín. ¡Y tie un conocimiento!... En cuanto tie hambre, ya se sabe, a casa de un vecino. ¡Salao!...

(Lo besa.)

EUFRASIA

Pero ven aquí, recondená; pero ¿cómo llevas la falda?

GUADALUPE

Pues ha sío el Morito, que en cuanto he cogío al gato en brazos, pues me saltaba que me se quería subir pa morderlo, y ha ido y ¡ras!... ¡Me ha esgarrao un poco la falda! ¡Dichoso perrito! Es una mala intención; pero estoy deseando de que lo cojan los laceros... Que ustés no lo conocen, que el otro día fue y se embistió al chico de la señá Juana y le puso el pantaloncito, que gracias que era día de fiesta y llevaba calzoncillos la creatura, que si no, yo no sé... Y es que como el amo es sastre y su novia es modista, pues pa mí que lo tien enseñao..., y está desnudando a la vecindaz. ¡Qué perrito! ¡Como que yo me estaba haciendo un jersey y hasta que no le den la morcilla no me lo acabo!

SEÑORA 1ª

Bueno, y tú, ¿qué haces ahora?

GUADALUPE

(Con extrañeza.) ¿Yo?

SEÑORA 2ª

Sí; ¿qué haces?

GUADALUPE

¿Que qué hago de qué?

SEÑORA 1ª

¿Si trabajas en algo?

GUADALUPE

Sí, señora, trabajo; pero ahora no trabajo.

SEÑORA 1ª

¿Y qué te gusta más de todo?

GUADALUPE

¿A mí? ¿Que qué me gusta más?... Los filetes empanaos.

SEÑORA 1ª

No, mujer; si digo de trabajar. ¿Qué oficio prefieres?

GUADALUPE

¡Ah! ¿De trabajar? Pues de trabajar, lo que más le gusta a una servidora, es estar pa recaos y mantenida.

EUFRASIA

¿Ven ustés?... No, si como hambrona...

GUADALUPE

Es que una está creciendo, y una cuanto mayor se hace, pues más gana tiene. Eso lo mismo l'habrá pasao a las señoritas, que no creo yo que sea denguna cosa así de...

SEÑOR EULALIO

Bueno; cállate y no marees a las señoritas, rica; que tú paeces un peón de música, que cuando te dan cuerda, no callas.

GUADALUPE

Pero, señor, cuando a una le preguntan, me se hace a mí que lo natural es que una conteste; porque, vamos...

EUFRASIA

Cállate ya, mujer. (La empuja a un rincón.)

SEÑORA 1ª

(Se levanta.) Pues nada, aquí tienen ustedes dos bonos de a peseta, un bono de garbanzos y otro de arroz..., y ya enviaremos las mantas...

GUADALUPE

(Al gato.) Aguarda, que voy a ver... ¿No tendrían las señoritas bonos de cordilla?... Es pa Pablito.

SEÑORA 1ª

¡Hija, por Dios!

SEÑORA 2ª

¡Jesús, qué ocurrencias!

EUFRASIA

¡Amos, chica, a ver si te callas!

GUADALUPE

¡Era pa Pablito!... Señor... A ver si porque es gato no va a tener derecho a... (Se separa refunfuñando. Deja el gato. Saca un pedazo de espejo y medio peine y se atusa el cabello.)

SEÑORA 1ª

Vaya, hasta la semana que viene, si Dios quiere.

EUFRASIA

Vayan con Dios las señoritas.

SEÑORA 2ª

Que usted se mejore, Eulalio.

SEÑOR EULALIO

Tantísimas gracias, señoritas.

(Vanse por el foro.)

Escena VI

GUADALUPE, EUFRASIA, EULALIA, SEÑOR VENANCIO y SEÑOR EULALIO.

SEÑOR VENANCIO

(Saliendo por la izquierda.) ¡Gachó, qué pelmas!

SEÑOR EULALIO

Pues to eso qu'has oído, por un kilo de arroz y dos pesetas semanales.

EUFRASIA

¡Toma! Y por una manta que regalan quieren que esté una haciendo cola pal martiriologio. ¡Amos, es pa comérselas! ¡Qué tías!

GUADALUPE

Pues no digan ustés, bien regüenas que son; que a mí me tien regalao...

SEÑOR EULALIO

Amos, cállate; si no quies que te rompa las narices, so trompo.

GUADALUPE

(Asustada ante la amenaza.) ¡Pero, papá!...

SEÑOR EULALIO

A mí no me digas papá, porque te quito la cara de un guantazo.

GUADALUPE

(Al SEÑOR VENANCIO.) ¿Está usté viendo?... ¡En esta casa no se pue ser fina ni tener modales! Yo digo papá, porque me hace más elegante.

SEÑOR EULALIO

¡Elegante! Pero ¿tú oyes a esa necia?... ¡La señorita del espejo!... (Riendo.) Amos, hombre; hasta los gatos quieren zapatos. ¡Ja, ja, ja!

EUFRASIA

Pero ¿qué se querrá mirar ese peazo e tonta?

GUADALUPE

Lo que se mira to el mundo: la cara.

SEÑOR EULALIO

Pero si no te cabe en el cristal esa cara e torta que tienes.

GUADALUPE

Es que me la miro en veces.

SEÑOR EULALIO

¿Guasitas a mí?... Hale..., venga el espejito y el peine... ¡A la calle too! (Se lo tira a la calle.)

GUADALUPE

(Con amargura.) ¡Pero, papá!...

SEÑOR EULALIO

Que no me digas papá, ¡que te escalabro!

GUADALUPE

(Llorosa.) ¡Está usté viendo!... M'ha tirao el neceser! ¡Dita sea!

EUFRASIA

(Burlándose.) ¡Angelito!

GUADALUPE

(Llorando.) ¡En esta casa no pue ser una ni aseada! Con decir que me compré una pastilla e jabón de diez céntimos el mes pasao y no me la dejan usar...

SEÑOR VENANCIO

Entonces, ¿pa qué la quieres?

GUADALUPE

Pa olerla; es el único consuelo que tengo.

SEÑOR EULALIO

Aquí no queremos señoritas del pan pringao.

GUADALUPE

¿Pringao?... ¡Sin pringar lo quisiera yo aunque fuese!

SEÑOR EULALIO

Si quies pan, trabaja, so holgazana; que ya podías ganarte la vida con lo zanguanga que eres.

GUADALUPE

¿Yo zanguanga?

SEÑOR EULALIO

Sí, señora.

GUADALUPE

Pues bien colocá que estaba y bien de simpatías que tenía yo en ca madame Gorguin cuando entré d'aprendiza, que ya me iba a sentar la maestra con seis reales; pero ustés m'obligaron a traer una madeja e seda todos los días pa venderla, y claro, una noche me cogieron una liada a la cintura, y pa quitármela me estuvieron devanando, que aquello fue una juerga de las oficialas; y entre la vergüenza y las vueltas que me hicieron dar, caí al suelo con un mareo que de poco me muero. Y luego me escupieron y me echaron a la calle. (Se acerca al braserillo.)

SEÑOR VENANCIO

(Riendo.) ¡Ja, ja!... Tie gracia. ¡Devanarla!

GUADALUPE

Luego, en ca madame García, la de los sombreros, se empeñaron ustés también que trajese plumas, hasta que otro día me sacaron un paraíso de debajo del delantal, y aquello fue más terrible; porque me dieron, entre madame y la premier, la premier paliza, y me bajaron hasta la calle, y las otras aprendizas venían detrás llamándome ladrona y yo no sabía qué decir, y la gente me miraba; que desde entonces tengo una cosa aquí, que ya no quiero ir por donde haya gente ni por parte ninguna, que bien lo sabe Dios que quisiera morirme...

EUFRASIA

No tengas cuidao, que mala hierba...

GUADALUPE

Conque a ver cómo voy a trabajar. ¡Y to pa estas hambres y estos fríos que pasa una!...

SEÑOR EULALIO

¡Hale, fuera del brasero!

GUADALUPE

Sí, señor; ya me voy. ¡Hay que ver lo que me pasa! ¡Será el mal que tengo hecho en este mundo, que yo no sé qué castigo es este! (Llora.)

SEÑOR EULALIO

(Riendo.) Mia qué cara e magoya... ¿No te lo digo?... ¡Ni llorar sabe!

GUADALUPE

Pues no será porque no lo tengo prazticao, que dende bien pequeña que no hago otra cosa.

SEÑOR EULALIO

(Haciendo una mueca de burla.) ¡Aaaah!... (Amenazándola.) Amos, quítate de ahí si no quieres...

SEÑOR VENANCIO

¡Déjala ya a la chica!... Y últimamente me la mandáis a casa, veréis cómo yo la saco partido.

GUADALUPE

(Aterrada.) ¡Yo con usté!...

SEÑOR VENANCIO

No te pienses que es con ningún fin malo.

GUADALUPE

Sí; pero yo a su casa no voy.

SEÑOR VENANCIO

Pues docenas de chicas tengo colocadas a escoger trapo con tres reales diarios y la jorná de ocho horas, y bien recontentas que están algunas.

GUADALUPE

Algunas, sí; pero yo..., yo es que no me doy maña pa escoger trapo. (Con resolución.) Yo no voy.

EUFRASIA

¿Oyes la holgazanota esta?...

GUADALUPE

(Aparte.) ¡Yo en ca el señor Venancio, con lo que tengo oído de otras?... ¡Primero, ladrona! (Vase aterrada por el corralillo.)

SEÑOR EULALIO

No; sí la que sale perra...

EUFRASIA

Nosotros tenemos la culpa; ya lo dice el dicho: «Cría cuervos...».

Escena VII

EUFRASIA, SEÑOR EULALIO, SEÑOR VENANCIO y CANEJA.

CANEJA

(Asomándose por la puerta del foro.) ¿Estáis solos?

SEÑOR EULALIO

Pasa.

CANEJA

(Mirando por la calle a derecha e izquierda.) Esperarsos. Nadie.

EUFRASIA

¿Te seguían?

CANEJA

No sé; pero me tien sobresaltado. Ahora, que no me trincan. (Jura.) Por estas.

SEÑOR EULALIO

Entra.

CANEJA

¿No hay nadie aquí?

SEÑOR VENANCIO

Los que ves.

SEÑOR EULALIO

Gente e paz.

EUFRASIA

Y la chica ahí fuera.

CANEJA

¿Habéis guardao eso?

SEÑOR EULALIO

En el baúl está.

SEÑOR VENANCIO

Vaya unos ojetitos, mi amigo.

CANEJA

Eso en cualisquier antiguario son quinientas pesetas, por lo corto.

EUFRASIA

(Acción de robar.) ¿Y de dónde...?

CANEJA

Chiquillos, he dao con la primer combina.

SEÑOR EULALIO

¡Gachó!

CANEJA

¡Y saltándome a la torera el Código Penal, que es lo grande!

SEÑOR EULALIO

¿Tú crees?...

CANEJA

Que a mí ya en la Casa e Canónigo, pero que ni me huelen.

SEÑOR VENANCIO

Eres un águila, Caneja.

CANEJA

Y si nos asociáramos, ricos.

SEÑOR EULALIO

(Con ansiedad.) Pero ¿qué dices?

CANEJA

Riquísimos; naa más.

SEÑOR EULALIO

Habla, por tu salú.

EUFRASIA

¿Qué hay que hacer?

CANEJA

Sindicatarse, por lo pronto.

SEÑOR VENANCIO

¿Pero tu combina?...

CANEJA

Veréis qué sencilla, qué clara y qué frutífera. Es el huevo frito de Colón. Antes, como sabéis, yo trabajaba de magoy por mi cuenta y a too riesgo, dando la cara y el pelo. Y a caa paso un tropiezo, un tropiezo de cuatro u seis meses de encierro. ¡Tórtola que es uno! Na, que hacía un asunto de seiscientas pesetas, pongo por hacer, y entre pitos y flautas, de curiales y demás, pues que te quedabas al raso. Pero, chiquillos, un día caí de mi jumento, pa que veáis que soy fino, y como si me hubiá tocao el gordo en las dos series.

SEÑOR EULALIO

¡Rediez!

CANEJA

Oído al parche. Mi chico tiene ya once años, ya va pa doce, y como sabéis, es más lince que un tal Cardona; pues yo pienso lo que pienso, y voy un día y le meto al chaval en una tienda elegante de confección de ropa blanca de señoras, y en la aztualidad me tenéis al niño con su cajita al brazo recorriendo toas las casas grandes de Madriz de marquesas y duquesas y demás. El chiquillo, convenientemente istruido por su señor padre, entra en recibimientos y antesalas, y de aquí una bandejita, de allí un trajetero, de más acullá un talavera u bien un cuadrito; me coleciona ojetos de arte... y al mismo tiempo desenrosca todas las bombillas que puede; total, sustración de ojetos que no saltan a lo simple de la vista. Lo mete todo en su cajita, toma el tole y raro es el día que no me hace de veintinco a treinta pesetas. ¿Sus habéis percatao?

SEÑOR EULALIO

¡Gachó, qué lince!

CANEJA

¿Y quién sospecha de una creatura con tantos botoncitos?

SEÑOR VENANCIO

¡Eres admirable!

CANEJA

¿Que un día me lo cogen al chico inflagrante? Pues dos pescozones, a lo cual ya está acostumbrao, y si dan parte, poniéndose en lo malo, hurto por un menor, quince días al patio e los micos y liquidaos.

EUFRASIA

¡Mi madre, lo que vales!

SEÑOR VENANCIO

Bueno; Salomón era un higo chumbo a tu lao.

SEÑOR EULALIO

(Que ha quedado pensativo.) ¡Recontra; callarse!

EUFRASIA

¿Pero...?

SEÑOR EULALIO

¡Cállate!... ¡Ay, qué idea m'has dao, Caneja!

CANEJA

Me la figuro. ¿Vosotros no tenéis a la Guadalupe?...

SEÑOR EULALIO

¡Pues eso estaba pensando yo!

CANEJA

Y esa era mi idea que quería comunicaros, primo...; que entre mi chico y tu chica, trabajando al mancomún...

SEÑOR EULALIO

¡Clavao!

CANEJA

Yo tengo preparás unas circulares de modistas y sombrereras de lujo, pa operar en grande, y si nos ponemos d'acuerdo sus lo explico y...

SEÑOR EULALIO

¡Hecho!

EUFRASIA

¡Qué negocio!

SEÑOR VENANCIO

¡Gachó, qué lince!

CANEJA

Pues vamos a mi casa, os expongo la cosa detallada, ultimamos, y a trabajar los niños...

SEÑOR EULALIO

¡Colosal! Amos allá.

CANEJA

Traer eso; sus pagaré en casa.

(Sacan los objetos del baúl.)

EUFRASIA

Vamos por aquí. (Indica el corral.)

SEÑOR VENANCIO

Con cuidao.

SEÑOR EULALIO

De esta hecha, puro después de caa comida, que es mi ideal...

(Vanse sigilosos por el corralillo.)

Escena VIII

GUADALUPE y PRIMI, por el foro.

GUADALUPE

(Con mucha alegría.) ¡Pero, Primi! ¿Tú por aquí?

PRIMI

¡Adiós, Pitusa!

GUADALUPE

¡Tanto tiempo sin verte, chico!

PRIMI

Cuatro meses y un día.

GUADALUPE

¿Has estao fuera?

PRIMI

(Sobriamente.) He estao dentro.

GUADALUPE

(Con extrañeza.) ¿Dentro?

PRIMI

Ahí, en la... pensión Rosales.

GUADALUPE

¡Madre!

PRIMI

Me echaron seis de correcional, por lo del hotel.

GUADALUPE

¡Qué canallas!

PRIMI

Pero me cogió un indulto por la visita del obispo, y en cuatro meses, despachao; le debo dos al obispo.

GUADALUPE

Menos mal.

PRIMI

Hasta otra. ¿Y mi madre y mi padre?

GUADALUPE

En ca el Caneja iban.

PRIMI

Aguardaré. (Se sienta.) ¿Y tú qué haces, mangueas?

GUADALUPE

Eso quisieran aquí, pero no está en una, ya lo sabes.

PRIMI

¿Y qué es de tu novio, el Piruli?

GUADALUPE

Bien estará.

PRIMI

¿No lo ves?

GUADALUPE

Ratitos.

PRIMI

¿Qué hace? ¿Sube maletas del Norte?

GUADALUPE

Ahora le vocea a la señá Sixta la congrejera, que s'ha quedao afónica del empinen.

PRIMI

¿De forma que le ties pregonando cangrejos?

GUADALUPE

De mar, y de río, vivos; tie una voz preciosa.

PRIMI

Que vaya al Real.

GUADALUPE

Eso le he dicho yo, pero dice que pa como están ahora los tiempos, el Real es poco.

PRIMI

¡Pobre señá Sista! Siempre borracha; tan bien educá como es...

GUADALUPE

Ella dice que es hija de un hacendao de Chinchón.

PRIMI

¿Y es verdá?

GUADALUPE

Por lo menos, a eso huele toas las mañanas.

PRIMI

Y qué, ¿el Piruli y tú estáis en las mismas?

GUADALUPE

Estábamos. Pero es la mar de guasón y no hay quien le aguante de celoso.

PRIMI

Ese randa no es pa ti, Guadalupe.

GUADALUPE

Eso, no; pa la que no es naa, too es de sobra. Pero una es una chica, y yo tengo visto que toas las chicas tien sus fantasías y su aquel de ser más, que no quedarse una en esta miseria en que se ve una, que el día menos pensao Dios sabe en lo que una pue parar.

PRIMI

Tú siempre, dende bien pequeña, que ties soñao en ser más. ¡Ser más! ¡Me tengo acordao más veces de ti, Guadalupe!

GUADALUPE

No es que tenga soñao na, Primi; es que tengo ido por ahí d'aprendiza y rodao por buenas casas del barrio de Salamanca, y tengo visto otras cosas. ¡Qué casas tan maníficas! ¡Si vieras!... Tengo visto casas que tienen unas cortinas de arriba abajo en toas las puertas, pa que no vean en un cuarto lo que hacen en otro.

PRIMI

Vivos que son.

GUADALUPE

Y casas que en toos los rincones hay unas cosas como cañerías plateás de hierro, una al lao de otra, que las tocas y te queman, porque son pa dar calor en invierno...

PRIMI

¿Y de ande viene la calor?

GUADALUPE

Creo que l'hace el portero.

PRIMI

¡Qué cosas!

GUADALUPE

Y a lo mejor, en una pared hay un botón, aprietas así (Acción de apretar con un dedo.) y no oyes naa, pero viene un criado... Y caa sillería de terciopelo y de raso, que es lo grande. Y unas alfombras tal que así de gordas, que vas a cobrar una faztura y no te oyen...

PRIMI

¡Qué gusto!

GUADALUPE

Eso sí que es vivir... y no unas piedras pa sentarse y unas pajas pa dormirse, y hambres y fríos y golpes... Que si toos semos hijos de Dios, como dicen, no sé por qué s'han de sentar unos tan en blando y otros tan duros.

PRIMI

¡Y que si te hubián dicho cómo se gana too eso! Pero ahí está, que uno quie estar mejor y de prisa, porque la vida se va que vuela..., y ahí lo tienes, porque roba uno...

GUADALUPE

Que no se hace uno a la miseria. Pero yo que tú, no robaba, Primi, créemelo a mí. (Suplicante.) ¡No robes, Primi!

PRIMI

Es que yo desnudo no voy, Guadalupe.

GUADALUPE

Pero es que si robas y ties un traje, lo llevas dos días, porque en seguida te meten en la cárcel, ¿y pa qué quies el traje?... ¿Pa que lo vean las ratas? Pues es mejor lo que yo te digo: trabajas, te haces ropa y la pues llevar catorce años si quieres.

PRIMI

Y te se pasa de moda.

GUADALUPE

Es verdá, no había yo caído. Naa, es que la vida es la mar de complicá. Pero no robes, Primi. No eres mi hermano... Que muchas noches me tengo acordao de ti y me tengo preguntao: ¿Dónde estará? No robes, Primi. Algo más que la miseria tie que haber en el mundo, y ¡ya lo encontraremos!... ¡Déjate!...

Escena IX

Dichos, SEÑOR EULALIO y EUFRASIA, por la derecha.

EUFRASIA

(Con cierta sorpresa.) ¡Hijo!

PRIMI

¡Hola madre!

SEÑOR EULALIO

¿Pero tú...?

PRIMI

Salí anoche.

SEÑOR EULALIO

¿Y cómo aquí?

PRIMI

La Gertrudis, que ha pirao con toos los muebles y se ha ido con el Malagua. Que está haciendo oposiciones a la Casa de Socorro.

EUFRASIA

¡Qué golfa! ¡Dala pal pelo!

PRIMI

Ya me la tropezaré por ahí. No tenía ande ir y aquí estoy.

SEÑOR EULALIO

Pues anda pa ca el Caneja, que no sé qué quería decirte cuando salieses... Y a más, yo quiera hablar con esta a solas.

GUADALUPE

¿Conmigo?

SEÑOR EULALIO

¡Sí, rica!

GUADALUPE

(Con profundo estupor.) ¡Rica!

EUFRASIA

Toos vamos a comer allí, que nos tie convidaos a unos callos. De forma que tú, vete delante y esperas hablando.

PRIMI

Pues allá voy. (Vase por el foro.)

SEÑOR EULALIO

(Hace a EUFRASIA una seña de inteligencia para que desaparezca. GUADALUPE ve todo aquello con creciente sorpresa, que al fin se trueca en cierto temor.) Arregla eso.

EUFRASIA

(Entendiendo.) Ya voy. (Vase por la izquierda.)

Escena X

GUADALUPE y SEÑOR EULALIO.

SEÑOR EULALIO

Bueno; ya estamos solitos.

GUADALUPE

(Tratando de dominar su espanto.) Sí, señor.

SEÑOR EULALIO

Yo quería hablar contigo, rica.

GUADALUPE

(Aparte.) ¡Rica otra vez!

SEÑOR EULALIO

Arrímate aquí una meaja, a la calorcita del brasero.

GUADALUPE

¿Yo?...

SEÑOR EULALIO

Anda, no tengas miedo, que tu papá no se come a nadie.

GUADALUPE

(Aparte.) ¡Papá!... ¡Qué cariño!... ¡Estoy aterrada! ¿Qué me irán a hacer?

SEÑOR EULALIO

Anda, cielo, arrímate..., que hace muchísimo frío. Y toma un poco de vino.

GUADALUPE

¡Vino yo!

SEÑOR EULALIO

(Le sirve un poco de vino.) Esto entona; anda.

GUADALUPE

(Lo prueba aterrada.) ¡Gracias!

SEÑOR EULALIO

Bueno, hijita mía; tú ya ves cómo estamos, rica.

GUADALUPE

¿Yo?

SEÑOR EULALIO

Sí, hija mía; amos, que ya ves nuestra situación, que ya ves que nos mata la miseria, que nos matan las hambres.

GUADALUPE

Sí, señor...

SEÑOR EULALIO

Que tú bien experimentao lo tienes; porque si dijéramos, aquí llega un día y se come... ¿Pero qué se come aquí?

GUADALUPE

Mu poca cosa.

SEÑOR EULALIO

¿Tú te acuerdas lo que comiste ayer?

GUADALUPE

Sí, señor..., nada.

SEÑOR EULALIO

¿Y anteayer?

GUADALUPE

Lo mismo, sino que con guisantes.

SEÑOR EULALIO

(Con cierta escama.) Oye, niña que la cosa no es pa chuflas, rica. Te decía que ya sabes que estamos en la más negra miseria y que ya comprenderás que, por lo tanto, en esta casa too el mundo tie que arrimar el hombrito y ayudar a la carga. Que aquí nadie estamos pa comernos la sopa boba.

GUADALUPE

Yo, no digo boba, ni distraída siquiera.

SEÑOR EULALIO

Por lo tanto, hay que espabilarse, sea como sea, y traer algo pa casita; ¿entiendes, cielo?

GUADALUPE

Sí, señor; ya sabe usté que una servidora en lo que pueda... ¡Pero a qué obrador vuelvo yo, si de todos he salido!...

SEÑOR EULALIO

Para el carrito, encanto.

GUADALUPE

Sí, señor.

SEÑOR EULALIO

No es trabajar a lo que alude tu papá, ¿entiendes? Ya no digo tonterías. (Acercándose a ella misteriosamente y en voz algo más baja.) Tu papá lo que quiere es que seas una chica de provecho.

GUADALUPE

(Misteriosamente y en voz baja también.) ¿De qué provecho?

SEÑOR EULALIO

A eso voy. Pero anda, (Sacando lo que dice de un armario o del cajón de la mesa.) siéntate aquí y cómete una tajaíta de bacalao que me guardaba pa mí, un cacho e pan, anda... ¡pa que veas!

GUADALUPE

(Radiante de alegría.) ¡Pero yo..., que me coma yo!...

SEÑOR EULALIO

Anda, que está mu güeno; y bebe otro traguito. (Le sirve vino.)

GUADALUPE

(Empieza a comer con cierta voracidad.) ¡Ay, sí que está güeno!... Güeno, ¿y qué provecho decía usté?...

SEÑOR EULALIO

Tú come y empápate, empápate bien de mis palabras, porque si eres lista, nos pues dar la suerte.

GUADALUPE

¿Yo?... ¿A quién le doy la suerte? ¿A quién le doy la suerte?

SEÑOR EULALIO

Oye, cállate, que paece que estás vendiendo décimos de la Lotería, rica.

GUADALUPE

Pero digo que qué puedo hacer yo pa, pa...

SEÑOR EULALIO

No t'atragantes, cielo.

GUADALUPE

¡Es de lo que me gusta!

SEÑOR EULALIO

Pues lo que yo quería de ti... Bueno, tú t'acordarás de la última modista que tuviste, nos quedamos con una de las cajas de devolver.

GUADALUPE

Sí, señor; una caja de devolver que no devolvimos.

SEÑOR EULALIO

Exacto. Yo, que soy un curioso, conservo por casualidaz una pequeña lista de nombres de parroquianas de madame Gorguin... Como, por ejemplo, la señora de Barcaza e hija, esas americanas tan riquísimas que...

GUADALUPE

Sí, señor; Serrano, noventa y cinco triplicado.

SEÑOR EULALIO

Las mismas. Pues bien; como tú ties una carita así, tan bondadosa, que paeces una hermana de la caridaz, u más bien una prima hermana...

GUADALUPE

Más bien, sí, señor.

SEÑOR EULALIO

Pues tu papá quiere que cojas la cajita ahora mismo, ¿sabes?, y con una circular que tengo de esas diciendo que acaban de llegar de París, etc., pues vayas a la calle de Serrano, noventa y cinco, llames, entres y nada..., mientras el criao pasa la circular a la señora, pues tú, nada..., miras para que no te sorprendan, y nada..., y coges una cosita cualesquiera...

GUADALUPE

¿Cómo una cosita? (Deja de comer, aterrada.)

SEÑOR EULALIO

Un ojeto manuable, que quepa dentro e la caja, ¿entiendes?

GUADALUPE

¡Pero yo!...

SEÑOR EULALIO

Ya sabes tú lo que hay en toos los recibimientos. Un cuadrito, una bandejita de plata..., un...

GUADALUPE

(Desolada.) ¡Robar otra vez!

SEÑOR EULALIO

(Con fiereza.) ¡Pero quién te ha dicho robar, so animal! Es sustraer.

GUADALUPE

¡Ay, no, padre, yo no sustraigo na!

SEÑOR EULALIO

(Con ira.) Es decir, ¿que te niegas?

GUADALUPE

Sí, señor; que me niego; que luego al que devanan y al que escupen, a quien pegan no es a usté... (Aterrada.) No, yo no robo.

SEÑOR EULALIO

(Quitándoselo.) Pues hale; trae el bacalao, venga el pan, deja el vino... Bebe hiel si quieres... ¡So gamberra!

GUADALUPE

¡Pero, papá! (Huye aterrada.)

SEÑOR EULALIO

¡A mí no me digas papá, porque te rebano!

Escena XI

Dichos y EUFRASIA, por la izquierda.

EUFRASIA

(Saliendo como una furia.) ¡Lo estás viendo! ¿No te lo decía yo?... (A GUADALUPE.) ¡Mala entraña! ¡Alma negra!... ¡Ven aquí!... (Quiere cogerla.)

GUADALUPE

(Huyendo.) ¡Pero, madre!...

EUFRASIA

¡So loba!... Con tal que a la señorita no la pase naa, vas a consentir, después que te hemos criao de limosna, que nos muramos de miseria, podríos en un hospital... ¿No es eso?

GUADALUPE

¿Pero y la cárcel?

SEÑOR EULALIO

De la cárcel se sale... ¡Pero y si nos morimos de miseria y nos pierdes pa siempre!...

GUADALUPE

Pero si es que yo quisiera robar, pero no puedo. Me da una cosa que se me seca la boca y me tiembla todo y no me deja moverme... Si fuese trabajar, yo...

SEÑOR EULALIO

¡Pues hala, fuera de aquí, infame!

EUFRASIA

¡Déjamela a mí!... ¿No quieres trabajar? ¡Pues a trabajar! ¡Hale! Tira p'alante..., andando... (La empuja hacia la calle.)

GUADALUPE

(Con mortal angustia.) ¿Pero adónde me lleva usté?

EUFRASIA

A ca el señor Venancio.

GUADALUPE

(Horrorizada, dando un grito.) ¡No!... ¡A ca el señor Venancio, no! ¡Eso sí que no!

EUFRASIA

A ca el señor Venancio, holgazana. (La empuja.)

GUADALUPE

No, eso no; a ca el señor Venancio, no. Prefiero lo otro... Deme usté la caja y lo que sea, todo, todo...

SEÑOR EULALIO

¿Ves? ¡Eso le gusta a tu papá! Que seas obediente. Que te pongas en razón.

EUFRASIA

(Todavía amenazadora.) Negarse a...

SEÑOR EULALIO

¡Deja a la creatura!... No la amenaces... Si ella en el fondo es buena. Aquí ties la cajita y la circular, ¡cielo! (Se lo da.)

GUADALUPE

Sí, señor.

SEÑOR EULALIO

Ponle tu toquillita al ángel, que hace mucho frío.

EUFRASIA

¡Toma, descastá!... Después que una la quiere y que por ella...

GUADALUPE

Venga. (Se pone la toquilla; coge la caja.)

SEÑOR EULALIO

Ya sabes dónde; señoras de Barcaza; tien el recibimiento mu lujoso y son señoras solas... no tengas cuidao.

GUADALUPE

Sí, señor.

SEÑOR EULALIO

Así te ensayas sin peligro...

GUADALUPE

Sí, señor.

EUFRASIA

¡Hala, hija! Y como vuelvas con las manos vacías, ya sabes quién te espera: San Vergajo, que es un santo que hace cardenales; que no te se olvide.

GUADALUPE

No, señora.

SEÑOR EULALIO

Tranquilidad, y si ties ocasión, to lo que puedas, ¿eh?

GUADALUPE

Sí, señor... ¡Adiós!

EUFRASIA

Abrígate, que empieza a nevar.

GUADALUPE

Sí, señora... ¡Adiós!... ¡Adiós!... (Vase a la calle.)

SEÑOR EULALIO

¡Como la entrenemos, el negocio es loco!

EUFRASIA

¡Pero es tan cortita la condená!

SEÑOR EULALIO

To es que se haga. ¡Hale! Cógete las patatas y ámonos en caa el Caneja. (Coge el puchero del hogar.)

EUFRASIA

Tráete tú el vino.

SEÑOR EULALIO

(Coge el frasco.) Juntamos la cena y cuchipanda...

EUFRASIA

Llévate la baraja, que ya te haré señas por detrás a ver si le ganas como la otra noche...

SEÑOR EULALIO

¡Déjamelo a mí! ¡Amos pol corralejo!...

EUFRASIA

¡Madre, cómo nieva!

(Se abrigan. Vanse derecha.)

Escena XII

GUADALUPE, sola.

GUADALUPE

(Abre la puerta con temor; se asoma; entrando.) ¡S'han ido!... ¡Ay, Dios mío!... Sí..., yo no vuelvo más a esta casa... ¡No..., no vuelvo más! Pero yo no me dejo a Pablito ni a Crispín (Llamando.) ¡Pablito!... Biss, biss, bisss... (En la puerta izquierda.) Aquí está. (Saca el gato.) Hale, vámonos, rico. Métete aquí..., (Lo mete en la caja.) y callaíto. No sé ande vamos, no creas..., que pue que nos muramos de frío con la nieve que cae... ¿Pero ande voy yo tan sola?... Contigo paece que tengo más ánimos. Ande haga una poca calorcita, nos metemos; ya verás. (Al jilguero.) Y tú, vente también. Si te dejo aquí, el día menos pensao te fríen, que los conozco. Ámonos. (Coge la jaula.) Y en cuanto llegue al Retiro, te suelto. Allí hay muchos árboles y muchos pájaros, y ya saldrá el sol y podrás vivir por tu cuenta. Y si puedo alguna tarde iré yo y nos veremos. Ya te llevaré pan y lo que pueda. Sí, ámonos los tres. (Llorando.) No, yo no vuelvo más aquí. Pero... (Limpiándose los ojos. Con rabia.) ¡Qué vida esta! Con tos los palos que tengo recibíos, y con to lo que tengo pasao, y me da gana de llorar irme d'aquí pa siempre... ¡Será raro!... Y es que ande s'hace una a vivir, cuando se va paece que se deja una algo de una. (Destapando un poco la caja.) Pablito, abrígate, rico, que está nevando... ¿Tienes frío? No t'apures, que en cuanto tenga posibles ya t'alfombraré la sombrerera. (Al pájaro.) Y tú, ten paciencia, que al primer jornal que gane te istalo la calefacción en la jaula. (En la puerta de la calle.) ¡Cuánta nieve!... Hija, también el sol, pa un día que lo necesita una, ir a esconderse... (Mirando al cielo.) ¡Sinvergüenza! ¡Déjate, que te voy a poner güeno cuando salgas! ¡Hale, al mundo! (Vase.)

(Cae pausadamente el telón.)

Acto II

Recibimiento de una casa elegante, amueblado suntuosamente. La puerta principal, grande y con mirilla al foro. Al abrirse, se ve una amplia escalera. A derecha e izquierda, puertas cubiertas con cortinas de damasco, que dan paso a habitaciones interiores. En el ángulo del foro izquierda, un pequeño balcón, con puertas vidrieras, que da a un patio. En el balcón, un termómetro exterior. Los muebles del recibimiento, ricos y de buen gusto. Escaños, sillas, percheros, bargueños, todo elegante. Cuadritos antiguos en las paredes. Porcelanas y talaveras sobre los muebles; bandejas de plata para tarjetas en las mesitas. Colocado convenientemente habrá un acústico, con su correspondiente silbato, que comunica con la portería y que se utilizará a su tiempo. Es de día.

Escena I

PACO, solo. Es un botones que lleva sobre el uniforme un delantal de limpieza. Acaba de sacudir por el balcón del patio una pequeña alfombra. Al terminar cierra el balcón, mira al termómetro y extiende la alfombrita ante un escaño.

PACO

¡Vaya un diita de frío! Naa más que tres grados centigrades Reamur sobre cero, glace; que no me doy cuenta esazta de lo que es glace, pero, amos, que me se hace a mí una temperaturita como pa tener empeñá la capa y que le manden a uno a dar un recao a la Ciudaz Linial. ¡Toa la noche nevando! ¡Y lo que queda por allá arriba!... Barreré con la máquina aspirante, que se sorbe la basura y no hay que abrir el balcón. (Coge la máquina y barre.) Ahora, que a mí no me hace esta limpieza. Me parece que es limpiar en secreto. Yo, too lo que no sea dar zorrazos y ver el polvo, no me acaba a mí de satisfacer. Pero esta curiosidaz a máquina, que pasa uno un aparato y se lo chupa todo en silencio, (Acción exagerada de sorber.) amos, que le paece a uno que no ha limpiao. (Suena el timbre de la puerta de entrada.) ¡Mi tataragüela! ¿Quién será tan temprano y con un diita de tres centigrades glace?... (Mira por la mirilla.) ¡Huy, las Hermanitas! (Abre.)

Escena II

Dicho y dos MONJAS.

MONJA 1ª

Santos y buenos días.

PACO

Santos y frescos. Pasen. Hermanitas, pasen.

MONJA 2ª

Dios le guarde, Paquito.

PACO

¡Pero que muy buenas!... ¡Pasen, pasen, que entra un gris!...

MONJA 1ª

¿Y qué tal va por esta casa?

PACO

Sin novedad, gracias a Dios Nuestro Señor Jesucristo. Pero siéntensen.

MONJA 2ª

¿Cómo está la señora y la señorita y el señor y todos ustedes?

PACO

Pues tirandillo vamos. ¿Y cómo se han atrevido con este día, Hermanitas?

MONJA 1ª

El que pide caridad no puede escoger el momento, hijo mío.

PACO

Pero puede abrigarse. Que a ustés siempre las veo a cuerpo, y me da una lástima.

MONJA 2ª

No se inquiete por eso; ya tenemos costumbre de ir así.

(Ladra un perrito en una habitación próxima.)

¡Ay!...

(Movimiento de terror exagerado. Cambia de sitio.)

PACO

No tenga usted miedo, Hermanita.

MONJA 1ª

¡Por Dios, sor Tránsito, no exagere!

MONJA 2ª

¡No lo puedo remediar, hermana! Es una cosa nerviosa. Ya sabe cómo me asustan los perros.

(Vuelve a ladrar. La MONJA se asusta de nuevo y torna a cambiar de sitio.)

PACO

Es el griffon de la señora.

MONJA 2ª

¿Y qué es eso?

PACO

Una cosa así, larga, que dicen que es un perro; pero yo no me lo creo hasta que lo pelen, porque yo, hasta ahora, no he visto más que unas lanas que ladran.

MONJA 2ª

¡Ay, Paquito, hijo, este calor es una bendición de Dios! ¡Cómo se agradece! (Se acerca al radiador.)

PACO

Siéntensen, siéntensen, aquí, cerca del radiador.

(Se sientan.)

Y qué, ¿traen el recibito de toos los meses?

MONJA 2ª

Sí, aquí traemos... (Busca entre otros recibos que lleva en una cartera negra.) Si tuviese la bondad...

(Ladra otro perro.)

¡Ay!...

(Al dar un salto de miedo se le caen varios recibos.)

MONJA 1ª

¡Pero sor Tránsito!

MONJA 2ª

Perdone, hermana; pero no puedo remediarlo. Ya lo sabe; es superior a mi voluntad. Dios me perdone. Bien lo siento, pero... (Recoge algún recibo.)

PACO

No, es que ese es de cuidado. Ese y el basset son los más peligrosos, quitando el policía..., que el policía, vamos, ese ya es...

MONJA 1ª

¡Madre bendita!... Pero ¿cuántos perros tienen?

PACO

La señora, cinco; más los tres de la señorita, más los cuatro de don Sigmundo... ¡Qué sé yo, catorce u quince! Y tos los años los llevan a la Exposición canina de perros y ganan la mar de medallas. Les han costado carísimos. Tienen una fortuna en perros.

(Ayudándola a coger los recibos. Suena el silbato del acústico con un pitido muy agudo al lado de la MONJA 1.ª, que se levanta de un salto, asustadísima.)

MONJA 1ª

¡Jesús!

PACO

(Riendo.) ¡Otro susto!... ¡No tenga cuidao, hermana, que es el silbato del portero!...

MONJA 1ª

¡El silbato del portero!...

PACO

Que se ha venido usté a sentar lao por lao del acústico. ¡También es coincidencia! (Ríe.)

MONJA 2ª

¿Ve, hermana, cómo ninguna podemos sujetar los nervios? (Con cierto discreto regocijo.)

PACO

Es pa hablar con abajo. (Coge el acústico.) Verá usté. (Quita el pito.) Ahora le pito yo. (Sopla.) Ya le he pitao. (Se le pone en la oreja.) ¿Qué?... ¿Que ha venido doña Tula?... Pues dila que se espere, que voy a avisar a la señorita...

MONJA 1ª

¡Qué cosas las del mundo, divino Jesús!

PACO

Pues si me dan ustés el recibito, de paso que las doy el recao, lo entro.

MONJA 2ª

Sí, tenga la bondad. (Se lo da.)

PACO

Y si saliese el Pomerania, lo que tienen que tener cuidado es con la ropa. (Vase.)

MONJA 2ª

¡Ya, ya!

MONJA 1ª

Verdaderamente es un sobresalto vivir en estas casas... ¡Quince perros!... ¡Dios bendito!

MONJA 2ª

(Soplando primero y hablando después.) ¿Qué desean? (Atiende.) ¿Eh? (Con extrañeza.)

MONJA 1ª

¿Qué dicen?

Escena III

Dichos, NENA y PACO, por la derecha.

NENA

(Que sale con manto y devocionario.) ¡Buenos días, hermanitas!

MONJA 1ª

(Se levantan.)

¡Señorita Nena!

MONJA 2ª

¿Cómo está la señorita?

NENA

Muy bien, y ustedes, ¿cómo están?

MONJA 1ª

Bien, gracias a Dios.

NENA

¿Y la madre, y las hermanas todas?

MONJA 2ª

Pidiendo constantemente por nuestros protectores.

MONJA 1ª

¿Y su mamá?

NENA

Delicada, como siempre. Ya la conocen ustedes.

MONJA 1ª

¿Y cómo sale con este día?

NENA

Estoy haciendo el septenario de la Santa Fe.

MONJA 1ª

¡Ah, vamos, vamos!...

NENA

Y voy a misa, que es de obligación los viernes, como ustedes saben.

MONJA 1ª

¡Siempre tan piadosa!

MONJA 2ª

Pues abajo creo que tiene usted la carabi..., digo, la señora que...

NENA

(Sonriendo.) Sí, sí..., doña Tula, ya, ya... Pues adiós, hermanitas; tantas cosas a la madre y a todas las hermanas.

MONJA 1ª

De su parte.

MONJA 2ª

Dios la haga una santita.

(Se sientan.)

NENA

Hasta otro día. (A PACO.) Cuando salga mamá del baño, que me he ido a misa con doña Tula.

PACO

Está bien, señorita. (Aparte.) Con doña Tula y con el señorito Álvaro, que lo tengo visto esconderse en la esquina desde el balcón del gabinete. ¡Pobre señorita! ¡Si se supiera por fuera lo que pasa en el interior de las casas!... ¡Y tan buena como es! (Alto, a la MONJA 2.ª.) Bueno, yo no sé si se asustará usted, hermanita.

MONJA 2ª

¿Pues...?

PACO

Por lo del recibo.

MONJA 2ª

No comprendo.

PACO

Que como la señora está en el baño, me lo ha dao la cocinera y lo traigo en perros, y como le dan a usté tanto miedo...

MONJA 2ª

(Sonriendo.) ¡Yo, no ladrando..., hijo!

MONJA 1ª

¿Ve este Paco, hermanita, cómo se burla?

MONJA 2ª

Ya lo veo, ya; pero, en fin. (Guardándose el dinero en una bolsita.) Todo sea por Dios. ¡Tres pesetitas! Tantas gracias.

MONJA 1ª

Vaya, tantas gracias y hasta otra vez, si Dios quiere, Paquito.

PACO

(Abriendo la puerta.) Vayan con Dios.

MONJA 2ª

¡Ah, cuando pueda, sople, que de abajo le dieron un recado!

(Vanse. PACO cierra.)

Escena IV

PACO; luego, SEBASTIANA.

PACO

Será la Fuencisla. Esa socia está que berrea por un servidor. Por supuesto, no es la única víztima. ¡Silueta que tiene uno! ¡Mujeres!... ¡Amos, el día que yo disponga naa más que de diez minutos de libertaz diaria, las catalogo! (Se quita el mandilón, se atusa el pelo, se perfila y coge el acústico.) Amos a soplarle a esta desventurada, a ver qué anhela. (Sopla y oye.) ¿Qué ansías, chacha? (Habla y oye, alternativamente.) ¿Que ha salido tu padre? ¡En cuanto barra el fumuar, desciendo!... ¿Yo salao?... Pues tú, salmuera, so Venús... Que no quiero a nadie más que a ti en este planeta terraquio... ¿Que esto te lo digo yo a ti por el tubo?... Esto te lo digo yo por el tubo y por el mechero, si hace falta, ¡so mazapán!, y esto y todo cuanto yo te monosilabee...

SEBASTIANA

(Asomando la cabeza cautelosamente por una cortina.) ¡Paco! (Se oculta.)

PACO

(Asustado, se levanta, dejando el acústico.) ¡Mi señora madre!... ¡La cocinera! ¡Otra víztima! ¡Y esta es una Otela!

SEBASTIANA

(Se asoma de nuevo.) Paco. (Se oculta.)

PACO

(Al ver que pita el acústico, quita el silbato y se lo guarda.) Yo me guardo el silbato, porque si le da por pitar a la de abajo y le llega el pitido a la de arriba, me pierdo.

SEBASTIANA

(Volviéndose a asomar.) ¿Estás solo?

PACO

Solo... con tu recuerdo..., ¡gitanaza mía!

SEBASTIANA

¿Eras tú el que silbabas?...

PACO

Silbaba un cuplé nuevo: el «No me soples, no me soples».

SEBASTIANA

¿Puedo pasar?

PACO

¡No, por Dios, Sebastiana! Hay que tener prudencia, no sea que venga la señora, que ya sabes que anda muy escamada.

SEBASTIANA

¿Y a mí, qué?

PACO

¿Y si nos pone en la calle?

SEBASTIANA

Por tu amor, ya lo sabes, limosna aunque fuese pido yo.

PACO

Bueno; pero como está prohibida la mendicidaz, y además, el señor García Molinas es amigo de casa, ¿pa qué le vamos a dar ese disgusto?... Conque alivia, lucero, que luego iré yo al «ofis».

SEBASTIANA

Es que como sé que te gustan mucho los ails de volalles a la fricasé, pues te traía los primeros que he hecho. (Le enseña un plato.)

PACO

¡Gracias, chacha! Tú siempre tan nutritiva.

SEBASTIANA

Es un bocao riquísimo.

PACO

Lo que tú estás haciendo por mi nutrición, no te lo pago yo ni engordando... Pero ahora márchate, encanto, que puen salir y...

SEBASTIANA

¡Ven a la cocina, verás qué bocao más rico!

PACO

No tardo, pero... (Suena el timbre.) ¡Arrea, que llaman!

(Desaparece la Cocinera.)

Bueno, si fuera uno a engordar, con esta cocinera llegaba yo a los cien kilos de peso bruto. ¿Quién será?

(Lo ve por la mirilla.)

¡Atiza! El cobrador de la suscripción del Colegio de Sordomudos. Hoy tos son sablistas.

(Abre.)

Escena V

PACO y un MUDO.

PACO

(Acompañando las palabras con señas expresivas.) Adelante.

(El MUDO, que es un hombre alegre, excesivamente jovial y expresivo, da un abrazo a PACO, con muchas palmaditas de espalda, y se sopla los dedos y se frota las manos, dando a entender que es un día muy frío.)

¡Que sí, salao!... ¡Está el día pa con barquillos!

(Hace las señas con que cree poder expresarlo.)

Siéntate... ¿Vienes por...?

(Acción de dinero. El MUDO da a entender que sí. Saca una cartera y de ella un recibo. Se lo da a PACO, vuelve a abrazarle, a palmotearle, y le da con un dedo en el estómago, y luego una palmada en la cara, riéndose mucho.)

¡Es más chirigotero!...

(Le amaga cinco o seis golpes a la cara, y riéndose mucho, acaba por darle un cogotazo.)

¡Tunarra!

(El MUDO corresponde jovialmente pegándole también.)

¡Nos queremos la mar! ¡El otro día me dijo que nos tuteásemos!

(Trazando un número en el aire.)

¡Eres más chulo que un ocho!

(El MUDO hace un ademán chulesco.)

Eso que ha hecho ahora quiere decir: «La panocha».

(Por señas.)

¿Y aquella novia tan preciosa que tenías?

(El MUDO contesta por señas y con los dedos.)

¡Ya sé que era una muda, pero de abrigo! ¡Qué guapa!

(El MUDO habla con los dedos, dando a entender un disgusto.)

Pero ¿por qué regañasteis?

(El MUDO sigue con los dedos, muy triste.)

¿Que tuvisteis unas palabras? Serían unas señas...

(El MUDO da a entender que la ha olvidado.)

Bien hecho. Y dime: ¿estuviste en los novillos el domingo?

(Dando lances de capa. El MUDO torea; se pone los dedos juntos en los labios; luego, oprimiendo las uñas de los pulgares, uno contra otro, hace ademán de matar un insecto, y después señala en su propio dedo una cosa insignificante.)

Entendido. ¿La faena del Pulguita Chico?... ¡Colosal!

(Insistiendo en las señas.)

¿Y la faena de capa del Orejas Segundo, a su primero?

(El MUDO, con señas, da a entender que superior.)

¡Fue una gran novillada!... Oye, ¿ties tabaco?

(Por señas, acción de fumar. El MUDO sigue toreando, haciéndose el distraído. PACO insiste en las señas.)

¿Que si ties tabaco?

(El MUDO remata la faena, tirándole una larga y yendo a sentarse.)

Siempre que le pido un cigarro me hace lo mismo: me tira una larga y se va de la suerte.

(Suena el timbre muy despacio y débilmente.)

¡Qué manera de llamar más raquítica! ¿Quién será?

(Abre.)

Escena VI

Dichos y GUADALUPE.

GUADALUPE

(Aparece en la puerta con una cajita al brazo, arrebujada en su toquillita, lívida, temblorosa, muerta de frío, con las botitas llenas de barro. Balbucea, más bien que habla. Manifiesta un gran temor, una gran inquietud.) ¡Bue... buenos días!

PACO

(Con mal gesto al ver el tipo.) Regulares.

GUADALUPE

¿La seño..., la señora de Barcaza e hi... (Leyendo en el sobre.) e hija?

PACO

(Cada vez más desabrido.) ¿Y cómo has subido tú por esta escalera?

GUADALUPE

Como es la primera esca... escalera que se ve y no m'ha dicho naa el portero...

PACO

No te ha dicho nada porque no te ha visto.

GUADALUPE

No, señor; que no m'ha visto. ¿Está la..., está la señora?

PACO

Está, pero como si no estuviese.

GUADALUPE

(Muy ingenuamente.) Como si no... Es que una servidora soy la..., (Como si la costase trabajo mentir.) soy la aprendiza den Casa de Madame Gorguin.

PACO

¿Madame qué?

GUADALUPE

(Con cierto temor.) Gorguin.

PACO

(Insistiendo.) ¿Gorguin?

GUADALUPE

(Angustiada ante la insistencia.) Gorguin. (Lo acentúa mucho.)

PACO

¡Qué cosa más rara!

GUADALUPE

Sí, señor; pero yo..., yo no tengo la culpa..., y traigo una carta de la madame para la señora, ofreciéndola las modas de la presente estación.

PACO

¿De la presente estación?

GUADALUPE

De la presente... Amos, de la estación de ahora.

PACO

¿De ahora?

GUADALUPE

De ahora.

PACO

Pues a la señora no se la puede pasar ahora nada.

GUADALUPE

¿No se la puede pasar nada?

PACO

Está en el baño.

GUADALUPE

¿Está en el baño?

PACO

Oye, chica, ¿eres de repetición?

GUADALUPE

No, señor, es que... Y lo del baño, si no es curiosidaz, ¿está pa mucho tiempo?

PACO

Para todo el que necesita.

GUADALUPE

No, si lo digo por si me podría esperar aquí dentro, ¡porque hace un frío!...

PACO

Pa entrar, lo primero ties que limpiarte eso que llevas en los pies.

GUADALUPE

Son zapatos.

PACO

¡Que te crees tú eso!

GUADALUPE

Hombre, no digamos que llevo unos Luis Quince; pero, vamos, lo que una puede; y como están las calles de barro, que es un asco, pues una...

PACO

A ver dónde pones los pies, no me manches las alfombras.

GUADALUPE

¡Pues como no los ponga en el perchero!... (Se sienta.)

PACO

Venga la carta.

GUADALUPE

Tome usté. (Se la da.) Y hágame el favor de decirla a la señora...

PACO

Sé lo que tengo que decirla.

GUADALUPE

Hijo, usté dispense.

PACO

(Burlonamente.) No hay de qué. (Aparte.) ¡Qué mala facha tie esta chica! (Vase con la carta, por la puerta de la derecha.)

Escena VII

GUADALUPE y el MUDO.

GUADALUPE

¡Este chico m'azara a mí! Yo no creía que había botones tan grandes.

(Reparando en el MUDO, le sonríe. El MUDO sonríe también. Aparte.)

¡Qué señor más amable! Yo me congracio con él.

(Alto.)

¿Ha visto usté qué chico? Tiene una antipatía, que si se pone un puesto, no la despacha en dos meses, ¿verdá usté?

(El MUDO la mira y sonríe. Ella, animada, sonríe cada vez más afectuosa.)

¡Tanto orgullo por dos docenas de botones!... Porque, vamos, por otra cosa, no creo yo que presuma.

(El MUDO hace señas de asentimiento y complacencia. Acción de callar.)

No, a mí dígame usté lo que quiera, que no se lo digo.

(Más señas extrañas del MUDO. GUADALUPE se levanta y mira detrás de la cortina de la puerta de la derecha. El MUDO hace más señas. GUADALUPE, acercándose más.)

¿Qué?

(Aparte.)

No le oigo. ¿Es que hay enfermos?...

(Alto.)

¡Vaya un recibimiento!... ¡Y no lo digo por el que me ha hecho el botones, sino por el de la casa!

(El MUDO sonríe, la mira y calla. GUADALUPE, aparte.)

¡Qué alegre y qué callao es este señor!

(El MUDO hace más señas.)

Escena VIII

Dichos y PACO, por la puerta de la derecha.

PACO

(Al MUDO, hablándole con las manos.) Ahí van, las tres pesetas.

(El MUDO las coge. Se levanta, le hace señas de gratitud, le abraza, le amaga un cogotazo y se va muy alegre y expresivo, saludando a GUADALUPE, que le mira asombrada.)

¡Vete con Dios!

(Le despide muy contento y cierra la puerta.)

GUADALUPE

(Aparte.) ¡Anda, pero si es mudo!... ¡Me he estao desperdiciando! (Alto, a PACO, sonriéndole.) ¿Es mudo?...

PACO

(Muy serio.) Más vale ser mudo que hablar de más. (Vase por la derecha, muy serio.)

GUADALUPE

Ya lo sé, sí, señor; pero, hijo, es que... ¡Jesús, qué hombre más antipático! Bueno, y esto es también, que según la ven a una, así la tratan. (Se levanta, mira a todas, partes y se pone seria y triste.) Y después de too, aún es poco pa si supieran a lo que vengo. (Pausa, con amargura.) ¡Yo no quería venir, bien lo sabe Dios, pero estoy muerta!... (Con voz compungida.) ¡Lo que me ha pasao a mí desde ayer tarde, Dios mío! (Cada vez más acongojada.) Salí de mi casa y dije: «Antes que robar, no vuelvo», y me fui rodando por calles y más calles, sin saber ande meterme. Y como estaba nevando, dije, pues me iré al Retiro a ver el panorama y de paso sentarme porque estaba rendida. Y de que llego, voy y busco un banco, me pongo la capa a los pies, me arrimo la jaula y me veo que el pajarito estaba en un rincón, quieto y erizao como una bolita. Se conoce que del helor. Conque voy y descanso como cinco minutos, y me voy a marchar y cojo la jaula y miro donde había el pájaro, (Rompiendo en un llanto que trata de contener.) ¡y me se había muerto!... Me se había muerto de frío... ¡Virgen Santa, lo que pude llorar!... Ya no éramos más que dos: ¡Pablito y yo! Y en esto voy y digo: «Pues yo le entierro al pobrecito». Pero como había tanta nieve, pues dije: «Le guardaré pa cuando se quite la nieve y pueda hacerle un hoyito en la tierra»; y voy y le meto en la caja... Y a los dos minutos de meterlo en la caja..., (Cada vez más desconsolada.) miro, y ya no había más que un montoncito de plumas... ¡Había ido el gato y me se lo había comido! ¡Mia que no respetar que estaba muerto ni naa!... ¡Maldito sea!... ¡Le he tomao un odio!... (Al gato.) ¡Que tenía hambre! Más hambre tengo yo y m'aguanto. ¡Y yo soy persona y tú no, eso es!... ¡Y ya, cuando he visto esta infamia del gato de comérseme el pajarito..., tan amigos como éramos!... Pues m'ha entrao un horror, que me he sentío más sola y más triste, y me quiero volver a mi casa. Pero como si vuelvo de vacío me matan de una paliza..., (Bajando la voz.) por eso me he determinao a venir aquí a... (Mira con espanto a todas partes.) Y tengo que aprovechar ahora que estoy sola... ¿Me verán, Dios mío? ¡Si por detrás de una cortina mirase alguien!... (Levanta la cortina de la izquierda y ladra un perrito.) ¡Atiza, un perro!... ¡Calla, chucho!... Eso es que ha olido al gato. ¡Y qué bonito es! (Le coge y entreabre la tapa de la caja, como para enseñárselo al gato.) ¿Ves?... (Saca al gato.) ¡Aquí hay un perro! Castigo de Dios. (Lo pone frente a frente.) Ahora le debía yo dejar que te mordiese por malo, ¡so gandul!... (Como achuchándolo.) ¡Cómetelo, anda!... No t'asustes, no... No tengas miedo, ¡sinvergüenza! Eso te vale, que una es blanda. (Al perrito.) Y tú, por Dios, cállate, que me pierdes. ¡Hala pa dentro! (Mete al gato en la caja y suelta al perrito en la puerta izquierda.) Ánimo, Guadalupe... Antes que salgan... ¡Y hay la mar de cosas!... ¡Qué temblor tengo, Dios mío!... ¿Qué me llevaría yo que no valiese mucho?... Aquí hay una bandejita de plata. Pero tie trajetas y la puen echar de menos... ¡Calle!... Ese cuadrito... Está en un rincón y paece que... (Se dirige a él, y al levantar los brazos, se detiene.) ¡Ay, madre mía, yo me ahogo!... ¡Yo no puedo..., yo me voy! ¡Pero y si me cogen y me...! (Con heroica resolución.) Sí... (Lo coge temblorosa y lo guarda en la caja.) ¡Ya está! (Al gato.) ¡No mayes ahora, que me pierdes!... ¡Ay, qué temblor..., yo no me tengo en pie! ¡Virgen Santa!... (Aterrada como por un ruido extraño.) ¿Viene el botones?... (Atiende.) ¡No!... ¡Ay, que no mire p'allí cuando salga!... ¡Ay, que no echen de menos, que voy presa!... ¡Que me atarán los guardias!... ¡Ay, no! (Horrorizada.) ¡Ay, que me ahogo! Yo no puedo más, yo me voy... Sí... ¡Es mejor huir!... (Abre la puerta para marcharse.)

Escena IX

GUADALUPE y NENA. Al abrir GUADALUPE la puerta para huir, entra NENA. GUADALUPE retrocede asustada. NENA la mira sorprendida.

NENA

¿Quién?

GUADALUPE

¡Ay!... (Retrocediendo, aparte.) ¡Me han cogido!

NENA

¿Quién eres tú?

GUADALUPE

Era yo, que me iba, que... (Tiembla, azorada, y habla con angustia.)

NENA

Pero ¿qué te sucede?

GUADALUPE

Soy la aprendiza de la... de casa de Madame, y venía por...

NENA

(Acercándose.) Pero ¿qué te pasa?... Estás pálida, temblorosa; ¿qué tienes?

GUADALUPE

Nada, señorita; es que yo... que me he puesto enferma, y... y me voy a la calle, porque... (Intenta irse.)

NENA

(Deteniéndola.) ¿Enferma?... ¡Jesús!... ¡Sí, estás lívida, fría!... ¡Pasa, pasa!...

GUADALUPE

No, no, señorita; no, gracias...; (Queriendo marcharse.) en la calle se me..., de que yo me vea en la calle me...

NENA

De ningún modo... ¡Pero si te vas a caer! ¡Estás muy mala!... (Llamando.) ¡Mamita..., Paco..., Luisa!...

GUADALUPE

(Aterrada y suplicante.) No, por Dios; no llame usté.

Escena X

Dichos, PACO y LUISA (doncella), por la izquierda.

LUISA

(Saliendo.) ¿Qué sucede, señorita?

NENA

Esta muchacha, que se ha puesto enferma.

PACO

(Saliendo.) ¡La aprendiza!

GUADALUPE

(Aparte.) ¡Ay Dios mío, que no miren!

LUISA

Pero ¿qué l'ha dao?

NENA

¿Tú qué sientes?

GUADALUPE

Nada, señorita; el cansancio, el frío...

PACO

¡Claro, se le ocurre salir a cuerpo en un día como el de hoy!...

GUADALUPE

¡Mal alimentada que está una...! (Aparte.) ¡Que no miren, (Alto.) la humedad de los pies!...

LUISA

¡Qué temblor! ¡Esta chica debe haber cogido...!

GUADALUPE

(Aterrada.) ¿Yo?...

LUISA

¡Debe haber cogido un pasmo!

GUADALUPE

¡Ah!

NENA

Sí, sí... ¡Está heladita! Anda, ponte mi abrigo; póntelo, anda. (Se lo quita.)

GUADALUPE

¡Señorita, por Dios!

NENA

Verás cómo entras en calor. (Se lo pone. A PACO.) Tú, a escape, trae una taza de caldo y una copa de jerez. (A LUISA.) Y tú, unos zapatos míos...

(Van a lo mandado.)

GUADALUPE

(Enternecida.) ¡Pero, por Dios!...

NENA

Estos los llevas mojadísimos. ¡Pobre criatura!

GUADALUPE

(Arrodillándose, conmovida, a los pies de NENA.) ¡Ay señorita de mi alma, qué buena es usté!

NENA

¡Más buena eres tú, que sufres y te resignas! Levanta, ven aquí, siéntate. (Al intentar levantarla, GUADALUPE vacila.) ¡Pero si vas a desvanecerte! Espera, voy por las sales, que te reanimarán. (Vase por la derecha.)

GUADALUPE

¡Ay Virgen de la Paloma! Esto es una cosa de Dios, pa que yo me arrepienta. ¡Tan buenos como son y robarles!... No, no... quiero. (Saca el cuadro y la sorprende en la maniobra.)

PACO

(Estupefacto.) ¡Eh! ¿Qué haces? (Cogiéndola por un brazo.)

GUADALUPE

(Aterrada.) ¡Ay, no, era que...!

PACO

¡Ibas a robar un cuadro!... ¡So ladrona!

GUADALUPE

No, no... Déjeme usté hablar... ¡No chille usté!...

PACO

(A voces.) ¡Señorita, que es una ladrona..., que la he cogido robando!... ¡Señorita!...

LUISA

(Que sale azorada.) Pero ¿qué dices?...

PACO

¡Que se iba a llevar este cuadro; míralo! ¡Ya lo había descolgao!

GUADALUPE

No, no; si es que lo dejaba, si es que...

LUISA

(Llamando a voces.) ¡Señorita, que es una ladrona!... ¡Que la hemos cogido!

NENA

(Saliendo.) ¡Una ladrona!...

PACO

(Mostrando el cuadro.) Se lo quería llevar.

NENA

¿Tú?...

LUISA

¡Se hacía la enferma para hacer el robo!

GUADALUPE

¡No, por Dios, señorita; diga usté que no!... ¡Diga usté que no!...

PACO

(A LUISA.) ¡Avisa a Prudencio, que llame a los guardias!

GUADALUPE

(Arrodillándose a los pies de NENA.) ¡A los guardias, no!... ¡Que me atarán!... (Con mortal angustia.) ¡Que no llamen a los guardias, que yo lo diré todo! ¡No, por Dios, señorita; perdón!...

NENA

Pero ¿qué has hecho?

LUISA

¡Ladrona! ¡Timadora!...

PACO

¡En la cárcel te lo dirán!

GUADALUPE

¡Por Dios, que no me maltraten; que yo se lo contaré todo a la señorita!

NENA

Bueno, levanta.

GUADALUPE

(Con tremendo desconsuelo.) ¡No, no; que me quiero morir!...

LUISA

¡No la haga usted caso!

PACO

¡Que pague en la cárcel!

NENA

¡Marchaos; callad!... ¡Dejadla conmigo! ¡Suéltela!

LUISA

(Asustada.) ¡Pero se va usté a quedar sola con ella!

NENA

¡Marchaos he dicho!

PACO

Pero...

NENA

(Imperativamente.) ¡Marchaos!

(Vanse por la izquierda. A GUADALUPE, dándole la mano.)

¡Ven aquí; levanta, cálmate!...

(La hace beber.)

Escena XI

GUADALUPE y NENA.

GUADALUPE

¡Ay, no, por Dios; no me tenga usté miedo aunque se quede sola conmigo, señorita!

NENA

¡Qué he de tener, mujer!... Tranquilízate y habla. ¿Qué ibas a hacer?... ¿Por qué has cogido ese cuadro?...

GUADALUPE

Pues la verdá, señorita... Lo he cogido; pero no era para mí. Es que me mandan..., es que me obligan..., es que si vuelvo a mi casa sin llevar naa me matan de una paliza.

NENA

¿Tus padres?

GUADALUPE

No, señora; unos que me tien recogida.

NENA

Pero tus padres, ¿quiénes son?

GUADALUPE

No se lo puedo decir a usté con seguridad.

NENA

¿No conoces a tu padre?

GUADALUPE

Lo conozco, de vista; pero no lo trato. Un día pasó uno y me dijeron: «Ese es tu padre...», y no le tengo visto más.

NENA

¡Qué horror! ¿Y tú cómo te llamas?

GUADALUPE

Guadalupe.

NENA

¿Solo?

GUADALUPE

Poco más debe ser, porque nunca me he enterao. Y esos que me tien recogida, pues me hacen robar en todas partes, y tengo pasás unas vergüenzas y recibidos más golpes... ¡Si viese usté mi cuerpo! Y me dijeron ayer que viniese aquí a llevarme lo que pudiese, y yo no quería y me fui de mi casa, y dije: «Pos ya no vuelvo más...». Pero esta mañana ya no sabía ande ir.

NENA

Pero ¿has pasado la noche en la calle?

GUADALUPE

En un tupi. Que le vendí a una castañera una jaula de un pajarito que me se ha muerto y me dio veinte céntimos y me entré a tomar un recuelo y cuatro bolas.

NENA

¿Qué es recuelo?

GUADALUPE

Pues una cosa negruzca que le dicen café, con una cosa blancuzca que le dicen leche. Motes que les ponen a las cosas.

NENA

¿Y qué son bolas?

GUADALUPE

Unas cosas vacías que les dicen buñuelos, que se lo va usté a comer y es mentira. Too es aire con una cortecita.

NENA

¡Infeliz!

GUADALUPE

Y a las cinco de la mañana me echaron del tupi..., ¡y tengo pasao un sueño y un frío y un cansancio!... Hasta que m'ha dao un mareo y una cosa en los ojos que veía muchas chispas encendidas en el aire, y me he asustao, porque me he creído que me iba a morir.

NENA

¡Pobre criatura! ¡Has pasado miseria!...

GUADALUPE

¡Regular!

NENA

¡Hambre!

GUADALUPE

Como que una servidora, la comida no la ve más que en amenazas. «¡Que te doy dos tortas, que te doy un capón, que te ganas una chuleta!...». Total: los mismos golpes con nombre variao. (Excitándose.) ¡Señorita!... ¡Usté, que es tan buena...; déjeme usté marchar sin llamar a los guardias, sin decirle na al chico ese de los botones..., ni a nadie, señorita!... Ande usté, señorita; déjeme usté, que yo la juro a usté que no vuelvo más por aquí...

NENA

(Sonriendo.) ¡Eso sí que no!

GUADALUPE

¡Ay, déjeme usté irme; por lo que usté más quiera!

NENA

No te dejo, no... Pero no tengas miedo... ni a los guardias, ni al botones, ni a nadie... Hoy te quedas aquí y entras en calor y comes, y yo te daré ropa y duermes esta noche tranquila...

GUADALUPE

¡Señorita!

NENA

¡Y no vuelvas a robar nunca más!

GUADALUPE

¡Ay Dios mío, ay Dios mío!

NENA

Después, ya pensaremos mamá y yo lo que hay que hacer contigo.

GUADALUPE

(Se arrodilla.) ¡Ay, qué ángel del cielo! ¡Bendita sea usté!

NENA

¡Levanta, levanta!

GUADALUPE

Déjeme usté ponerme de rodillas. Déjeme usté rezarla igual que a una santa. ¿Cómo se llama usté?

NENA

Me llaman Nena...; pero mi verdadero nombre es María.

GUADALUPE

¡Como la Virgen! ¡Dios te salve, María...; llena eres de gracia...!

NENA

¿Sabes rezar?... ¡Cómo me alegra!... Anda, anda...; levanta y ven conmigo...

GUADALUPE

¡Ay señorita!... ¿Qué haría yo pa que viera usté lo que la quiero?... ¿Qué le daría yo a usté?... (Con resolución súbita.) ¡Tome usté! ¡Tome usté!

NENA

(Asombrada.) ¿Qué es esto?

GUADALUPE

¡Pablito!

NENA

¡Un gato!

GUADALUPE

¡Lo único que tengo en este mundo! ¡Tómelo usté! ¡No me lo desprecie usté, señorita!

NENA

¡Qué monísimo! ¿No araña?

GUADALUPE

No, señora; no araña.

NENA

¿Es bueno?

GUADALUPE

(Titubeando.) No poniéndolo donde hay pájaros...

NENA

¡Qué lindo! Pues anda, ven.

GUADALUPE

¡Ay, qué alegría!... ¡Si esto es un sueño!... ¡Yo aquí, en esta casa; en esta casa tan grande, tan hermosa...; que tiene que ser un paraíso!...

NENA

¿Cómo un paraíso?... ¡No, Guadalupe, no! Esta casa es como todas las casas. Unas mejores, otras peores; unas pobres, otras ricas; unas pequeñas, otras grandes; pero en todas hay penas, egoísmo, miserias...

GUADALUPE

¿Qué dice usté?... ¿Se ha puesto usté triste?... ¡Penas aquí!...

NENA

¡Quién sabe! Ven, ven... ¡Ya hablaremos!... ¡Tú me has contado tu historia; ahora falta que yo te cuente la mía!...

GUADALUPE

Pero...

NENA

Ven, ven...

(Vanse por la derecha.)

Escena XII

SIGMUNDO, PACO, LUISA y SEBASTIANA, por el foro.

SIGMUNDO

(Imponiendo silencio a los Criados, que quieren hablar todos a un tiempo. Con marcado acento alemán.) ¡Está bueno..., está bueno!... ¡Entiéndamonos!... Ustedes me cuentan, hacen el favor; pero uno detrás de uno... Toda la casa está desgañitada... La Fuencisla chilla en la portería, ustedes chillan en la antesala... ¿Qué pasa?

SEBASTIANA

Pues na, que...

LUISA

Verá el señor...

PACO

Una chica que...

(Todos a un tiempo.)

SIGMUNDO

(Alterado.) ¡Uno detrás de uno! ¡Och, los españoles nunca no entienden qué cosa está el método!... Todo enmadejan, todo confunden...; mueren por hablar los primeros y los últimos... (A PACO.) ¡Explica tú!

PACO

Pues naa, que ha entrao en casa una ladrona...

SIGMUNDO

¡Och, carrambas!

PACO

Una chica descuidera, de esas que andan por ahí...

LUISA

Y traía una carta...

SEBASTIANA

Y se ha metido en el recibimiento... (A un tiempo, sin poder contenerse.)

SIGMUNDO

¡Ustedes callando, mujeres cotorronas! (A PACO.) ¿Cómo dices?... ¿Descuidadora?

PACO

Descuidera.

SIGMUNDO

No compriende.

PACO

Pues... una de esas que les gusta mangar lo que se tercie.

SIGMUNDO

¿Mangar? No compriende...

PACO

Sí, señor. Coger lo que no es de uno y es de otro...

SIGMUNDO

¡Ah, compriende! Mismo propiamente que haces tú con mis cigarrillos en la petaca.

PACO

¿Yo? ¡Señor!...

SEBASTIANA

(Al quite.) Y la chica, pues se ha quedao sola mientras aquí, Paco, iba a entregar la carta a la señora, y ha cogido un cuadro...

LUISA

(Sin poder contenerse.) Ese de ahí del rincón...

SEBASTIANA

Y se marchaba con él tan fresca...

SIGMUNDO

¡Callando he dicho! ¡Och, con estas mujeres no puedes entender tu propia palabra! (A PACO.) ¿Dónde está la manguera? ¿La han llevado los guardias?

PACO

(Ya repuesto del susto.) Eso queríamos, sí, señor...

SEBASTIANA

Pero no ha consentido la señorita Nena...

PACO

Y encima la quería dar un caldo...

SEBASTIANA

¡Y una copita de jerez!

LUISA

¡Y nos ha echao de aquí y se la ha llevao pa dentro, y ahora están en el cuarto de la señora!...

SIGMUNDO

¡Ya tenemos bastante de esto! (Con admiración indignada, mientras los demás le miran con sorpresa.) ¡Ach, Nena; meine libe Nena! ¡Espíritu absurdo! Tú tienes la sangre de la España, tú sufres la sombra de Don Quijote... ¡Tú quieres siempre, como todos de esta tierra suicida, ennoblecer y libertar los que están más ladrones! ¡Tú olvidas que los galeotes luego siempre burlan del redentor y tiran piedras sucias inrevocablemente! (Volviendo en sí, con energía.) ¡Pero yo pondré el orden! (A PACO.) ¿Dónde están?

LUISA

En el boudoir de la señora.

SIGMUNDO

¡Yo entra ahora mismo..., yo saca la delicuenta por un brazo y yo la entrega sin contemplaciones a la Justicia humana, por entremedio de la Comisaría! ¡Esto está lógico, europeo y metódico! (Entra resuelto en las habitaciones.)

Escena XIII

PACO, SEBASTIANA y LUISA.

PACO

Este tío me gusta a mí.

SEBASTIANA

Estos alemanes son mu vivanderos. Le llaman al pan, pan, y al vino, vino, y van a lo suyo y naa más.

PACO

Vas a ver cómo él coge a la ladrona, la entrega a los guardias y pasan las cosas como tien que pasar.

LUISA

Seguro. Si no estuviese él en casa, ¡cómo andaría esto!... Manga por hombro.

SEBASTIANA

Yo tengo oído que es el que maneja toos los intereses de la señora.

PACO

¡Toma!... Como que sin él ya se hubiera venido abajo la fábrica.

LUISA

Pero creo que él no es amo de nada.

PACO

¡Qué va a ser! Él es un ingeniero de esos que les dicen químicos, que según me tie contao Prudencio, se lo mandaron de Alemania al marido de la señora cuando estableció la fábrica, unos primos que tenían allí. Primos en el buen sentido. Y fue el señor y lo puso al frente y ganaba lo que querían; porque este don Sigmundo creo que es muy entendido en cosas de colores y tintes, que coge tres anilinas y cuatro potasios u magnasios, que dice Prudencio, y te hace un blanco que te quita la cabeza; u con un azul de aquí y un amarillo de allá te pone verde.

LUISA

A ti es lo que más te pone.

PACO

Sí; pero venme a mí con materias colorantes, plin, plin... Amos, que este tío es el que entendía mejor el negocio. En esto que se murió el señor; la señora y la señorita se quedaron solas, y el apreciable teutón este las dijo que no s'apuraran, que él sacaría adelante el negocio. Y sí que lo ha sacao; pero hoy por hoy, él manda en la fábrica, él manda en la casa; tie atemorizá a la señora y de paso quie ver si consigue el logro de llevarse en matrimonio a la señorita (que no es ninguna pochez) con toda su fortuna, y miel sobre hijuelas, como vulgarmente se dice.

LUISA

Ahora, que pa mí que la señorita le ha dicho que de eso de casarse, pa cuando la Candelaria caiga en agosto.

SEBASTIANA

Sí; pero como son mujeres solas y saben que si se las va ese tío las arruina, pues tien que achantarse y sufrirlo, y naa más.

PACO

Y tan achantarse. Ya veis si ese tío tie poder, que echó de casa al señorito Álvaro.

LUISA

¿Al novio de la señorita?

PACO

Al mismísimo.

SEBASTIANA

Ahora, que don Álvaro y la señorita, yo estoy en que no han acabao.

PACO

La señorita me se hace que va mucho a las Cuarenta Horas, y pa mí que de las cuarenta, unas cuantas son para el novio.

LUISA

Descontao.

SEBASTIANA

Y el caso es que el alemán ese es más listo y más inventor que un rayo.

PACO

Eso no hay quien se lo quite.

SEBASTIANA

Como que el otro día entró en la cocina y me dijo a mí que está inventando un aparato que se adosará a la boca del puchero pa aprovechar la fuerza del hervor del cocido, que dice él que es una lástima que se pierda...

PACO

¡Ah, sí! Me lo ha explicao a mí también. Y creo que con esa fuerza transmitida por una correíta se pondrá en movimiento una máquina pa pelarte las patatas, cuyas mondaduras pasarán a un segundo cuerpo, pa convertirse, por la acción del calor, en una pasta, que pues utilizar, bien en hacer mondadientes, bien en hacer fideos finos, según las necesidades de la casa y la sopa que quieras hacer. Total, que me lo explicó el otro día de una forma, que si le sale bien la maquinaria, entras en la cocina, tocas dos botones, se pone en movimiento el mecanismo y te encuentras la cornuda hecha, too fregao, ¡y la sisa en la Caja de Ahorros!

SEBASTIANA

¿Todo a máquina?

PACO

Todo a máquina.

LUISA

¡Qué adelantos!

PACO

Es un tío que me encanta.

SEBASTIANA

¡Calla, ellos!... Y vienen disputando.

PACO

Vamos a quitarnos de en medio, no se figuren que estábamos hablando de ellos; que son muy mal pensaos...

(Vanse por la izquierda.)

Escena XIV

NENA y SIGMUNDO; luego, CHUNCHA, por la derecha. NENA y SIGMUNDO salen disputando, alteradísimos.

SIGMUNDO

¡Nein, nein, nein!

NENA

¡Sí, sí, sí!

SIGMUNDO

¡Nein, nein!

NENA

¡He dicho que sí, ea, y no hay más que hablar!

SIGMUNDO

(En el colmo de la desesperación, llevándose las manos a la cabeza.) ¡Ach! ¡Mein lieber alter Gott!

NENA

¡No hay Gott ni gota! ¡He dicho que se queda aquí y se queda!

SIGMUNDO

¡Pues yo dice que se marcha, y se marcha! ¡Y tan pronto posible! ¡Eh! ¡Volando en la calle!

NENA

¡Aquí no vuela nadie más que tú! Mira la puerta. ¡Y por el jardín te vas a la fábrica, que es lo único que te interesa! Anda. ¡Vete corriendo, que se te van a enfriar los hornos!

SIGMUNDO

¡Ach, mujer del infierno! ¡Pero es que tú quieres acaso darme cosquillas debajo de la nariz! ¡Donner Wetter!

CHUNCHA

(Que entra siguiéndolos, doliente y romántica. Con marcado acento americano.) Pero ¿es que todavía prosiguen la contienda? ¿Hasta cuandito van a seguir peliando? Nena, mi hijita; ceda no más.

NENA

¡No, mamá; no cedo!

CHUNCHA

¡Hágalo por mí, niña!... Mire que tengo una jaqueca bárbara...; el corazón se me subió a las sienes y me asesina a golpes... Sacrifíquese, hijita; ¿qué más le da?

NENA

No, mamita; no insistas. La chica del gato se queda en esta casa.

SIGMUNDO

¡Eso está un infinito absurdo!

NENA

¡Pero es una obra de caridad! (A CHUNCHA.) Madre, ayúdame tú. Di que también tú quieres que se quede... Nosotras no sabemos lo que son miserias... ¡Si la oyeras, madre! No nos cuesta nada... Es cargo de conciencia.

CHUNCHA

(Muy convencida.) Dice bien mi hijita... ¡Cargo de conciencia no más! (A SIGMUNDO.) ¿No le parece? (A NENA.) ¡Ay niña, fróteme la sien; que me ataca el vértigo y les veo dobles! (A SIGMUNDO.) Explíquese, Sigmundo; pero sin alboroto, que me desvanezco... ¿Qué razones puede alegar para oponerse así a una buena obra?

SIGMUNDO

Razones me desbordan más de miles, por encima de todos mis cabellos. ¡Estoigo seguro de que esta joven del gato está una peligrosa bandida!

NENA

Aunque lo sea, se ha fiado de mí, se ha entregado en mis manos, y yo no la abandono.

SIGMUNDO

(Interrumpiendo.) ¡Tú estás una chiquilla romántica!

NENA

¡A mucha honra!

SIGMUNDO

¡Sentimentala!

NENA

¡Gracias a Dios!

CHUNCHA

(Suplicante.) Sigmundo, Nena...; no me sofoquen, que me amaga la crisis... ¡Que veo dobles!

SIGMUNDO

¡Aunque me vea triplice!... No me sofoca: estoigo como siempre, completamente fresco. ¡Que se presente aquí la joven del gato inmediatamente!

CHUNCHA

Nena, hijita; dígale que salga no más.

NENA

Ahora no puede.

SIGMUNDO

¿Por qué no puede?

NENA

Porque se está vistiendo.

CHUNCHA

Sigmundo, véngase a razones. Es no más un capricho. ¡Déjala el juguete!

SIGMUNDO

¡Una buena mujer no necesita otro juguete, sino un marido!

NENA

Pero hasta que lo tenga...

SIGMUNDO

¡Le tienes cuando quieres tenerle, ya lo sabes!

NENA

Tú..., ¿verdad?

SIGMUNDO

¡Migo mismo! ¡Sigmundo Furchtegott, y no otro ninguno!

CHUNCHA

(Asustadísima.) ¡Por favor, niña...; por favor, Sigmundo; no vuelvan a empezar con la historia de siempre!

NENA

¡Historia de nunca jamás!

SIGMUNDO

¿Por qué de nunca jamás, yo pregunto?

NENA

Porque no me gustas para marido.

SIGMUNDO

No me gustas, no me gustas. ¿Cuál que te gusta? ¡Ya sé yo! ¡Pero que se presente delante mío el hombre que te gusta! ¿Cualquiera necesita un puñetazo? Pues aquí está Sigmundo para administrarlo si se atreve de poner los ojos encima de ti.

NENA

Pero, mamá, ¿oyes esto?

SIGMUNDO

¡Doña Chuncha lo tiene oído infinito! De esto no se habla más, que no me agrada derrochar tiempo. Ahora está más urgente tratar del otro asunto: que venga la joven del gato, que comparece aquí la delincuenta para entregarla a los vegilantes guardias.

NENA

Pero...

SIGMUNDO

Para entregarla a los vegilantes guardias.

Escena XV

Dichos y GUADALUPE, por la derecha. Al mismo tiempo se asoman con curiosidad, por la izquierda, PACO, LUISA y SEBASTIANA.

GUADALUPE

(Aparece transformada. Vestida de doncella, con un traje sencillo y elegante; bien peinada, bien calzada, con el gatito en brazos; sonriente, humilde, graciosa.) ¡Buenos días!

SIGMUNDO

(Admirado.) ¡Oh! (Con gran extrañeza.) ¿Esta, esta jovena la..., la del descuidamiento?

CHUNCHA

Ella misma, Sigmundo.

PACO

(Embobado.) ¡Rediez!... ¡Si no parece ella!

NENA

Esta es. ¿Qué te parece?

SIGMUNDO

¡Och!... (Se pone el monóculo. La mira atentamente.)

NENA

(Con malicia, al ver el efecto.) ¿Llamamos a los guardias?

SIGMUNDO

¡Och, tú siempre estás queriendo volar!... Calma..., calma...; lógica..., método... (Sigue mirándola.)

PACO

¡Pero qué bonita!

SEBASTIANA

¿Aviso a la pareja?

PACO

¡Quieta!... Nada de ligerezas... A lo mejor se precipita uno, comete una injusticia y luego... ¡Rediez con la chica del gato! ¡Lo que hace el decorao!

TELÓN

Acto III

Sala con una puerta a la derecha y otra a la izquierda. Mirador al foro; forillo de jardín.

Escena I

CHUNCHA, SIGMUNDO, GUADALUPE, PACO; luego, NENA. Al levantarse el telón están todos en pie, y CHUNCHA discute con SIGMUNDO.

CHUNCHA

Pero escuche, atienda, considere. Yo creo...

SIGMUNDO

No escucha, no atiende, no considera nada. (A PACO.) ¿Ha venido hoy alguien en la casa?

PACO

En la casa, no, señor.

SIGMUNDO

¿La señorita Nena ha salido en la calle?

PACO

En la calle, no, señor.

SIGMUNDO

¿Ella no tiene recibida carta ninguna de su sietemesino paseante?

GUADALUPE

Sietemesino, no, señor.

SIGMUNDO

Usted callándose.

GUADALUPE

Punto en boca.

SIGMUNDO

Está bueno. (A PACO.) Usted observa, usted vigila, usted me avisa de todo que ocurre. (Ordenándole que salga. A GUADALUPE.) Usted diciendo a Nena que esperamos por ella. ¡Volando!

GUADALUPE

Marchen.

(Salen los dos por la izquierda.)

CHUNCHA

¡Ay Sigmundo, perdóneme no más; pero este espionaje en mi propia casa es intolerable!

SIGMUNDO

Nada está intolerable cuando no hay remedio, sino tolerarlo.

CHUNCHA

Y además no se ofenda; pero me parece un procedimiento indigno de un cabayero.

SIGMUNDO

No está procedimiento indigno, está procedimiento de guerra. Yo defiendo mis intereses propios, señora Chuncha. El interés propio siempre está sagrado.

CHUNCHA

Pero escúcheme...

SIGMUNDO

No escucha. Estoigo inamovible. Estoigo una roca.

CHUNCHA

¡Un pedrusco! Pero atienda no más...

SIGMUNDO

No atiende...; no, señora Chuncha. (Muy excitado.) Yo no aguanto una sola hora más de situaciones turbias. Yo obliga a Nena de hablar hoy mismo claramente; sí, sí; no, no... ¡No estoigo yo un juguete de mujeres pequeñas!

CHUNCHA

(Desolada.) ¡Sigmundo!

SIGMUNDO

Usted sabe que yo siempre quería casarme, y usted siempre me dice: «Espere, espere...; ella está todavía una niña...; espere que ella crece un poco más...». (Ríe con risa sardónica.) ¡Ah, ah!... Ella está una niña para mí...; ella no está una niña para algún otro...

CHUNCHA

¡Qué dice!

SIGMUNDO

Yo veo demasiado al novio de ella paseando demasiado cerca... ¡Yo no aguanto ridículos!

(Entra NENA, seguida de GUADALUPE.)

NENA

¿Me llamabas tú?

SIGMUNDO

Mismo yo.

NENA

¿Y qué quieres?

SIGMUNDO

Yo necesita saber definitivamente, claramente, hoy mismo, si tú te casas conmigo; sí o no... Te he preguntado setecientas y un veces.

NENA

(Suavemente.) Y yo te he contestado que no.

SIGMUNDO

(Enfureciéndose.) Pero ¿por qué? ¿Acaso no me estimas?

NENA

Sí te estimo..., muchísimo...; pero para marido..., no me gustas.

SIGMUNDO

(Enfurecido.) ¡Ah, no te gusta! ¿Quién es que te gusta? ¡De sobra sabe yo quién es que te gusta!... Douner Werter!

NENA

Pues si lo sabes, ¿a qué te empeñas en lo imposible?

SIGMUNDO

Lo imposible está que yo trabaja igual como un negro en esta casa, siete años enteros, esperando, esperando... Tú me agradas, tú me convienes...; yo convengo a la fábrica... Sin mí, ella se hunde... ¿Tú quieres que se hunde? ¿Tú compriendes las consecuencias catastrofales? ¿Tú dices sí? Yo sigo trabajando, lo levanta todo...; todos estamos ricos y felices... ¿Tú dices no? Yo marcho incontinentemente..., yo me llevo todo que es mío, porque está en mi derecho, y ustedes quedan pobres, pobres...

CHUNCHA

¡Sigmundo!...

NENA

Reflexiona...

SIGMUNDO

¡Reflexionas tú, primero que contestas!... Doigo media hora... Vuelvo..., pregunto...; dices sí..., dices no...; como quieres...; tú edificas el propio destino... Tú estás loca..., tú pagas... ¡Ojalá tú aciertas! (Da un paso hacia la puerta y tropieza con GUADALUPE, que da un grito.)

GUADALUPE

¡Ay!

SIGMUNDO

¿Qué sucede, jovena?

GUADALUPE

Na...; que me ha dao usté un pisotón que a poco me deshace usté un pie...

SIGMUNDO

¡Perfectamente! (Ella le mira con asombro.) ¡Estoigo un hombre fuerte! ¡Esto sucederá con todo que se ponga en mi camino! (Con tremenda dignidad.)

CHUNCHA

(En cuanto ha salido SIGMUNDO se precipita hacia NENA.) ¡Ay Señor, qué va a ser de nosotros! ¡Ya lo has oído, hijita!

NENA

Sí, mamá...

CHUNCHA

¡Sacrifíquese no más, hijita!

NENA

¡No puedo, mamá!

CHUNCHA

Diga que sí, hijita... ¿Qué trabajo le cuesta?

NENA

No, mamá... No le quiero...; quiero a otro... Antes la miseria, antes la muerte...

CHUNCHA

Hijita, mire que nos arruina irrevocablemente... ¿Qué hasemos las dos?... Niña, no sabe lo que es pasar pobres... Mire que ni ella ni yo sabemos ganarnos la vida... Mire que soy ya demasiado vieja... para pasar angustias económicas...

NENA

¡Ay madre!... Pero yo soy demasiado joven para condenarme a cadena perpetua... ¡Déjame, mamita; déjame, que no puedo!... (Se sienta en un rincón y llora en silencio.)

GUADALUPE

¡Pero el tío panocha este!... ¡Empeñao en amargarle la vida a esta criatura!... ¡Amos, es pa despacharle en rajas!

CHUNCHA

¡Ay Señor, qué va a ser de nosotros! (Desplomándose en un sofá.) Dame un cojín, Paco. ¡El inamovible en que sí y la Nena en que no!... ¡Gracias, Paco! Son dos rocas. Deme otro cojín, niña Lupe. Parese hija del maldito alemán... ¡El Señor me perdone!... ¡Límpiame el sudor, niña, que me sube una cosa que no sé lo que es... ¡Ay Señor, qué en pas y grasia de Dios estaríamos las mujeres en este mundo si no hubiera hombres!... ¡Recójame el pañuelo, que se me ha caído!... ¡Ay niña Lupe, no le haga caso jamás a ninguno, que son muy tigres!

GUADALUPE

Perros naa más.

CHUNCHA

Deme la mano, Paquito, que me voy al boudoir a tenderme.

(La ayudan a levantarse.)

Que aquí hay corriente de aire y me traspasa... Levánteme la cortina... ¡Muchas gracias!... ¡Ay Jesús mío!... ¡Cuánto sinsabor!

(Vase suspirando, y PACO la acompaña.)

Escena II

GUADALUPE y NENA.

GUADALUPE

(Acercándose a NENA.) ¡Por Dios, señorita, no llore usté!...

NENA

¿Pero no lo has oído?... Tengo que decidir... ahora mismo... y no puedo... ¡La elección es horrible, Guadalupe!... O la ruina o la infelicidad. La ruina..., ya has oído a mi madre... Soy una señorita, no sé hacer nada...; no sé si tengo derecho a obligar a nadie, ¡y menos a ella!, a padecer por mí...; pero no puedo, ¡no puedo!

GUADALUPE

(Admirada.) ¿Tanto le quiere usté a su novio?

NENA

(Con exaltación.) ¿A Álvaro?... Sí; le quiero, le quiero...; no sé por qué, pero le quiero...; hoy más que nunca, porque me parece que le voy a perder...

GUADALUPE

¡Ay señorita, no se ponga usté en lo peor!

NENA

(Levantándose.) Soy cobarde... y no lo quiero ser..., y lo tengo que ser a la fuerza... Sacrificarse...; sí, sacrificarse...; parece muy bonito así de golpe...; pero... ¡Toda la vida!... ¡No puede ser! ¡No puede ser!

GUADALUPE

(Apurada.) ¡Ay, calle usté, señorita de mi alma!... ¡Pero cómo me iba yo a figurar que dentro de estas casas tan maníficas hubiesen estas penas!...

NENA

(Sonriendo con tristeza.) Ya lo ves... Y que mi problema no puede arreglarse... de ninguna manera...

GUADALUPE

¡Por Dios, no diga usté eso, señorita! ¿Por qué no va a arreglarse?

NENA

(Sonriendo con tristeza.) ¡Ay!... Porque es un problema... de tres picos.

GUADALUPE

¡De tres picos!

NENA

Fíjate. Primer pico: Sigmundo se quiere casar conmigo y yo no me quiero casar con él...

GUADALUPE

(Muy convencida.) ¡Natural!

NENA

Segundo: Yo me quiero casar con Álvaro, y si no con nadie, porque él me adora a mí y yo le adoro a él...

GUADALUPE

(Entusiasmándose.) ¡Pues ese pico es bien fácil de doblar!

NENA

(Sonriendo con escepticismo.) ¿Tú crees?...

GUADALUPE

¿No le ha dicho usté que venga luego para hablar por el balcón? Pues cuando venga le cita usté pa esta noche a las diez, en la esquina; baja usté, toman ustés un coche pa los dos solos, le dicen ustés al cochero: «¡Chófer, a Rosales!», se pasan ustés la noche jugando al mus y tomando consumaciones, y buena tonta será su mamaíta de usté si mañana no los manda casar por la posta no más, como dice ella...

NENA

(Suspirando.) Sí...; pero se te olvida el tercer pico..., y es que Sigmundo se le sube la sangre a la cabeza y arruina la fábrica, que es toda nuestra fortuna.

GUADALUPE

¡Es verdad! (Muy enfadada.) ¡Maldito alemán!

NENA

¡Y mi pobre Álvaro no tiene una peseta!

GUADALUPE

(Enfadadísima contra el Destino.) ¡Bueno; es que hay que ver! ¡Ustés, las señoritas que quien hacer las cosas a gusto, hacerlas con dinero y que salgan bien! Naa, que estoy viendo que las clases pudientes son ustés muy desgraciás... Porque nosotros los pobres decimos aquello de «Contigo, pan y cebolla», y anda con Dios.

NENA

¿Qué haría yo, Guadalupe? ¿Qué haría yo?... Porque si sigo así voy a volverme loca, a morirme...

GUADALUPE

¿Usté, señorita? ¡A morirse usté, que me ha dao a mí casa, abrigo, calor, alegría!... Amos..., que antes me hacen a mí cachitos así de pequeños... (Con decisión.) ¡Yo le quito a usté de en medio el rubiales ese!... ¡Vaya!...

NENA

¿Tú?... ¿Pero cómo?...

GUADALUPE

¿Cómo?... Entoavía no lo sé... (Medita.) Es decir..., me parece que ya sí que lo sé.

NENA

Pero dime...

GUADALUPE

Usté déjeme que yo...; porque si se lo digo..., como ustés las señoritas son así, tan pusi... ¿Cómo se dice una cosa larga que son ustés las señoritas?

NENA

Pusilánimes.

GUADALUPE

Eso... Tan pusilánimes...; pues una...; pero yo, a lo decente; eso, sí... Pero vamos, que yo le libro a usté de ese tío.

(Se oye un silbido en la calle.)

NENA

Calla..., un silbido... ¡Ahí está Álvaro!... Pero desde aquí no le puedo hablar, que desde la fábrica me puede ver Sigmundo.

GUADALUPE

Dígale usté por señas que se vaya a la otra calle y que usté saldrá al balcón de la sala.

NENA

¡Sí, sí!... (Habla por señas con el abecedario de los mudos detrás de la vidriera.) Ven luego, cuando se vaya el alemán.

GUADALUPE

(Alarmada.) Cuidado, que oigo toser.

NENA

¿Eh? (Asustada, se aparta del balcón.)

GUADALUPE

(Atendiendo más.) Pero no...; no tenga usté miedo, que ha sido el policía.

NENA

(Sigue con las señas.) Una falsa alarma... Que ha tosido «Sherlock Holmes».

GUADALUPE

Ese perro tiene una tos que yo se la he oído a algunas personas... (A NENA.) Siga, señorita, siga; que no hay cuidao.

NENA

(Sigue.) Saldré al balcón del gabinete... ¡Ahora, vete!

GUADALUPE

¡Que oigo un ruido alarmante!

NENA

¿Qué es?

GUADALUPE

No...; es el botones, que se le ha caído uno... ¡Siga usté!

NENA

¡Ahora, vete!... ¡Hasta luego!... ¡Adiós!

GUADALUPE

¿Se va?

NENA

Ya se va.

GUADALUPE

(Empinándose por detrás de NENA y dando saltos para ver mejor.) ¡Qué buen tipo tiene!... Morenito, espigaíto y con bigotito... (Más saltitos.) ¡Como a mí me gustan!

NENA

¿Verdad que es muy guapo?

GUADALUPE

(Dando otro saltito.) Corresponda usté, que l'ha tirao un beso; ande usté...

NENA

(Ruborosa.) ¡Por Dios!

GUADALUPE

Por mí no tenga usté vergüenza... ¡Si yo me vuelvo!... Además, si fuese un beso de remate de película, que no se les ve el fin; pero estos volaos... ¡Ande usté con otro!...

NENA

Vamos, no seas tonta.

GUADALUPE

(Otro saltito.) Cómo anda, qué marchoso es. Tírele usté otro, que s'ha vuelto... Ande usté, que va el pobre a volver la esquina y es un dolor que se vaya de vacío...

NENA

Puesto que te empeñas... (Le tira un beso.)

GUADALUPE

¡Qué lástima; ya no lo ha visto!... ¡Anda, y aquel guardia pregunta que si es pa él!

NENA

(Retirándose.) ¡Qué vergüenza!

GUADALUPE

(Como hablando con el guardia.) ¡Y un jamón curao!... ¡Eso quisiera usté, so pasmao!

NENA

¡Por Dios, no digas ordinarieces!

GUADALUPE

No; si pasmao, es una cosa fina, que no se usa más que para los señoritos... Ya se darían los guardias con un canto en los dientes si no les llamasen otra cosa.

NENA

Me voy.

GUADALUPE

(Solícita.) Póngase usté algo, que hace un frío que pela. (La envuelve cuidadosamente.)

NENA

Oye tú, estate aquí. Si viene alguien, avisas.

GUADALUPE

Descuide usté; yo me encargo de todo. ¡He nacío en el barrio de las Injurias, madrileña neta, agradecía y honrá! Usté déjeme a mí.

(Sale NENA.)

Escena III

GUADALUPE; luego, SIGMUNDO.

GUADALUPE

¿Qué haría yo?... Porque yo... tengo que hacer los imposibles pa salvar a esta chica; que ella me salvó a mí... y no tenía na que agradecerme... (Medita.) Lo que se m'ha ocurrío pue que esté mal... (Medita.) Recapacitemos; primeramente..., yo me pongo por medio, y le hago al germano todas las cucamonas que sean necesarias pa que el hombre se ablande, y si se ablanda, que se ablandará, porque aunque cuando hay gente delante me saluda vuelto de espaldas, cuando estamos a solas, así, a las mátalas callando, de pronto se quita el vidrio del ojo con un guiño y me dirige unas mirás como pa tostar café sin darle a la manivela... Bueno..., pues si se ablanda y consigo que nos cojan a él y a mí infragante, pue que se arme un escándalo y se arreglen las cosas... Verdad es que puede que yo quede mu malamente..., y como me parece que también quiero a otro..., si ese otro lo toma en mal sentido..., ¡me veo en el arroyo!... (Con decisión.) ¡Pero bueno, Guadalupe! ¡A ti qué! ¡Pa eso eres de la calle! (Reflexiona.) Segundamente: Yo averiguo la vida y milagros de este alemán, que a sus años y soltero algún gato encerrao pue que tenga, y pue que el botones lo sepa, que muchas cartitas le veo traer y llevar. Y pue que si lo sabe, con maña pueda una servidora hacerle cantar... ¡Y pue que entre todos te den un puntapié por meterte en líos y te tengas que volver a la vía pública a morirte de frío otra vez!... (Con resolución generosa.) ¡Bueno, mejor!... Eso es cuenta mía. (Siente ruido.) ¡Ay mi madre, me paece que ahí viene!... ¡Sí, él es!... Bueno... A este señor me lo encuentro yo por Navidad, atao con una cinta azul en el escaparate de una pollería, y digo: Un pavo... Un pavo corto de media vista, porque no lleva más que un vidrio en el ojo derecho... Se conoce que el otro no le interesa... Aquí está... ¡Ay, si consiguiera gustarle y quitarle la intención de la señorita!...

SIGMUNDO

(Entrando.) ¡Bonas tardes!

GUADALUPE

¡Bonas! (Aparte.) ¡Le hablaré en su lengua, pa que vea que aquí también sabemos...! (Alto.) ¡Muy bonas!

(Tararea un cuplé popular. SIGMUNDO mira a todas partes con discreta cautela; ve que están solos, se quita el monóculo con un guiño y la mira profunda y atentamente, pero más serio que un ajo. Ella lo observa. Le dirige su sonrisa más graciosa y seductora. Le contesta con una inclinación de cabeza. Él, muy serio.)

Qué, ¿conoce usté la música de este cuplé, don Sigmundo?

SIGMUNDO

Yo no conoce más música que Brahms, Prok, Bach, Listz, Grieg, Glük...

GUADALUPE

¡Hombre, pa decir que no, no hace falta hacer gárgaras!...

SIGMUNDO

Más, nada.

GUADALUPE

¿Pero en su tierra de usté no se cantan cosas alegres?

SIGMUNDO

Brahms, Prok, Bach, Listz, Grieg, Glück. Más, nada.

GUADALUPE

Sí, ya lo he oído; más, nada; sí, señor. (Muy insinuante.) Oiga usté, don Sigmundo: un día tengo que ir a la fábrica pa que me enseñe usté a hacer colores..., ¡y a ver si de paso me saca usté a mí los míos, que buena falta me hacen; que está una tan pocha!... ¿Usté sabe lo que es pocha?... Amos, que le falta a una ese color..., así, tan colorao y tan sano como el que tie usté, que da gusto verlo... (Fuerza la risa.) ¡Pero de verdá! Lleva usté el pico del pañuelo muy fuera. ¿Quie usté que se lo...? ¡Tie usté un hilachito aquí!... Con permiso... (Se lo quita. Se sonríe con su más dulce sonrisa.) ¡Qué color de pelo más gracioso!

SIGMUNDO

Bonas. Hasta luegos... (Vase.)

GUADALUPE

¡Y se va!... Pues que usté lo pase como es debido. ¡Qué señor! Le hago la metá a uno de Valladolid y me pide relaciones... Pero este tío no es tan fácil de conquistar como yo me figuraba.

SIGMUNDO

(Vuelve a salir, como arrepentido de su actitud seria. Parece que viene dispuesto a sonreír y a decir algo amable; pero a la mitad del camino recobra su imperturbable seriedad. Da media vuelta y vase decidido.) No está práctico. (Vase por el foro.)

GUADALUPE

¡Sí que me he lucido!... Y se va más derecho que un huso. (Se acerca al ventanal a verle marchar.) ¡Y sin volverse!

Escena IV

GUADALUPE y PACO.

PACO

(Se asoma cautelosamente tras una cortina y observa a GUADALUPE.) Naa..., mirando por donde se ha ido... ¡Pa que a mí se me escapara!... ¡Esta niña está loca por ese tío!... Sonrisas, coqueterías, que irá a la fábrica... ¡Eso ya lo veremos!... ¡Que si se entera la señora!... ¿Pero qué le habrá encontrao a ese sujeto?... ¡Que es un kilo de tomates con mal humor!... Amos, que tien unos gustos ciertas mujeres...

GUADALUPE

(Volviendo al arreglo de las flores.) Nada..., ni con el rabillo del ojo... ¡Pero veremos quién puede más!... (Viendo a PACO. Con alegría íntima.) ¡Él!

PACO

(Apareciendo.) Que si quie usté merendar, que vaya.

GUADALUPE

¡Oh, muchísimas gracias, Paco! (Amable y agradecida.)

PACO

(Muy secamente.) No hay de qué darlas.

GUADALUPE

¿Está usté de mal humor, Paco? (Sonriente.)

PACO

Ni muchísimo menos. (Se pone a leer un periódico.) No tengo más que motivos de satisfacción. (Lee. Se vuelve de espaldas.)

GUADALUPE

¡Ay hijo, qué desabrida está la tarde!

(PACO la mira, sin hablar. Vuelve a leer.)

A usté l'ha pasao algo a quince centímetros del fogón; a mí no me cabe duda...

PACO

A mí no me pue pasar nada en la cocina, ¿estamos? (Leyendo.) «La pista de Casanellas».

GUADALUPE

Pero le puede a usté pasar con la cocinera.

PACO

Yo no tengo naa que ver con la cocinera. (Lee.) «Bugallal en un brete».

GUADALUPE

¡Pero ella con usté sí que tiene que ver!

PACO

¡Ella sabrá! ¡Debilidades de mujeres! ¡Qué le va a hacer uno! (Lee.)

GUADALUPE

Claro, cuando a uno le quieren, ¿verdá?

PACO

Naturalmente...

GUADALUPE

Dejarse querer...

PACO

Es lo más indicao...

GUADALUPE

Y lo más nutritivo.

PACO

Usté lo ha dicho. (Lee.) «Banquete a Eza».

GUADALUPE

Bueno, bueno; me voy, no sea que entre por una casualidad de esas de cinco veces al día y nos vea juntos y vaya a sospechar lo que no hay.

PACO

Ni por lo más remoto.

GUADALUPE

(Con ironía ante el desprecio.) ¡Ya lo sé, hijo!

PACO

Por si acaso.

GUADALUPE

Pero como ella tiene la sartén por el mango, no quiero que se enfade; no sea que a la hora de cenar me vaya a echar un tósigo en la tortilla de patatas.

PACO

¡Pues no es usté poco pusilánime!

GUADALUPE

¿Pusilánime yo?... ¡Ay hijo, usté no me conoce!... Teniendo motivos, vamos; quiere decirse, teniendo yo algo mío que defender..., no le temo ni a esa cocinera ni a un autocamión a toda velocidad, para que usté lo sepa; lo que hay es que cuando a una no la interesa (Subraya la frase.) la cosa, pues no la gusta exponerse en tonto. (Aparte.) ¡Chúpate esa!

PACO

¿Es decir, que va usté a jurar que no me tie usté ni tanto de afecto así?

GUADALUPE

Hombre, si tan pequeñito señala usté... ¿Ha dicho usté así? (Le indica la punta del dedo.)

PACO

A ver..., que yo me percate de la dimensión.

GUADALUPE

De lo más poquito.

PACO

Bueno; tie usté una yemita que es pa comérsela..., ¿eh?

GUADALUPE

¿No le empalagaría a usté?

PACO

Si no fuese usté tan coqueta, que le hiciese cara a...

GUADALUPE

Bueno... Hasta la vista... Me voy; no quiero que... (Inicia el mutis.)

Escena V

Dichos y SEBASTIANA, que entra por la derecha con un plato, en el que hay dos bocadillos y una copa de jerez. Al salir, GUADALUPE tropieza con SEBASTIANA.

GUADALUPE

¡Jesús!

SEBASTIANA

¡Ay mamá, qué susto tan raro!

PACO

(Alarmado, deja de leer y se levanta.) Pero eres... ¿Es usted?

SEBASTIANA

Así parece.

PACO

Me había parecido que eras..., que era usted otra.

SEBASTIANA

¿Se puede saber qué hacían ustedes aquí tan..., tan...? Vamos, tan...

GUADALUPE

¡Pa preguntar las cosas no hace falta tocar el tambor, señora!

SEBASTIANA

Tan aislaos iba a decir, pa no ofender.

PACO

¡Pues que he venido a darle un recao!

SEBASTIANA

¿De parte del nuncio?

GUADALUPE

Oiga, señora, no se sofoque; que no hay de qué. Sino que a usté se le antojan los dedos huéspedes, porque pue que viniera con ciertas intenciones...

SEBASTIANA

¿Yo?... ¡Oiga usté, niña; poquito retintín!...

PACO

(Aparte.) ¡Se me pegan!

SEBASTIANA

Yo no venía más que a traerle aquí al joven dos bocadillos... Naa más.

PACO

¡Tantísimas gracias, Sebastiana! (Le coge el plato.)

SEBASTIANA

El tente en pie de toas las tardes.

PACO

(A GUADALUPE.) ¿Usté gusta?

GUADALUPE

¡Gracias!

SEBASTIANA

¿No tiene usté nada que hacer por ahí dentro?

GUADALUPE

Nada absolutamente. ¿Y usté?

SEBASTIANA

Yo, menos.

PACO

(A quien la situación empieza a intranquilizar.) Bueno; una cosa es traerle a uno la merienda y otra traerle a uno una indigestión; porque si nos ponemos así y salta un disgusto... y..., (Come.) ¿son de jamón? Hay que tener una miaja de calma... Guadalupe.

GUADALUPE

Servidora.

PACO

¿No tenía usté que dar un encargo a la señorita?

GUADALUPE

Es pa esta primavera.

SEBASTIANA

¿Dónde ha señalao?

PACO

Se refería a la estación, mujer.

SEBASTIANA

Bueno, a comerte eso...

PACO

Pero no comprendes que con esta violencia...

SEBASTIANA

¡A comerte eso!

GUADALUPE

Por mí pue usté merendar, que ya me marcho. ¡Buen provechito! (Sale.)

Escena VI

SEBASTIANA y PACO.

SEBASTIANA

A esa niña la tengo yo sentadita en la boca del estómago.

GUADALUPE

(Asomando la cabeza.) ¡Pues es un sofá!

SEBASTIANA

No, si ya sé que te gusta.

PACO

Me alegro tanto.

SEBASTIANA

(Con ternura.) Paco, mírame.

PACO

Me hace daño el resol.

SEBASTIANA

Déjate de guasas; tú estás pálido, Paco.

PACO

¿Yo?... Pero si estoy como un tomate.

SEBASTIANA

Interinamente. Y estás ojeroso, y estás más delgao...

PACO

Tú sueñas.

SEBASTIANA

Paco, ven aquí. (Le coge de un brazo.)

PACO

¡Pero mujer!...

SEBASTIANA

(Palpándole como si se tratase de un ave cuyo estado de carnes quisiera averiguar.) ¡Ay Paco, tú estás blando!

PACO

¡Que no, mujer!

SEBASTIANA

(Insiste.) ¡Blandísimo!...

PACO

¡Sebastiana, que me haces cosquillas!

SEBASTIANA

¡En los huesos! Y cuando yo te alimento como te alimento y no engordas, es que estás enamorao, Paco..., y es de esa mequetrefa.

PACO

¡Ocecaciones tuyas!

SEBASTIANA

Acuérdate cuando la planchadora, que perdiste tres kilos...; acuérdate con la chica del trapero, que perdiste dos...

(Suenan dos golpes de timbre.)

PACO

Dos golpes. Es a ti.

SEBASTIANA

La señora. El té. Ven a ayudarme.

PACO

Corre, que no tardo.

(Vase SEBASTIANA.)

Escena VII

PACO y GUADALUPE; después, SIGMUNDO.

PACO

¿Usté?

GUADALUPE

Que si pesa usté tres kilos más, que si pesa dos kilos menos... Bueno, querer a esta señora es tener relaciones con una báscula.

PACO

¿Ha oído usté?

GUADALUPE

Y he visto. Creí que lo iba a usté a asar. El tanteo ha sido como pa comprar un pollo.

PACO

Ya ve usté que le quieren a uno.

GUADALUPE

¡Buen provechito!

PACO

Igualmente.

GUADALUPE

¿Igualmente de qué?

PACO

Que a usté también la quieren; mejor dicho, que yo sé que está usté mochales por una estupidez internacional.

GUADALUPE

¿Quién se lo ha dicho a usté?

PACO

(Señalándose los ojos.) Estas dos niñas.

GUADALUPE

No las haga usté caso, que van de corto.

PACO

Pero yo voy de largo. Ahora, que se ha empleao usté mal.

GUADALUPE

Razones.

PACO

Primera, porque en cuanto se entere la señora la va a usté a poner de patitas en la vía pública.

GUADALUPE

(Con retintín.) ¡No faltará quien me recoja!

PACO

¡No se haga usté ilusiones!

GUADALUPE

¿Por qué no? (Presumiendo.)

PACO

(Con mal humor.) ¡Porque pue que ya esté ocupao el puesto!

GUADALUPE

(Con intención exagerada.) Ay, ¿qué dice usté, Paco? ¡Ay! ¿Usté sabe algo de ese hombre?

PACO

(Dando media vuelta.) Yo no sé na.

GUADALUPE

(Yendo detrás de él.) Y usté me lo va a decir ahora mismo.

PACO

Yo no digo na, porque no me trae cuenta.

GUADALUPE

Pue que sí.

PACO

Que no, ¡ea!

GUADALUPE

(Excitadísima.) Paco..., usté no sabe lo que es el corazón de una mujer agradecida... Paco... ¡Míreme usté!... Paco, yo me figuro que usté algo trae y lleva... entre el alemán... y alguien...; es decir... alguna... Paco, ¿no le dicen a usté na mis ojos? Paco, por lo que usté más quiera, dígame usté lo que haiga... Paco... Paco...

PACO

¡Pero a usté le ha dao un ataque!

GUADALUPE

Sí..., de alferecía... Paco, que es para hacer un bien muy grande... Paco, que a mí no me gusta el del vidrio, ni ese es el camino... Paco, que es la salú de la señorita... y la mía y la de usté si a mano viene... Paco... que si usté sabe algo y deja usté que ese gachó se lleve a la señorita solo por su dinero, no tie usté perdón de Dios... Paco...

PACO

(Con resolución.) Sí... pue que tenga usté razón...

GUADALUPE

¿Qué hay?

PACO

Pues hay... ¡No lo digo!

GUADALUPE

¿Cómo se llama?

PACO

¿Quién?

GUADALUPE

Ella..., la otra.

PACO

Se llama... Pero no me pierda usté... que don Sigmundo es un atleta, y si me tira un puñetazo, deja la casa... desabrochá...

GUADALUPE

No tenga usté cuidao, que por mí no nos quedamos sin botones... ¿Y quién es?

PACO

Arrímese usté, que no quio gritar, porque tengo jurao no decirlo... Pero es una señorita de ahí, de... extranjera también...; de ahí..., de donde la porcelana..., de Sajonia... Se llama Ida.

GUADALUPE

¡Virgen! ¡De modo que don Sigmundo es de Ida!

PACO

De ida y vuelta, porque tie dos hijos.

GUADALUPE

¡Dos hijos!

PACO

Dos y pico, si no me han engañao las niñas.

GUADALUPE

¡Esto es providencial, Dios mío!... ¿Y tie usté..., tie usté pruebas de eso que usté dice?

PACO

En el bolsillo... Mire usté la carta que me ha dao ese teutón para que se la lleve luego. (Lee el sobre.) Fraulein, que no sé lo que es. «Ida Schukzer. Hermosilla, ciento cuarenta y cinco». Es decir, a dos pasos de aquí. De modo que pa que vea usté lo que hace y en quién había usté puesto los ojos.

GUADALUPE

Cállese usté, ¡por Dios!, que no sabe una lo que mira... ¡Un hombre que parecía más serio que una corbata negra!

PACO

Pues es una chalina de verano.

GUADALUPE

¡Gracias, Paco, muchas gracias por haberme abierto estas dos adormideras que tengo a derecha e izquierda de la nariz!...

PACO

Y ahora, como recompensa de esta advertencia, Guadalupina... Ya sabe que yo..., porque, vamos, eso de la cocinera..., pues... ha sido que venía convaleciente de unas gástricas y...

GUADALUPE

¿Y le habían recetao a usté la sobrealimentación?

PACO

Sí señora; pero el día que a usté le dé la gana me pongo a dieta...

GUADALUPE

Pue que le encuentre yo a usté un reconstituyente.

PACO

Si no fuera usté tan coqueta...

GUADALUPE

Y dice usté que Hermosilla...

PACO

Ciento cuarenta y cinco, duplicao.

GUADALUPE

Está bien.

PACO

Pero supongo, Guadalupe, que no irá usté a...

GUADALUPE

No, el que va es usté.

PACO

¿Yo? ¿Dónde?

GUADALUPE

A Hermosilla, ciento cuarenta y cinco... y volandito, y dice usté a la Ida que venga, que la llama don Sigmundo para un recao urgente...

PACO

Pero... que me juego...

GUADALUPE

Se juega usté a una servidorita...; me parece que es un premio... ¿Le quieres?... Vas... ¿La traes?... La ganas... ¿No vas? Ya pues romper el billete, que no te ha tocao... ¿Te hace o no te hace?

PACO

Me hace..., me hace cachitos..., pero, ¡a tu salú! (Vase.)

GUADALUPE

Bueno, está visto. En toos laos igualito. Se cambia de paredes, se cambia de ropa y se cambia de palabras... Pero donde haiga hombres y mujeres, problemas, que dice la señorita. Yo, en mi casa del barrio de las Injurias, tenía dos problemas: los golpes y el hambre. Uno de sumar y otro de bostezar. Vengo aquí, que yo creía que era la gloria, y me salen otros tres. Primero, que como esta chica me salvó a mí, tengo que salvarla yo a ella; segundo, que tengo que hacer como que me gusta quien no me gusta. Y tercero, que al remate, después que lo deje too arreglao, voy a tener que salir de aquí danzando, en compañía de Pablito, que pa mí que me está planteando otro problemita con una gata de la vecindad... ¡Cómo ha crecido, el hombre! Alguien viene. Es el alemán. ¡Bueno se va a poner cuando se entere de la que le he preparao!... Y ahora tiene una servidora que entretenerle; hasta que venga Ida... ¡Ea! Le haré una faenita entreverá, y si se entusiasma demasiado, toco el timbre y grito: ¡fuego!, pa que venga alguien.

(Entra SIGMUNDO y va a pasar.)

¡Ay!

(Suspiro conmovedor.)

¡Qué distraído pasa usté, don Sigmundo!

SIGMUNDO

¡Tú... Lupe! ¿Qué hacías tú aquí sola?

GUADALUPE

Pues na..., eso..., estar sola... ¿Qué va a hacer una, si de sobra sabe una que nadie se fija en si está una sola o está acompañá?

SIGMUNDO

(Acercándose.) Yo sí me fijaba... Lupita... Ahora y antes de ahora...

GUADALUPE

¡Pues yo no me he fijao en que usté se fijaba!

SIGMUNDO

(Pillín.) ¿Y tú lo sentías?

GUADALUPE

Hombre..., como sentir..., claro que siempre le duele a una el que no se fijen en una, máxime más cuando una... sí que se ha fijao...

SIGMUNDO

¡Oh, Lupe..., tú qué dices! ¡Tú no estás indiferente contra mí!

GUADALUPE

(Imitando su acento.) No es que no esté..., es que una... tiene mismo sus simpatías. (Con fingido rubor.) ¡Ay..., usted perdona!

SIGMUNDO

(Contento y magnánimo.) ¡Och! Yo te perdona..., yo mismo me alegra..., porque tú te estás bonita..., tú te estás...

GUADALUPE

¡Tú te estás quieto!

SIGMUNDO

¡Oh, Lupita!... El amor no entiende de estar quieto. Permita que yo acaricia tu mano... (Le besa la mano repetidas veces.) ¡Och, susse, susse kusse!... ¡Oh, si yo sabía que tú estabas discreta!... ¡Och, liebe, Lupita!... ¡Och liebe!...

GUADALUPE

Sí, och liebe, och liebe, pero no haga usté guiños todavía, ni deje usté caer el vidrio que estoigo una jovena a completo decente.

SIGMUNDO

¿Pero tú no dices que yo te agrada?

GUADALUPE

¡Hombre, yo!... Es que le he oído decir a usté eso de susse kusse (Aparte.) que no sé lo que es (Alto.) de una manera... que vamos... me hace cosquillas...

SIGMUNDO

¿Nunca tú lo habías oído?

GUADALUPE

Sí lo había oído, porque aquí lo usamos para llamar a los gatos.

SIGMUNDO

Pues... susse kusse quiere decir besos dulces.

GUADALUPE

¿Besos dulces?... (Dándole cariñosamente en un hombro.) Pero qué germano este... ¡Amos que es usté más salao que el Escocia!

SIGMUNDO

¡Escocia! No compriende. ¿Escocia?

GUADALUPE

Sí, hombre, sí; bacalaíto.

SIGMUNDO

¡Och, bacalaíto!... ¡Och, lieber engel!... ¡Oh! Yo siempre desde primer momento te miraba con... ¿Tú no veías cómo yo te miraba?

GUADALUPE

Sí, con el rabillo, ya le he visto. Lo malo es que usté quiere a la inmensa mayoría de las que ve. Y a todas las kusse..., o, por lo menos, las susse. Y a todas las llama eso, de libes o liebes.

SIGMUNDO

Yo te quiero de un modo completamente arrebatado, (Va a alcanzarla.) ardiente, ¡acht... ja!...

GUADALUPE

Pero qué pedace de sirvergüence que está usté heche.

SIGMUNDO

(En el colmo del entusiasmo.) ¡Och... liebchen!

GUADALUPE

Por Dios, don Sigmundo; quieto, quieto o llamo a un vigilante guardia. ¡Y no vienen! (Oprime el botón y suena un timbre lejos.)

SIGMUNDO

(Alcanzándola.) ¡Oh, du, oh, du!... Ven tú en mis fuertes brazos... Yo te ama, yo te adora, yo te...

GUADALUPE

¡Paco!... ¡Socorro!...

SIGMUNDO

¡Oh, calla; oh, no chillas!...

GUADALUPE

¡Soco...!

Escena VIII

GUADALUPE, IDA, SIGMUNDO y una NIÑA, que lleva una comba; un NIÑO que come bombones y trae la cara llena de chocolate.

IDA

¡Sigmund!... ¿Qué haces tú? ¿Tú me llamas para que vea esto?

SIGMUNDO

(En el colmo de la estupefacción al ver a IDA.) ¿Du... hier? ¿Was willts du?

IDA

(Indignada.) Du hast mich betroguen.

SIGMUNDO

Gehe fort. (Señalando la puerta.)

IDA

Ich will micht.

NIÑO

(Llorando.) Ich mochte schokolade.

NIÑA

Borohige dich, papá.

SIGMUNDO

Gehe fort.

IDA

Ich will micht.

GUADALUPE

¡Se muerden!... (Interviniendo.) ¡Por Dios, calma, que hablando se entiende la gente!

IDA

Du hast micht betroguen.

SIGMUNDO

Gehe fort.

GUADALUPE

Hablando de otro modo, por supuesto... ¡Qué se dirán, Dios mío!

NIÑO

(A GUADALUPE.) Ich mochte schokolade. (Sigue dando voces en alemán, dirigiéndose a GUADALUPE.)

GUADALUPE

(Como si los entendiese.) Sí, señor, tiene usted razón. ¡Pero aquí la señora!...

IDA

Du hast micht betroguen.

GUADALUPE

No le diga usté eso del betroguen, que se pone frenético. ¡Señora!... Calmarse, a ver si nos entendemos. ¿Aquí, (Señalando a los NIÑOS.) estas dos panochitas son del caballero?

IDA

Seguramente suyas..., del caballero..., que yo ama doce años...

SIGMUNDO

¿Was vic du?

NIÑA

Berohige dich, papá.

NIÑO

Ich mochte schokolade.

GUADALUPE

¡Bueno, rico, deja ahora el chocolaten! Y usté, don Sigmundo, ¡por Dios!, no sea tan garrafen y ya que ha tenido usté la debilidad de dedicarse a la cría del canario, porque estos son dos canarios... ¡no los abandone usté ahora!...

IDA

¡Oh! Yo lo contaré todo a doña Chuncha, yo lo diré todo a señorita Nena. Que tú estás comprometido...

SIGMUNDO

¡Oh! ¡Si tú lo haces, yo acaba para ti eternamente!

NIÑA

(Saltando a la comba.) Eins, zivel, drei...

NIÑO

Ich mochte schokolade.

GUADALUPE

¡Bueno, rico, cállate con el chocolaten! ¡Hay que ver la carita!... Este niño está como para comérselo con bizcochos.

NIÑO

Ich mochte schokolade.

GUADALUPE

Sí, bueno está que te guste el chocolaten, pero que te limpien, porque si no no te cogen sin que se manchen... Bueno, si sigo así, dentro de dos días salgo hablando el alemán.

NIÑA

(Saltando.) Eins, zivel, drei...

GUADALUPE

Oye, rubita, que vas a enganchar un cacharro con la comben y luego se rompen, y a ver quién lo paguen.

(Mientras hablan IDA y SIGMUNDO en alemán, en voz baja y vivamente.)

¡Estate quietesiten, caramben!... Y ustedes, ¡por Dios!, cálmensen.

IDA

Es que yo quiere que todas saben que tú estás mío y que no puedes casarte con otra ninguna. Porque tú tienes dos hijos y y y y y... (Estas íes como llorando y a manera de balido.)

GUADALUPE

¡Vamos hombre! ¿No le da a usted lástima de la pobre?

SIGMUNDO

¡Oh, por Dios, Lupita, yo no quiere que doña Chuncha esté enterada!... Ni nadie está enterado.

IDA

Si tú no arreglas, yo vuelvo ahora mismo.

GUADALUPE

No tenga usté cuidao..., yo lo arreglo todo. Si usté renuncia a la señorita Nena y sigue en la fábrica, yo lo arreglo todo... Si me da usté palabra...

SIGMUNDO

¡Oh, sí, sí..., todo..., mas nada por mi descrédito! Yo no quiere que nadie sepa.

GUADALUPE

Descuiden. Señora alivien, que yo me encargen de todo. (Cogiendo a los NIÑOS.) Marchen; tranquiliden.

NIÑO

Ich mochte schokolade.

GUADALUPE

Eso lo pides en tu casa; anden.

IDA

Leb wohl.

SIGMUNDO

Auf vidersehn.

NIÑA

Adien, papá.

GUADALUPE

Descuide usté, que todo está arreglao. No lloren, que aún puede que se casen. Todo será que yo me empeñen; anden, anden.

Escena IX

GUADALUPE y SIGMUNDO; luego, CHUNCHA; después, el NIÑO, NENA y, al final, PACO.

SIGMUNDO

¡Gracias, Lupe!... ¡Oh, liebe, Lupe!... Tú me librabas compromiso, yo no quiere que nadie sabe... ¿Mas quién trajo aquí esta desgraciada?

GUADALUPE

Lo ignoren. Pero lo que yo quería está salvado, de modo que esté usté tranquilo.

CHUNCHA

(Saliendo.) ¿Pero qué aconteció por acá? Jurara que sentí una algarabía de voses incomprensibles...

GUADALUPE

Nada; era que estábamos hablando tranquilamente de...

NIÑO

(Presentándose de nuevo.) Ich mochte schokolade.

CHUNCHA

¿Qué es esto?

GUADALUPE

(Cogiendo al NIÑO y poniéndolo en la puerta.) Na, es una cosa que se había metido en el jardín. (Al NIÑO.) Como vuelvas, te vendo en onzas. (Le empuja y cierra.) Y ya que ha salido usté, señora, quiero decirla de lo que estábamos tratando aquí don Sigmundo y yo.

CHUNCHA

¿Acaso me importa?

GUADALUPE

Mucho.

CHUNCHA

Porque con la jaqueca estoy desvanecida.

GUADALUPE

Pues se trata de que me estaba diciendo aquí el señor... que, ¡vamos!..., que renuncia a sus pretensiones con la señorita Nena y que la señorita puede casarse con quien le dé la gana.

CHUNCHA

(Asombrada.) ¿Pero qué me dise?

NENA

(Entrando. Con asombro.) ¿Pero es verdad eso?

SIGMUNDO

¡Absoluto verdad!

NENA

¿Pero ese cambio de actitud?

GUADALUPE

Cosa mía...

NENA

¿Tuya?

GUADALUPE

De la chica del gato nada más.

NENA

Me has salvado, Lupe. (La abraza efusivamente.) ¡Gracias, gracias, gracias!

GUADALUPE

No hay de qué. En primer lugar, no me ha costao trabajo ninguno, y en segundo y principal, que to hubiá sido poco después de lo que usté tiene hecho por mí, que no he sabido lo que es tener calor por fuera ni por dentro hasta que he entrao en esta casa. No digo esto, que total ha sido na entre dos platos, la vida en cachitos doy yo si hace falta, y más contenta que unas castañuelas, para quitarle a usté una tristeza.

NENA

Eres buena, Lupe.

GUADALUPE

Sí que lo puedo ser, pero no me he enterao hasta que la he encontrao a usté.

NENA

¿Qué haría yo para demostrarte lo que te agradezco? Di, di.

GUADALUPE

¿De veras me concede usté una cosa que la pida?

NENA

De veras.

GUADALUPE

¿De veras?

NENA

Pide, mujer.

GUADALUPE

Pues pido que ponga usté a la cocinera en la calle esta misma noche.

NENA

¿Por qué, si guisa tan bien?

GUADALUPE

Mejor guisaré yo.

NENA

¿Tú?

PACO

(Entrando.) ¿Pero tú quieres guisar?

GUADALUPE

Sí, yo quiero guisar, tener la llave de la despensa, que es la que abre y cierra los corazones.

PACO

Pero, tonta, si me muero por ti hasta en ayunas.

GUADALUPE

Más a gusto te morirás después de un canapé de pechuga de pato a la perigurdina que tengo proyectao para esta noche.

PACO

¿Pechuga y a la perigurdina? Soy tuyo irrevocablemente.

NENA

(Acercándose al ventanal y hablando por los dedos con alguien que se supone lejos.) Ya es-tá to-do a-rre-gla-do.

(Telón.)

FIN DE LA CHICA DEL GATO

Comedia en tres actos, estrenada en el teatro Eslava, de Madrid, en la noche del 15 de abril de 1921.

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